domingo, diciembre 30

Si de precios te quieres enterar

Y ahora, un dato útil solamente para quienes viven en este sucio agujero y además compran libros.

En la ciudad hay tres librerías a las que en otras circunstancias se les podría calificar de "decentes", pero a juzgar por los precios que manejan, ese adjetivo no aplica en modo alguno. Éstas son la Kappa, la del CoNaCultA y el Estanquillo Ovaciones. Como sea, la Kappa es la única librería por la que me paseo casi a diario. Las otras, las que no son precisamente librerías, son las de los centros comerciales (las de Soriana, Gran D, Wal Mart y Gigante, porque los demás simplemente no venden libros).

Pues bien, había dicho en entregas anteriores que en una sucursal de Gigante que está cerca de mi casa solía yo encontrar los libros a muy buen precio, cosa que no ocurre en los demás supermercados. Sabina en carne viva. Yo también sé jugarme la boca (Joaquín Sabina-Javier Menéndez Flores, Random House Mondadori, México, 2007) fue un libro que manoseé muchas veces en la Kappa, donde lo ofertaban en $ 140,00, y otras tantas en Gigante, de donde me lo llevé en abril -a continuación saco un sucio calendario del bolsillo y grito- por $ 99,00 (el mismo precio que exhibe la página electrónica de la editorial).

Este diciembre, junto con otros títulos, DeBolsillo ofertó Sabina en carne viva en edición especial de pasta dura. Envuelto para regalo; tarjeta navideña incluida. Un buen regalo para los asiduos al arte y a la filosofía del flaco de Úbeda. Y una buena opción para salir bien librado de los engorrosos intercambios de regalos que se acostumbran en esta temporada. Vi ese título en Gigante, en $ 104,00 y no era día de rebajas; vi algunos ejemplares en la Kappa después y entonces sí me escandalicé: en esta librería lo tienen a un precio de $202,00. ¿Qué se han creído estos barbajanes?

Algún día supuse que el gerente de esa sucursal -hablo del supermercado- no estaba al tanto de las noticias del mundo editorial. Lo empecé a pensar cuando me vendieron novelas de Coetzee y de Saramago, por ejemplo, en diecisiete pesos; libros que en otros negocios no podía comprar con un billete de cien. Luego no supe bien a bien qué creer porque otros libros estaban al mismo precio que en las otras librerías.

Y ahora sí digo lo que tenía que decir desde el principio, lo que en verdad me preocupa. Hace unos días que a la cadena Gigante la absorbió la otra empresa, es decir Soriana; de modo que no sabemos cuánto cambiará su política respecto al precio de los libracos. Y como puede ocurrir que aquellos ejemplares de bolsillo que solía comprar en esa tienda ya no quepan más en los bolsillos míos, sólo digo, ya para finalizar, ¿cómo pudo sucederme a mí?

sábado, diciembre 29

Mensaje urgente para M.M.


Destino: Houston, TX.

Mujer que camina.

Alejandro Filio.

De su álbum acústico-recopilatorio, Canto a los cuatro vientos (2003), un disco que alguien desconocido me regalara en la ciudad de Durango.

Y puesto que aún hay cosas que me cuesta verbalizar, va dedicada esta canción como todas las anteriores -aunque esta vez incluyo baterías y una lágrima del tamaño de un melón- para la Mujer Maravilla, que se fue a pasar navidades a un país ajeno.

No conforme con tus ojos/te propongo menos cielo, más abrazo/Hace tiempo que te sueño/y ya no sé cómo explicárselo a estas manos/¿Qué se rompe en el espacio/cuando pasas simplemente caminando?/¿Cuánta estrella llevas puesta en la silueta/que me sigue deslumbrando?

No es la noche ni el café/lo que me obliga a caminar por esta casa/es la maldita incomprensión/que no despega de tu cuerpo la mirada/Sigues siendo irremediable/imprescindible para todo lo que estalla/como luna irrepetible/como viento entre las ramas.

Mujer para el sol de mañana/mujer hasta el borde del alba/mujer que te pierdo y encuentro/mujer para afuera, mujer para adentro/Mujer desafiando a los astros/mujer que camina sin rastro/mujer que me abrazas el alma/mujer que me robas/mujer que me robas la calma.

De tu boca tengo el sueño/cada noche, cada luna solitaria/de tu pecho el medio sol al horizonte/que se pierde, que se escapa/Sigo siendo para el fuego y el dolor/para el miedo y el olvido/no me pidas que defina un corazón/desatándote el vestido.

Mujer para el sol de mañana/mujer hasta el borde del alba/mujer que te pierdo y encuentro/mujer para afuera, mujer para adentro/Mujer desafiando a los astros/mujer que camina sin rastro/mujer que me abrazas el alma/mujer que me robas/mujer que me robas la calma.


viernes, diciembre 28

¡Inocente palomita!


En la página de incicio de MSN, una noticia del Día de los Inocentes.

Una broma, en todo caso, sin demasiado humorismo.


¿No se supone

que el 28 de diciembre

las bromas deben tener

al menos una mentira?



jueves, diciembre 27

La pared del cementerio


Aunque ya se había rendido y aunque estaba amnistiado,
aunque lo trasladaron de una prisión a otra y otra,
vino por fin a parar a la cárcel de Victoria.
Una penitenciaría que hoy no existe.
Aquí un sujeto que nunca fue un caballero
lo mandó ejecutar a la mala.

domingo, diciembre 23

La tarde de los pirómanos

Habíanse terminado las primeras y las otras cervezas cuando llegó aquel extraño a avisar lo que había sucedido afuera: desde un auto en movimiento alguien arrojó fuego al pastizal. Salimos todos: Martín, Héctor, el padre de Héctor y yo. En la acera de enfrente, en un predio que alguna vez será un área verde (tan verde como lo había sido hasta ayer, pero de un verdor menos natural y más difícil de mantener), una llamarada crecía a toda velocidad.
El desconocido se despidió luego de recomendar el uso de mangueras y cubetas como si de otra cosa se tratara. Que en esa casa no había agua, dijo Martín mientras se llevaba el celular a la sien: "¿Ceroseiséis? ¿Es ahí? Señorita, quiero reportar un incendio que se acaba de producir afuera de mi casa... Lote baldío... Rincón de Tamatán... ¿Domicilio? Ah, sí, permítame..." Y miraba hacia la esquina más cercana para averiguar la dirección de la casa que no es su domicilio sino el lugar que usa para las pachangas.
No había pasado un minuto completo cuando comprendimos que aquel incendio no se iba a apagar tan fácilmente.
Y ya se habían consumido veinte largos minutos (donde la palabra "largos" no expresa más que la angustia que nos causaba el transcurrir del tiempo, pues ya se sabe que no hay minutos más largos que otros) y seis latas grandes de Tecate light (donde la palabra "grande" significa exactamente eso, pues también es sabido que la cerveza Tecate viene en tres diferentes tamaños) y media hectárea de pastizal cuando se apareció la primera patrulla. Llegó la policía preventiva, no así el cuerpo de bomberos.
Martín, que para ese momento ya andaba un poco aturdido por las tecates, fue a hablar con los policías. Que sí, que él mismo había llamado. Que no, que cómo íbamos a ser nosotros los causantes del incendio. Que sí, que teníamos cervezas. Que no, no había una gota de agua en la casa. Que cómo cree que vamos a apagar el fuego con cerveza, oficial. No porque nos duela sacrificar la bebida sino porque ésta contiene alcohol y ya sabe usted, mi comandante, que el alcohol es un combustible excelente. No vayamos a empeorar la cosa, general. Todo eso dijo Martín. Que esperáramos, que ya venían los bomberos, que iban a demorar un poquito porque había otro incendio en la ciudad, eso dijeron los polis.
Nuestro incendio, mientras tanto, se extendió por toda la manzana. Vinieron curiosos desde distintos puntos. Y los coches que iban a atravesar la calle en uno u otro sentido se fueron acomodando donde pudieron a esperar a que la humareda les abriera una rendija por donde continuar su camino.
En eso llegó Pancho, al que esperábamos hacía media hora. Se puso feliz por el recibimiento (a Héctor hacía casi un año que no lo miraba, y seguro no esperaba verlo ayer). Aquí hay mucho calor humano, dijo, y aunque vimos la emoción palpitando en su rostro, el comentario nos pareció insincero.
Por fin llegó un camión de bomberos, aunque a esa hora ya no había prácticamente nada que apagar. De cualquier modo, a golpes de agua pespuntearon las aceras hasta donde las llamas accedieron, luego abandonaron el lugar del siniestro con la misma gracia con la que habían llegado. Mientras eso sucedía, a Pancho, que traía un cigarro nuevo en la boca, más o menos se le entendió:
¿Alguien tiene un poco de fuego?

viernes, diciembre 21

Ojalá que el tiempo vuele





Qué increíble es la distancia

Hernaldo Zúñiga

Qué increíble es la distancia
que al amor mata o lo idealiza.
Ya no hay planes, sólo nostalgia
mientras te digo:
"Tranquila, que el tiempo vuela".

Esa goma que tiene el sobre
me sabe a cielo si a ti te escribo.
Mi carta lleva melancolía;
mientras la lees,
"tranquila, que el tiempo vuela".

Queda mi voz en tu rincón.
Y aunque no esté hoy aquí
nunca me fui.
Queda tu cara en el cristal
del fin de un autobús.
Y con la mano, adiós.
Te vi hasta que te hiciste un punto, amor.

Allá, en tu cuarto, cierras los ojos,
me ves contigo y te acaricias.
Tantos momentos que desearías
vivir conmigo.
"Tranquila, que el tiempo vuela".

Queda mi voz en tu rincón.
Y aunque no esté hoy aquí
nunca me fui.
Queda tu cara en el cristal
del fin de un autobús.
Y con la mano, adiós.
Te vi hasta que te hiciste un punto, amor.


Si bien la canción Qué increíble es la distancia fue compuesta en los ochentas tempranos, apareció mucho después en el álbum del mismo nombre (Warner, 1988), producido en México junto a Jesús Glück. La versión acústica que escuchamos aquí es de la producción Básico D.F. (Warner, 1994), un disco que encontré en oferta en el año 2000, que presté ese mismo año y que me devolvieron en 2004, sin empaque y estropeado. Va un agradecimiento a quien haya inventado los resucitadores de cedés.

viernes, diciembre 14

006777884


¿No sabían las instituciones de Hamburgo
-es decir las hamburguesas-
lo que significa made in China?

Yo tenía diez perritos

En 2005 la FIL de Monterrey tuvo como invitado especial al CONACULTA y celebró el Encuentro de Narradores de Tierra Adentro (ENTA). En ese foro, la ensayista Mayra Inzunza presentaba su célebre antología Novísimos cuentos de la república mexicana (FETA, 2005), que incluye un narrador por cada entidad federativa. Ahí conocí a Cristina Rivera Garza, pues los comentarios estuvieron a cargo de ella y de Renato Tinajero.

Fue aquella semana de octubre cuando, impelidos por una euforia predominantemente etílica y alimentados con la gracia de los tijuanenses Julio Álvarez y Rafa Saavedra, algunos de los participantes del ENTA terminaron moteando a varias decenas de escritores mexicanos incluidos en aquella antología como los novísimos.

Conocido su nada glamoroso origen, tal denominación nació condenada al rechazo, indigna de la menor recordación. De hecho ocurrió así para la mayoría de los aludidos (ellos, hay que reconocerlo, eran ya en ese tiempo figuras literarias en vías de consagración o con largas trayectorias en las letras); a otros, en cambio, les sentó tan bien el motete que, en lo sucesivo (al menos por lo que al ENTA se refiere), se hicieron llamar miembros de los novísimos.

La expresión tiene su encanto. Sobre todo si la pensamos como sustantivo; a dos o tres los hará evocar una generación, una corriente o al menos una cofradía literaria de las muchas que florecieron en la primera mitad del siglo XX (a otros más les recordará cierta revista electrónica finisecular). Si no fuera porque la palabra novísimo, en función adjetivadora, nos recuerda cierto grado de novatez (el superlativo dependerá del ánimo con que el interpelado reciba la palabreja), ya conoceríamos el manifiesto.

Y es que, lo acaba de mencionar Marco Antonio Huerta (en otra reunión amenizada por el grupo funcional -OH) por si acaso algún inocente no lo tuviera bien claro, una de las misiones siniestras de las antologías es definir tanto generaciones como grupos.

Aquel octubre lejano me regalaron la Antología de letras, dramaturgia y guión cinematográfico, Jóvenes Creadores, generación 2004-2005 (FONCA, 2005) por la que conocí -entonces sólo literariamente- a Liliana V. Blum. Doce meses después la conocí en persona, cuando vino a este sucio agujero para recibir el premio del Concurso Regional de Cuento Juan B. Tijerina, al que convoca el ITCA. De ahí nació una amistad recíproca y vi crecer la admiración que despertó en mí desde el principio.

Liliana cierra el 2007 presentando una nueva antología, Perros de agua, nuevas voces desde el sur de Tamaulipas (Gobierno Municipal de Tampico-Miguel Ángel Porrúa Editores, 2007) un álbum que compiló junto a Sara Uribe, poeta y ensayista, y que prologó Cristina Rivera Garza.

Además de los trabajos de Sara y de Liliana, quienes no son tamaulipecas de origen, sino por decisión, el libro incluye los textos de otros siete escritores nacidos en la zona conurbada: Marco Antonio Huerta, Diana Zamora, Iván Trejo, Marisol Vera, Carlos del Castillo, Augusto Cruz y Ángel Hernández; y los de un victorense advenedizo: Julio Pesina. Una linda camada. La antología se ha presentado ya en Tampico y en este sucio agujero.

La primera semana del último mes se estuvo desarrollando acá un taller de creación literaria que coordinó CRG. Ese taller se inscribe entre los nuevos proyectos que dirige Elín López desde la Coordinación Estatal de Salas de Lectura. En el taller, al que se podía acceder mediante el concurso de un proyecto creativo, participaron cinco de los perros de agua (Liliana, Sara, Diana, Marco y Pesina) además de otros cinco escritores de distintas latitudes tamaulipecas: Juan Miguel Pérez Gómez, de Nuevo Laredo, Alkaid Marino Mariscal, de Reynosa, Jorge Melgoza del Ángel, de Tampico, Celeste Alba Iris y Rolando Aguilera, de Ciudad Victoria.

El libro tampiqueño por principio de cuentas y el taller victorense en el que convivimos los últimos días -y sé que al decir lo que diré me arriesgo a que alguien venga a abofetearme por optimista- rindieron frutos tempranos. Hay cierta empatía entre los participantes, una innegable afinidad. Sea por la antología que de algún modo congrega a la mitad de los asistentes o por el texto colectivo que construimos estos días (el libro de las percepciones), la cantidad de cachorros que en aquella popular tonadilla infantil se iba reduciendo a cada paso, esta vez la hemos visto crecer.

Y entonces, amén de lo que estos eventos pudieran significar para y en el futuro de las letras tamaulipecas, por el momento debo decir que sí, que todavía soy novísimo y también soy perro de agua.

Las fotos son de Sara Uribe y las pongo aquí sin pedirle permiso.

Y algo debo agradecerles a ella y a su maestro de fotografía:

he salido tan bien que empiezo a enamorarme de mí.

jueves, diciembre 13

El dolorcito que me queda




Algo suena allá abajo, en la suspensión del coche, ahora que me he detenido en el nuevo bulevar. Pero no es un rechinido agudo sino todo lo contrario; algo sofocado, un ruido que no cesa. Hace frío. Me asalta la tos. Dos, tres, cinco, siete veces la explosión y después el dolorcito que me queda en el pecho y más abajo. Del otro lado del camellón pasa un coche del que no distingo nada más que los faros. Por el retrovisor lo miro alejarse, perderse en la curva allá atrás hasta que escucho el zumbar de otras llantas: un microbús. Sonido e imagen aumentan al avanzar los segundos. Un paso ruidoso en el instante que fuimos paralelos. Más allá, a cien metros, lo miro emparejarse esta vez con otro coche que viene por la calle en que estoy. No me puse zapatos. Los pedales empiezan a ponerse fríos. Froto un pie sobre el otro y casi puedo peinarme los vellos de un pulgar con el pulgar del otro pie. Son las 05:52. Lo sé porque debo contar el tiempo. Los gallos han estado cantando. No podría decir cuántos, son demasiadas las voces. Un Volkswagen pasa a toda marcha. Me empiezan a molestar el estómago y la espalda. Cambio de postura por si acaso. El asiento rechina debajo de mí; parece piel, pero es vil poliéster. Los gallos siguen cantando. El mismo sonido del coche allá abajo. En la garganta algo truena, algo áspero, un sabor amargo a las 05:55. El coche deja de rechinar, los gallos, en cambio, siguen en lo suyo. Por la ventana la luna, allá arriba, es apenas un gajito acompañado por una estrella grande y otra pequeña. Hay un canal de aguas residuales del otro lado de la calle, en el lecho de lo que debería ser un río. El agua no hace demasiado ruido, apenas un susurro. Pasa un Golf a alta velocidad (calculo no menos de cien en una vía de sesenta), mi coche se mueve, lo puedo sentir. Otra vez el gallo más cercano. Estoy a unos cientos de metros de la carretera, en la periferia, entre casuchas y aguas negras, pero sobre una avenida demasiado nueva. Mi estómago hace ruido. Son las seis en punto y tengo un hambre que duele.

JP

En El libro de las percepciones.

martes, diciembre 11

Hulk amoroso: patético

"Te quiero, amada mía, pequeña amada mía; te quiero hasta morir, hasta morir y resucitar; te quiero hasta el fin de los mundos, hasta donde se pierde la memoria, hasta donde Dios empieza y acaba, hasta el límite mismo de lo que no tiene límite. Te quiero como nadie quiere a nadie, como jamás ninguna mujer pudo decir que la quisieran."




Camilo José Cela, Pabellón de reposo,
Plaza & Janés, Barcelona, 1999.
Págs. 68-69.

domingo, diciembre 9

El nuevo libro que leí


“La Detective, acostumbrada a descifrar conductas inesperadas, sabría que el hombre, de verdad, no sabía qué contestar. El hombre que tenía frente a sí era, con toda seguridad, un Hombre Sin Respuestas”. (1)

De un tiempo a esta fecha debo cumplir trabajos especiales en horarios nocturnos. Misiones casi secretas. Mi encomienda de anoche consistió en perseguir a alguien. Algo. He aquí el informe de mi investigación:

Hay una publicación que se hace llamar Cuaderno Salmón. Hallé en el número dos de esa revista, fechado en septiembre de 2006, un texto que lleva por título El último signo, firmado por una mujer que se hace llamar Cristina Rivera Garza. Sus generales: una maestra que corre. Mujer que escribe. Una mujer que es, también, A Veces Ella. Una mujer que quizá exista o tal vez no. Alguien algo que podría ser la persona que está a mi lado. Las líneas que enuncié muy al principio constituyen un fragmento, un corte perpetrado por mí –y sin remordimiento ninguno, quiero que conste- en perjuicio de la página 38.

Hay en aquella historia una mujer, alguien algo a quien llaman La Detective por carecer de nombre. O quizá deba ser ése y ningún otro el nombre suyo. La Detective también Es. Una mujer de ojos opacos y de manos gruesas que tiene su oficina en un sótano a donde jamás llega otra luz que la artificial. Una mujer acostumbrada a perder. La mujer a quien llaman La Detective investigaba, aquella vez, un caso por demás extraño, el de la mujer amarilla que desapareció detrás de un remolino. Podemos sospechar, con estos datos primeros, que se trata de una oficial asignada a casos difíciles, a casos sin solución.

Hay un hombre que tal vez no exista. Un sujeto al que llamaré “J” para proteger su identidad. Ese hombre visitó hace dos semanas un pueblo del que, por ahora, tampoco revelaré el nombre. En ese lugar el hombre al que llamo “J” se enteró de un caso por demás auténtico y actual: un individuo que había sido del sexo masculino fue hallado muerto con huellas de tortura. Nada en el lugar de los hechos estaba donde debería estar, empezando por el muerto que hallaron en una milpa ajena, el cinturón en las corvas, las manos en la espalda; pene y testículos hundidos en su boca demasiado muerta.

En algún sitio hay un poemario al que titularon La muerte me da. Un libro cuyo autor se hace llamar Anne-Marie Bianco. Una mujer misteriosa. Oscura. Una mujer que tal vez haya existido jamás. Alguien algo que podría incluso ser la persona sentada a mi lado. Hay en ese libro un poema que describe mejor lo que acabo de apuntar:

“[…] Un hallazgo. El cuerpo sin vida de un hombre. […] la cara vendada. Atado de pies y manos.
Una manera de adjetivar: Brutal homicidio. Infortunado ciudadano. Trágico caso. Mayúscula sorpresa.” (2)
Lo anterior se escribe así porque la castración de un ciudadano es algo a lo que nadie resulta inmune. Puede haber muchos muertos. Muertas. Pero la emasculación es un crimen social. En el pueblo cuyo nombre no refiero, la conmoción, en efecto, fue mayúscula sin importar las dimensiones del órgano extirpado. Una congoja, una pena general que se disipó a medida que las investigaciones fructificaron: la conducta del emasculado no correspondía a lo que el común de los aldeanos calificaría de ejemplar. Desentrañada la vida íntima del muerto -del castrado, el fragmentado- la pena se volvió nada. Igual que pasó con su pene.

Y es que, repite Anne-Marie Bianco (o tal vez alguien más), “desnudar es lo propio de la muerte”. (3)

Hay una novela titulada La muerte me da, un libro al que para fines prácticos llamaré El Nuevo Libro que Leí. La mujer que se hace llamar Cristina Rivera Garza y la mujer que llaman La Detective hacen mancuerna en esta obra. El Nuevo Libro que Leí se anuncia como el regreso de Cristina Rivera Garza, que tal vez sea la persona sentada junto a mí. En la historia que hoy nos ocupa, la Detective del Departamento de Investigación de Homicidios intenta resolver uno de los casos más difíciles de su propia historia, el de los Hombres Castrados. La mujer que se hacía llamar Cristina Rivera Garza comete el hallazgo del primer emasculado (y aquí la palabra “comete” cumple una misión especial), lo que la convierte de manera automática en la mujer a la que alguien llama La Informante.

Hay por lo menos cuatro hombres muertos. Fragmentados. Cortados. La ciudad al tanto de todo. El asesino es alguien algo de gustos exquisitos. Un amante del arte. Tanto como lo eran las víctimas, los que fueron masculinos. La gente sigue las noticias con renovada ansiedad. Hubo, junto a cada muerto, un mensaje que tal vez diga mucho o quizás no. Un objeto artístico por dondequiera que se le mire. Un fragmento, un corte de la poesía de Alejandra Pizarnik, la poeta suicida.

Hay un ensayo de la Dra. Cristina Rivera Garza, la académica que está sentada aquí, que lleva por título El anhelo de la prosa. Un trabajo organizado en cuatro partes: una introducción, dos capítulos y la conclusión, en el que nuestra ensayista intenta dilucidar, a través de una lectura puntual –y yo podría decir “una lectura quirúrgica”- de los diarios de la poeta argentina, la búsqueda incesante de la prosa, la ambición de Pizarnik de dotarse de un lenguaje que le permitiera algún día escribir una novela.

No hay un solo sospechoso. Hay más de una sospechosa. Alguien algo que adopta múltiples personalidades en el Caso de los Hombres Castrados. Alguien algo obsesionado con la poesía de Pizarnik. Alguien que quiere decir. Hay una Periodista de la Nota Roja que tal vez.

Hay más de un libro en El Nuevo Libro que Leí. Hay muchos libros ahí. Hay cortes, fragmentos. Hay una castración convenida, conveniente. Una historia que se fragmenta, que se deja cortar, que abre paso a otros universos literarios, y hay un thriller que, sin embargo, en ningún momento deja de ser inquietante. No hay un solo yo implicado en El Nuevo Libro que Leí. Hay muchos autores, o mejor dicho, su única autora descubre o inventa múltiples maneras de explorar un tema que se reproduce por sí mismo. Hay una mujer que busca y ésa es Cristina Rivera Garza, la mujer que existe, la que está sentada aquí.

El Nuevo Libro que Leí es mucho más que un libro y es nuevo en varios sentidos. Es la propuesta de CRG. El Nuevo Libro que Leí se llama La muerte me da y es, de uno y de distintos modos, el libro más nuevo que.

Sobre la trascendencia de esta propuesta o sobre las raíces de la misma nada habré de revelarles. No al menos por ahora. Hasta aquí el informe de mis hallazgos que son nada ante el universo que genera El Nuevo Libro que Leí. Me he enterado de que hay alguien algo que presiente la semilla de La muerte me da en la novela de Salvador Elizondo. Yo de eso nada sabría decir porque esta literatura es por completo nueva para mí. Lo que sí puedo declarar, y lo hago como deben hacerlo los hombres que tienen vergüenza, es que la lectura de este nuevo libro significa un big bang en mi experiencia como lector. Confieso que, al igual que la Detective que les he referido, tampoco he resuelto el caso. No cumplí bien mi misión; no alcancé a la mujer que corría. Nadie se confunda, sin embargo, ni piense que me contradigo: hay en esta novela, como debe ocurrir en los buenos libros, menos respuestas que interrogantes. Yo, como el hombre que alguna vez estuvo enfrente de la Detective, soy un hombre sin respuestas. Que cada quién busque las suyas. Ésas -alguien algo nos lo dijo- sólo las produce, “y eso a veces, el paso del tiempo”. (4)


1 Cristina Rivera-Garza, El último signo, en Cuaderno Salmón. Creación y crítica, año I, número 2, septiembre-noviembre de 2006, pág. 38.
2 Anne-Marie Bianco, “El lugar de los hechos”, en La muerte me da, Bonobos, Toluca, 2006.
3 Anne-Marie Bianco, op.cit.
4 Cristina Rivera-Garza, La muerte me da, Tusquets Editores, México, 2007.

sábado, diciembre 8

Otro cantante asesinado

El 8 de diciembre de 1980, a las once de la noche le disparó un tipo que esa misma mañana le había pedido un autógrafo. Murió minutos más tarde en los brazos de su esposa, en la patrulla que lo llevaba al hospital.

00564701

¿No merecerá castigo
quien no embaraza a Justicia,
metiéndole la puntita?

domingo, diciembre 2

0250301

A propósito de ayer...

¿Ayuda en algo si digo
que sólo faltan
cinco años?


Nuevo libro IV

De cierto modo la vida de cada cual puede ser, algún día, lo mismo que un libro nuevo. O tal vez un capítulo aparte en una historia (y un lugar) común. (Desde luego es preferible eso que una fe de erratas o un colofón). Este par se conformaría con ser un verbo no anticipado; una letra, otro signo, unos puntos suspensivos de vez en vez.

Si el 2007 fuera nuestra historia toda y no tan sólo una parte de esta aburrida novela, la semana que ayer concluyó podría significar ese punto glorioso, inmejorable de cabo a rabo.

Es cierto que en la vida uno cierra capítulos, y es verdad que hay etapas que uno no quisiera concluir. Y es cierto también que a veces son otros quienes nos clausuran. Como sea, uno se encuentra a veces, casi de súbito, haciendo una vida por completo nueva, un distinto estilo de vida que puede ser sorprendente o aburrido, insatisfecho o pleno.

(El pesado Pesina tiene que decir, no va a poder evitarlo, que le gusta su nueva vida. Está feliz y eso no le sucede con demasiada frecuencia. Es una situación odiosa. ¿Qué va a ser de nosotros ahora que él se acostumbró a lo bueno?).

Leemos un nuevo libro que es un libro bueno también.

Pero ocurre que Hulk es nuestro propio aguafiestas. (Nada mejor que encontrar lo malo aun dentro de lo bueno). Aunque habría que agregar en su defensa que esta vez no fue necesario escarbar casi nada. Hallamos en la página once, apenas salvados los títulos y los créditos, índice y dedicatoria; es decir apenas iniciado el cuerpo de esa novela -que no por esto deja de ser buena- el primer error. (El blandengue Pesina llama "tipográficos" a los descuidos cuando quiere exonerar al tipo [o a la tipa] que los cometió. Los errores, sin embargo, son eso y nada más).

He aquí, íntegro, el contenido de la página once:


"[...] víctimas de las preguntas: ¿quién me está mantando?, ¿a quién me estoy entregando para que me mate?"

El libro nuevo que leo.
Erre Ge, Ce. (2007). Tusquets editores. D.F., México.
pág. 11

miércoles, noviembre 28

Con toda la mano

"Nuestra Señora de la Libertad/Luz"


Aquí se acostumbra decir, cuando algo está muy bien realizado, que está con todo; que lo hicieron con toda la mano. Por supuesto, también decimos que está con madre.
El proyecto de Omar Pimienta, La libertad es una estatua, es un proyecto con todo.
Existieron en la colonia Libertad, un barrio bravo tijuanense en el que creció Pimienta, algunos talleres especializados en el manejo del yeso y el cemento. Ahí se construían figurillas y grandes estatuas. En los años setentas y ochentas esos talleres fueron grandes industrias que en las décadas posteriores decrecieron o terminaron por desaparecer. En uno de los talleres supervivientes, Omar encargó hace poco la manufactura de una estatua de la libertad que ha recorrido junto con el foto-versógrafo los espacios más insospechados de la ciudad.
Pimienta fue a Chihuahua y ahí expuso La libertad es una estatua. La de arriba es, según Hulk, la mejor fotografía. ¿A poco no está hecha con toda la mano? Bien, pues gracias a la generosidad de Omar, ahora esa foto le da un aire intelectual al rincón del buen Pesina.

martes, noviembre 27

Nuevo libro III

Leo un libro nuevo que me mantiene ocupado, disculpen el tiradero.
Y sólo porque la jaula de Hulk cumple dos años esta noche no he querido que la fecha pase sin su correspondiente recado. Escribo esto y vuelvo al laboratorio, a recibir otra dosis de rayos gamma.
De nuevo leo ese libro que sigue siendo tan nuevo. Al tiempo que lo releo voy pensando en una sola cosa: ¿Qué diablos le queda a la gente como yo cuando el talento se encuentra siempre en otros lados? ¿Vamos a seguir buscando algo que no encontraremos? Quizá convenga dedicarnos únicamente a leer, a gozar con los descubrimientos que de vez en cuando hacemos y dejar esto de la creación literaria a los profesionales, a los que saben qué es el talento.
¿Escribir? Sí, claro, también. Quizá en un blog.
Abrí esta ciberbitácora hace dos años, luego de conocer a Rafa Saavedra, el puntero de este movimiento. ¿Han escuchado eso de que el blog también es cultura? Lo es, no les quepa duda. Si no lo creen, vayan a las bitácoras de Guillermo Vega Zaragoza, Alberto Chimal o Luis Vicente de Aguinaga. Vayan a la del mismo Rafa.
De acuerdo, también hay basura. Esta jaula no es un blog decente ni mucho menos. Sí, está llena de popó de Hulk. ¿Qué quieren?, es una jaula, ¿no lo habían notado?. En estos meses apenas he subido 355 entradas de las que algunas deberían descontarse por ser videos o canciones. Pero es que la cosa no es sencilla. Como sea, bastaron unas cuantas líneas para ganarme un enemigo y un admirador, y eso ya es bastante.
Y es para mis dos lectores que escribo estas oraciones inútiles.
Leo un libro nuevo y ya les diré de qué va la lectura.
Y hay nueve libros en mi buró, haciendo fila.

lunes, noviembre 26

Nuevo libro II


El jueves iré a Tampico
porque sí
(y porque dice Liliana)
(y porque a decir de Sara)
también yo soy un buen perro
(y porque dijo Marín)
nada impide
que a veces uno
también
mate por un pedazo
de carne fina
Que dice Sara que, por las dudas,
amén del vino y los volovanes,
habrá vacunas antirrábicas
que ofrecer al respetable.

domingo, noviembre 25

Nuevo libro

Leo un libro nuevo.
Un libro que
(para mí)
es nuevo
de forma enfática.
Pude decir: Es nuevo en todo sentido.
Dije en lugar de eso: Un libro que.
Dije la palabra nuevo y los labios me temblaron.
Porque decir nuevo es igual que decir nunca.
No son palabras sumisas.

(Ésas dos).
(Ésas malditas ).
Ni se pueden pronunciar sin una mueca, sin fruncimientos. Nunca.

Nuevo.
Es éste el libro más nuevo que haya tenido

jamás. Porque en primer lugar es, en definitiva, nuevo.
("1a. edición: octubre de 2007").
Es nuevo ése mi ejemplar (tan mío) porque la mía será

su lectura primera. Nuevo es porque un regreso
siempre parece un principio.
Esta novela que anuncian como el regreso.
De Ce Erre Ge.
Para mí es un empezar.
A leer.
De otra manera.

Digo que nunca había leído nada igual
y eso hace que
(al menos para mí)
sea éste,
de entre todos los libros,
el libro más nuevo que.

martes, noviembre 20

Traspiés lingüísticos en la provincia tamaulipeca (13)


Y porque es fecha para conmemorar, el de este día es un traspié muy histórico.
De Tamaulipas hay dos héroes revolucionarios que destacan como el que más, los generales Carrera y Caballero. Ambos pelearon alguna vez al lado (no es más que una expresión, por supuesto) de Carranza, pero uno era hombre de a deveras, el otro un vulgar acomodaticio. Sobra decir que uno mandó matar al otro cuando el otro ya no era carrancista. Y dicen que muy a la mala. Nada que merezca la condena del respetable, ya se sabe que las revoluciones suelen ser así. (Sí, las democráticas también).
Total que el resbalón del ayer lo protagonizó don Luis Caballero, ése al que dedicaron la calzada donde está la sede de la secretaría de educación de Tamaulipas. El texto es del libro de José Ramos, Anécdotas de la revolución.

"La Crónica (San Francisco),

25 de noviembre de 1917, p. 16.

Cuentan que el general Caballero, tamaulipeco o coahuilense, muy allegado por sus relaciones políticas con el señor Carranza, ordenó que se embarcaran sus hombres rápidamente en un tren para ir a atacar la columna del general don Antonio Rábago, aguerrido jefe federal que se encontraba defendiendo Ciudad Victoria.

Rábago, que tenía fama de ser el mejor general de caballería de sus tiempos, salió a batir a los revolucionarios y derrotó a las avanzadas de Caballero en forma terrible, no dejando vivo a uno solo de sus hombres.

En estas condiciones, Caballero quiso que retrocediera el tren en que iba a atacar a su adversario; por más que dictaba órdenes, la locomotora no se movía. Indignado por tal cosa, ordenó que trajeran a su presencia al maquinista y con él entabló este diálogo:

-¿Por qué no camina la máquina? Lo voy a mandar fusilar a usted.

-Señor -respondió el maquinista- yo no tengo la culpa. Los inyectores...

-Ah, son los inyectores. Pues que una escolta baje a ésos y los fusile inmediatamente."


En cervantesvirtual.com

lunes, noviembre 19

Hulk en el horizonte


Como tengo muy mala memoria, no dejaré de señalar las ventajas de la comunicación escrita. Algo dije hace unas semanas acerca de cierta entrevista que me iban a hacer. Eso ya sucedió y, como bien lo anuncié, no fui lo suficientemente bueno a la hora de responder las preguntas que requerían de algún modo el uso de la razón o la memoria. Por fortuna no se trataba de una transmisión en vivo.
El Programa Cultural Tierra Adentro tiene, todos los viernes a las veintiuna, su propio programa de radio. Ahí transmitirán la entrevista que me hicieron. (Gracias a la edición, las partes ininteligibles de mi discurso serán rellenadas con chistes de Polo-Polo y aun las escasas frases coherentes que yo pude articular serán mejoradas por el reconocido científico J. Maussán y por el no menos prestigiado escritor C.C. Sánchez. Así por ejemplo, donde yo dije "sigo" ellos dirán "ciego", y donde dije "mamadas", ellos dirán lo mismo).
La cita es este viernes 23. Y ya dije -¿o no?- que a las nueve de la noche. El programa se transmite por HORIZONTE 107.9, una emisora que tiene cobertura en Ciudad de México, Edomex e Hidalgo, así que mis vecinos y yo tendremos que escuchar mis tontejadas vía Internet.
Y antes de terminar, va un servicio a la comunidad:
Ese programa de los viernes pretende ser la versión radiofónica de la Revista Tierra Adentro, y la producción está invitando a los compas de provincia a enviar material musical o sonoro (demos, radio arte, diseño sonoro, radio teatro) a producción-tierra@gmail.com. Háganlo si quieren y si no ya saben.


domingo, noviembre 18

Tu rastro, tu rostro.



Sin la luna (Alejandro Filio)
Canta: Tania Libertad.

Si repito tu nombre
después de otra jornada
y otra noche conmigo;
si tu olor me recorre
y entre pecho y guitarra
se hace más el vacío.

Si estas manos, entre acorde y acorde,
acordándose van de tu pelo;
no hace falta tanto cielo
si la luna de tu piel no está.

Si entre verso y respiro
se abre un azul profundo
que va tiñendo el tiempo,
si a contraluz te miro
y se hace más agudo
el filo de tu cuerpo.

Si esta nota no alcanza tu tono
y entonándote vuelo y respiro,
no estoy solo, voy conmigo.
Y la estela de este canto atrás.

Puedo hablar de ti con mis amigos;
mi canto, mi silencio, mi conmigo.
Puedo hallar tu rastro si lo quiero hoy.
Y sé perfectamente dónde te dejé.

Si repito tu nombre
después de otra jornada
y otra noche conmigo,
si tu olor me recorre
y entre pecho y guitarra
se hace más el vacío.

Si estas manos, entre acorde y acorde,
acordándose van de tu pelo;
no hace falta tanto cielo
si la luna de tu piel no está.

martes, noviembre 13

Diferencia entre lo finito y lo que no



"Toda obra estaba hecha para acabarse,
para callarse en un silencio
donde la palabra infinita
iba a retomar su soberanía".
M. Foucault.










Ocurre con marcada regularidad que nuestros amigos nos proporcionan momentos de inevitable orgullo. Ha de ser porque Hulk suele rodearse sólo de gente interesante.

El Festival Internacional de Literatura organizado en Tamaulipas, que por celebrarse invariablemente en Tampico en su primera versión (de cuatro años) se llamó "Letras en el Golfo" y posteriormente, en un efímero intento de extenderlo a otras ciudades de la entidad ostentó un nombre más sangrón: "Letras del Mundo", murió a principios de este año entre sollozos y suspiros de quienes juraron que el finado festival se cancelaba no por significar un gasto millonario focalizado en el puerto sin claras repercusiones en la cultura estatal ni local, sino, muy contrariamente, por haber cumplido a cabalidad con dos nobles objetivos: promocionar a Tampico como un puerto cultural y contar con la cara presencia (y nada más) de un centenar de escritores de fama mundial.

Pues bien, ante los insistentes reclamos de la comunidad (no precisamente de la comunidad artística), el festival retornó en un formato muy inferior en lo que concierne a gastos por honorarios y publicidad, pero muy ambicioso y efectivo por cuanto se refiere al fomento de la lectura. Y me llena de particular orgullo y regocijo saber que la idea original, así como la organización de ese festival es de Elín López, una de las dos (o tres) personas que hacen algo por la cultura en este sucio agujero.

"La Palabra Infinita", el festival que dio inicio anoche en esta ciudad, pero que tendrá actividades simultáneas durante la semana en Reynosa, Nuevo Laredo y Tampico, además de este sucio agujero, contará con las participaciones de escritores tamaulipecos (Juan Miguel Pérez Gómez, Gloria Gómez Guzmán, Arturo Castillo Alva, Juan Jesús Aguilar, entre otros), nacionales (Raquel Huerta Nava, Eve Gil, Liliana Blum) e internacionales (Eduardo Milán).

Y esto es lo importante:

A diferencia del festival internacional que se había venido desarrollando, ése que consistía en la concentración de una veintena de escritores en un hotel de lujo, donde no hacían mucho más que dar entrevistas y leer ante un público reducido unos veinte minutos en toda una semana, este nuevo festival centra su actividad en las escuelas de nivel medio superior, ahí donde una lectura, una charla o una conferencia, pueden generar cambios sustanciales. Eso precisamente, charlas, conferencias y talleres, es lo que se estará desarrollando en centros escolares y en auditorios públicos. Eso, precisamente, es lo que yo llamo un festival de literatura.

Porque no es a través de una pasarela como se pueden generar cambios en los niveles de lectura de una sociedad cualquiera; hacen falta talleres, hace falta la interacción de los jóvenes con los creadores, hace falta que las bibliotecas estén actualizadas. Hace falta, en conclusión, que los recursos se gasten en acciones de fondo y no en actos publicitarios.

Este nuevo festival, estoy seguro, tendrá repercusiones de mayor alcance en la vida cultural de Tamaulipas. Por más que algunos necios lloren la cancelación de un festival oneroso que servía tan sólo para llenar de firmas un álbum biobibliográfico y tomarse una foto con algún escritor internacional al que tal vez nunca leyeron.

Y ya que hablo de todo esto, un anuncio debo hacer:

Mi amiga Liliana Blum; ganadora, entre otros premios, del Certamen Regional de Cuento "Juan B. Tijerina", en su edición 2006, estará mañana en el Museo de Historia Regional de Tamaulipas, compartiendo una charla acerca de la lectura. La cita es a las diecinueve en punto.

Hulk estará en esa misma mesa, pero sólo para cargarle el portafolio a Liliana.

martes, noviembre 6

La tevé


En Chihuahua fui a una librería "Kosmos". Había libros en oferta. Compré dos ejemplares viejos que no habían sido estrenados, un libro reciente, pero usado, y un tercer libro que era nuevo en casi todos los sentidos. Mientras yo buscaba La Televisión, de J.P. Toussaint, los empleados de la librería conversaban a grito abierto; algo decían acerca de los medios y su forma ingrata de engañar a los usuarios. En algún momento me acerqué hasta ellos y les pregunté por la novela.
De la televisión que yo buscaba poco pudieron decirme, pero de la que ellos hablaban, no. Me contaron completo el caso de Fabián Lavalle. (Iba a decir que con pelos y señales, pero más vale ser cauteloso con las palabras).
-Es vergonzoso -exclamó uno de ellos.
-Vergonzoso, sí. Y mucho -contesté yo.
Y todo el tiempo hablamos de cosas diferentes.

Y para seguir con anécdotas de la televisión, me voy encontrando ahora, en un canal católico, una copia del mismísimo Mr. Bean enseñando el evengelio.
Vergonzoso, sí. Mucho.

lunes, noviembre 5

Qué bonito es


Y he aquí que me encuentro, prácticamente, volviendo del mero norte. El jueves pasado hice un viaje directo del trabajo a la camionera, a comprar el billete de ida, y después un pisa y corre a casa, sólo para mal empacar. Esta madrugada hice algo muy parecido; estuve conectado a la oficina por el celular entretanto llegaba a casa a quitarme el olor a calcetín para montarme en el coche e ir de nuevo a trabajar. En el ínterin, mushas palabras dishas y escushadas en Shihuahua.
Estuve en Chihuahua por una primera razón: para ver a mis amigos. A una Buba Alarcón en su papel de convocante y a dos o tres mequetrefes haciendo de literatos. Al llamado de la princesita (Chuy Marín dixit) acudieron los fieles de Tijuana, Durango, Hermosillo y Ciudad Victoria. Omar Pimienta, quien le hace a casi todo, llevó imágenes y textos propios y además llevó a Esteban Martínez, un fotógrafo gabacho bastante cool. La delegación duranguense fue la más nutrida (todo gracias a una fonda del mercado), con Miguel Ángel Ortiz Reyes y Esther Galindo como poetas, Nayeli como artista plástica y Jesús Marín como un poco de estas dos cosas y otro tanto de payaso. Como otras veces, Marín llevó textos suyos que algunos no calificarían de propios. De Tamaulipas iba solamente yo, pero no hicieron falta más; solito me di mis mañas para dejar -como siempre- por los suelos el nombre del sucio agujero que nos vio nacer y luego sacose los ojos.
Estuve en Chihuahua también por una razón secundaria: nunca había estado allá. Y es que no deja uno de preguntarse lo que se hace en ciudades más antiguas y más grandes que la propia en cuestiones de cultura. En Chihuahua hay Facultad de Letras, Buba estudia y trabaja ahí. Arturo Gardea, su shulo, es fotógrafo, y en dos semanas expondrá en la Quinta Gameros, que pertenece a la autónoma chihuahuense. En Chihuahua hay un parque de las artes, ahí pude ver, ayer por la mañana, cientos de pinturas y decenas de artistas ganándose el pan. En Chihuahua hay un paseo llamado de la fotografía: una galería al aire libre donde nadie raya ni roba las fotos. (El otro día en Durango, a propósito de las miles de sillas que dispusieron para los escuchas de Sabina y Serrat, en son de broma le dije a Marín que no pidiera tanto de los tamaulipecos, que a fin de cuentas la suya era una civilización de cuatrocientos años y la nuestra de apenas doscientos cincuenta).
Yo no sabría medir el grado de civilización de la capital chihuahuense, pero hay, desde luego, una parte simpática en todo esto. En Chihuahua hay un ángel que le llaman Jedi porque su espada lanza (es espada y no lanza, pero sí que emite) un rayo láser de no supe qué color. En Chihuahua, me dijeron, las protestas contra el gobierno no se hacen frente al palacio de gobierno sino ante la catedral. En Chihuahua nunca pudieron decirnos dónde encontrar abierto un surtidor de cervezas a las once de la noche. En Chihuahua, en contraparte, di con el paradero de un Luthor juvenil, la temporada osho de Smallville, no lo duden, tendrá lugar entre Chihuahua y Ciudad Juárez.
Yo no podría decir cuán civilizada sea la sociedad chihuahuense, pero los pegotes en cada esquina le imprimen a la ciudad una cierta ironía, un aire mordaz y triste a la vez. Niños, niñas, muchachas y jovencitos; amas de casa, obreros y labriegos, apretujadas sus fotos en una pared triangular de la central camionera. Un año tras otro: ¡Ayúdenos a encontrarlo/la!
A propósito de esto, Marín le editó a Buba un volumen que presentaron este fin de semana la autora, Pimienta y Marín, Historieta/Porque soy princesa (Ediciones Duranghetto, 2007). En el último tercio del libro (que son tres poemarios) Buba habla. Y es más elocuente que cualquiera:



Álbum familiar
Chihuahua es una ciudad muy familiar
su álbum está pegado en los postes
en las paredes de todas sus calles

domingo, octubre 28

Un poetazo

En una entrega anterior mencioné (o tal vez no) que tengo muy mala memoria. Hay gente que dice lo contrario mas no logro entender el porqué. A propósito de esto, el otro día sucedió una cosa que ahora iba a relatarles, pero ya no lo recuerdo bien. Dejémoslo entonces para otra ocasión.
Total, soy un desmemoriado. Y eso es un problema grave para un mentiroso y fingidor profesional como yo. Ya se imaginarán lo difícil que es dar continuidad a un engaño si uno olvida los detalles que parecen nimios. En una mentira nada lo es. Creo que esto último no venía al caso decirlo y es mejor no proseguir por esa línea aunque a veces resulte imposible evadir los temas que aparecen en el camino como ciervos lampareados. No sé ustedes, pero a mí así me ocurre, voy y vengo de un tema a otro distinto con absoluto descaro.
Ahora que lo recuerdo -y cierto que debí decirlo antes-, el lunes por la tarde una tal Cecilia Balderas o Barrera o Barraza o nosedequé me va a hacer una entrevista para el IMER, después de las seis; si me dijo el nombre del programa o si la transmisión será en vivo, créanme que ya no me acuerdo, pero estén pendientes, ¿no? Confieso, acá, entre nosotros, que mis respuestas pueden no ser muy coherentes y lo que diga al final tal vez no coincida con lo dicho en el principio. Pero tengo todo el derecho de contradecirme. ¿O no? Una vez alguien dijo que yo hacía zapping en cada conversación. Puede que eso sea cierto; pero aguanten, que ya estoy a un paso de volver al punto que quería tratar:
El viernes me compré un libro. Un libro chingón, si me permiten decirlo de ese modo. Otro día, no hace mucho, estuve leyendo un artículo de Óscar de Pablo que me dejó igual que a los venados de los que les hablo: deslumbrado. (¿Alguien podría explicarme en qué se inspira la expresión ésa de los ojos cuadrangulares?). Luego leí unos poemas de ese mismo bato y me quedé pior (lo que, dicen, es un grado más que peor). No agregaré nada para describir o evaluar los textos de Óscar de Pablo porque yo de poesía nada sé. Por eso digo que el libro es una chingonada y con eso creo que mi idea queda suficientemente explícita.
Pues he aquí que arranqué del estante Debiste haber contado otras historias (FETA-IQCA. México, 2006). Pagué, charlé unos minutos con la chica del mostrador -algo acerca del catálogo y del sistema contable, que fallaban- y luego enfilé hacia el estacionamiento. Ya estaba leyendo el poemario recargado en un automóvil ajeno. Me detuve en la página dieciocho, no podía pasar de ahí. En eso vino corriendo la muchacha de la librería: agitada, palpitante, en su frente sonrosada unas gotitas lampareaban también: había olvidado anotar el código del libro ya que la computación fallaba. ¿Ven que no soy el único de mala memoria? Se lo dicté y así lo hice también con los nombres de un autor y un libro que inventé al instante para que no se marchara, incluso algo le expliqué de la poesía contemporánea. Yo, que de poesía nada sé. No me juzguen por eso, algo había que hacer para que la chica no sufriera un colapso. Por fin se fue ella y yo también. El libro no, él quedó sobre el capote de aquel coche ajeno, donde lo puse para platicar con la mujer de las gotas. Eso le puede pasar a cualquiera.
Y ya que lo pensé mejor, digo que mi memoria no es del todo mala. Puede, por ejemplo, recordar íntegro el texto de la página decimoctava, el que cuelgo acá para el contentamiento mío y el de ustedes:


Materialismo erótico

Aunque apenas ahora lo comprenda, vivir
fue siempre esto: la horizontalidad
terráquea del abrazo, el tacto innumerable, la
caricia,
el olor de la albahaca y del tiempo
concentrado en su cuello,
y ese gozo irresuelto que no acaba. Ante el cálido
roce
de esa piel, de esa mano,
nadie podrá hablar mal de la materia. Nadie
podrá decir, mirándola a los ojos,
que la belleza física
sea una cosa superflua. Nadie podrá decir
que fuera de estas sábanas
exista Dios o nada
parecido.




sábado, octubre 27

Siete Recados Capitales


1. Que no me busquen.
2. Que voy a estar fuera.
3. Llévenlos a mi oficina.
4. Que me esperen un ratito.
5. Me voy a Chihuahua, a un baile.
6. Voy porque quiero, a mí nadie me manda.
7. Celebraré mi cumpleaños en una cueva letrera.


III Foro Multiciplinario ConJugando Musas
(Donde nos las veremos)

PROGRAMACIÓN:

VIERNES 2 DE NOVIEMBRE

5:00-5:30
Inauguración

Exponen:
Madroño (Chihuahua)
Arturo Gardea (Chihuahua)
Fco (Chihuahua)
Vieno Jiménez (Chihuahua)
Toño García (Chihuahua)
Glue All (Juárez)
Omar Pimienta (Tijuana)
Esteban Martín (Tijuana-San Diego)
Nayeli (Durango)


5:30-6:00
Mesa de Lectura
Adriana Meza (Coahuila)
Érick Bueno (Hermosillo)
Rita Esther Galindo (Durango)
Liliana Pedroza (Chihuahua)
Ángel Robles (Chihuahua)
Omayra Garcés (Chihuahua)

6:00-7:00
Presentación de Libro
Porque soy una princesa
Buba Alarcón (Chihuahua)
Ilustraciones de Fco
Presentan Jesús Marín y Omar Pimienta

7:00-8:00
Mesa de Lectura
Miguel Ángel Ortiz (Durango)
Omar Pimienta (Tijuana)
Adriana Rodríguez (Chihuahua)
Yokita Barreras (Chihuahua)
Alejandro Muñiz (Chihuahua)
Carlos Portillo (Chihuahua)

8:00-8:30
Presentación del Sello Discográfico
Fitness Club

9:00
Música
Apolo (Chihuahua)
Cyanea Capillata (Chihuahua)
Gwilly (Chihuahua)


SÁBADO 3 DE NOVIEMBRE

5:00-5:30
Presentación de la Revista Tole
Tole
Presentación de la Revista Hojalata
Poeta No-lugar. Roberto Navarro (Tijuana)

5:30-6:30
Mesa de Lectura
Yaneth Faudoa (Chihuahua)
Érika Said (Chihuahua)
Alejandro Meléndez (Chihuahua)
Magdalena Frías (Hermosillo)
Julio Pesina (Tamaulipas)

6:30-7:30
Mesa de Lectura
Charla y presentación de Libro
Cuaderno de las resignaciones
Miguel Ángel Ortiz (Durango)

7:30-8:30
Mesa de Lectura
Yuriko Montoya (Chihuahua)
Iván Camarena (Hermosillo)
Sarahí Aguirre (Chihuahua)
Erbey Mendoza (Chihuahua)
Roberto Navarro (Tijuana)

8:30- 9:30
Presentación de Libro
El Hombre que cazaba ballenas
Jesús Marín (Durango)

9:30
Música
Iván Pardo (Chihuahua)
Galactic (Chihuahua)


jueves, octubre 25

Quitar el frío

Si para ir a Durango uno aborda el autobús en este sucio agujero a las ocho de la noche, estará poniendo un pie en la capital duranguense a la hora del desayuno: el periplo dura exactamente la mitad de un día.

A las ocho y media estaba yo en la puerta de la buhardilla de Marín tiritando de frío. Lo primero que hicimos después de olfatearnos el rabo (en lenguaje connotativo, desde luego) fue asaltar El Zocabón (así se llama, con errores ortográficos y todo, aunque mejor le hubiera quedado "sobacón"), donde almorzamos sendos platones de lo que nos dijeron era machacado con huevo, aunque a mí no me supo a huevo, mucho menos a machacado.

En Durango se celebra, durante estos días, el Festival Revueltas. En la Casa de la Cultura se efectuaba la mañana del martes la inauguración de una muestra pictórica colectiva; el tema, ¿no lo adivinan?, "Cada quién su Frida". Saludé ahí a demasiados desconocidos, a algunos que no conozco demasiado y a Everardo Ramírez, el presidente de la Sociedad de Escritores. Cinco minutos después casi sentí vergüenza cuando le dijo a Marín que sacara mis tiliches de su buhardilla y me instalara en el hotel. No es la primera ocasión que gozo de la hospitalidad de la SED, pero esta vez mi viaje no era más que un capricho, iba sólo a escuchar a Sabina y a Serrat. A eso y a nada más. Fue un ofrecimiento muy oportuno, hay que admitirlo, porque olvidé mi champú en este sucio agujero y ya había pensado pedirle a Marín el suyo, una opción que deseché casi al instante. "A la gorra no hay quien le corra", repetí mentalmente por tres veces y todo mi bochorno se convirtió en nada.

Como funcionario de cultura, Everardo Ramírez cocina un taller para narradores originarios de los estados que pertenecen al Fondo Regional para la Cultura y las Artes del Noreste, el coordinador del taller será Daniel Sada. Hasta donde sé, Durango tendrá, durante tres días de noviembre, su propio monte Alvernia para dos aprendices de cada estado (Chihuahua, Durango, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas). Cuando salga de ahí, no se espanten si les muestro estigmas de los que broten letras.

Pero no es de eso de lo que quiero hablar ahora sino del concierto de los hispanos.

Llegamos, pues, a la plaza IV Centenario a las cinco de la tarde y ya había gente apartando localidades. La zona exclusiva estaba limitada por un vallado; ahí dentro había unas quinientas sillas secretariales, destinadas a funcionarios, encopetados y reporteros, todas vacías; más atrás un centenar de sillas negras -y duras- para los discapacitados. A un lado de la zona vip había un espacio que ya se estaba poblando de sillas plegables de la cocacola. Al fondo muchas, muchísimas sillas para quienes fueran llegando. Cogimos dos de estas sillas y las pusimos muy junto a la valla de modo que nuestras localidades resultaron mejores aun que las de los últimos aristócratas. A partir de entonces nos turnamos para cuidar nuestro territorio. El nuestro y el ajeno, pues en algún momento un ingeniero forestal vino y pidió a Marín que le cuidara un lugar a cambio de una cantidad imprecisa. Desde luego Marín se negó a cobrarle el favor, aunque al final aceptó que el ingeniero le regalara una camiseta conmemorativa no obstante que jamás encontró su talla. A mí, debo decirlo, el inge me regaló dos discos de Alejandro Filio. La recompensa, creo, fue justa después de todo, pues con el frío que hacía a esa hora, poner mi chaqueta en la silla vacía significó casi un sacrificio.

Quizá con la intención de que la espera fuera menos aburrida los artistas locales abrieron el concierto a las seis de la tarde. Para entonces la plaza estaba casi llena (pongamos unas cinco mil cabezas y el doble de orejas) y todos estaban cómodamente (o casi) sentados. Así pudimos escuchar trova y rock mexicanos y uno que otro éxito ranchero interpretados por los valores duranguenses; aunque tuvieron que hacerlo desde algún lugar indistinguible entre la multitud, mucho más allá de la zona reservada, pues no los dejaron pisar el mismo escenario que los hispanos. Algo me hace pensar que los artistas locales debían pagar también mil pesos si querían atravesar la valla.

"Valla de la ignominia" habría lucido muy bien en las pancartas que izaron algunos duranguenses minutos antes de iniciar el concierto. De pronto los reflectores se posaron en el tumulto y pudimos leer en las cartulinas que algunos censuraban la discriminación: "RACISTAS DE LA CULTURA", "NO AL NAZISMO CULTURAL"; otros criticaban a la administración duranguense: "LA CULTURA NO SE VENDE", "EL ARTE NO SE PRIVATIZA", "¿CULTURA PARA TODOS?" y hasta hubo quienes se quejaron de que los árboles de la IV Centenario tuvieran los frutos tan altos: "ABAJO LAS BAYAS". Marín quiso buscar un cartón y rotular su propia pancarta: "HUBIERAN VENIDO A LAS CINCO, HUEVONES", pero con la plaza llena era casi imposible moverse de lugar.

El concierto comenzó apenas pasadas las veinte. "Ocupen sus localidades", se escuchó a dos voces desde el templete y los duranguenses y los forasteros obedecimos de inmediato; los músicos lo habían hecho antes. Serrat canta mucho mejor que Sabina, pero el flaco arrancaba gritos mientras el catalán despertaba suspiros. Una copla, otra, décimas, chistes; las canciones que yo esperaba no aparecieron jamás, pero no me doy por mal servido. Hubo un momento, por cierto, en el que casi le di la razón a Marín: Serrat cantaba "Y sin embargo" (insisto: mucho mejor que Sabina) y me pareció que la luna bajaba hasta casi rozar mi cabeza. Fue momentáneo, ya lo dije; la luna que yo tenía era un globo de publicidad.

En uno de los intermedios habló Sabina:
-A lo largo de los años -dijo- me he dado cuenta de que una de las cosas para las que sirven las canciones es como remedios urgentes contra el frío.
Y tiene razón, sin duda, porque esa tarde "candelilló" en Durango (eso me dijo el taxista camino a la terminal), pero en la IV Centenario se mantuvo un microecosistema perfecto el mismo tiempo que duraron sonando las voces del flaco y del catalán.
Nota: La foto de Marín es de Omar Pimienta.
(Y no es cortesía de Omar
sino descortesía de Hulk,
que la robó del blog
del tijuanense).