miércoles, junio 23

Mañana


Hay un jardín, de Marco Antonio Huerta
Lectura mágico-cómico-conceptual

Sara Uribe, Nidia Cuan y el autor

Jueves 24 de junio, 20:30

La Victoria Café, Plaza de Armas, Tampico

martes, junio 22

Mañana


Crónicas perdidas, de Gerson Gómez

Comentarios de Carlos Velázquez, Tristana Landeros y el autor

Miércoles 23 de junio, 19:30 horas

Colegio Civil, Centro Cultural Universitario

Monterrey, N. L.

(Entrada libre)


Página 78

"A veces, tal vez porque de alguna manera me consideraba un paisano, hablábamos de Sonora, que yo apenas conocía: sólo había ido una vez para el funeral de mi abuelo. Nombraba pueblos como Nacozari, Bacoache, Fronteras, Villa Hidalgo, Bacerac, Bavispe, Agua Prieta, Naco, que para mí tenían las mismas cualidades del oro. Nombraba aldeas perdidas en los departamentos de Nacori Chico y Bacadéhuachi, cerca de la frontera con el estado de Chihuahua, y entonces, no sé por qué, se tapaba la boca como si fuera a estornudar o bostezar. Parecía haber caminado y dormido en todas las sierras: la de Las Palomas y La Cieneguita, la sierra Guijas y la sierra La Madera, la sierra San Antonio y la sierra Cibuta, la sierra Tumacori y la sierra Sierrita bien entrado en el territorio de Arizona, la sierra Cuevas y la sierra Ochitahueca en el noreste junto a Chihuahua, la sierra La Pola y la sierra Las Tablas en el sur, camino de Sinaloa, la sierra La Gloria y la sierra El Pinacate en dirección noroeste, como quien va a Baja California, hasta los villorrios perdidos en el desierto. Sabía hablar la lengua yaqui y la pápago (que circulaba libremente entre los lindes de Sonora y Arizona) y podía entender la seri, la pima, la mayo y la inglesa. Su español era seco, en ocasiones con un ligero aire impostado que sus ojos contradecían. He dado vueltas por las tierras de tu abuelo, que en paz descanse, como una sombra sin asidero, me dijo una vez".



Roberto Bolaño
"El gusano"
Llamadas telefónicas

lunes, junio 14

Página 37




"ESTA TIERRA NO SE ESCARBA, dicen en Icamole, se rompe, y la costumbre ordena hacer el mínimo de excavaciones debido a un evento ocurrido en 1876, cuando tras proclamarse el Plan de Tuxtepec para repudiar la reelección, Porfirio Díaz se alzó en armas contra el gobierno del presidente Lerdo de Tejada. Comenzó su campaña armada por el norte y, al no dar con la manera de invadir Monterrey, deambuló por el desierto hasta llegar a Icamole, donde hubo de enfrentarse a las fuerzas leales del gobierno federal. La derrota de Díaz fue mayúscula, y el terreno de fondo de mar con tanta piedra esparcida, algunas redondas, la mayoría filosas, resultó pésimo para huir; los soldados vencidos tropezaban o se atoraban entre la variedad de plantas con espinas. Algunos historiadores cuentan que un gran número de muertos exhibía balazos en espalda o nuca, y también que Porfirio Díaz lloró la aniquilación de su ejército, ganándose el mote del Llorón de Icamole y las burlas de algunas personas a las que no les quedó otro gusto que el de seguirse burlando, año tras año, pues ese llorón habría de recuperar su fuerza, aplastar a sus enemigos y reelegirse presidente a voluntad, como nadie más lo supo hacer. Sin embargo, estos hechos que forman un capítulo de la historia del país, para Icamole siguen integrando su presente, pues cada soldado muerto fue sepultado justo en el sitio donde cayó, sin cruz ni lápida ni bayoneta ni bandera ni féretro ni escapulario ni flor ni equis de piedra ni mano salida ni hebilla del cinto ni palo de escoba ni verga parada ni cacto marcado ni carta a la madre ni oro del diente ni ojo de vidrio ni esquela mortuoria ni aviso oportuno ni nada de nada, y así, sin indicación alguna, en Icamole ha sido accidente común que al excavar para una fosa séptica o un pozo de agua, se profane una de estas tumbas improvisadas; entonces hay que llamar a un cura, y el dueño de la parcela es responsable de costear la nueva sepultura bajo una lápida sin certeza de nombre, en el panteón de Villa de García, el único autorizado en la región por las autoridades de salud. Por eso desde 1876 no hay entierros en Icamole, costumbre que Remigio está por contrariar".

David Toscana
El último lector
Alfaguara, 2010

jueves, junio 10

Frase de Pancho Bocanegra:

"Y que nos vamos agarrando a palabras"

Página 82




"-Mi padre dice que ahora que se terminó la guerra las cosas van a cambiar -el murmullo viene galopando a toda prisa desde los ámbitos fragiles de la morfina-. El pobre cree que el país está destinado a encontrar su propia grandeza. Grandeza. ¿Ha oído esa palabra? Todo mundo la repite en estos tiempos. Nadie se inyecta pero todos desvarían, ¿se había dado cuenta? Yo no lo creo. Yo ni siquiera creo que haya acabado la guerra. Basta con abrir los ojos para verle las pezuñas afiladas y los dientes blanquísimos todavía sedientos de sangre".

Foto: http://micampus.tol.itesm.mx


Cristina Rivera Garza
Nadie me verá llorar

lunes, junio 7

Lo que ha de ser

Página 34




"La tía Olga no era mala, era una véneta parlanchina y refunfuñona que se había mantenido obstinadamente apegada a su dialecto, cuando hablaba apenas se la entendía, mezclaba el véneto con el español, un desastre. (...) Quién sabe por qué aquel día le salió aquella frase, quizás estaba cansada, estaba irritada, había perdido la paciencia, ciertamente no hacía ninguna falta, el tío Alfredo ya me había regañado antes y yo estaba bastante mortificado, no levantaba los ojos del plato, y la tía Olga sin mayor preámbulo, pero no para ofenderme, la pobre, así, como quien hace una constatación, dijo "es hijo de un loco, sólo un loco podía hacerle aquello a su mujer". Y entonces vi al tío Alfredo levantarse, con calma, el rostro demudado, y darle una tremenda bofetada. El golpe fue tan violento que la tía Olga se cayó de la silla y al caer se agarró del mantel arrastrándolo al suelo con todos los platos. El tío Alfredo salió lentamente y bajó al taller a trabajar, la tía Olga se levantó como si no hubiese pasado nada, se puso a recoger los platos rotos, barrió el suelo, puso un mantel limpio porque el otro se hallaba en condiciones deplorables, volvió a poner la mesa y se asomó al hueco de la escalera. "Alfredo —gritó—, ¡la comida está en la mesa".


Antonio Tabucchi
"Carta desde Casablanca"
El juego del revés



jueves, junio 3

Prometedor según Quién

HACE DOS AÑOS Y QUINCE DÍAS, estando en la FeNaL, una rubia de pechos grandes (eché eso de menos esta última vez) me invitó a pasar a una sala (desde luego no a su sala).
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El destino es tramposo, pienso, y tal vez por eso entré justo cuando la presentación editorial estaba a punto de concluir. Andrés Neuman y Antonio Ortuño eran los dueños de las novedades. A Neuman le hicieron una pregunta que entendí muy poco y él dio una respuesta que no entendí en absoluto. En tanto yo caminaba hacia adentro muchos intentaban salir, la mayoría murmuraba. No sé cuántas veces escuché la palabra "payasos".
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Ayer o hace dos días mi amiga Liliana V. Blum hablaba del prejuicio. Nadie, supongo, está exento de practicarlo alguna vez. Yo por ejemplo, ese día, a ciegas clasifiqué ambos escritores en ese tipo de literatura que tanto me hace desconfiar, la de quienes escriben chistes en lugar de historias. Otra vez estaba equivocado, al menos en lo que a Ortuño concierne.
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El destino es tramposo. En la FeNaL de este año conocí a este escritor. Una de esas noches yo permanecí callado (y eso deben agradecer los demás) hasta la madrugada, cuando los güisquis se me empezaron a acumular. Entonces encontré la conversación con un par de Antonios (de veras eran dos: Parra y Ortuño) interesante, amena, alentadora y otros calificativos de semejante calibre. No estaba tan aturdido como para no saber que aquel hombre tenía cosas importantes que decir.
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Al día siguiente compré un libro de cuentos, El jardín japonés. Nada de gracejadas innecesarias ni de historias contadas a la carrera. Hay ironía y eso basta para entender que se trata de relatos inteligentes. Los seis que a mí me gustaron ("Si huele a carne es Babel", "Amor y ensalada fresca", "Los más bellos poemas del abogado Seltz", "Mi primer cachorro muere", "Pseudoefedrina" y el que da nombre al libro) se componen sin prisa y sin demasiados artificios, pero con una solvencia narrativa que provoca gran empatía. Cuando digo que la lectura es placentera, en el caso de este libro es una absoluta verdad.
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No sé qué tal esté la novela, la de aquella presentación (Recursos humanos, Anagrama, 2007), pero este cuentario me hizo saber que por oír a un puñado de extraños desperdicié dos años (más quince días). Recordando una frase de CRG, confieso que Antonio Ortuño es el tipo de narradores que yo estaba buscando y no había querido leer.






Antonio Ortuño
El jardín japonés, 2007,
Páginas de espuma, Madrid,
102 pp.






martes, junio 1

El peine

Foto: expresoonline.com.mx


Me extrañó que el bulevar estuviera intransitable a las cuatro pe eme . No porque a esa hora (la del cierre de oficinas) ni a las ocho a eme (la de entrada a cualquier lugar) el puente del Planetario luzca siempre despejado, sino por el obstáculo que, ahora sí, era de plano inusual. Cuadrillas de mantenimiento repintando vialidades, cambiando muros de contención, parchando calles y banquetas, reemplazando lámparas y postes, podando las horribles palmas que en días normales son mucho más que estorbos en esas avenidas. Hoy, tras el aguacero, parecía que esos trabajadores tenían la orden expresa de desaparecer los charcos y vacunar el asfalto contra alguna eventualidad.
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Al principio creí que esto se debía a la estación electoral. "El alcalde hará en tres semanas lo que no pudo en tres años", pensé. Me equivocaba de medio a medio porque el voto esa gente lo ha tenido todo el tiempo en la palma de la mano. La razón de todo esto es la inminente reunión de la CONAGO. Este sucio agujero, o mejor dicho un pequeño rincón de esta ciudad, será la sede de ese cónclave la próxima semana. Por eso el Bulevar Fidel Velazquez lucirá casi como nuevo desde el Holiday Inn hasta el Planetario y el Praxedis Balboa, desde el puente al Poliforum. Para fines prácticos no hace falta más.
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¿Hay que satanizar a la autoridad por querer mostrar la mejor cara a los invitados, por "embellecer" la ciudad capital (o una parte de ella) para un evento de semejante envergadura? Pienso que no. Empero, mentémosle la madre todos por no haberlo hecho antes así fuera de a poquito. Y a pesar de esto, si la 39 reunión ordinaria de la CONAGO comenzará el día 8, vale la pena esperar a ver si en los días que faltan esas cuadrillas limpian también el lecho del río San Marcos, dan una manita de gato a las calles del sector oriente (y los demás puntos cardinales) que siguen sin pavimentar, taponan los incontables baches y fugas de agua y... Mejor no hablemos de seguridad.
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"Bicentenario. Independencia y revolución", dice el lema del otrora llamado sindicato de mandamases. Hoy que todo gira en torno a esa palabra, hagamos un ejercicio adivinatorio, veamos los próximos doscientos años. Ajá. Tan jodidos como estos.


Culpable en Arizona