jueves, diciembre 29

Inocente quien se dejó engañar

Antes debo aclarar que nunca he confiado enteramente en ninguno de ellos. Sin embargo ahí están siempre, al alcance de mi mano para resolver cualquier duda. Uno es el “Gran Diccionario Enciclopédico Visual” y el otro el “Larousse, Diccionario Enciclopédico en color 1999” (tan pretenciosos nombres debieran ser razones suficientes para desconfiar de ambos). Ayer, a propósito del “Día de los inocentes”, la biografía de Herodes generó una controversia.

El evangelio atribuido a Mateo señala que fue Herodes El Grande quien ordenó matar a todos los niños menores de dos años (tiempo que había transcurrido desde que los magos habían observado la estrella de Oriente) para evitar el advenimiento del mesías tan esperado.

Herodes I nació en Ascalón, en el 73 antes de Cristo y murió en Jericó, en el año 4 antes de la era cristiana, menciona el Larousse, además “impuso su poder, otorgado por los romanos, con una energía brutal”. Por su parte el Visual ubica su nacimiento en el 62 antes de Jesucristo y su muerte en el año 4 de nuestra era.

Si atendemos a los relatos bíblicos, los cuales aseguran que Jesús nació en los tiempos de Herodes, entonces tendríamos que desechar la información del afamado diccionario Larousse, puesto que el Cristo tendría que haber nacido al menos dos años antes de la muerte de Herodes.

Hasta ahí pudimos haber dejado la controversia, pero entró uno más al debate. Afirma Bruno Cardeñoso, en su artículo Las grandes incógnitas de la Navidad, que “Herodes El Grande acabó con Antígono por la fuerza en el año 37 a. de C. Desde entonces se convirtió en el gobernador de Judea, cargo que desempeñó hasta su muerte en el año 4 a. de C.”

Ignoro de dónde tomó Cardeñoso esa información ni tengo interés alguno en seguir averiguando si Herodes murió cuatro años antes o después de iniciar la era cristiana. Tampoco me interesa saber si Cristo nació antes de Cristo. Si quienes establecieron la era cristiana se equivocaron al calcular los años hasta el nacimiento de Jesús (cinco o seis años antes de lo que suponíamos) o si la designación del 28 de diciembre para conmemorar la matanza de los inocentes fue (al igual que la adopción del 25 como la fecha de la Natividad) una decisión arbitraria, son asuntos que me tienen sin cuidado. Digo que no me preocuparé más por los origenes ni por los significados de las fiestas. Si toda mi vida he celebrado la navidad sin creer en ella, el próximo 28 de diciembre no haré más que preparar engaños para celebrar esa fecha COMO DIOS MANDA.

Citas de hoy

"El tamaño no se mide del suelo a la cabeza; la medida se toma en medio de las piernas"
Eraclio Zepeda, en Horas de vuelo (Editorial Patria, 2005)

"Nada esperamos ni nada pediremos a quienes nos han tratado siempre con desprecio y altanería"
Subcomandante Marcos, en La Jornada, 29/XII/2005.

"Herodes I el Grande (Ascalón 73 a. J.C. - Jericó 4 a. J.C.) (...) Los Evangelios le atribuyen la degollación de los inocentes"
Diccionario Enciclopédico Larousse (1999)





martes, diciembre 27

A propósito de Brecha/Brecht

El Colegio de Bachilleres convoca a todos los docentes de este subsistema a cursar el Diplomado en Docencia en la Educación Media Superior, el cual dará inicio en la segunda semana de enero próximo. La portada de la convocatoria trae una cita de "Bertold Brecha" que dice: "Habéis asistido a lo cotidiano, a lo que sucede cada día. Pero os declaramos: Aquello que no es raro, encontradlo extraño. Lo que es habitual, halladlo inexplicable. Que lo común os asombre. Que la regla os parezca un abuso. Y allí donde deis con el abuso ponedle remedio."

La siguiente canción fue compuesta por el mismo poeta y dramaturgo alemán, desde su exilio en Londres, en 1934.

Canción del Frente Unido

Letra: Bertold Brecht; Música: Hans Eisler

(Esta canción la pueden escuchar en:
http://idd003x0.eresmas.net/mp3/United%20Front%20.mp3)


Y como ser humano
el hombre lo que quiere es su pan
Las habladurías le bastan ya
Porque éstas nada le dan
Pues, un, dos, tres,
Pues, un, dos, tres.
Compañero, en tu lugar!
Porque eres del pueblo afíliate ya
En el Frente Popular.

And just because he’s human
He doesn’t like a pistol to his head
He wants no servants under him
And no boss over his head
So, left, two, three!
So, left, two, three!
To the work that we must do.
March on in the worker´s united front
For you are a worker, too.

Tu es un ouvrier-oui!
Viens avec nous, ami, n’aie pas peur!
Nous allons vers la grande union
de tous les vrais travailleurs!
Marchons au pas,
marchons au pas,
Camarades, vers notre front!
Range-toi dans le front de tous les ouvriers
Avec tous tes frères étrangers.

Und weil der Prolet ein Prolet ist,
Fromm sehr in Kein underer Refrain.
es kahn gib freit unter Arbeiter nur
das Werker Arbeiter sein.
Drum links, zwei, drei,
drum links, zwei, drei,
wo dein Platz, Genosse, ist!
Reih‘ dich ein in die Arbeitereinheitsfront,
weil du auch ein Arbeiter bist.
Drum links zwei, drei,
drum links zwei, drei,
wo dein Platz, Genosse, ist!
Reih‘ dich ein in die Arbeitereinheitsfront,
weil du auch ein Arbeiter bist.


miércoles, diciembre 21

Más regalos

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Al parecer nos hemos portado bien, porque la no-bitácora de Geney Beltrán ha despertado de su coma para regalarnos nuevamente generosas muestras de claridad mental. Si usted busca aprendizaje y no sólo entretenimiento, vaya ahora mismo a ese no-blog.

¿Qué espera?
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martes, diciembre 20

X'mas

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Tal parece que Santa se adelantó este año. Apenas es la víspera del inicio de las vacaciones y ya empiezan a llegar los regalos. Cuatro de mis amigos, leales integrantes del Aleph, han resultado ganadores en el Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico del Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes (ITCA) este año. Alejandro Betancourt, excelente poeta de la nueva generación y Daniela Romero, actriz y cantautora victorense, en la categoría Jóvenes Creadores; Sandra "Peque" Balderas Mansur, la mejor actriz tamaulipeca, en Desarrollo Artístico Individual, y la dulce Claudia Arcos, quien actualmente estudia Cinematografía en Guadalajara, en la categoría Estudiantes de Arte. Recibo esta información de Lorena Illoldi, jefa del Cártel del Aleph, quien extiende sus tentáculos desde el exilio.
Pero los regalos no terminan ahí, pues mis otros amigos, los pobresores, también han resultado ganadores en el Programa de Estímulos al Desempeño Docente, concurso a través del cual el Colegio de Bachilleres premia a sus mejores maestros. Cristina Bárcenas Hernández, la flor más bella de Tampiquito; Jorge "El Pollo" Rodríguez Cruz, avecindado en Bustamante, y Héctor Lara Navarro, antiguo compañero en Burgos y hoy maestro en Higuerillas, se cuentan entre los ochenta mejores maestros del subsistema.
Enhorabuena por nuestros amigos. Ustedes ya lo saben: yo sólo me rodeo de gente interesante.
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sábado, diciembre 17

De aquel diario (II)


17 de mayo de 2000
La tragedia de Pancho

La tarde de ayer los estudiantes del 501 organizaron una parrillada en el paraje conocido como El paso de la loba para festejar a Adrián, a Francisco y a mí por el reciente Día del maestro. Primero fue el cabrito al pastor, después las tres cajas de cervezas. A partir de ahí se desencadenaron los acontecimientos por los cuales Francisco Campos, alias “El Profe Pancho” no se presentó hoy a laborar.
Los chicos, apenas terminar su turno, buscaron un sitio junto al arroyo con la suficiente clandestinidad para quebrantar la norma no escrita en el Manual de Relaciones Interpersonales maestro-alumno: jamás parrandear juntos. No habíamos terminado de vaciar la segunda caja de cervezas entre risas, chistes y comentarios subidos de tono cuando cuatro de los muchachos rodearon al Profe Adrián y, tras largo forcejeo, lo tiraron al río. Fue mucho más difícil lanzar a Pancho porque, aprovechando maña y fuerza, no dejaba de propinar cocotazos y puntapiés a diestra y siniestra, además de utilizar árboles y piedras para impulsarse en sentido contrario al lecho del arroyo. Fue sometido sin embargo, porque a los cuatro bandidos de un principio se les unió el resto de los chicos y, a pesar de las manotadas que Pancho les daba en las orejas, lo llevaron hasta la orilla y lo lanzaron sin misericordia. El cuerpo de Pancho formó una enorme cresta de agua al estrellarse en el río.
Para ese entonces yo ya estaba dentro de mi camioneta, resuelto a impedir por todos los medios que aquellos bandoleros concretaran en mí su venganza. Tal como ocurre en las malas películas de terror, me fue imposible encender el vehículo antes de quedar rodeado por esos mozalbetes que me recordaban una escena de Los muertos vivientes. No es ningún secreto que en ese tipo de situaciones suelo convertirme en este ser violento e irracional, así que los muchachos dimitieron después que uno de ellos terminó magullado por la puerta del vehículo y varios más resultaron rasguñados por los matorrales a donde Hulk los empujaba sin que su mano derecha soltara el volante. Sobra decir que, en lo que a mí concierne, ahí terminó la celebración. Encendí furibundo la camioneta y emprendí el regreso hacia el pueblo dejando tras de mí una densa polvareda.
Fue el Profe Pancho quien me disculpó con los muchachos. “No sabe nadar”, arguyó, lo cual es cierto. Claro que esto lo hizo luego de que él junto con Adrián se dedicaron a atrapar a cada uno de los chicos y lanzarlos al río. Es lógico suponer que el último de los muchachos fue ajusticiado por la turba completa de maestros y estudiantes. En cuanto se terminaron las cervezas decidieron regresar al pueblo, ir al Parque Recreativo y darse un chapuzón en las albercas. Me disponía yo a merendar cuando vinieron a avisarme que el Profe Pancho estaba en el Centro de Salud. Una inmersión con cierto grado de dificultad había resultado una hazaña fallida.
En la sala de espera me encontré a varios de los muchachos y en el consultorio a otros dos ayudando a la enfermera. Francisco Campos estaba en el camastro con las ropas empapadas de sangre y un enorme claro en la cabeza, donde parecía sonreír insolente una abertura de varios centímetros. No había doctor, ni hilo de uso quirúrgico. El Profe Adrián había ido a conseguir el hilo en la Clínica más cercana, a 12 kilómetros por un camino de tierra. Llegó media hora después en un coche diferente al que lo había llevado; ya nos contaría del neumático reventado al cruzar un vado a alta velocidad.
Eran las siete de la noche cuando la enfermera dio la última puntada y nos recomendó llevar al Profe Pancho a la capital del estado para que un médico lo revisara y le imprimiera una radiografía. Así lo hicimos. Nos llevó en su furgoneta Jorge Galván, un estudiante famoso por exceder los límites de velocidad; fama que pudimos corroborar al llegar antes de las diez a Ciudad Victoria. Estuvimos un rato en la sala de espera y otro más fuera del nosocomio, donde Jorge se dedicó a importunar a un perro desnutrido ante la mirada condenatoria de los familiares de los enfermos. Al salir del consultorio, Francisco Campos quiso esbozar una sonrisa, pero su gesto se transmutó en una mueca de dolor. Le sobró una pizca de humorismo para decir “Soy duro de cabeza: no hay fractura”.
De regreso a Burgos, en plena madrugada sólo la radio y los quejidos ocasionales de Pancho nos mantuvieron despiertos. Alegría de Corazón cantaba La Tragedia, rola el la que recrean el trágico accidente que sufrió esa banda. El Profe Adrián y yo empezamos a componer una canción con la tonada de ese grupo Matamorense, una parodia digamos, y la cantamos durante el resto del trayecto. Hoy por la mañana transcribimos la letra de esa canción en la escuela, “La tragedia del Profe Pancho”, la hemos titulado.

"Voy a cantar la tragedia que le pasó a un profesor
por tirarse su clavado sin un casco protector..."

jueves, diciembre 15

Vocabulario

Si lo nuestro no era amor
¿cómo debo llamarle a esto?
¿des-pasión o des-sexo?
¿desexión?
¿cuántas palabras inventaré
antes de aceptar que me lleva la chingada?

martes, diciembre 13

Geney habla acerca de Rulfo y de Páramo

Me atreví a recortar esta cápsula del no-blog de Geney Beltrán Félix, esa no-bitácora abandonada hace exactamente un mes.
Y sí, Pedro Páramo es una primera novela. Y además de primera es la última novela de su autor. Y además de la primera y última, es una obra maestra. Y además de todo lo anterior, es la mejor novela de la literatura mexicana.Todo esto deberían, deberíamos tener todos presente antes de corretear impunemente a un editor con la propuesta, el deseo, la exigencia de que nos publiquen nuestras primeras, y notoriamente primerizas, novelas.
A Geney lo podemos leer en su nuevo libro: Historias para un país inexistente

Jueves de letras...

En una ciudad donde la promoción cultural es casi nula, cualquier esfuerzo por difundir el trabajo de los creadores locales es digno de reconocimiento. Nuestra amiga Sandra Balderas, la mejor actriz tamaulipeca, coordina para el partido de los tres colores el programa denominado "Jueves de letras en el...", dedicado recientemente a promover la obra de escritores tamaulipecos.
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Alejandro Betancourt, joven valor victorense, ganador del premio regional Juan José Amador 2004 y mención honorífica en el estatal juvenil de poesía del mismo año, se presenta el próximo jueves de letras en la sala de eventos especiales de la CNOP, donde leerá junto a otros dos poetas de la nueva ola.
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Para las huestes leales al Aleph, los amigos del Taller Literario de la UAT y los pupilos de la Maestra Graciela González Blackaller, la cita es en enero, esperen más detalles en este blog.

domingo, diciembre 11

American stories

“DEIDAD CAÍDA”
Fue necesario reforzar las esposas con una aleación de acero y aquel mineral misterioso. Las rejas, del mismo material, resplandecían cual luminarias de neón en medio de la oscuridad. En aquel estrecho recinto, blindado recientemente gracias a un novedoso barniz, el acusado -montaña de músculos temblando al compás de los destellos verdeantes- esperaría hasta su ejecución...

“POR LA JUSTICIA”
Es bien sabido que la justicia americana no respeta trayectorias, heroísmos ni jerarquías de ninguna clase. El que la hace la paga, particularmente cuando el acusado es extranjero o pertenece a una minoría racial...

“CELOS DE ACERO”
La historia de amor entre la víctima y el héroe terminó cuando, en un arranque de celos, Kent se atrevió a golpear a su mujer.

miércoles, noviembre 30

Hacia lo desconocido


"Ir a la escritura
es siempre ir
hacia lo desconocido"

Con estas palabras cerró Cristina Rivera Garza su participación en la presentación de Novísimos cuentos de la república mexicana, 32 relatos cortos, cuentos posmodernos y minificciones, antología preparada por la ensayista Mayra Inzunza, quien también estuvo en la mesa. Dicha presentación editorial formó parte del programa de actividades del CONACULTA en la Feria Internacional del Libro de Monterrey, en octubre pasado. La multipremiada escritora ( Premio Nacional José Rubén Romero, Impac-Conarte-ITESM, Sor Juana Inés de la Cruz, Anna Seghers 2005) originaria de Matamoros, Tamaulipas, tomó como pretexto la temática del cuento mío que aparece en la antología, Ambigüedades y aclaraciones en Plaza Victoria, para recordarnos a los participantes en el Encuentro de Narradores de Tierra Adentro que la tarea del escritor consiste en buscar, buscar todo el tiempo algo que constantemente cambia de forma.

Novísimos cuentos de la república mexicana
32 relatos cortos, cuentos posmodernos y minificciones.
Selección, prólogo y notas de Mayra Inzunza.
Fondo Editorial Tierra Adentro (2004)

lunes, noviembre 28

Podría recomendarla por tantos motivos, pero baste decir que ahí estoy yo.


A petición del maestro Enrique Romo, Alberto Cue se encargó de confeccionar el número 127 de la revista Tierra Adentro (abril-mayo, 2004), al que tituló "Letras y Géneros". Además de rendir homenaje a Rosario Castellanos en su XXX aniversario luctuoso y de presentar una entrevista al maestro Emmanuel Carballo, ese número incluyó textos de algunos ganadores de premios nacionales de poesía, ensayo, cuento y novela auspiciados por el programa Cultural Tierra Adentro. La liberadora de los deseos es el cuento que encontrarán en la página 63.



LA LIBERADORA DE LOS DESEOS


Cuando pasó lo del cine Venus yo estaba en el hospital, ya llevaba ahí media semana; al día siguiente me iban a dar de alta, eso había dicho el doctor.
-Ya no tienes nada, Fidelito -dijo mientras me revisaba las puntadas con unas pinzas que parecían de hielo- pero tómate tu tiempo, no vayas a volver tan pronto a las andadas- y se rió con esa sonrisa maliciosa que no era otra cosa que la misma risa de las mujeres que salen en las películas del cine Venus.
Las muchachas de esas películas se parecen todas entre sí y tienen la misma sonrisa del doctor jotorrón que me estuvo manoseando toda la semana, parece que se hubieran puesto la misma máscara para representar el mismo papel.
La primera vez que fui al cine tenía nueve años, el maestro Aníbal me dijo que me llevaría a ver “Los Picapiedra” porque me portaba muy bien. No era cierto, ni me había portado bien ni me llevó a ver “Los Picapiedra”. Hugo sí se portaba bien, por eso el maestro lo había llevado antes que a mí; Hugo era su consentido.
Ese día hubo poca gente en el cine y aunque me puse nervioso no dije nada, me resigné a ver la película creyendo que después pasarían “Los Picapiedra”, pero nunca salieron. Cuando se terminó la primera función el maestro me llevó al baño y me dijo que me lo parara, yo le contesté que no entendía. La verdad era que sí entendía, sólo que el miedo me tenía todo amensado; entonces él me bajó el pantalón y empezó a sobarme con sus manos rasposas. Cuando se convenció de que no se iba a poder lo que suponía se encabronó y me gritó furioso que me saliera del baño; después de un rato salió un poco más tranquilo y me dio veinte pesos.
–No le vayas a decir a nadie- dijo, y me miró convencido de que sí iba a rajar. Ni que fuera tan pendejo.
En la primaria fui el sargento de la escolta, Hugo era el abanderado porque siempre fue muy inteligente. El día de la graduación mi mamá se empeñó en que nos tomaran una foto con el maestro Aníbal. Yo traía una corbata que me quedaba grande y al tratar de arrancármela empezó a faltarme el aire. Mi mamá dijo que en la secundaria tendría otras oportunidades para usar la corbata y que entonces me quedaría perfecta, pero no pude entrar a la secundaria porque nunca pasé el examen de admisión. Una trabajadora social le dijo a mi mamá que yo necesitaba tratamiento psicológico o algo así, pero ella le contestó que yo no estaba loco, que la loca era otra y que se fuera a la mierda.
Mi mamá es secretaria en la Procuraduría, desde hace tres años trabaja doble turno y se pasa todo el día fuera de la casa. Ella dice que mi papá es un hijo de la chingada y yo también lo digo porque él se fue desde que yo iba a cumplir los cuatro años y nunca más se acordó de mí. Una vez vino en diciembre y estuvo platicando con mi mamá, luego empezaron a discutir y al final se despidieron mentándose la madre. Mi mamá dice que mi papá vive con una vieja puta; cada vez que lo menciona yo no hago más que pensar en las mujeres del cine Venus.
El cine estaba en la calle principal, entre el café Frontera y el hotel Ritz, que no es el mismo Ritz de la tele. Mi mamá dice que un día me va a llevar al de a de veras, que nos vamos a tomar unas fotos y se las vamos a mandar al hijo de la chingada de mi papá, para que vea que no lo necesitamos. Yo espero que sea cierto, aunque ya me estoy acostumbrando a que todos me digan mentiras.
A las señoras no les gustaba el cine Venus. Muchas veces intentaron cerrarlo porque según ellas le daba mal aspecto al centro, pero no pudieron conseguirlo. La vez que estuvieron más cerquita de lograrlo fue cuando la policía hizo una redada y se encontraron a Hugo y al maestro Aníbal en los sanitarios, eso fue el año pasado.
Cuando mi mamá se enteró de que encerraron al maestro Aníbal se puso como loca y tiró a la basura la foto de mi graduación, pero luego se arrepintió; la sacó del cesto y empezó a rayar toda la silueta del maestro con un marcador negro. Al final sólo quedamos en la foto Hugo y yo, aunque todavía se alcanzan a distinguir las manos rasposas del maestro agarrándonos por los hombros.
Fue por aquellos días cuando Xóchitl empezó a trabajar en mi casa. Mi mamá dijo que la contrató para que le ayudara con los quehaceres, pero la misma Xóchitl me confesó un día que mi mamá estaba muy preocupada por mí y le había pedido que me mantuviera vigilado. Lo cierto es que era yo quien vigilaba a Xóchitl.
Xóchitl tiene como veinte años, es alta, tiene el cabello perfumado y la piel clara, aunque no tanto como las mujeres de las películas. Lo que sí tiene igual que ellas es la sonrisa y el color de las nalgas. Una vez la estuve espiando cuando se metió en el baño y me acordé del maestro Aníbal. Ella se enojó mucho y dijo que me acusaría con mi mamá, aunque nunca lo hizo.
A pesar del escándalo que hubo cuando lo del maestro, Hugo y yo seguimos entrando al cine con facilidad, nos colábamos por una ventana de los baños. Antes iba de vez en cuando, pero desde que llegó Xóchitl a la casa empecé a ir todos los días. Me la pasaba ahí, viendo repetirse la misma película, aunque con diferentes actores y cuando llegaba a la casa mi mente volvía a repasar la historia, sólo que entonces la protagonista era Xóchitl. Ella no lo sabía; iba de aquí para allá por toda la casa sin sospechar siquiera las cosas que yo le hacía en mi imaginación.
La última vez que fui al cine me puse muy mal, la culpa fue de la película, había tantas flores en la pantalla que podía sentir su olor avanzando por mi nariz hasta rasguñarme las costillas. Me acuerdo que me extendí todito sobre el asiento, apretando bien fuerte los ojos y los dientes. Cuando abrí los ojos noté en el techo una rajadura por la que se podían ver las estrellas. Yo no sé qué tendría aquella abertura que me hizo recordar cuando estuve espiando a Xóchitl en el baño, el asunto es que me levanté con el corazón acelerado y me fui corriendo hacia la casa. Cuando llegué, Xóchitl estaba preparando la cena; yo iba muy calenturiento y no me fijé que ella tenía el cuchillo en la mano.
El cine Venus se cayó cuatro días después. Dicen que estaba lleno cuando el techo se vino abajo a media función. Durante el rescate hubo muchísimos reporteros, no tanto por los heridos, que eran muchos, sino para ver a quién descubrían. Hugo estaba dentro pero a él no le pasó nada, estaba en el baño con un señor; dice mi mamá que con un hijo de la chingada, espero que no haya sido mi papá.
El doctor maricón aventó a un lado las pinzas y a mano limpia estuvo removiendo para todos lados los pellejos que me dejó Xóchitl. Se rió con la misma sonrisa de las mujeres que quedaron sepultadas bajo los escombros del cine y me dijo que con esto todavía podré hacer maravillas.–Si te sigues portando bien, mañana podrás salir de aquí- dijo, y me cerró un ojo antes de cruzar la puerta. No quiero pensar que sea mentira como la vez que me llevaron a ver “Los Picapiedra”.

domingo, noviembre 27

De aquel diario (I). Era el año 2000.



15 de julio.
Langa de Duero (Soria)
El día ha sido agotador, aunque ilustrativo. Por la mañana, una caminata a lo largo del Cañón de Río Lobos y por la tarde la visita a los lagares de Langa. La jornada terminó ahí, con una parrillada. Los muchachos ("chavales", dicen acá, al final acordamos llamarlos "chicos") se han puesto eufóricos tras probar el vino de Langa y han organizado un verdadero fandango, antes, los adultos tuvieron un encuentro futbolístico binacional en el que México emergió victorioso. Ambas fiestas tuvieron consecuencias: una chica se lastimó el tobillo durante el baile mientras que uno de los asesores resultó con raspones en los codos.
Ahora vamos camino a Valladolid, en un autobús municipal. El ambiente impresiona porque los chicos españoles van cantando y gritando como no lo habían hecho en toda la expedición. Van tan eufóricos que, inclusive, entonan a coro el Cielito Lindo y Allá en el rancho grande para animar a los jóvenes tamaulipecos a que participen de su algarabía. Poco después estamos cantando todos. Nosotros, desde luego, interpretamos rancheras y norteñas como La media vuelta y El rey. Hemos tenido suerte porque hasta el conductor del autobús, un anciano de setenta y tantos, insiste en cantar La cama de piedra.
De pronto encontramos a la guardia civil vigilando la autovía. Están deteniendo e interrogando a todos los automovilistas. El anciano chofer platica con ellos y hasta nosotros van extendiéndose los murmullos: ha habido un atentado terrorista en Soria.
Entonces me pongo a pensar en el riesgo que corremos, son tres autobuses repletos de estudiantes españoles y mexicanos, un gran atractivo para los grupos terroristas. También pienso en los padres de todos esos chicos, preocupados allá donde las noticias se saben a medias. Ahora que pienso en todo esto, ahora que cualquier cosa podría suceder, no sabes cuánto me arrepiento de no haberlo dicho todo.

Ése era yo


Julio G. Pesina

Ciudad Victoria, Tamaulipas, 1973. Licenciado en Ciencias de la Educación, con especialidad en Ciencias Químico-Biológicas por la Universidad Autónoma de Tamaulipas; trabaja como docente de Ciencias Naturales en el Colegio de Bachilleres de Tamaulipas (COBAT) desde 1995. En años recientes incorpora la enseñanza de Lectura y Redacción y es por esta razón que participa en 2002 en el taller literario de la UAT, donde conoce a los escritores Lorena Illoldi y Alfredo Marko García Salazar, quienes lo seducen a incursionar en el terreno de las letras. Ganador del Premio Nacional de Cuento Joven Julio Torri 2002 con el libro Que los muertos vivan en paz (Fondo editorial Tierra Adentro, 2003), algunos de sus textos han aparecido en las revistas Tierra Adentro, Textos y Ciudad en blanco. Ha sido incluido en la antología Novísimos cuentos de la república mexicana (Fondo editorial Tierra Adentro, 2004), en el apartado “Tamaulipas”.