Quickribbon PESINISMO: 2008

sábado, diciembre 27

Página 125

"Así habían sido tus primeros meses en Veracruz, Pablo, semejantes a esa borrachera: no tan fuerte como para que los demás la advirtieran, ni tan leve que te dejara desenvolverte con naturalidad. A medios chiles, ¿recuerdas? Recién iniciado tu gobierno, te sentabas a reflexionar sobre cada uno de los problemas que aquejaban al país, los aislabas para comprenderlos mejor, y cuando creías que habías encontrado la solución e intentabas hacer algo, lo que fuera, de pronto todo se volvía confuso, las cosas parecían moverse de sitio, los hombres cambiaban de actitud de un día para otro según las circunstancias. Entonces las decisiones tomadas resultaban inútiles y las que estabas por tomar carecían de sentido y te veías obligado a consultar a quienes miraban más claro que tú."


Leo la novela de Parra. Debo aceptar que no me gusta el comienzo, que los personajes, todos, me parecen acartonados y los datos históricos metidos con urgencia. Pero unas páginas después, sólo unas pocas, Juárez, Ocampo y Romero, la entrañable Margarita, se van sacudiendo las capas de enjarre; se mueven, se ven tan vivos que uno casi los escucha respirar. Presiento que Eduardo Antonio Parra ha escrito un libro memorable.
Estuve en la presentación de esta novela, allá en Guadalajara. Ahí Parra dijo haber experimentado lo que les pasa -y eso no muy seguido- a los grandes escritores: escuchar la voz del personaje. Y dijo también que la voz de Juárez y la suya (o la del narrador, para decirlo de mejor manera) se volvieron una sola.
Lo que ahora mismo me pregunto es cuál de las voces (la de Parra, la del narrador, la del mismo Juárez o la mía) se atrevió a alburear, y de qué modo, al indio-zapoteca-madre-mía-de-guadalupe-salva-a-nuestro-pueblo-azteca. Respeto al derecho ajeno, pues.


Juárez, el rostro de piedra
Eduardo Antonio Parra
Random House Mondadori, S.A. de C.V.
México, 2008.
440 p.

jueves, diciembre 25

Un autógrafo

Ayer, alguien trajo un ejemplar de mi libro y me pidió que lo firmara.
"Escriba algo sobre la docencia", dijo, pues lo iba a regalar a una profesora de Literatura.
Lo hice. Y aunque me mataba la risa me porté muy educado; me esmeré cuanto pude. (La mujer, como maestra, tenía el nombre menos afortunado).
Así y todo, el tipo y yo nos quedamos contentos.
Espero que también esté feliz la Maestra María Dora.

martes, diciembre 23

Ella tiene un lazo mágico





Y una estrella en su vientre.

lunes, diciembre 15

Nieve y felicidad


"Y fue así como Ka sintió aquella llamada profunda que sienten los verdaderos poetas que sólo pueden ser felices en la vida en los momentos de inspiración. Por primera vez después de cuatro años se le vino a la mente un poema: estaba tan seguro de su existencia, de su aspecto, de su estilo y de su fuerza, que la alegría le embargaba el corazón. Diciéndoles a los tres jóvenes que tenía prisa, salió del vacío y sombrío edificio de la estación. Regresó a toda prisa al hotel pensando bajo la nieve en la poesía que iba a escribir."

Nieve/Orhan Pamuk/Trad. Rafael Carpintero/Punto de lectura/Madrid/2007/653 p.

Uno de los títulos que compré en la FIL, con amplio descuento gracias a Orfa, que me convidó de sus privilegios como ejecutiva de cierta editorial.

martes, diciembre 9

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El Pesina
DE NUEVO EN DURANGO
LA NOCHE DEL SÁBADO 13
EN EL LUGAR DONDE SE LEE

miércoles, diciembre 3

CDN en Guadalajara























jueves, noviembre 27

FIL

Domingo 30 de noviembre de 2008, 13:00 horas


22 Feria Internacional del Libro Guadalajara
Escritores del Futuro
Premios Nacionales de Literatura Tierra Adentro 2008


Amigo o enemigo: el debate literario en Foe de J.M. Coetzee, de Elisa Corona Aguilar (Ensayo)

Que los muertos vivan en paz y Culpable de nada, de Julio Pesina (Cuento y Novela)

Todo esto sucede bajo el agua, de Rodolfo Jiménez Morales (Cuento)

Teatro de La Gruta VIII, de Gibrán Viradi Ramírez Portela (Dramaturgía)

& mi voz tokonoma, de Efraín Velasco Sosa (Poesía)



Expo GuadalajaraCentro de Exposiciones

Av. Mariano Otero núm. 1499 Col. Verde Valle

Guadalajara, Jalisco.

Feliz cumple, Pesinismo


Quizá no debiera celebrar esto:


Hoy la jaula de Hulk cumple tres años.

Hoy subo la entrada número 500. Ésta pues.

En este sucio agujero, hoy, en un plantel del CoBaT, Alfredo Marko y yo presentamos "Textos insumisos"; un libro al que Doña Tota llamaría "de revoltijo" y que reúne los textos aparecidos en esta ciberbitácora durante el año 2006.


Quizá no debiera, insisto;

pero igual que otras cosas,

me viene valiendo desa.


Así que, con su permiso...

martes, noviembre 25

0000875550

¿Por qué nos llaman
intolerantes
los que no nos toleran?

martes, noviembre 18

El libro...

En la mochila de un maestro rural
El libro perdido de Heinrich Böll, de Liliana V. Blum


Por Julio Pesina



TAL VEZ NO EN ESTE LUGAR, pero he dicho otras veces que esta profesión de maestro de rancho lo convierte a uno en un cazador de sombras. En asuntos literarios eso significaría un buscador de rebajas. En Ciudad Victoria, ese sucio agujero, hasta hace algunos meses había muy cerca de la central de autobuses un supermercado que ponía con relativa frecuencia los libros en oferta. Una vez, a punto de abordar un camión con destino a Burgos, me encontré un ejemplar de El honor perdido de Katharina Blum en diecisiete pesos. Arreciaba el frío, y en el pueblo ése –o mejor dicho en la pocilga que yo rentaba- más convenía quedarse en casa y calentarla el mayor tiempo posible antes que padecer la frialdad de la alcoba durante la noche. Las tardes, pues, había que dedicarlas bien a leer o a mirar el canal de las estrellas, cuya señal era la única que se recibía en el burghetto (que me perdone Liliana el uso de la palabreja).
Era un ejemplar de pasta dura, amarillo, de la colección "Las 100 joyas del milenio". Heinrich Böll. Yo tenía anotado el nombre aquél en mis cuadernos pues alguien a quien admiro por su buen gusto literario me había recomendado leer Opiniones de un payaso. Me llevé entonces aquel ejemplar por tres razones poderosas: el bajo precio, la calidad que prometía aquel apellido y la nada sugestiva programación de Televisa.
Ahí, en ese momento, podría comenzar un excelente relato si yo en vez de ser quien soy fuera un personaje surgido de la imaginación de Liliana V. Blum (acaso lo sea y no me he percatado todavía) y este cuento que les cuento bien podría titularse: “En la mochila de un maestro rural”.
A Liliana la conocí hace justamente dos años y a partir de entonces he seguido más o menos de cerca lo que publica en su ciberbitácora y en el papel. No podría decir que conozco su obra a cabalidad, pero en este corto tiempo me he construido una opinión acerca de su estilo literario, de la calidad de su prosa y de sus temas recurrentes. También me he formado una opinión de su persona. Ambas, es decir Liliana y su literatura, son de calidad superior, y merecen que usted y yo nos detengamos a aprender de ellas aunque sea una vez al día. Tal vez redescubramos algo que considerábamos perdido.
Liliana es una observadora de las que buscan y encuentran. Quizá como a Helen Han, uno de sus personajes, “mirar a la gente e imaginar las historias que se esconden detrás de las caras la relaja”. Los personajes de Liliana podrían estar en la calle, en la fila del banco o en la silla al lado suyo. Ella ve en los gestos, en las acciones cotidianas lo que otros somos incapaces de ver. Con eso, con nuestros mínimos gestos, Liliana construye una obra interesante y perturbadora a la vez.
El más reciente volumen de relatos de Liliana V. Blum, El libro perdido de Heinrich Böll, tenía que haber llegado a mi casa mucho antes de la fecha en que lo hizo, pero por la sabida incompatibilidad de horarios entre mensajero y destinatario hubo de demorarse. Mientras yo iba a buscarlo a la oficina de correos, él se presentó en mi casa, tan fresco y desafiante. A este episodio bien podríamos llamarlo: “El lector perdido de Liliana Blum”, aunque yo lo titularía: “En la canasta de un mensajero”.
El libro… consta de cinco relatos y un epílogo. A través de sus páginas, un caro ejemplar de El honor perdido de Katharina Blum pasa de mano en mano (y diríase de un corazón a otro) iniciando su periplo en una librería universitaria de Kansas para terminar en México, junto a la cama de Tadeo Süskind, un sobreviviente del holocausto, haciendo escala en un manicomio de Brownsville. En la primera página de este libro, cinco mujeres han dejado constancia de su desasosiego: Allison tiene miedo, incertidumbre, frío; Helen está triste pues debe hacer algo que mucho le desagrada; doña Cande asume que el mundo la abandonó; Ingrid se sabe huérfana de planes y Anamari se ha resignado a vivir. En la última página de este mismo libro, antes, un profesor de literatura también escribió algo: la dirección de una clínica abortiva como despedida para una novia que siente frío.
En El libro perdido de Heinrich Böll, Liliana pone nuevamente en juego esa habilidad tan de ella para exprimirnos el alma hasta hacernos tambalear. Hay, por eso, reminiscencias de otro excelente libro suyo: Vidas de catálogo. Como en éste, El libro perdido… nos muestra en dos relatos el conflicto de las protagonistas con sus madres arpías: “Sobre una banca cubierta de nieve” y “De las manos de una bibliotecaria amarga” son los títulos de esos relatos. Pero esa perversidad de la que hablo no es explícita, es un actuar humano y sutil que horroriza de tan familiar. Baste una escena como ejemplo:





“De niña, cuando cometía alguna falta y comenzaba a justificarse, doña Carolina la interrumpía, pero no decía nada a su vez. Luego se quedaba sentada, sin moverse, mirando a ningún sitio en particular, con la expresión de estar esperando en una larga cola. Helen podía llorar, implorar, gritar, jalarse los cabellos y aventar sus juguetes; su madre sólo tenía silencio para ella.”


La alevosía de esta madre es tan auténtica como la de aquélla de Vidas de catálogo que en forma premeditada daba leche podrida a su pequeño hijo que no por eso dejó de amarla y admirarla.
Podríamos aventurarnos y decir que las madres lilianablumianas (con perdón de la sobredicha) pertenecen todas a una especie malévola cuyas fechorías llegan incluso a provocar las primeras lágrimas de sus maridos; pero cometeríamos una impericia porque El libro perdido… también nos ofrece la historia de doña Cande en el relato titulado: “Entre los cojines de un sillón”. Candelaria Piña es una mujer de cuarenta y uno, trabajadora indocumentada en un hospital de Brownsville. Doña Cande tiene una hija que vive en México, donde trabaja como bibliotecaria. Por eso alguien le hace el favor a Cande de enviar el libro a la dirección de la madrina. La bibliotecaria tal vez no sabe que aunque ella no tuvo padre, su padre ciertamente era el padre de una iglesia católica. Doña Cande tal vez no sepa que el libro, una vez en México, pasó de manos de su hija a las de Ingrid Henkel, una mujer que si bien tuvo madre (y mucha), ésta nunca estuvo a su lado sino muy por encima de ella.
Las relaciones que llamamos conyugales y que se convierten a veces en una lucha de géneros también ocupan lugar especial en la literatura de Liliana. Aquí y allá saltan episodios en los que las mujeres transitan de un extremo al otro por el pasillo de la dominación. Allison, por ejemplo, se ve seducida por Karl, un maestro universitario que le aconseja inventar una indisposición estomacal para abandonar el trabajo. “Ella nunca le había mentido así a nadie, mucho menos a su jefe, pero veinte minutos después caminaba junto a él”. Ocho meses más tarde ve “la figura de Karl, ya pequeña”, perderse luego de dejarle el dinero para que se practique un aborto. Candelaria, a sus catorce, termina siendo “mujer y sirvienta de un sacerdote que en cada misa pregonaba pureza y caridad”, pero a solas, “nadie te va a querer así de fea como estás, así que no te quejes”, le susurraba en la oreja. Anamari, por otro lado, encuentra que en su marido, todas las cosas que antes eran virtudes se han convertido en defectos. Tenemos pues un abanico de comportamientos humanos; las mujeres, en este libro perdido son ya sumisas, ya tiranas, pero al fin son sólo eso: mujeres que se enfrentan a un mundo de suyo hostil.
Con El libro perdido… Liliana trasciende los temas que había frecuentado y va mucho más allá; explora, se arriesga y sale muy bien librada. Sus relatos, así sean muy cortos, se diversifican, se extienden, echan ramas y raíces, les salen pájaros. A la vez que explora los conflictos materno-filiales clava bandera en el problema migratorio sin darse golpes de pecho ni enarbolar pancartas, al mismo tiempo también nos recuerda la crisis de credibilidad que vive la institución eclesiástica. Un relato le sirve a Liliana para ponernos de cara al mundo. Todo es este libro menos un libro perdido, menos un libro inocente. La autora sabe muy bien lo que quería decir y lo que iba a provocar. Mientras vemos a una madre cuyos problemas económicos nacen del hecho que le sobra el dinero, Liliana nos pone de frente a la intolerancia y la discriminación de todo tipo. Dice en la página 77:





"No es normal que el niño sea tan limpio. Los niños de mi época no eran así, decía la suegra. Y tampoco es normal que se siente con las niñas a platicar en los recreos, decía la cuñada que tenía a sus hijas en el mismo colegio. Y cómo mueve sus manitas al hablar, así muy… Y luego seguramente hacían un gesto sobreentendido, porque nadie se atrevía a decir las palabras que en realidad revoloteaban en la mente de todas. Tienes un hijo maricón, Anamari."


El libro perdido… es, además, una caja de resonancias que Liliana ha construido con evidente maestría. El libro de Liliana es de cierta forma un homenaje a ese libro que seguramente por gracia del destino tiene enorme significación en su vida. Usted verá que cada relato tiene dos epígrafes tomados del libro de Böll, ambos perfectamente relacionados con la materia del texto. De este modo, Liliana construye además otro texto con lecturas disímiles, toda una artesanía. Como bien anota en los preliminares, El honor perdido de Katharina Blum apareció en 1974, año de nacimiento de nuestra autora; nadie imaginaba entonces que treinta años después otra dama de apellido Blum padecería un desaguisado por culpa de un infundio de la prensa local. Por fortuna la protagonista de esta historia no terminó cometiendo reportericidio sino creando un libro que es varios libros a un tiempo. Un libro que sugiere cierta reivindicación con los orígenes de la autora.
El libro perdido… es, en muchos sentidos, una celebración, una fiesta de la literatura que usted no debe perderse. Déjese pues encontrar por este libro. Descubra usted a su vez aquello que creía perdido. Después de todo, como bien dice Tadeo Süskind en el epílogo: “Katharina Blum perdió su honor. Todos hemos perdido algo, pero a veces encontramos pedazos aquí y allá.”
Para despedirme, y abusando de su amabilidad, voy a pedirle un favor. Ahora que leía los epígrafes en el libro de Liliana me vi tentado a buscar esos textos en la versión que de El honor perdido de Katharina Blum compré hace cinco años. Me enteré de que no está en mi librero, lo perdí. Así que si lo mira sobre una banca cubierta de nieve, o entre los cojines de un sillón o sobre la tumba de un desconocido, le agradeceré lo mande a mi dirección. Le será fácil identificarlo porque como los personajes de Liliana, en la primera página anoté lo que escribo cuando me faltan palabras para describir un libro: “Este es un libro chingón”.
Eso mismo escribí en el libro de Liliana.

viernes, noviembre 14

El libro



En la Feria Nacional del Libro Tampico 2008
El libro perdido de Heinrich Böll
de Liliana V. Blum



Comentarios a cargo de Julio Pesina y la autora


Domingo 16 de noviembre
19:00
Plaza de Armas


Vaya, compre el libro y descubra para qué vino a este mundo

Y quédese un rato charlando con la autora,
al fin que el lunes celebramos nosequé

Igual

jueves, noviembre 13

Perdido y hallado

Capítulo 4: Sobre la casi tumba de un "judío" (X)
Capítulo 4: Sobre la casi tumba de un policía ministerial (OK)


Capítulo 5: En una plaza de este sucio agujero


Capítulo 6: En la mochila de un maestro rural

martes, noviembre 11

Culpable



Perlas de sabiduría de una enana de la vida alegre,
o yo no fui, juro que yo no fui

(Fragmento)

por Liliana V. Blum



A PRIMERA VISTA, se podría pensar que Culpable de nada ofrece una visión trágica de la vida, pues en ella abundan las muertes, ya sea por accidente (el hombre casado que le mete mano a su secretaria en un mal momento), ya sea por cortesía de la madre naturaleza (torrenciales lluvias que arrasan con las casuchas de un pueblo), o por un catalizador humano que le echa una manita al destino. Pero en este libro no hay héroes virtuosos ni sus acciones provocan la piedad o el terror en quien lee. No hay expiaciones de ningún tipo. Hay, en cambio, amores desgastados, no triángulos amorosos, sino verdaderos polígonos, obsesiones, complejos, esfuerzos inútiles por maquillar u ocultar las carencias, los vacíos, las marcas de la viruela o los abusos en el pasado. En la novela de Julio, los personajes son sólo seres humanos, tan como ustedes, tan como yo. En Culpable de nada no hay idealizaciones de ningún tipo que nos hagan sentirnos mal con nosotros mismos, pero tampoco hay una exageración en lo negativo que nos provoque sentirnos bien por lo mal (mediocre, triste, terrible, inserte el adjetivo que guste y mande) que va nuestra vida. Julio no deja que su lector se autocompadezca o desdeñe su mundo literario como una fantasía rosa.
No diré que Julio le restriega la cara al lector frente al espejo para que se reconozca en él con todas sus miserias, idénticas a las de sus personajes. Creo que eso ya lo he escuchado antes en otro lado. No. Mejor diré que Julio toma a su lector por el collar, le acerca el hocico hasta donde está el charquito de orines, y luego le dice: Perro malo, perro malo, enarbolando un periódico amenazadoramente. Como eso no sonó muy bien, diré entonces que la lectura de la novela de Julio es, en todo caso, una lectura incómoda. La narrativa de Julio está aderazada con una ironía fina, un chilito que realza el sabor, y uno disfruta el libro tan campante, riendo de vez en cuando, chupándose los dedos con las descripciones tan acertadas, como el ciclo de las casuchas en Villa de los Cruces, que es básicamente el mismo que el de un inodoro que se activa en forma regular, o los pensamientos tan cómicos que fabrican los personajes. Pero cuando uno menos se lo espera, ya se ha desarrollado una seria gastritis, pues el dichoso aderezo era todo menos inocuo. Al final, nos acercamos a la naturaleza humana tanto, que podemos verle hasta los poros. Es incómodo. Nos hemos acercado tanto, que nos reconocemos.
Hay en el libro una frase recurrente -y obsesiva para el protagonista- pero que en realidad le pertenece a Mozart: “La felicidad existe pura y simplemente en la imaginación”. Y al igual que Aldo repite sus ejercicios diarios y bebe sus malteadas de proteínas para aumentar sus músculos, a la vez que repite su mantra “repetición, constancia, repetición, constancia”, la imposibilidad de la felicidad, fuera de la mente, es lo que cubre a la ficticia ciudad de La Conquista (en la hay una estatua a Hernán Cortés, un detalle de lo más interesante para mí, pues que yo sepa, sólo existe una en Medellín, España). Pero volviendo a lo intangible de la felicidad, esta es la hipótesis que la novela parece comprobar al final con las manos llenas de pelos pardos de burra. Los personajes buscan, desean, a veces encuentran, a veces obtienen, pero al final terminan por darse cuenta de que la felicidad, al igual que el esposo fabricado por Ogla (un dildo de titanio, la foto de un modelo de revista y un arreglo de photoshop para simular una foto de bodas), la felicidad se diluye, no existe ni existió en el mundo real, sino que es meramente un subproducto de la imaginación.
Entonces, ante la imposibilidad de la felicidad, sólo queda aferrarse a lo material, a lo que se puede ver y tocar. Como bromea Aldo frente al espejo: “Si la belleza se llevara por dentro, como aseguran los feos y los hipócritas, los enamorados regalarían radiografías en vez de fotos”. El aspiracionismo de los personajes, el buscar un departamento en una mejor colonia para tener estatus, el vestirse de tal o cual forma, el desarrollar un cuerpo perfecto, el soñar con manejar un hummer, o con un marido que sea la metáfora de todo lo que las mujeres desean en la vida, se convierte pues en una actividad de tiempo completo. Pero las cosas, ya se sabe, nunca salen como uno las planea. Si de algo, la vida está llena de reveses. Entonces se descubren infidelidades, se enamora uno de una prostituta enana que rechaza la oferta de matrimonio, hay juniors que buscan seducir empleados y padres dispuestos a matar antes que admitir que el hijo es puto, hay accidentes, y como dice Ogla, “la muerte del marido pone a cada mujer en su lugar”.
Aquí no hay finales felices ni tampoco el desastre total; las cosas, como el agua, siempre encuentran un balance horizontal. No hay aquí una historia jamás antes contada; en realidad son historias que todos conocemos de primera o segunda mando, apestosamente familiares. Aquí lo que hay, a diferencia de la vida, es un discurso artesanal, descripciones en su punto de turrón, tramas individuales que terminan por cruzarse, enredarse con las de los otros personajes, jalarse y lastimarse un poco, y luego seguir adelante, como si nada. Hay diálogos creíbles, personajes casi tridimensionales, honestos en el sentido que poseen una que otra virtud y bastantes vicios, atmósferas creadas poco a poco y que nos sumergen sin que nos demos cuenta, en el mundo ficticio de La Conquista y sus habitantes. Julio Pesina toma todos estos elementos y como una costurera profesional, los hilvana suavemente, para que no veamos las puntadas ni los nudos, sino un mundo alterno en el que podemos perdernos por unas cuantas horas. ¿Y no es eso de lo que se trata la narrativa? Porque la vida, la vida, ya lo dijo Mayoya, la suripanta enana, “la vida es breve, y eso no es un defecto sino una bendición. Tú mismo no recordarás de tu vida más que unas cuantas escenas, ¿para qué entonces vivir demasiado? Qué importa si mañana despertaremos o no. Vamos a vivir esta vida como si fuera un romance a escondidas. Un ‘rapidín’ bien ejecutado.”

lunes, noviembre 10

Homeless book

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3: El libro perdido y hallado en el templo



sábado, noviembre 8

Abajofirmante: Yo





Impuestos
a
joder


viernes, noviembre 7

El libro

Todos perdemos algo
aunque
a veces
encontramos fragmentos
aquí
y allá




Hay un libro que dice
de mejor manera
lo que arriba
a la memoria
les acabo de anotar

martes, noviembre 4

9: Cita



"Sí, caca, yo te conozco… Vuelve al espejo. Soy un joven vencido, como todos los demás. Arroja a un lado la toalla que le cubría las caderas. El frío inicia una ofensiva, le aprieta aún más los doloridos pezones, le constriñe los tejidos y dibuja en la superficie de su piel un relieve caprichoso a fuerza de elevaciones cutáneas que para su contentamiento sabe pasajeras; él resiste ante la imagen empañada, escaneando su cuerpo, aguardando hasta que se verifique la erección. Desde el cuello a los tobillos no encuentra defecto alguno; no es éste el lado del acné, los barritos se enseñorean en el otro hemisferio. Se pregunta entonces si Mozart hubiera tenido al menos una región del cuerpo exenta de cicatrices, si hubiese lucido menos feo o menos narigón, si tan sólo hubiera sido menos enfermizo. ¿Qué hubiera sido de su genio, se habría desarrollado igual o hubiera sucumbido ante la belleza facial?"
Feria del Libro de Tampico


Domingo nueve de noviembre, 18:00 horas
Comentarios a cargo de Liliana V. Blum y el Pesina



XXXV

Se cumplieron dos décadas de la última vez que había celebrado mi cumpleaños. Para aquella fiesta mi madre me compró, además de un pantalón negro y una camisa verde, unos tenis que daban muy bien el gatazo, por más que en los costados dijera Raeboook en vez de lo que correspondía (también hubo, en aquella época, unos zapatos de lona con una estrellita alrededor de la cual se leía la palabra CONSERVE). La camisa era de un verde claro, holgada, muy a la moda; tenía un olor extraño, como un almizcle muy tenue. Yo, que no sabía de tejidos ni de tintes, he asociado desde entonces aquel olor con la sensación de protagonismo. Ambos me resultan fascinantes.


lunes, noviembre 3

de...




El próximo sábado,
a las 12:00 pm,
el Pesina estará diciendo
de qué color le pinta la vida.




ESTACIÓN COLOR
Radio UAT, 102.5 de FM
Todos los sábados de 12:00 a 14:00 horas


jueves, octubre 30

Perdido

En la oficina
oyó voces
que planeaban,
para la noche siguiente,
una fiesta "ochentera".
Eso sí le dio pavor.

miércoles, octubre 29

El libro



AYER

UN LIBRO

(EL LIBRO)

LLAMÓ A MI PUERTA





Y ABRÍ

domingo, octubre 26

Eso o la vida




"¿Que por qué lo hacía? Pues porque sí. ¿Por qué no habría de hacerlo? Para enseñarle, para que se enterase. Y a punto estuve de retorcerle a la espalda sus delgados brazos, casi con toda la fuerza que pude, hasta que empezó a insultarme y arañarme, pues nunca aceptó rendirse. Eso es lo que le solía hacer. Y cosas peores. Fui yo quien le puso el mote de Clementine (por la canción que cantaban los soldados ingleses de los barracones Schneller, que en aquellos días estaban por todo Jerusalén: 'Oh my darling, oh my darling, oh my darling Clementine!). Las chicas de nuestra clase, por sorprendente que pueda parecer, no se lo tomaron a mal, y durante Januká, seis meses después, cuando todo había acabado, seguían llamando Tina a Esti. Tina, por Clementina (de Clementine, claro)."


La bicicleta de Sumji
Amos Oz
trad. de Miguel Martínez-Lage
México, 2005, FCE-Ediciones Siruela, 71 pp.

sábado, octubre 25

Amo a esa mujer

Lista de palabras

viernes, octubre 24

CH3-COOH



Hoy, los tarados de Azteca Noreste dijeron y escribieron:


"Varias colonias de Altamira
tuvieron que ser evacuadas
debido a una fuga de
Ácido aséptico"

jueves, octubre 23

0007654223



Ayer, un tarado de Televisa preguntó a su invitado:

¿Crees que eso
(trabajar como actor infantil)
adelantó tu precocidad?




Los paréntesis son de Hulk

martes, octubre 21

Chivato



U n a p a n t e r a e n e l s ó t a n o

Amos Oz

trad. de Marta Lapides, Sonia de Pedro, Raquel García Solano

FCE-Ediciones Siruela, 2005, México, 164 pp.




"Su hermana, Yardena, tocaba el clarinete. Una vez me desinfectó y me vendó una herida en la rodilla y yo lamenté no haberme hecho daño también en la otra. Cuando le dije: 'Muchas gracias', se echó a reír, con esa sonrisa cantarina normal en ella y, dirigiéndose a un público inexistente, dijo: 'Miren, un niño que no ha salido aún del cascarón'. No supe a qué se refería Yardena al decirme que no había salido del cascarón, pero en ese momento supe que alguna vez lo sabría, y que cuando lo supiera me daría cuenta de que siempre lo había sabido. Es algo complicado y tendré que buscar la manera de explicarlo. Quizás así: hay una especie de sombra del conocimiento que viene mucho antes que el conocimiento en sí. Y fue por esa sombra de conocimiento por lo que tuve la sensación de ser un despreciable y vil traidor aquella tarde sobre la azotea, cuando por casualidad la vi cambiándose de ropa, y aquello que casi no vi volvía a mi memoria una y otra vez. Mi vergüenza era tan grande que me estremecía como el chirrido de la tiza en el pizarrón, o como la acidez del jabón entre los dientes: ése es el sabor de la traición en el momento de la traición o un poquito después. Quise escribirle una carta, explicarle que en realidad nunca tuve la intención de espiarla, y pedirle perdón. Pero, ¿cómo podría? Especialmente desde entonces, cada vez que me apostaba en el sitio de observación de la azotea, me era imposible no recordar que ahí estaba la ventana, enfrente, y que no debía mirar en dirección a esa ventana, ni por casualidad, incluso en contra de mi voluntad, ni siquiera debía mirar de pasada cuando observaba el horizonte desde el monte Nabí Samuel hasta el monte Scopus".



lunes, octubre 13

Pesina en Tijuana



domingo, octubre 5

Enaguas




1897664

A propósito de las inundaciones,
¿vale si digo que hubo
-porque de veras lo hubo-
mucho ganado perdido?

jueves, octubre 2

De aquí a una semana

ESTO DICE LA CARTELERA DE OCTUBRE DEL CECUT:

"Como parte de las actividades literarias el jueves 9 se lanzará la convocatoria del Premio Binacional de Novela Joven Frontera de Palabras/Border of Words 2009, y se realizará una lectura dramatizada de la obra ganadora de la emisión anterior con la presencia de su autor, Julio Pesina.
El viernes 10 se presentará la Gala Recital Operístico “De Mozart a Verdi", con la participación del Coro de la Ópera de Tijuana y el Cuerpo de Baile de la Ópera de Tijuana."

Chido, pues casualmente Culpable de nada está inspirada en los mejores aforismos de un tal Mozart.

Cuadragésimo dolor


Flor roja
Letra y música: Óscar Chávez
Canta: Eugenia León

Una flor roja se detuvo en mi alma;
una flor roja que me impide la calma;
una flor roja fue la primera sangre.
Una flor roja.

Una flor roja de tu bendita carne
fue para mí tu amor.

Fue para mí tu amor,
fue para mí tu amor.
Qué espantoso dolor
fue para mí tu adiós.

Una flor roja, deshecho corazón;
una flor roja sin ninguna razón;
una flor roja, despedazada y pura.
Una flor roja.
Una flor roja, roja flor de locura,
fue para mí tu amor.

Fue para mí tu amor,
fue para mí tu amor,
qué espantoso dolor
fue para mí tu adiós.

Una flor roja arraigada en tu pecho.
Una flor roja, por Dios que no hay derecho.
Una flor roja, abismo de la nada.
Una flor roja.
Una flor roja, la muerte enamorada
fue para mí tu amor.

Fue para mí tu amor
fue para mí tu amor.
Qué espantoso dolor
fue para mí tu adiós.

lunes, septiembre 29

¡Cómo no!


A wevo, padrino/Mario González Suárez
Random House Mondadori, México, 2008, 197 pp.




"Yo la neta no sabía qué hacer, y vine a caer en la cuenta de qué gediondo se iba a poner el pedo cuando vi a Quiñones y al Mataperros con unos fogones nuevos. Estaban en la sala donde nos juntamos brillándose uno a otro sus matonas —que se carga así, que se quita asá, que el seguro va aquí. Al verlos tan entusiasmados me alarmé y nomás me quedé mirándolos. A mí también me dieron una, padrino; la misma que traigo desde entonces. Mañana nos vamos a tirar, me dijo el Dioni. Era a wevo que allí en la casa todo el mundo tenía que saberle jalar, hasta las cocineras y las ñoras de la limpieza. Y sí, estas trompudas estaban a toda madre, podían disparar de unas balas que le revientan su madre hasta a los chalecos de los gringos. Esto apenas empezaba, padrino, porque al chico rato nos surtirían matracas, una por choya, al parejo que la sardina."


lunes, septiembre 22

We are...


Aquí se está gestando una extraordinaria hazaña de la educación rural. Ustedes deben actuar con determinación; decidir si quieren ser protagonistas o simples espectadores. Eso dijo el Pesina esta mañana durante la ceremonia de honores a la bandera. Estaba conmovido.
Y cómo no, si las fotos que hicieron sus alumnos resultaron premiadas. Y también los cuentos que escribieron. Y los ensayos que enviaron al concurso de Ecología. Y cómo no, si en esos concursos se impusieron sobre los estudiantes de las grandes escuelas urbanas. ¿No es sorprendente lo que pueden lograr unos cuantos muchachos criados en el monte y educados en escuelas sin Internet ni bibliotecas ni laboratorios ni una fregada? ¡Cuánto podrían lograr si tuvieran la escuela que merecen!


El esfuerzo me lleva a cualquier lado/Rosario Núñez González

Árbol del saber/Martín Guajardo

domingo, septiembre 21

Voy camino a...


Dicen que al Diablo lo sueltan
justo al mediodía.
Este viernes, a las doce,
un tal Pesina va a estar leyendo
con poetas y narradores
que escriben en español
y en lenguas indígenas.
Así que ya vamos
camino a Aguascalientes,
a su Feria del Libro,
a ver qué podemos hallar.

sábado, septiembre 20

15




Dicen que en ninguna parte de México uno podría sentir más el Grito de Independencia. No es que la Mujer Maravilla piense eso, lo que pasó fue que no tenía muchas opciones donde pasar las fiestas patrias. Llovía lo que se dice llover en la sierra de Guanajuato, y el chofer del microbús no dejaba de manifestar su miedo porque el parabrisas se empañaba a cada momento. De pronto ahí, nomás tras lomita, divisamos un retén y a muchos hombres vestidos de negriazul, listos para extender las alas sobre los borrachos que iban a sobrar después de pegar el grito. Habíamos llegado a Dolores.

En ninguna parte se debe sentir igual. No, porque para sentirlo de veras hay que estar en el mismo sitio donde los novohispanos se rebelaron contra sus semejantes del otro hemisferio. Por eso, nada como escuchar al gachupín Mouriño arengando a mexicanos, holandeses, coreanos, alemanes y gringos que se congregaron alrededor de la parroquia de Dolores para gritar ¡Viva México! Nada como esperar varias horas hasta que el prohombre saliera de la Casa de Visitas y, abandonando por un rato los suntuosos salones y los suculentos manjares, caminara hasta la antigua cárcel, liberara a dos actores y, seguido por la turbamulta, avanzara hasta la misma escalinata donde una madrugada lejana otro español gritara "muera el mal gobierno".

De gobiernos malos Mouriño nada quiso decir; en vez de eso gritó lo mismo que el principito. Que vivan éste y el otro; viva México tres veces. Y la gente contestó porque precisamente a eso iba. Luego el Señorito Don Juan Camilo hizo repicar la (réplica de la) campana que hace 198 años aquel cura en bancarrota también hiciera sonar, y algunos pocos corearon el himno mexicano mientras buscaban la mejor ubicación. "Atentos, que este no es el final", advirtió un locutor, porque "a continuación, el señor licenciado disfrutará de la pirotecnia". Así comenzó la fiesta. Estruendos y luces al por mayor precedieron a las canciones de José Alfredo Jiménez. Entonces sí se volcó el nacionalismo en la plaza y los alrededores. Se oyeron todas las voces diciendo "aquí es mi pueblo adorado". Y se escuchó cómo respondían, más y mejor que a Mouriño, cada arenga del poeta: "Viva México, gritemos, que aunque estemos como estemos no nos echamos pa'atrás".

Y luego, una vez apagados los cohetones y la música, el caos de la muchedumbre que intentaba avanzar en uno u otro sentido; los policías poniendo cara de circunstancia porque les tenían prohibido retirar las vallas; las mujeres a punto del desmayo y los brazos de los hombres extendiéndose hacia el cielo, donde vimos elevarse a dos o tres recién nacidos. "¿Por qué no abren el paso?", preguntaba, a gritos, alguien de sombrero charro; otro le contestaba: "¡Porque primero debe pasar la caca!". Más allá, una anciana que dijo llamarse Estela, enfrente de las Suburban que pasaban por su calle, reclamaba libertad para el pueblo de Dolores.

En definitiva, en ninguna parte se podría sentir igual que allá.


martes, septiembre 9

C-D-N

Foto: La Mujer Maravilla


El Pesina y Hulk posando para Tierra Adentro



viernes, septiembre 5

¡Viva!

¿Y qué si la gasolina azteca es menos cara que la texana y baratísima comparada con la europea? La moneda de nosotros, según los cálculos míos, vale diez mil veces menos que un dólar o un euro. Pero que viva México, ¿no? ¿Y qué si "vamos ganando la guerra"?; hasta ahora no sé bien a bien contra quién estoy peleando ni a cuál equipo apoyar. Pero qué importa, ¡Viva México, chingao!, ¡vivan los héroes que nos dieron patria! ¿Qué si antes de acostumbrarnos a "vivir como ricos" nos dejaron encuerados? ¿Qué si la puerta grande por donde entraríamos "al primer mundo" terminó siendo una salida falsa? ¡Viva la patria que nos volvieron a quitar! ¿Qué si todo se va a la mierda? ¿Qué si en nuestras parcelas, no importa lo que sembremos, cosechamos puro chile? ¿Qué si nuestras mujeres deben bajar la mirada y la bastilla de sus faldas si no quieren ser violadas? ¡Que vivan Josefa y Leona! ¡Viva la Santa Madre Iglesia! ¿Qué si "la mayoría de los que contratamos para este comercial opinan que hay que apoyar la propuesta del principito"? A la inmensa mayoría la Reforma Energética nos viene valiendo madres; bien sabemos que de cualquier modo nos va a llevar la fregada. ¡Que vivan las consultas y los telejuegos!, ¡que viva el show de los sueños! ¿No somos unos chingones? Qué si nos vestimos de blanco para ir al futbol y pensamos que así se conmoverán los secuestradores? ¿Qué?, ¿no es la bandera nuestra "la más bonita del mundo" y Chichén Itzá una neomaravilla? ¿Qué si todo eso sirve para pura chingada? ¡Viva México, cabrones! Porque la tierra mía, bendito sea Dios y la Virgen Santísima, es bilingüe cien por cien, de eso no les quepa duda. Ok? Hip-hip-Hurra! En mi tierra, libre y soberana, cuna de hombres cabales, nadie es analfabeto porque lo dice el preciso. ¡Viva la Democracia de Elba y de Fox! Aquí construimos carreteras que abaten las tasas de accidentes hasta dejarlas en cero. ¡Vivan los héroes de la película, papá!

jueves, septiembre 4

Para eso...

Para eso era estar desnudos
dejar al dedo bendecir la oscuridad
pedir la muerte en el abrazo
torcer la escritura de la lengua
palpar la curvatura donde canta la piel
caer de cara a la humedad del pasto nocturno
orar ahí
decir la luz en un silencio que hierve
apenar el ojo de Dios que nos espía
para eso era
para cavar el cuerpo en busca de nosotros


Cantusar
Solís, Ricardo
Ediciones La Rana, Guanajuato, 2007, 74 pp.

martes, agosto 19

Enorme

Una vez compré un libro.
O tal vez deba decir
que el libro me compró a mí.

"Fue mucho después cuando la luciérnaga levantó el vuelo. Desplegó las alas como si se le hubiese ocurrido de repente. Un instante más tarde, cruzaba la barandilla y se sumergía en la envolvente oscuridad. Describió, ágil, un arco en torno al depósito, tal vez intentando recuperar el tiempo perdido. Y tras permanecer unos segundos inmóvil observando cómo la línea de luz se extendía en el viento, voló hacia el sur.

Aún después de que la luciérnaga hubiera desaparecido, el rastro de su luz permaneció largo tiempo en mi interior. Aquella pequeña llama, semejante a un alma que hubiese perdido su destino, siguió errando eternamente en la oscuridad de mis ojos cerrados. Alargué la mano repetidas veces hacia esa oscuridad. Pero no pude tocarla. La tenue luz quedaba más allá de las yemas de mis dedos"







El Universal. 31/07/2008

El director franco-vietnamita Tran Anh Hung dirigirá la versión cinematográfica de la exitosa novela Tokio Blues (Norwegian Wood), después de que el autor, el japonés Haruki Murakami, haya aceptado su petición, anunció hoy la productora. La compañía Asmik Ace Entertainment informó hoy de que ya ha iniciado el proyecto junto a la televisión japonesa Fuji tras lograr el consentimiento de Murakami, que en numerosas ocasiones se había negado a llevar su mayor éxito a la gran pantalla.

Está previsto que comience el rodaje dentro de dos meses, con el fin de que la película sea distribuida en las salas de cine en 2010. Tokio Blues, cuyo título original en japonés es un homenaje a la canción de los Beatles Norwegian Wood, cuenta la historia de la relación entre un joven universitario con la novia de su mejor y único amigo, que se suicidó un año antes. La novela ha vendido en Japón 8,7 millones de ejemplares y ha sido traducida a 33 idiomas, y es uno de los mayores éxitos recientes de la literatura japonesa.

El proyecto de llevarla por primera vez al cine nació cuando Tran Anh Hung la leyó en París y decidió hacer la película en Tokio y con actores japoneses. El director apuntó en el comunicado emitido hoy por la productora que la novela tiene todos los elementos para ser convertida en película. A su juicio, la obra de Murakami tiene fuerza y al tiempo sensibilidad, elementos que, junto al vigor y la elegancia, hacen que la escritura sugiera sensualidad y poesía.

Tran Anh Hung ha dirigido éxitos como El olor de la papaya verde y ganó el León de Oro en Venecia con Cyclo.



El libro:
Tokio blues. Norwegian Wood
Murakami, Haruki.
Traducción de Lourdes Porta Fuentes.
México,Tusquets, 2008, 381 pp.

Palabra de vitalicia


Hoy,

en el telediario,

una tal Elba

opinó que su país

sufre una crisis de valores.

También dijo que la culpa

en modo alguno

era de su sindicato.

(Cortinilla)

No-so-mos-el-pro-ble-ma,

so-mos-la-so-lu-ción...

No-so-mos-el-pro-ble-ma,

so-mos-la-so-lu-ción...

"Cosa triste entre las tristes

es que un maestro de primaria

gane menos de seis mil".

Preguntóle el periodista:

"¿Y cuánto percibe usted?"

(Música de suspenso)

Ahí torció el rabo la (muy) puerca.

"Vine a hablar de educación,

y mi fortuna es muy mía".

¿Qué se dice en estos casos?

Qué poca, qué poquísima...

(Complete, según convenga,

con la palabra"fortuna"

o la palabra "educación").

viernes, agosto 1

Contagio

Sucedió de nueva cuenta.
("De nueva cuenta", así dice siempre Mike
para decir "otra vez").
Yo iba nomás a leer y alguien me dio un regalo.
En esta ocasión, la Buba.
Aunque seguramente se arrepintió en seguida.
Como sea, para tomarle una foto
la hice ponerse la verde.
¿Qué tal se ve la princesa?


Y ésta es de un puesto de tacos
-atención, carnívoros-
muy cerca de mi morada.

Página 48

"A menudo el audaz que arrostra mil vicisitudes coronándose de gloria, muere en el aleve resbalón de una cáscara de banana... A menudo el cobarde, que encubre en la ficción la infamia de sus actos, por recoger taimadamente esa cáscara, se llena de alabanzas..."

Caterva. Filloy, Juan. El cuenco de plata. Buenos Aires. 2006. 378 pp.

lunes, julio 28

Retro 2

Catch the wind/Donovan


Retro

Sara y Liliana, leyéndose en T. A.


Cuando Pesina era apenas un chamaco, las muchachas leían una revista llamada Notitas Musicales. Como es de suponerse, se trataba de una mini-revista dedicada a divulgar chismes del espectáculo que dirigía -¿quién si no?-Pati Chapoy. Y era a la vez un cancionero. En las primeras páginas aparecían los cantantes de moda leyendo -o simulando leer- la dichosa revistita. La hermana del Pesina usaba esa revista para construirse un álbum de recortes dedicado a Luis Miguel, que por aquellos días tendría unos quince años y la oportunidad de ser una persona decente. Pesina, que estaba por concluir la primaria y leía de todo menos literatura, se pasó algunas tardes leyendo esa misma revista hasta que su papá se enteró.

Que se dejara de mariconadas, que no leyera esa basura, le exigió a su polluelo. Que qué mañas tan cochinas estaba agarrando el chamaco, confesó su preocupación en privado a la mamá. Que todo eso iba a pasar con la edad, trató de tranquilizarlo la ñora.

En efecto, las aficiones del Pesina cambiaron con los años. Al menos por lo que a lecturas se refiere.

Pero hay cosas que no cambian, y en cuanto se topó con Sara Uribe y con Liliana Blum, no resistió la tentación de hacerles una foto leyendo el número de Tierra Adentro donde aparece la entrevista que una le hizo a la otra.

Qué se le va a hacer.

jueves, julio 24

Rasgar

"Feo truena el cuero de un hombre
cuando lo rompe el cuchillo"
Hace dos o tres días, en la sierra potosina, se lo escuché a un campesino que tiene nombre de villano. Santos Barragán me contó la vez que perdió casi toda la mano izquierda. Fue en la puerta de un billar. "Te vas a morir", escuchó detrás de él. Y cuando se dio la vuelta encontró un machete haciendo brecha en el humo. Metió el brazo para protegerse del golpe que iba a la cabeza. El coraje le llegó de todos lados. Esa pelea, dice, la ganó. Al tipo lo golpeó con la derecha y también con la izquierda, donde lo que él creía dedos eran en realidad cuatro chorros de sangre.
A Santos Barragán le debo un relato.

martes, julio 15

Compañera, si me alejo un día,
una tarde, una mañana, un junio;
sólo es momentánea la partida;
no te escribo en despedida
porque no levanto un muro.


Llevo tu cintura bajo el brazo
brilla cada nota en cada aplauso.
Cura una canción cualquier ausencia
y aligera la impaciencia
del regreso hasta tu abrazo.


No te cambio por un beso,
una voz, una palabra;
eres parte de este intento,
de estas manos, de esta causa.
Y no vale una tonada
más que el tono de tu cuerpo
cuando cae sobre mi almohada
la tormenta de tu pelo.


Compañera, si despiertas una,
piensa que uno somes en silencio.
Es la soledad buena fortuna
cuando brilla entre la espera
de quien prometió regreso.


No es esta verdad antagonismo
contra la verdad que nos ampara.
No hay rivalidad, no existe abismo
entre métricas y ritmos
y mi boca por tu espalda.

No te cambio, por un verso...








No te cambio/ Alejandro Filio

Del volumen acústico Canto a los cuatro vientos

lunes, julio 14

Dos novedades


Hoy llegó a este sucio agujero el nuevo número de Tierra Adentro, dedicado a López Velarde. Si la hojean (y también la ojean), hallarán ahí la entrevista que le hiciera La Poeta, Sara Uribe, a Liliana Desalmada Blum a propósito de su más reciente libro, Vidas de catálogo, y acerca también de su más reciente premio y de su visión acerca de la Literatura, y etcétera, etcétera.

Y llegó también hoy a mis manos un libro que había permanecido atorado en los pasillos de la burocracia cultural tamaulipeca por espacio de dos años. Textos insumisos, un volumen misceláneo que malescribió su servilleta. Alguien de Fomento Editorial, del ITCA, expresó su pena acerca de la calidad de la cubierta.


—No se preocupe —contesté—; la calidad de los textos es significativamente inferior.

domingo, julio 13

En eso estoy



La banca estaba húmeda y helada; el aire, tanto o más frío que el cemento; aun así, me pesaba demasiado el cuerpo para separarlo de la piedra. Encendí un cigarro. Con los ojos puestos en la carretera vi pasar, entre coches y camiones, los años que llevaba anclado en la sierra. Viéndolo por cualquier lado, era demasiado tiempo inútil en un trabajo inútil en ese agujero inútil que era la estación ambiental de Los Cedros. Muchos años cuidando experimentos ajenos; registrando datos, tomando fotografías, contando, midiendo, observando, oliendo la misma mierda. Pensé también en lo reciente. Dos o tres veces pensé en Adalgiza, en su modo de decirme que la mía era una vida desperdiciada...

Página 188

"Y cada cual blandió su bastón de ébano, para conducirlos por los yermos poblados de la muerte"

Caterva
Filloy, Juan
El cuenco de plata/Biblioteca Juan Filloy
Buenos Aires, 2006. 378 pp.

jueves, julio 10

Epifanía

Y de pronto
un día
notas que la vida
ha sido muy barco
contigo