Quickribbon PESINISMO: diciembre 2009

miércoles, diciembre 16

Armas no convencionales


La figurita que le rompió el hocico a Silvio...

El zapato que se lo cerró a Bush...

Los tomates (no inteligentes) que buscaban el de Sarah...


Y el pilín que a Gari se lo frunció.

lunes, diciembre 14

100/4




El olvido


No es tu final como una copa vana
que hay que apurar. Arroja el casco, y muere.
.
Por eso lentamente levantas en tu mano
un brillo o su mención, y arden tus dedos,
como una nieve súbita.
Está y no estuvo, pero estuvo y calla.
El frío quema y en tus ojos nace
su memoria. Recordar es obsceno,
peor: es triste. Olvidar es morir.
.
Con dignidad murió. Su sombra cruza.

Rocking around the Christmas tree...


sábado, diciembre 12

Página 68





Ahora el ángulo de la cámara está fijo en un punto. La cámara permanece inmóvil, enfocando frontalmente, un poco por debajo, al "hombre sin rostro". Enfundado en su traje marrón y totalmente quieto, el hombre mira a través del cristal, desde el tubo de rayos catódicos, hacia este lado. Es decir, que está mirando de frente, desde el otro lado, hacia el interior de la habitación donde nos encontramos nosotros. Sus ojos permanecen ocultos tras la misteriosa máscara brillante, por supuesto. Pero, a pesar de ello, podemos sentir vívidamente la presencia, el peso de su mirada. El hombre observa con una decisión inquebrantable algo que tiene ante sí. A juzgar por la inclinación d ela cabeza, parece que esté mirando la cara de Eri Asai. Reseguimos con cautela esta hipotética mirada. Sí. No cabe la menor duda. Lo que el hombre de la máscara mira con sus ojos informes es la figura durmiente de Eri. Quizá sea eso lo que ha estado observando desde un principio. Ahora, por fin, lo hemos comprendido. Él puede ver lo que hay aquí. La pantalla del televisor funciona como una ventana abierta hacia este lado, hacia la habitación.

Haruki Murakami
After dark
Traducción de Lourdes Porta,
Tusquets editores, 2009, México, 248 p.

jueves, diciembre 3

La única...

Página 112

Camino a cuestas

De soledad en soledad
aprendo a ir conmigo a cuestas
(como aquellos que trabajan de noche
conduciendo un taxi)
aprendo a encontrar lo que yace
perdido entre las calles
ahí donde vive la minuciosa
inexistencia del desprecio
la oculta oración ensangrentada
los desperdicios del otoño
desde donde veo
caer la tarde hecha pedazos
sobre amantes
que acarician con lucidez y desconfianza
lo que resta de sus cuerpos.
.
De soledad en soledad camino
por viejas calles
deshaciendo la luz y los domingos
aprendiendo a ir solo conmigo
a cuestas.



Enrique Cortazar

Crépuscule sur les pavés/Crepúsculo en las calles
Écrits des forges-Mantis editores, 2008,
Québec, 192 p.

martes, diciembre 1

...



Uno no habla de esas cosas.
Uno dice "qué frío", "qué calor", "está muy cara la manteca"...
Por eso se agradecen esos momentos
contados.