jueves, marzo 25

Traspiés lingüísticos en la provincia tamaulipeca 24

RAYOS CÓMICOS


En una entrega anterior había mencionado cómo, a falta de un referente que nos haga entender neologismos o bien conceptos que sin serlo nos resultan nuevos, nuestras ideas se acomodan de tal manera que, sin dejar de comprender la enunciación general, acuñamos inéditas frases o combinaciones de términos.

Aquella vez puse como ejemplo a quienes conocen como “coyotas” a los automotores de cierta marca japonesa, y aludí también a un trovador que en vez de entonar: “lo ataron y se les fue”, refiere un acto hasta ahora imposible.

Sólo por abundar (o mejor dicho, por joder), les comparto un recuerdo de hace exactamente siete años.

Mientras al otro lado del mundo comenzaba la invasión a Irak, en la provincia tamaulipeca iniciaban las vacaciones de primavera. Íbamos de Burgos hacia Victoria y, al pasar por Villa de Cruillas, nos detuvimos en una fiesta. Entre canciones, cervezas y trozos de carne asada nos enteramos de la guerra. Pienso que quienes vivimos esa época recordamos las imágenes: una sucesión de manchas verdes y negras. Entre los borrachines, no faltó quien se quejara de ellas, a lo que otro respondió, haciendo alarde de conocimientos: Es debido a la cámara de visión nocturna, que capta los rayos inflarrojos.

Ya que hablo de radiofrecuencia daré, de pilón, un ejemplo más. Elecciones locales de 1995. Consejo Municipal Electoral. 13 de noviembre. Anochecer. En Villa de Burgos llegaba a su clímax el conteo de votos, pero faltaban los paquetes de las comunidades distantes. A falta de teléfono y de cualquier otro medio, dependían de limitados equipos de radio, que se negaban a funcionar Uno de los consejeros (panista, seguramente), cansado de la situación se atrevió a blasfemar: “¡Malditas ondas persianas!, dijo abriendo los brazos frente a una ventanita.


miércoles, marzo 24

Sicosis colectiva

Hasta hace unos meses, este sucio agujero era un lugar donde todavía nos consternaba saber de un asesinato múltiple o atroz. De tan escasos, en el pasado cercano los matricidas, parricidas y demás fauna criminal despertaban en los victorenses no solamente repudio, sino también miedo y en ocasiones hasta una inexplicable compunción.

En los tempranos ochentas, por ejemplo, el pueblo se convulsionó tras el hallazgo de dos cadáveres. Un par de niños había sido raptado, vejado, asesinado y tirado en un canal de desagüe. No hubo a partir de entonces, en las calles ni en los tendajos (supertiendas, aparte de las Modelo y Gran D, no había), otro tema de conversación. La gente, al hablar, temblaba no sé bien a bien por qué (miedo y coraje provocan básicamente lo mismo), y aconsejaban a los niños encerrarse en casa antes de que cayera la noche. Por esos días yo también era un niño y aprendí dos cosas: la palabra "robachicos" y la expresión “quemar en leña verde”. Todavía, cuando me acuerdo de esto, me rasco la nariz para quitarme el olor del jabón Spleen, que salió del mercado hace ya tanto tiempo.

A mediados de esa década empezó a funcionar el Hospital General, justo en los años que se disparó la sicosis por la pandemia del sida. La mayoría de la gente en este sucio agujero no teníamos ideas claras sobre la enfermedad o sus formas de contagio; de hecho, reconocíamos una sola: la homosexualidad. Por eso cuando los responsables del banco de sangre empezaron a exigir unidades confiables para cada paciente que iba a entrar al quirófano, un nuevo escándalo estalló en el pueblo. A alguien se le ocurrió usar el sentido figurado y decir que en el hospital operaba un grupo de vampiros humanos venidos de Transilvania. “Su apetito de sangre es insaciable”, decía más o menos la nota de un periódico que una vecina llevó a casa para que mi padre constatara la gravedad del problema y entendiera por qué ella, como un centenar de familias, tenía ventanas y puertas protegidas con ajos y crucifijos.

De eso ha pasado un cuarto de siglo, y sin embargo las cosas habían funcionado casi de la misma manera hasta los días recientes. En estas semanas convulsas, los victorenses transitan diariamente del asombro al pánico, y de éste a la contención o al sueño. Las calles lucen ahora llenas, ahora vacías, lo mismo que los supermercados; los coches, según indiquen los últimos mensajes del celular, van calmos o precipitados en un solo bulevar mientras los otros permanecen desiertos. En algunas casas las familias solas organizan exequias para una cabeza sin cuerpo y otras se preguntan cómo pudo caber un hijo o un hermano en hielera tan pequeña.

Cierta noche, ni cerca ni lejos uno escucha balas y sirenas (o, dicho mejor, todo le suena a balas y sirenas); suspende un instante la conversación que gira infatigada sobre lo mismo. Deja de oír, reanuda la charla que es más bien una competencia para decidir quién conoce más casos reales o ficticios. Se acaba la reunión y sale a la calle donde ve una camioneta llena de hombres fuertemente armados. A saber de qué bando. Uno, entonces, se reprende íntimamente porque lo que pasó o va a pasar ya no le afecta nada o casi nada, porque llegará a su casa donde con sólo apretar un botón, la telenovela o la película borrará todo recuerdo de ese momento hasta que el reloj le diga que ya es un nuevo día. Otra oportunidad para llegar al trabajo, recibir llamadas, mensajes o noticias que lo obliguen a correr a una escuela, casa o refugio físico o imaginario donde solamente piense en el sucio, polvoriento, atrasado, mísero y tranquilo paraíso perdido.



martes, marzo 23

Otro Hernández

Página 103

LA VIDA DEL MALDITO
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YO ADOLEZCO DE UNA DEGENERACIÓN ILUSTRE; amo el dolor, la belleza y la crueldad, sobre todo esta última, que sirve para destruir un mundo abandonado al mal. Imagino constantemente la sensación del padecimiento físico, de la lesión orgánica.
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Conservo recuerdos pronunciados de mi infancia, rememoro la faz marchita de mis abuelos, que murieron en esa misma vivienda espaciosa, heridos por dolencias prolongadas. Reconstituyo la escena de sus exequias, que presencié asombrado e inocente.
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Mi alma es desde entonces crítica y blasfema; vive en pie de guerra contra los poderes humanos y divinos, alentada por la manía de la investigación; y esta curiosidad infatigable declara el motivo de mis triunfos escolares y de mi vida atolondrada y maleante al dejar la aulas. Detesto íntimamente a mis semejantes, quienes sólo me inspiran epigramas inhumanos; y confieso que, en los días vacantes de mi juventud, mi índole destemplada y huraña me envolvía sin tregua en reyertas vehementes y despertaba las observaciones irónicas de las mujeres licenciosas que acuden a los sitios de diversión y peligro.
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No me seducen los placeres mundanos y volví espontáneamente a la soledad mucho antes del téermino de mi juventud, retirándome a mi ciudad nativa, lejana del progreso, asentada en una comarca apática y neutral. Desde entonces no he dejado esta mansión de colgaduras y de sombras. A sus espaldas fluye un delgado río de tinta, sustraído de la luz por la espesura de árboles crecidos, en pie sobre las márgenes, azotados sin descanso por un viento furioso, nacido de los montes áridos. La calle delantera, siempre desierta, suena a veces con el paso de un carro de bueyes que reproduce la escena de una campiña etrusca...

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José Antonio Ramos Sucre
Obra poética
Edución crítica. Alba Rosa Hernández Bossio, coord.
CONACULTA-FCE, 2001, Paris, 1161 p.

jueves, marzo 18

Obras de estacas

En: http://intranet.congresotamaulipas.gob.mx/CongresoTamaulipas/Archivos/Sesiones/22 dictamen pensión altair tejeda.pdf




La maestra María Altair Tejeda Treviño, ha dejado en alto el nombre de nuestro Estado al obtener numerosos premios y reconocimientos por sus destacas obras y participación en teatro, poesía y cuento...

miércoles, marzo 17

Atenido ha tenido


En: http://www.ordenjuridico.gob.mx/Estatal/TAMAULIPAS/Leyes/TAMLEY26.pdf



LEY DE INTEGRACION SOCIAL DE PERSONAS
CON DISCAPACIDAD

MANUEL CAVAZOS LERMA, Gobernador Constitucional del Estado Libre y Soberano de Tamaulipas, a sus habitantes hace saber:

Que el Honorable Congreso del Estado, a tenido a bien expedir el siguiente Decreto:

“Al margen un sello que dice:- “Estados Unidos Mexicanos.- Gobierno de Tamaulipas.- Poder Legislativo”.

LA QUINCUAGESIMA SEXTA LEGISLATURA DEL CONGRESO CONSTITUCIONAL DEL ESTADO LIBRE Y SOBERANO DE TAMAULIPAS, EN USO DE LAS FACULTADES QUE LE CONFIERE...

viernes, marzo 12

Página 86





Un día se despertaron y ya no había nada. No sólo habían desaparecido las huellas sobre la arena. Había desaparecido todo. Por así decirlo.

Una niebla increíble.

-No es niebla, son nubes.

Unas nubes increíbles.

-Son nubes de mar. Las de cielo están en lo alto. Las del mar están en lo bajo. No llegan con mucha frecuencia. Después se marchan.

Dira sabía un montón de cosas.

La verdad, al mirar afuera impresionaba. La noche anterior todo el cielo estaba estrellado, de fábula. Y ahora era como estar dentro de un tazón de leche. Sin contar el frío. Como estar dentro de un tazón de leche fría.

-En Carewall es lo mismo.

El padre Pluche estaba con la nariz pegada al cristal, como hechizado.

-Dura días y días. No se mueve ni un milímetro. Allí es niebla. Niebla de verdad. Y ya no percibe uno de nada, cuando llega. La gente debe salir de día con una antorcha en la mano. Para percibir algo. Pero ni siquiera eso sirve de mucho. Por la noche, no digamos..., es frecuente que uno no perciba nada en absoluto. Fijaos: Arlo Crut, una noche, volvió a casa, se equivocó de casa y acabó metidito en la cama de Metel Crut, su hermano. Metel ni se dio cuenta, dormía como un tronco, pero su mujer sí que se dio cuenta. Un hombre que se metía en su cama. Increíble. Bueno, pues, ¿sabéis qué le dijo ella?

Y aquí en la cabeza del padre Pluche se desató la consabida pugna. Dos bonitas frases partieron de la señal de salida del cerebro con la meta precisa ante sí de una voz con la que salir al aire libre. La más sensata de las dos, considerando que al fin y al cabo se trataba de la voz de un sacerdote, era sin duda alguna

-Hazlo, y me pongo a gritar.

Pero tenía el efecto de ser falsa. Venció la otra, la verdadera.

-Hazlo, o me pongo a gritar.

-¡Padre Pluche!

-¿Qué he dicho?

-¿Qué habéis dicho?

-¿Yo he dicho algo?


Océano Mar

Alessandro Baricco

traducción de Xavier González Rovira y Carlos Gumpert

Ed. Anagrama, sexta edición, 2008, Barcelona, 235 p.

martes, marzo 9

Ciego






¿El primer serial killer ciego de la historia? Vaya que era tentador. Y a $29.90 cuando su precio original era de veinte euros. "¿Me lo compras?", le dije a MM, y argüí: "No lloraremos por treinta pesos si resultara una mala novela".
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Iba en la página 17 cuando solté la primera lágrima. No es simple tacañería, es otra cosa. Remordimiento tal vez. ¿Acaso no les ha pasado?
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Aunque llegué a la página final y no voy a negar que me entretuve y acaso sonreí divertido más de una ocasión en el trayecto a casa, la suma me dejó un sabor acre. Desconfío de quienes se empeñan en que su narrativa resulte jocosa; digo, además, que esos escritores están más cerca de los cuentachistes que de los novelistas. Tan es así que, cuando leen en público, alternan la mirada entre el texto y los rostros para comprobar, casi compulsivamente, el efecto de sus gracejadas.
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Capitán de las sardinas es una obra esperpéntica. En eso al menos, Manuel Manzano ha logrado su objetivo. Si a usted le cagan las películas de Chespirito (Don Ratón y don Ratero, por ejemplo) absténgase de leerla.