martes, enero 31

Betancourt en la CNOP

En el auditorio de la CNOP vuelve el programa "Jueves de Letras" que coordina mi amiga Sandra Balderas. La noche de La Candelaria, en punto de las diecinueve horas, Alejandro Betancourt estará leyendo parte de su obra poética en ese recinto. Atareado día para nuestro amigo, pues por la mañana recibirá la beca del ITCA en la categoría "Jóvenes Creadores".

Por si aún no conocen la obra de Betancourt, les dejo aquí una muestra de su poesía para que se animen a acompañarnos esa noche. La CNOP está ubicada en 18 y 19 Rosales.


Cansancio de todo indicio de vida y muerte.

Who let themselves be fucked in the ass by saintly motorcyclists, and screamed with joy, 
who blew and were blown by those human seraphim, the sailors, 
caresses of Atlantic and Caribbean love. 
 
Allen Ginsberg

1

Ya no es mía la garra amariconada de la noche.

Los putos han vuelto su fuerza contra mí,

de un zarpazo apagaron los postes de mi vida

como cerrando por siempre la visión de la memoria.

¿Pero quién les dijo que podían?

Qué van a hacer con mis diciembres y mi inventario de talles ondulantes,

mi sonrisa perenne y mis ojos embriagados de galanes

aprehendidos con mis tres o cuatro frases en los bares rosas.

De qué les sirve si ellos sólo saben bailar en sus comunas ciegas,

guarecidos por la luz de su grosería,

multiplicando, en ausencia de palabras, las manos,

convirtiendo el Amor en interjecciones apuradas por temblores de piernas,

por el escozor de nalgadas advertidas a gritos,

por el fragor hambriento de pubis contra esas puertas-joyas-húmedas

ametralladas con mentiras blancas.

¿Acaso no merezco nada por justificar sus dedos largos,

sus persecuciones incansables tras niños cambiando de piel,

sus vituperios desplumados contra las jotas feas,

sus acechos descarados a las recién inauguradas,

sus cejas sacadas como si borraran partes de su pasado,

sus bultos convertidos en extractos de la Nada,

sus cajas torácicas estrujadas por las cintas del disfraz,

sus pies hechos polvo por la depresión del bulevar,

sus chamorros torturados por el vello intransigente,

sus espaldas enormes, delatadoras,

sus bocas sucias, llenas de hombre,

sus insaciables ganas

y sus doloridos culos, en el nombre del Amor?

Por eso me retiro.

Me declaro ausente.

Ya no pertenezco, señores/as,

damas insurrectas del mundo,

féminas iridiscentes de lo oscuro,

maricones malditos ridiculizados por sus propios reflejos.

Ya no pertenezco.

No me conoce ya la noche.

No queda buscar casa en sexo desconocido,

en las sombras de la calle, en los postes sin luz,

sólo esta infinita fatiga del hombre-puta,

proscrito de la tierra lentejuela.

jueves, enero 26

"...Imagina niños jugando béisbol; al único que yo distingo es al niño que no dejan jugar porque cuenta malos chistes y nadie se ríe de ellos... o veo personas enamoradas besándose y veo que algún día serán una pareja triste, que se engañan el uno al otro y no se pueden mirar a los ojos…

Y la siento, siento toda su tristeza y tal vez la siento más de lo que la pareja o el niño podrían sentirla...”


Los Estados Unidos de Leland

martes, enero 24

Lo que sucede en Victoria

La siguiente nota apareció el 20 de enero en El Diario de Ciudad Victoria.

Repara calle intransitable; "lo premian" arrestándolo

Adriana Heredia.


Seis horas bajo arresto y una multa de 600 pesos tuvo que pagar un victorense por arreglar la calle por donde diariamente transita y la cual se enuentra en pésimas condiciones.
Jesús Salas, vecino del 32 y 33 Mina, quiso hacerse un favor a sí mismo y a sus vecinos al arreglar la calle que al paso de los años se ha convertido en un riachuelo por donde se vuelve difícil transitar, el domingo pasado acudió como buen samaritano a tapar unos pozos y zanjas que tiene la calle Mina desde el 32 hasta el Libramiento Naciones Unidas.
Para hacerlo, consiguió una camioneta, luego se fue con los vecinos y les pidió escombro o cualquier otro material con el que pudieran tapar y el domingo, único día que tiene libre porque trabaja toda la semana, acudió a hacer la obra del día, sin darse cuenta que le cobrarian por hacerlo.
Después de bajar el escombro, empezó a esparcirlo entre los pozos y cuando estaba terminando llegó la patrulla 23 al mando del oficial Miguel Muñoz y lo aprehendió bajo el cargo de estar tirando basura en la vía pública (...)
El buen samaritano fue privado de su libertad, recluido en las celdas del Dos Zaragoza desde la una de la tarde y dejado en libertad hasta la siete de la tarde cuando pagó una multa de $600.00.

“Es gracioso que las personas digan “sólo soy humano” únicamente cuando hacen algo malo, no escuchas que una persona diga que sólo es humana al rescatar a un niño de un edificio en llamas”


Los Estados Unidos de Leland

miércoles, enero 18

Simi es co-candidato


El Doctor Simi ya no es candidato oficial...

(de Alternativa Socialdemócrata y Campesina, aunque seguramente tiene otras alternativas. No faltará algún deseoso de abrir su propia farmacia)


lunes, enero 16

Simi, ¿con dones para gobernar?


El Doctor Simi ya es candidato oficial...
¿Qué nos ofrecerá?
Sin duda lo mismo que los otros candidatos, pero
¿más barato?

sábado, enero 14

De cataqueño a ¿macondense?

Ahora resulta que al pueblo donde nació Gabriel García Márquez se le ha agregado el nombre de "Macondo". Si resultan los planes del alcalde y del coordinador de cultura (director también de la casa-museo del Gabo), a partir de marzo Aracataca-Macondo será el nombre oficial de ese miserable pueblo conocido como "la cuna del realismo mágico".

Cabría preguntarnos si el himno de Aracataca-Macondo será también la conocida canción de Camino Diez/Canseco y que acá en México hiciera famosa Óscar Chávez.


Insistiré

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Sabes que lo siento, ¿verdad?
no cambia nada, pero lo siento.



"The United States of Leland"

jueves, enero 12

Oyama para principiantes


En los antiguos edificios de la escuela primaria y del comité ejidal se lee "OLLAMA"; en los anuncios carreteros y edificios nuevos dice "OYAMA", aunque algunos habitantes suelen decir "OYAMAS".

Aquí una fotografía de su plaza principal, es decir la única.

martes, enero 10

Otra de Brecht


Dice Bertold Brecht, en la Canción del Elogio a la Instrucción:

"Aprende lo más simple,

para aquellos cuyo tiempo llegó

nunca es demasiado tarde

apréndelo! No te desanimes,

¡Comienza! ¡Debes saberlo todo!

Debes asumir la conducción.

¡ Concurre a la escuela, hombre sin techo!

¡Busca el calor del saber, tú que tienes frío!

Hambriento, toma el libro: él será tu arma.

Debes asumir la conducción. Debes asumir la conducción."



lunes, enero 9

El mártir

No fue suicidio, al hombre lo asesinaron. Eran profesionales; inventaron la historia de la conspiración y fabricaron pruebas para inculparlo. No era para menos, había descubierto algo muy delicado. Al tercer día, alguien oficialmente muerto brindó en casa de ricos. El brindis se efectuó con un licor que siempre había sido vino.

viernes, enero 6

De aquel diario (IV). Era el año 1995.


29 de noviembre
Ciudad Victoria
Madrugada en la carretera

Ya estábamos de nuevo en Burgos. Habíamos dejado a la mayoría de los chicos en la plaza y aun hicimos entrega domiciliaria de jovencitas en los hogares más tradicionales. Eran las once de la noche en un típico sábado burgueño, es decir que el pueblo entero se había recluido en sí mismo cual caracol en el estío; luces apagadas y puertas cerradas por doquier. En la casa que compartíamos Pancho y yo, Doña Celia, nuestra casera, había hecho lo propio y sólo los ronquidos de Don Conrado, quien dormía en el pórtico aun en las frías noches otoñales, nos recordaban que aquel caserón todavía estaba dentro de este mundo. Nos preparábamos para dormir cuando llegó el Director Vallejo.
-Vámonos, profes- pronunció casi con amabilidad.
-¿A dónde?
-A Victoria, ¿a dónde más?
Estábamos agotados. Se trataba no sólo de un cansancio físico sino de algo emocional; apuros, emoción y enojos nos habían dejado fuera de combate. Yo estaba en pijama, así que consideré la posibilidad de pasar un domingo aburrido en el pueblo; Pancho aún no se vestía para dormir; conservaba los jeans, la franela a cuadros, sus botas vaqueras y su sobretodo azul.
-Tengo que devolver la furgoneta mañana, en Victoria- insistió Vallejo.
-Pero estamos cansados. Además, no le veo el caso a viajar tantas horas para estar sólo un día en casa- intentó excusarnos Francisco Campos.
Antes de continuar habría que decir que, a finales de noviembre, la Profesora (y Subdirectora) Flores soportaba un embrazo de siete meses, razón que no le impidió cumplir en esa ocasión como celadora, enfermera, sicóloga y sobrecargo en el furgón de las chicas.
-Es por la condición de mi esposa que no quisiera que viajásemos solos- dijo el Director, ahora con auténtica amabilidad.
Minutos más tarde estábamos otra vez en la carretera. Pancho se apoderó de inmediato de uno de los asientos traseros y en cuestión de segundos estaba roncando a todo pulmón. Yo intenté hacer lo mismo en el otro asiento, pero me fue más difícil conciliar el sueño entre los rugidos de Pancho y los rebotes de la furgoneta en los incontables baches. En un auténtico pestañeo llegamos a Santander Jiménez, la mitad del trayecto; Vallejo hizo una escala en ese pueblo para tomar café y para que la Subdirectora estirara las piernas. El Profe Pancho también despertó y lo primero que hizo fue preguntarle al Director si le pondríamos gasolina al furgón. Que no, respondió Vallejo, que tenía suficiente.
Abordamos de nuevo la furgoneta y nos pusimos sobre la carretera; los siguientes kilómetros desfilaron en una sucesión de luces, ronquidos, rebotes y rechinar de llantas, un viaje que la somnolencia elevó al nivel de la mayor alucinación. De súbito los rebotes se magnificaron y tanto Pancho como yo abrimos los ojos estirando un dolor eléctrico hasta el occipucio. Al principio pensamos que Vallejo había perdido el control del vehículo y que íbamos directo a la fatalidad, pero ya situados en el mundo real nos enteramos de que él mismo había encaminado la furgoneta fuera del asfalto porque la máquina se apagó en forma repentina.
Empujamos el camión una, dos y tres veces sin conseguir que Vallejo pusiera en marcha el motor. Que no, que no podía ser la gasolina, contestaba el Director a cada insistencia de Francisco Campos. Finalmente, al remover el filtro de la gasolina para averiguar si estaba tapado pudimos enterarnos de que el tanque del combustible estaba vacío.
Eran las tres de la mañana en la carretera desierta. La madrugada acentuaba de algún modo la oscuridad de esa húmeda noche otoñal. Nadie se detendría a auxiliarnos y nadie lo hizo, eran aquellos los tiempos de los asaltos en carretera. No era, en cambio, la época de los teléfonos móviles, así que tendríamos que caminar hasta el pueblo si no queríamos congelarnos ahí mismo. Caminamos algunos metros hasta percibir el resplandor de la ciudad entre la bruma, ahí estaba el anuncio: “Ciudad Victoria 10 Km”.
-Quédese con la maestra, nosotros traeremos el combustible- le dijimos a Vallejo, y enfilamos hacia el pueblo.
Al principio intentamos usar el camino adyacente al asfalto, pero la humedad empapó de inmediato nuestros pies, así que optamos por andar la carretera. Francisco Campos iba adelante, luego atrás, luego otra vez adelante y al final de nuevo atrás. Con el sobretodo hasta los tobillos y su paso irregular, con su corpulencia delineada por los faros en el escenario brumoso, seguramente provocó escalofríos en algunos conductores. Diez kilómetros no son gran cosa, lo entiendo; hay, de hecho, quien los camina diariamente por prescripción médica, por afición o por simple rutina; pero a las tres de la madrugada y calzando botas vaqueras es una imagen que quedará indeleble en los recuerdos de Pancho y míos. Tal fue el camino que recorrimos hasta llegar a una gasolinera, desde ahí llamamos por teléfono a mi padre para que trajera el coche y una garrafa para cargar combustible.
Tuvimos que zarandear al Director para que despertara. Apenas verter la gasolina, la camioneta rugió con voz renovada y se alejó llevándose al matrimonio Vallejo. Francisco Campos se quedó con nosotros.
-Todo por no cargar combustible como se lo propuse- masculló Pancho refiriéndose al Director cuando la niebla engulló la camioneta a lo lejos.
-Véalo de este modo -le dije- ahora tendrá algo que contar a sus nietos.

No sé si los Vallejo o si el Profe Pancho lo hagan algún día, pero yo no quise esperar.

jueves, enero 5

La frase de hoy

"Pido (a los Reyes Magos) ya no recordar, porque me pongo triste"

Niña de nueve años, damnificada chiapaneca.

De aquel diario (III). Era el año 1995.

28 de noviembre
Villa de Burgos

El concurso

Ni hablar, otra vez nos ganaron. Al Director Vallejo le gusta abarcar todas las disciplinas en cada edición del Encuentro Cultural de los COBAT. Danza, oratoria, declamación, música, teatro, “la escuela de Burgos es la que más participa; más disciplinas, más participantes”, lee orgulloso los reportes, y cree asegurar con eso una bonificación especial en el próximo aguinaldo. Sin embargo y aunque él se niegue a reconocerlo, nuestra experiencia en ciertos campos es incipiente.
Por otro lado la situación económica del plantel no es muy halagüeña, así que el Director tuvo que conseguir tres vehículos prestados: dos furgonetas donde acomodó por separado a jóvenes y señoritas y una pick up en la que pretendimos transportar únicamente instrumentos, utilería y vestuario, aunque al final tuvimos que meter ahí algunos muchachos que no cupieron en las dos primeras.
Las furgonetas son chuecas, es decir que están ilegalmente en el país, de modo que no deberían circular en la carretera. No obstante, con pintura para zapatos escribimos “COBAT” en las ventanas esperando que ése sea nuestro salvoconducto. Al volante de la primera, la de los chicos, va Francisco Campos, “el Profe Pancho“ le decimos; la otra la conduce el hermano de una estudiante a la que no le permiten salir del pueblo si no es acompañada, “si llevaremos pasajero extra, no ha de ir en vano”, dijo el Director Vallejo, quien viaja en esa misma furgoneta junto a su esposa, la Profesora Flores, que además es la Subdirectora, y todas las muchachitas. Vallejo mandó a la pick up a los estudiantes que, por sus antecedentes, “no merecen viajar en la comodidad de los furgones” y, por razones que ahora no quisiera analizar, a mí me ha correspondido ir con ellos.
Llegamos tarde a Ciudad Victoria y más nos retrasamos al dirigirnos a una sede equivocada. Luego de recorrer dos veces la ciudad por fin llegamos a la escuela sede; para entonces ya había concluido la inauguración y se habían sorteado los turnos para participar, incluso algunos grupos ya iban camino al lugar donde se llevarían a cabo los concursos (la sede a la que habíamos llegado en un principio).
En cuanto a Declamación y Oratoria no podemos quejarnos pues obtuvimos el primer lugar. Nuestro ballet folklórico también lo hizo bien, sin embargo el jurado otorgó el triunfo al grupo de Bustamante. “Se lo dieron a esa escuela simplemente por jodida, para levantarles el ánimo; si fueran objetivos se darían cuenta de que ni siquiera traen el vestuario adecuado”, estalló el Director Vallejo en contra del jurado y después contra las autoridades del COBAT. En el concurso de Teatro, donde únicamente concursaron dos grupos, obtuvimos el segundo lugar luego de hacer trizas una obra de Villaurrutia; no obstante, la indignación de Vallejo era tan contagiosa que llegó a convencernos de que a nosotros también nos habían arrebatado el triunfo. En cuanto al concurso de Música no hubo tal porque nuestra escuela fue la única que se presentó, de modo que en su exhibición nos dedicamos a pedirle otra y otra y otra canción a nuestra propia rondalla mientras ésta repetía una, otra y otra vez su exiguo repertorio.

Invocando a Lucifer

La ceremonia de premiación concluyó alrededor de las seis de la tarde en medio de la algarabía de los bachilleres de Bustamante y la rechifla de los burgueños. Las demás escuelas pasaron por aquel evento sin pena ni gloria. Vallejo se despidió de las autoridades a su estilo (destacaron las palabras “mercenarios“ y “demagogia”). Unos minutos después ya estábamos en la carretera.
Entre Ciudad Victoria y Burgos median más de doscientos kilómetros; algunos puntos intermedios son Güemez, Nuevo Padilla, Santander Jiménez y Cruillas. En Nuevo Padilla nos sorprendió la noche, negrísima como suelen ser las noches de otoño. A este pueblo se llega cruzando un puente bajo el cual fluye el Río Purificación, acabábamos de hacerlo cuando uno de los vehículos hizo señales de luz. Era el Director Vallejo que, en medio de su corajina, abandonó a la Profesora Flores en la furgoneta y no sólo había usurpado el mando de la otra al Profe Pancho sino que además lo convenció de bajar al río e invocar juntos al diablo. Algunos estudiantes también se envalentonaron y avanzaban resueltos detrás de los profesores mientras los muchachos menos audaces, Subdirectora y chicas por igual gritaban desde los vehículos intentando convencerlos de su imprudencia. Descendimos. Ahí abajo el agua no reflejaba más que la negrura del cielo. Negro arriba y a los lados, los chicos tropezaron todo el trayecto y hubo quien rodó unos metros en el barranco. Adelante iban el Director Vallejo y el Profe Pancho. “¡Diablo!” resonó en la oscuridad. Los chicos empezaron a gritar también; al principio nerviosos, aunque pronto encontraron su propio tono en aquella invocación coral. “Diablooooooo, Diablooooooooooo!”
“¡Satanás!… ¡Lucifer!… ¡Belcebú!…”, gritó Vallejo con todas sus fuerzas. Los chicos enmudecieron a un mismo tiempo. Sólo el Profe Pancho atinó a decir “¡Calle por favor, que así sí se aparece!”. Al siguiente instante los muchachos avanzaban en tropel barranco arriba, seguidos por Pancho y el Director, quien se desgañitaba en (diabólicas) carcajadas.

martes, enero 3

¡Llegó!




En esta ciudad, capital política de Tamaulipas, inerme ombligo del estado cuya única función es la de guarecer costras añejas, muchas noticias, modas y productos nos llegan con desesperante retraso.
Tierra Adentro (además de las publicaciones de América Ibérica) es una de las revistas que más tardan en llegar. Habría que aclarar que en esta ciudad ese tipo de documentos no se expende en puestos de periódicos ni en simples revisteras. En los establecimientos de la Central de Autobuses -acaso también en los supermercados- podemos encontrar Letras Libres y Nexos, que son, junto a T.A., las únicas publicaciones dedicadas eminentemente a temas literarios que se pueden conseguir acá. El resto son las revistas de deportes, de política, periodismo de espectáculos, las etiquetadas “para caballero” e infinidad de publicaciones -etiquetadas también- para las amas de casa. Del aeropuerto mejor no hablemos porque allí simplemente no hay establecimientos. Quienes gustamos de T.A. tenemos entonces que “cazarla” en las dos librerías (una de ellas de Educal) y en el único estanquillo que se atreve a vender dos ejemplares cada dos meses. Se preguntarán por qué, si adquirir la revista en forma regular supone tantos problemas, no compramos una suscripción anual; la verdad es que no tengo la respuesta, tal vez sea la emoción de “corretear” cada próximo número y exhibirlo después como se exhiben los trofeos de caza.
Digo pues que el número doble de Tierra Adentro, correspondiente a diciembre 2005-marzo 2006, llegó hoy dos de enero a Ciudad Victoria. Se trata de un mosaico perfecto donde se expone el desarrollo de la radiodifusión en México durante los últimos ochenta años, dirigido con maestría por nuestro narrador consentido -quien también produjo emisiones radiofónicas en el pasado- Eraclio Zepeda. Escritores, investigadores, poetas, periodistas, radioaficionados, técnicos y entrevistadores se reúnen aquí para regalarnos sus anécdotas y su experiencia. En sus páginas encontrarán las voces de Álvaro Mutis, Jaime Augusto Shelley, Daniel García Blanco, Eduardo Casar, Armando Alanís Pulido y Jacobo Zabludowsky, entre otros.
Pero algo que no deben dejar de leer es el texto de Magali Velasco, exquisita narradora veracruzana avecindada en Ciudad Juárez, quien observa la cotidianidad fronteriza con ese ojo siempre nuevo, una mirada que multiplica en nosotros su misma, perturbadora sorpresa.
Por si aún no lo saben, Magali ganó en 2004, con su libro Vientos Machos (Universidad de Guadalajara, 2004) del cual les hablaré después, el Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola. El maestro Zepeda formó parte del jurado, así que juzguen ustedes si nuestra amiga está o no calificada.




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