jueves, febrero 28

Y que el mundo ruede



Me choca pensar en las coincidencias. Apenas había mencionado la lista de Sara y pasa esto otro.

Ellos vinieron anoche, abrieron sin antes tocar. Yo les dije, así, sin más, que me invitaran al cine, que yo pagaría las botanas.

No era una buena hora, no había mucho que escoger. Eso también me choca. "Recomiéndenos una", le dijo Ella al de la ventanilla. El Orfanato, Antes de partir, masculló el boletero. "Ésa, la segunda", contestó Él. Camino a la fuente de sodas recordamos haber visto anuncios de esa película en la tele.

Me chocan las películas sentimentales y la de anoche era una de ésas. Pero hubo algo interesante ahí. Una lista de (¿acaso eran ocho?) cosas que dos desahuciados deciden hacer antes de entregar el equipo, antes de ir a ver cómo crecen las zanahorias.

Saltar de un avión, conducir un auto de carreras, viajar en bicicleta por la Gran Muralla, visitar las pirámides egipcias y el Taj Mahal, escalar el Himalaya, hacerse un tatuaje, son las cosas que propone el millonario Edward Cole (J. Nicholson); reír hasta las lágrimas, ayudar a un desconocido, presenciar algo sorprendente, es lo que se le ocurre al profesor frustrado -y patético- Carter Chambers (M. Freeman).

Me resulta por demás chocante estar hablando de cosas que me chocan, pero después de ver esa película -que no sé bien a bien si me gustó- he empezado, por fin, a escribir la lista de cosas (¿tienen que ser ocho, Sara?) que me gustaría hacer antes de estirar la pata. Van.


1. Escupir impunemente en la cara de un pez gordo y de todos sus chogumas. (Cierto, el miedo no anda en burro, pero la versión anterior también cuenta).

2. Cumplir esa fantasía sexual que requiere de un templo católico como escenario.

3. Recorrer, mochila al hombro, ochenta ciudades que no conozco.

4. Mandar cartas obscenas a todas las personas que odio, a las que desprecio y aun a las que sólo me caen mal.

5. Descubrir la cura de una enfermedad (sida o cáncer, de preferencia) y no compartirla.

6. Hacer explotar una bomba de fabricación doméstica en cierta dependencia educativa y conservar ambas manos.

7. Asistir a las exequias de dos o tres personas que me caigan muy gordas y -¡a huevo!- pronunciar el discurso.

8. Inventarme un epitafio muy, muy bueno y enseguida desecharlo.


Después de todo, Edward Cole, el personaje de Nicholson, tiene un punto de razón cuando declara: We live. We die. And the wheels on the bus go round and round.

Que el mundo siga girando, pues.


martes, febrero 26

Lo inasible

"Seguimos camino sólo porque no podíamos quedarnos parados ahí, contemplándolo para siempre, que es lo que él y yo queríamos. Mi padre suspiró. Tan cerca de nosotros que había pasado. Y nosotros sin conocerlo, sin poder saludarlo, sin conocer siquiera a alguien que conociera a alguien que lo conociera, para que por lo menos mencionara nuestro nombre en su presencia. No sólo porque eso bastaría para hacerme una carrera si don Jerónimo se dignaba colocarme como una ruedita en uno de los muchos engranajes que manejaba, ahora que por fin había regresado de Europa, y, según decían, estaba a punto de casarse. No fue sólo por eso que suspiró mi padre esa mañana, don Jerónimo. También suspiró por lo otro, por la nostalgia incurable de su mirada dolorida que comenzaba a dolerme incurablemente a mí. Mi padre suspiró por el dolor de lo inasible, de una idea fantástica, abstracta, por la pena que causa lo inalcanzable, por la humillación que produce saberse incapaz de alcanzarlo, por esa pena suspiró mi padre esa mañana, don Jerónimo, por esa nostalgia".


El obsceno pájaro de la noche
José Donoso, 1979.
Editorial Argos Vergara, S.A.
Barcelona, España. 476 p.

Los pesimistas también ríen

Y qué vergonzoso resulta.
Sucedió que los Perros de Agua ladraron fuerte la noche de plenilunio en Monterrey. Gracias a la invitación de Iván Trejo y a la generosidad de Liliana, Sara y Marco Antonio, un advenedizo empecinado se coló hasta la galería regia. Ahí se reencontró con amigos como Luis Valdez, que además de prestarle el obsceno pájaro (y no es albur) lo llevó por las callejas del centro a buscar libros usados. Hizo también nuevos amigos como Ócar David López, que le obsequió su nuevo libro.
¿Qué les puedo decir acerca de la presentación?, ¿qué les digo del after? La cosa estuvo padre de una punta a la otra. Qué tan así lo estaría que a las diez de la noche a Pesina se le empezó a dibujar esa sonrisita idiota que ya no se le borró hasta caducar la madrugada.

La víspera de todo esto, Sara me había enviado un reto que no he podido contestar. Espero darle respuesta en los próximos días.
Ocho cosas, pregunta Sara, que me gustaría hacer antes de morir.

¿Qué contestarían ustedes?

miércoles, febrero 20

Perro tour 2008


Este es un libro con yo, pero un yo que no es imperial ni rígido sino frágil como caja de cartón en que se transportan los contenidos enteros de una vida vivida al extremo. Se trata de un yo que se confiesa pero que, de la misma manera, escupe e increpa [...] No hay versos elegantes aquí, lo advierto. No hay historias amaestradas. No hay escenas con final feliz. Hasta el humor, que lo hay, es más negro que el chapopote de ciertas playas. No hay mesura. El filo, que también lo hay, lleva óxido sobre su lomo. La palabra imperfección. Aquí todo tiembla porque todo importa: la vida o la muerte por la siguiente palabra.
CRISTINA RIVERA GARZA


****presentación editorial*perros de agua*jueves veintiuno*monterrey*galería regia*barrio antiguo*veinte horas*allá nos vemos*no falten*coman frutas y verduras****

domingo, febrero 17

Hacer lo que uno debe

"Yo que he vivido lo suficiente para saber que no es cuerdo replicarle a una mujer airada, permanecí mudo, agresivamente mudo, en tanto que ella, sentada en el césped, con mano convulsa arrancaba puñados de yerba".

La vorágine/J. E. Rivera

martes, febrero 12

Cumpleaños feliz










Cumplen hoy muchos febreros el flaco de Úbeda y el viejón. Sabina, cincuenta y nueve, cuatro años menos mi apá. Dice el viejo que Joaquín es un condenado payaso y no más; el flaco -eso seguro- estaría contento de conocer a don Andrés (a. La Maldición). Y aunque se vea y suene mal, y aunque ellos -quizá- gritarían que no, digo lo que en estos casos tiene que decirse y ya: que cumplan muchos, pero muchos años más.
Y como es probable que en los días que a éste siguen no me encuentren por aquí, les dejo una rolita para sus hembras (u hombres) y -a huevo- para la Mujer Maravilla. Una canción muy oportuna, según yo.
Entonces, ¿cómo se dice?
Que vengan las otras, las siguientes y las demás.










Contigo

Yo no quiero un amor civilizado,
con recibos y escena del sofá;
yo no quiero que viajes al pasado
y vuelvas del mercado
con ganas de llorar.

Yo no quiero vecinas con pucheros;
yo no quiero sembrar ni compartir;
yo no quiero catorce de febrero
ni cumpleaños feliz.

Yo no quiero cargar con tus maletas;
yo no quiero que elijas mi champú;
yo no quiero mudarme de planeta,
cortarme la coleta,
brindar a tu salud.

Yo no quiero domingos por la tarde;
yo no quiero columpio en el jardín;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata,
porque amores que matan nunca mueren.

Yo no quiero juntar para mañana,
no me pidas llegar a fin de mes;
yo no quiero comerme una manzana
dos veces por semana
sin ganas de comer.

Yo no quiero calor de invernadero;
yo no quiero besar tu cicatriz;
yo no quiero París con aguacero
ni Venecia sin ti.

No me esperes a las doce en el juzgado;
no me digas “volvamos a empezar”;
yo no quiero ni libre ni ocupado,
ni carne ni pecado,
ni orgullo ni piedad.

Yo no quiero saber por qué lo hiciste;
yo no quiero contigo ni sin ti;
lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata,
porque amores que matan nunca mueren.


L. y M. de Joaquín Sabina, en Yo, mi, me, contigo.

lunes, febrero 4

Novedad


La Mujer Maravilla
inventó una forma
de decir cuánto ama:



"El cielo a gatas"

¿Está claro?
Para mí, como el día.



¡Viva Aguascalientesn!



Tenía yo diecinueve años cuando fui por vez primera a la ciudad de Aguascalientes. Estaba por cursar el último año.
Todo inició cuando ganamos el concurso de comparsas en el carnaval de Ciudad Victoria, ese sucio agujero. Ahí, mi amigo Edmundo Bárcenas y yo habíamos actuado durante tres días haciendo de nativos precolombinos mientras dos prietos de noveno grado hicieron de conquistadores porque nosotros nos rehusamos a vestir las mallas de la estudiantina. (Debo decir, sin modestia, que yo hacía muy bien las escenas de lucha cuerpo a cuerpo gracias a mi larga experiencia como cinéfilo de los Almada y de El Santo). El último día, el moreno más gordo cayó encima de mí cuando se suponía que acababa conmigo y Mundo con él; lo malo fue que entre el cuerpo suyo y el mío estaba la lanza que yo traía. Como un día dijera el genio de Salzburgo, esa vez me alegré de que el carnaval llegara a su fin.
Los días de carnaval y los de convalecencia finalmente valieron la pena. Hicimos un tour que inició en Aguascalientes y que siguió por los estados de Jalisco, Guanajuato y San Luis Potosí. En Ciudad Valles se nos acabó el dinero, y las chicas tuvieron que hacer despliegue de su imaginación para alimentar a una veintena de machos buenos para nada.
Esta semana volveré a Aguascalientes. Voy a una reunión de jóvenes; a acordarme de cuando también lo fui.