Quickribbon PESINISMO: 2009

miércoles, diciembre 16

Armas no convencionales


La figurita que le rompió el hocico a Silvio...

El zapato que se lo cerró a Bush...

Los tomates (no inteligentes) que buscaban el de Sarah...


Y el pilín que a Gari se lo frunció.

lunes, diciembre 14

100/4




El olvido


No es tu final como una copa vana
que hay que apurar. Arroja el casco, y muere.
.
Por eso lentamente levantas en tu mano
un brillo o su mención, y arden tus dedos,
como una nieve súbita.
Está y no estuvo, pero estuvo y calla.
El frío quema y en tus ojos nace
su memoria. Recordar es obsceno,
peor: es triste. Olvidar es morir.
.
Con dignidad murió. Su sombra cruza.

Rocking around the Christmas tree...


sábado, diciembre 12

Página 68





Ahora el ángulo de la cámara está fijo en un punto. La cámara permanece inmóvil, enfocando frontalmente, un poco por debajo, al "hombre sin rostro". Enfundado en su traje marrón y totalmente quieto, el hombre mira a través del cristal, desde el tubo de rayos catódicos, hacia este lado. Es decir, que está mirando de frente, desde el otro lado, hacia el interior de la habitación donde nos encontramos nosotros. Sus ojos permanecen ocultos tras la misteriosa máscara brillante, por supuesto. Pero, a pesar de ello, podemos sentir vívidamente la presencia, el peso de su mirada. El hombre observa con una decisión inquebrantable algo que tiene ante sí. A juzgar por la inclinación d ela cabeza, parece que esté mirando la cara de Eri Asai. Reseguimos con cautela esta hipotética mirada. Sí. No cabe la menor duda. Lo que el hombre de la máscara mira con sus ojos informes es la figura durmiente de Eri. Quizá sea eso lo que ha estado observando desde un principio. Ahora, por fin, lo hemos comprendido. Él puede ver lo que hay aquí. La pantalla del televisor funciona como una ventana abierta hacia este lado, hacia la habitación.

Haruki Murakami
After dark
Traducción de Lourdes Porta,
Tusquets editores, 2009, México, 248 p.

jueves, diciembre 3

La única...

Página 112

Camino a cuestas

De soledad en soledad
aprendo a ir conmigo a cuestas
(como aquellos que trabajan de noche
conduciendo un taxi)
aprendo a encontrar lo que yace
perdido entre las calles
ahí donde vive la minuciosa
inexistencia del desprecio
la oculta oración ensangrentada
los desperdicios del otoño
desde donde veo
caer la tarde hecha pedazos
sobre amantes
que acarician con lucidez y desconfianza
lo que resta de sus cuerpos.
.
De soledad en soledad camino
por viejas calles
deshaciendo la luz y los domingos
aprendiendo a ir solo conmigo
a cuestas.



Enrique Cortazar

Crépuscule sur les pavés/Crepúsculo en las calles
Écrits des forges-Mantis editores, 2008,
Québec, 192 p.

martes, diciembre 1

...



Uno no habla de esas cosas.
Uno dice "qué frío", "qué calor", "está muy cara la manteca"...
Por eso se agradecen esos momentos
contados.

viernes, noviembre 27

Sufriendo penas

Tenía yo apenas ocho años cuando la maestra Carmelita hizo que toda la clase memorizara, para seleccionar un declamador, el texto titulado "Sembrando", de Marcos Rafael Blanco Belmonte.

Y aunque entonces me pareció machacón y chantajista, muchos años después, estando del otro lado, trabajando ya como maestro rural, le encontré mucho sentido al poemita. No podría precisar lo que se siente ver crecer una escuela donde sólo había monte. Los muchachos de las primeras generaciones; ésos, los rezagados que ven llegar la oportunidad de aprender algo más, los que empuñan el machete, el azadón y la carretilla para retirar los yerbajos y las piedras, un día verán a sus hijos o a sus sobrinos entrar a una escuela equipada, acogedora y, en el mejor de los casos, prestigiosa.

Aunque mis inicios como maestro ocurrieron en una colonia periférica de este sucio agujero, bajo un puñado de palmas mal amarradas, dando clases de secundaria para adultos; la primera escuela formal en la que trabajé fue en Villa de Burgos, dentro de un viejo galerón dividido con tabla roca en el que el archivo, la biblioteca y el laboratorio escolar cabían en dos desvencijadas cajas. Fue una época decisiva; en términos de crecimiento personal, la mejor.

Ese año llegó a Burgos un puñado de maestros principiantes. Al mismo tiempo que Pancho y yo comenzábamos en el telebachillerato, a la escuela primaria se incorporaban Martín, Eliacim y Cecilio y en el albergue escolar empezaban Carolina y Maricela (la Mujer Maravilla). Un jardinero, don Lorenzo, a quien todos conocimos como El Paisa, llegaba también al preescolar.
.
De todos los recién llegados, sólo El Paisa era un hombre mayor. A sus cincuenta y tantos, había desempeñado diversos oficios desde su natal San Patricio hasta Reynosa y Matamoros. Siendo un hombre de campo, no tardó mucho en convertir el árido suelo del kindergarten en un verdadero jardín. Se pasaba las mañanas seleccionando los renuevos del césped para rellenar espacios vacíos, y la mayoría de las tardes se ponía a humedecer las dos hectáreas donde la escuelita se levantaba. Las otras tardes las pasaba con nosotros, de pesca en los arroyos y pequeñas presas; de visita en los ranchos, en el pueblo y en el albergue escolar; de fiesta en la casa que compartía con Chilo y Eliacim.
.
En esa casa nos reuníamos lugareños y foráneos. Eliacim abrazaba la guitarra o exprimía cualquier otro instrumento musical mientras El Paisa montaba en su barriga un pequeño acordeón; entonces iban desgranándose los huapangos, corridos, boleros y rancheras que todos berreábamos. A don Lorenzo le gustaban particularmente las canciones de Cornelio Reyna, y las cantaba con un estilo peculiar. A veces, yo divertía a la concurrencia imitando al Paisa: Aquí estoy, en la taberrrrna de mi barrio más querido...
.
Queríamos a ese pueblo, a nuestro modo lo queríamos. El gusto nos entraba a la mitad de las parrandas que organizábamos en el monte, donde nadie nos mirara. Don Lorenzo compuso un corrido que narraba el camino de Burgos a Padilla, una canción que cantamos tantas veces en aquellas borracheras y del cual, sin embargo, o tal vez por eso mismo, no puedo recordar una línea completa.
.
Con todo y con eso, fue don Lorenzo el primero en abandonar el pueblito. Luego de ocho años, consiguió un trabajo cerca de su casa, cogió sus bártulos y por fin se fue. Después se fueron Cecilio, Pancho y Carolina. Maricela pidió su cambio a Mainero y una noche, en silencio, se marchó. Martín se mudó no muy lejos, a San Fernando, y nunca dejó de visitarnos. Al final me largué yo. Eliacim fue el único que siguió allí, rechazando cualquier propuesta de cambio. Quizá fuera él el único que de verdad quería al pueblo, tanto como para renunciar a lo demás.
.
El Paisa enfermó este año; tardaron mucho en darle un diagnóstico, pero al fin y al cabo lo desahuciaron. Un día, antes de tomar el autobús rumbo a Brownsville, pasé a verlo. Iba a ser la última vez. Lo encontré flaco y chiquito, me imaginé que así debió lucir en su adolescencia. Me sentí miserable en el momento que, preocupado, me preguntó si ya había comido y cuando, al despedirnos, puso en mis manos una bolsa llena de naranjas. ¿Qué podía yo hacer además de abrazar sus puntiagudas espaldas, livianitas, casi de humo?
.
Hoy por la madrugada, mientras en sueños yo llevaba a mi bisabuela a un centro de salud, El Paisa moría en el hospital del ISSSTE. Ella, que dejó este mundo en 1991, se veía tan lozana y platicadora. Ojalá hubiera puesto atención a lo que me dijo. Tal vez en ese sueño habría encontrado una explicación, o al menos una pregunta. Pero nada hay.
.
Hoy esta ciberbitácora cumple cuatro años y ésta es la entrada 631. Iba a escribir acerca de eso, pero pienso en don Lorenzo y en los jardines que dejó. Recuerdo su acordeón y su barriga, la canción de Cornelio, una imagen que había escapado de mí. Pienso en un montón de cosas que no debería pensar. Hay que ser como el agua que va serena brindando al mundo entero frescos raudales, decía el poema que la maestra Carmelita nos obligó a memorizar. Es notable cómo alguien tan común puede cambiar, de a poquito, la vida de muchos otros.



jueves, noviembre 26

Página 12



CENA FAMILIAR
.
Mi padre nunca habló en la cena
sin embargo
yo escuchaba un rumor de trenes
un constante martilleo de polvo
y veía sus cicatrices orgullosas sobre el mantel
sus brazos levantando los muros de su llanto
.
.
y lo que yo escuchaba era la voz de mi sangre
--------cada tarde
-----------------------en la misma mesa

. .
Édgar Rincón Luna
Puño de whiskey
Ediciones sin nombre-Ediciones Nod, 2005,
México, 85 p.

miércoles, noviembre 25

¿Qué tan rápido se dice veinte?



martes, noviembre 24

Dos novelas, dos ciudades, dos desaparecidos







YA SE SABE, PUES, QUE FUI A JUÁREZ, la ciudad número uno según "Juanga" y no pocos noticiarios (en cuanto a desempleo y matazón, dicen, esta ciudad es líder). No encontré la metrópoli de las veces anteriores. La violencia, ahora sí, la carcomió hasta el hueso. En todos lados hallé rostros tristes o desesperados. Es verdad que desde el cielo luce intacta, pero a ras de tierra parece una ciudad a punto de desmoronarse.

En la Cafebrería me hizo feliz la compañía de los amigos. Primero saludé a Jorge Humberto y a Édgar; eché de menos a Magali y a Silvamán, que se mudaron a Veracruz. El segundo día saludé a Blas, a Miguel Ángel y a Aboytia, a quienes conocí en septiembre de 2003, durante el Tercer Encuentro de Escritores de Tierra Adentro, en mi primera visita a ese lugar.

Recuerdo que aquella vez José Juan viajaba desde Tijuana, pero a partir de ese día Ciudad Juárez se adueñó de él. También recuerdo que a la mitad de una lectura en la Plaza Mayor eché una carrera a la librería del CONACULTA y compré Todo comenzó cuando alguien me llamó por mi nombre (FETA, 2001), su primer libro de narrativa y uno de los primeros volúmenes de literatura joven que leí. Cuando dos años después regresé, mi amigo ya se había establecido en esa ciudad.

En mi última visita, la de la semana pasada, intercambiamos novelas. “Así me lees y te leo”, dijo. Ficción barata (CONACULTA-GOBBC, 2008), obra con la que mereció el Premio Estatal de Novela en su natal Baja California, es un libro que se lee mejor desde el aire. O esa sensación me quedó al hacerlo, con verdadero disfrute, durante el vuelo de Ciudad Juárez a la capital.

Si nuestro afán es clasificarla, esta obra reúne las características de la Nueva Novela Policíaca Mexicana: recoge el lenguaje y los estilos de vida de la frontera, se recrea tanto en los ambientes urbanos como en las carreteras del típico desierto mexicano; hay violencia, desde luego, como pretexto y como columna vertebral de la narración. Pero esta novela tiene algo más, dos o tres elementos que provienen de los intereses narrativos muy propios de su autor.

Arriesgo a continuación mis hipótesis:

1. A José Juan Aboytia le gusta decir “ficción”. Y con esto sé que caigo en la obviedad, pues la palabrita está en sus títulos (recuérdese, por ejemplo, Contiene escenas de ficción explícita, editado por Relámpagos en el pantano). Pero sus historias no son simples anécdotas como las que usted o yo podríamos contar, las de él se cruzan, se entrelazan, echan ramas y raíces, adquieren vida propia dentro y fuera del libro. El intertexto y la metaficción nos asaltan en su novela como en sus cuentos.

Hugo Piñero, el antihéroe de esta historia, es un periodista que busca una novela (una “novelita”) en las librerías de Tijuana. No sabe por qué, pero la busca y, por azar, da con ella (o quizá el libro, Tijuana dust, lo encuentra a él) en el lugar más insospechado. La novela, que narra las peripecias de Nolasco, un detective privado, lo cautiva (¿o lo secuestra?). Más tarde, en Ciudad Juárez, encontrará a Matías Lorenzo, el desconocido escritor, y acaso el verdadero autor de esa extraña vida que está viviendo Piñero.

2. No pocos habrán de confundir el nombre de J. J. El viernes, sin ir más lejos, al enviarle un libro a mi amigo, “es para Aboytia”, dije, y el emisario me respondió: “¿Juan José?”). Sabiendo esto, el título de su primer cuentario queda plenamente justificado, y acaso también las motivaciones del autor para que Claudio Díaz, el Deis, reportero novato amigo de Piñero, tras protagonizar un escándalo mediático orquestado tal vez por la triple alianza (el narco, la prensa y la policía), termine usando una identidad falsa y viviendo una vida ajena en una ciudad extraña. En el Parque Borunda, donde lo cita don Jaso, el magnate de los periódicos, Hugo Piñero habrá de mirar —sin llegar a conocerlo— a un vendedor de hot dogs idéntico al Deis, pero al que todos conocen como El Javi.

3. Como muchos de mis coetáneos, José Juan Aboytia mira con nostalgia la década de los ochentas. Se solaza recordando la evolución de su pueblo y el descubrimiento de una ciudad tan igual y tan distinta; saborea de nuevo los lejanos días escolares, los tiempos que no volverán; los revive en la música de aquella década y aun de épocas anteriores. El rock en español y la canción norteña marcan el tono en el que los acontecimientos se acomodan. “Yo no me llamo Javier”, cantan Hugo Piñero y sus amigos (entre ellos un tal Lucio Méndez, que no deja de ser otro guiño a los años aquéllos). En una de sus borracheras nuestro no-héroe recuerda haber negado su nombre tres veces antes del canto del gallo. Con la misma determinación dirá no, no, no, no; deja ya de joder cuando se entere de que al otro lado de la línea telefónica Claudio Díaz tiene un nombre diferente.

4. Es obvio que no conozco la bibliografía completa de José Juan Aboytia, pero ya desde sus cuentos la lolita, como personaje magnético, tiene un peso específico importante (véase, por ejemplo, “Hay un cadáver en la cajuela del auto”). En esta novela, la adolescente seductora está en el periódico, donde hace su servicio social, y está también en la universidad, adonde persigue a Piñero, que imparte la materia de periodismo. Lolita será la primera que acompañe al renegado en su empeño de dar con el paradero de Claudio Díaz, al que todos dan por muerto. Como contraparte está otra Lolita, la ingenua adolescente, humillada, engañada, usada por un narcotraficante de poca monta. Y está la compañía de Gris (cuya personalidad discrepa con su nombre), quien busca de vez en cuando a Piñero para hablar, comer y “fornicar”. La relación que lleva Piñero con las mujeres sirve para delinear la personalidad de un hombre que de niño tomó un frasco de pastillas que decía: Me valen madre todos los demás, y nunca se hizo un lavado de estómago.

5. Pero a Piñero no deja de importarle la suerte de Claudio Díaz, el pendejo del Deis. Tampoco le vale madre el compromiso social de la prensa. O es quizá que en estos días experimenta un reacomodo de ideas, un cambio de miras. A lo largo de la historia la tensión crece en tanto se alarga la ausencia del joven que quiso sobresalir a costa del periodismo. Uno llega a sentir lástima por Claudio. ¿A quién chingados se le ocurre ponerle a su hijo un nombre así? Y esa falta de certezas te hace sufrir, cómo no.

6. En esto, y en la manera de recrear los ambientes en los que el protagonista recorre Tijuana y luego Ciudad Juárez (que en mi caso renueva las sensaciones de mis primeras veces en esas dos ciudades), Ficción barata resulta una novela entrañable, emocionante, por mucho que su conclusión sea desesperanzadora. José Juan Aboytia no da concesiones, la frontera, la ciudad, la mafia, los años, el pisto y el sexo te tragan lo mismo en un lugar que en cualquier otro.

7. Igual que en la novelita barata sustraída por Hugo Piñero de una crime scene, ningún cabo queda suelto. O al menos eso parece, aunque las puntas sean cabezas de serpientes. Nolasco resuelve el caso, encuentra el amor y defiende a su hijo, todo esto en unos cuantos párrafos; pronto se da cuenta de que al hacer lo correcto cometió el error de su vida. Piñero, buscando la verdad, se rebela, se vuelve peligroso, lo llaman de aquí y de allá para premiarlo por su honestidad. No se ha dado cuenta de que él mismo forma parte de una mentira. ¿O debemos decir ficción?

En ciento treinta y cinco páginas, José Juan Aboytia me hizo recorrer de nuevo dos ciudades que me atraen no tanto por su belleza como por su personalidad. Volví a recorrer sus calles y sus cantinas, sus parques y sus librerías, volví a añorar a mis amigos de estos dos lugares. Y puede que esto me pasara no por la novela sino porque yo, en efecto, acababa de estar en Juárez, en esa ciudad tan lastimada, y venía viajando en avión, pero al llegar a la última línea, hice mío el mensaje y, si no estuviera prohibido, me habría puesto de pie para aplaudir.

El avión se aleja de Ciudad Juárez… estoy en el aire, ahí debería permanecer.

José Juan Aboytia
Ficción barata
Consejo Nacional para la Cultura y las Artes-Instuto de Cultura de baja California,
2009, Mexicali, 135 p.

lunes, noviembre 23

Página 73






Hasta ahora escribías porque lo deseabas. Si ya no te apetece, no tienes necesidad de hacerlo. No porque dejes de escribir va a incendiarse ninguna aldea. O a hundirse algún barco. O a alterarse el flujo y reflujo de las mareas. O la revolución va a retrasarse cinco años. A eso nadie puede llamarlo traición.




Haruki Murakami
Sputnik, mi amor
Lourdes Porta y Junichi Matsuura, trads.
Tusquets, 2009, México, 244 p.





sábado, noviembre 21

Juárez-El Paso en frases ajenas







"Policías y soldados llegan siempre tarde, es decir a la hora que tienen que llegar"


"Así que lees libros en inglés... ¿Y los entiendes?"

"Letras, eso es lo que yo escribo"
"¿Quieres decir que conociste a doña Anorgásmica?"

"Mi maestro de Literatura es un pervertido"


"Una noche tranquila: ocho asesinatos"
"A los cuarenta años ninguna mujer es guapa"

"Haga lo posible por llevarse un recuerdo grato de esta ciudad"





viernes, noviembre 13

Segunda girita binacional


Miércoles 18 de noviembre:

8:25, Ysleta Independent School District, El Paso, Tx.

13:30, Departamento de Lenguas de la Universidad de Texas en El Paso.

19:00, Cafebrería S&L de Ciudad Juárez, Chih.


Si no lo hace uno, ¿quién? La próxima semana, Hulk y el Pesina estarán en Ciudad Juárez y en el otro lado, haciendo lo de todos los días: diciendo bestialidades y leyendo. Puesto que de eso se trata, cuelgo aquí una nota que encontré en el blog de Javier Hernández Quezada, "El reino del espanto". Por supuesto sin su permiso.



"Yo no sé que diablos ha pasado con los escritores norteños, o con aquellos que se han arrimado a esta humilde "casa de orates", al dar fe de su vocación; no lo sé ni me interesa, la verdad; pero lo que sí me consta, siendo realista, es que algo ha cambiado de un tiempo para acá, en lo que toca a sus intereses, y que, lo reconozco, evidencia nuevos enfoques, tratamientos y abordajes. En fin, lo que quiero decir es que escritores como Julio Pesina, me parece, tienen una premisa muy clara: romper con las ataduras espaciales o geográficas que se han establecido con el entorno, en virtud de compartir un tipo de literatura más cercana e intensa que revele lo fundamental: o sea, la experiencia del sujeto, la experiencia crítica, que no está determinada por el contexto en el que se desarrolla y se desenvuelve todos los días. Así, con novelas como la suya, me queda claro que el asunto va por otro lado, y que ya va siendo hora de que quienes nos dedicamos a las labores de la crítica comencemos a señalar los paradigmas de una nueva historiografía, en la que no habrá de importar, como parámentro, ese criterio malhabido que es el del "centralismo" y su determinación formal, y conceptual. Culpable de nada, en tal dirección, refiere los aspectos importantes de una literatura diferente, postnacional, cuyos referentes no son geográficos sino, muy particularmente, existenciales. Volcada de lleno a representar la lógica de la vida íntima en los tiempos modernos, plantea un díptico sexual en el que el erotismo no existe, y los cuerpos de los individuos están ahí, en lo exclusivo, para ser magullados. Muy heavy".

martes, noviembre 10

Página 31





A veces Dios grita BUU en tu alma, y su aliento te tira al suelo.
A veces es como si te subieran chorritos tibios de los pies a la cabeza.
A veces la gente parece absurda y miras cómo mueven la boca, pero todo lo que oyes es uuuu iiii aaaa.
A veces la mandíbula te vibra con violencia, se abre y se cierra como la de un pez y la lengua es un pedazo de cartílago en el hocico que no puedes masticar.

A veces no sientes nada de nada
sólo el golpe, inhalas, electricidad oscura.




Ray Robinson. Electricidad. Traducción de Isabel Vericat. Sexto Piso-UNAM. 2008. México. 350 p.


viernes, noviembre 6

Página 95









Domingo de lluvia





"En la calle llueve y usted está parado en la puerta de su casa esperando a que el cigarrillo termine de consumirse entre sus labios. Está pensando adónde irá precisamente.

Hoy es domingo, y los domingos son culpables de la soledad de las veredas.

Usted tiene un paraguas en una de sus manos, es un paraguas negro que, plegado, tiene algo de pájaro siniestro.

Usted abre el paraguas sin preocuparse de sacudirlo varias veces antes de hacerlo. Y entonces es usted responsable de todos los recuerdos que caen sobre su cabeza.

Usted empieza a caminar bajo el paraguas y siente que es demasiado grande. La misma sensación de arquitecturas abandonadas sobreviene al contemplar el asiento vacío del auto, o al mirar la mitad de la cama deiserta, inútilmente grande. Esa soledad de las camas donde crecen con tanta facilidad los hongos del olvido.

Más allá del paraguas cae la lluvia y, bajo el paraguas, llueven también húmedas reminiscencias de otros días que le hacen a uno sentirse culpable por no haber tomado las precauciones necesarias.

Usted sigue caminando bajo el paraguas, lo cambia de mano, realiza todos los trucos inútiles del hombre solo al comienzo de un domingo, trata de convencerse de que lo ocupa todo, de que nada ni nadie falta sobre la tela negra. Pero sus tretas sólo aumentan su soledad de caminante dominguero... "




Luis Sepúlveda
Desencuentros
Tusquets, 2002, Barcelona, 269 p.

martes, noviembre 3

Página 26



Alfredo Bryce Echenique
Entre la soledad y el amor
Random House Mondadori. 2006.
México. 107 p.




"Cuando el mundo
que nos rodea
es muy poco humano,
resulta muy humano
alejarse de él"

domingo, noviembre 1

Córvidos I: Noche de Brujas


Que si me gustaban los niños, solía preguntar la gente.
Yo contestaba que sí, aunque sólo en salsa verde.
Si me lo preguntan ahora voy a responder lo mismo,
pero aplica únicamente a los cachorros ajenos.

viernes, octubre 30

Si acaso...



—He estado pensando en Molly —dijo al fin—. Su forma de morir, la rapidez, la impotencia... Ella no lo habría querido así. Ya sabes, todo eso de lo que tú y yo ya hemos hablado.
Calló. Vernon bebió de su copa y aguardó.
—Bien, el caso es que... Que yo también he tenido un pequeño susto hace poco... —Alzó la voz para anticiparse a la preocupación de Vernon—: Probablemente no es nada. Ya sabes, eso que de noche te hace sudar como un poseso y al día siguiente te parece una idiotez. No era exactamente de eso de lo que quería hablarte. Seguro que no es nada, aunque tampoco pierdo nada pidiéndote lo que voy a pedirte. En caso de que me ponga enfermo..., algo muy grave, ya sabes, como Molly, y empiece a caer por la pendiente y a cometer errores horribles, errores de juicio, no recordar los nombres de las cosas, no saber quién soy y demás... En fin, ese tipo de cosas. Me tranquilizaría saber que alguien me ayudaría a acabar con todo... O sea, ayudarme a morir. Sobre todo si llego a un punto en el que no puedo tomar la decisión por mí mismo, o no puedo ponerla en práctica. Bien, lo que te estoy diciendo es que... te estoy pidiendo, siendo como eres mi amigo más antiguo, que me ayudes si alguna vez llego a encontrarme en tal estado y ves con claridad que ésa es la solución correcta. Lo mismo que nosotros habríamos ayudado a Molly su hubiéramos...



Ian McEwan
Amsterdam
Trad. Jesús Zulaika.
Quinteto Anagrama. 2004.
Barcelona. 232 p.

jueves, octubre 29

Para morirse

martes, octubre 27

Los zapatos del hijo (DSPM)

¿Es necesario
vestir una piel de becerro
cuando quieres
hacerle al buey?

viernes, octubre 23

Despido y despedida



Con el tipo de democracia y los gobiernos que soportan, a muchos mexicanos no les queda otra opción que hacer suyos ciertos momentos reivindicativos (o revanchistas) de los políticos que dicen defenderlos. Momentos tan breves como inútiles.

Si cada tres o seis años el ciudadano participa mansamente en el millonario espectáculo electoral, cuyo fin es legitimar primero la impostura (que viene de la mafia, del gobierno o del partido si no son la misma cosa) de un funcionario transformado en candidato, y después la imposición del supuesto ganador, quien consigue el cargo haciendo gastos ilegales, publicidad perversa, compra de votos, acarreos, sobornos, chantajes, presiones o balas (ah, claro, y un poquito de ayuda del mero preciso), mansamente acatará las reformas, modificaciones, anexos y nuevas leyes que los eximios legisladores y gobernantes propongan y finjan discutir de vez en vez.

No es La Señora Presidenta ni Once y Doce ni tampoco Aventurera sino ésta, la puesta en escena que más representaciones ha tenido en México, la que más lágrimas nos arranca hoy en día y la del boleto más caro. Un espectáculo cómico-mágico-musical tan rentable que se va a mantener.

Y al espectador que no reclama ni siquiera por lo caras, correosas, saladas, amargas, chamuscadas o frías que le hayan salido las palomitas, sólo le queda aplaudir, como antaño, cuando el que va a morir le suelta una palabrota, un salivazo o una cachetada al que trae la pistola.

Qué le vamos a hacer si esos momentos son memorables. Histriónicos, sí, pues nada va a cambiar, pero son instantes que nos regresan el alma al cuerpo. El nuevo villano de la escena nacional, Javier Lozano Alarcón, galardonado hace dos años como mejor actor de reparto por su célebre actuación en el western de artes marciales "Coopelas o cuello", hizo un papel inolvidable ayer. Guionista y actores de esta nueva producción, "¡Cobre su liquidación y váyase!", merecen un aplauso nutrido. (En la época actual, bien se sabe, sólo los aplausos aspiran a los estándares nutricionales).

jueves, octubre 22

Pato chiquito


Véalo en el blog de Salles, Cinismo ilustrado.
Altamente recomendable.

martes, octubre 20

Página 29

JUSTICIA

Fui, sin dudarlo, a un conocido abogado. Qué espléndida fue su franqueza cuando me dijo:
—Tienes razón, pero la parte contraria también la tiene.
—Le he propuesto que acatemos la decisión de alguien en quien ambos confiemos.
—No hay esperanza de encontrar una persona así en estos tiempos.
—Tengo cartas grabadas que convencerán al tribunal de mi honestidad.
—Las rechazarán por considerarlas falsas.
—La verdad es que soy inocente al cien por cien.
—No hay nadie que sea inocente al cien por cien.
—No es imposible.
—¿Acaso no le amenazaste, en un momento de odio, con matarlo?
—Pero él no tomó mis palabras en serio.
—Por el contrario, tomó muchas precauciones, visitó varios mausoleos e hizo votos.
—¡Eso es una locura! —exclamé riendo.
—Tienes que demostrar que está loco, sobre todo porque su abogado intentará probar que el loco eres tú.
Me eché a reír hasta que el abogado me interrumpió diciendo:
—No hay ningún motivo de risa.
—Acusarme de locura provoca risa.
—No, más bien, provoca lástima.
—¿Por qué, señor?
—Porque la locura provoca lástima.
—Pero teniendo en cuenta que yo estoy en mi sano juicio, la acusación carece de importancia.
—La falta de interés puede significar locura.
—¿Tiene usted alguna duda de mi estado mental? —pregunté consternado.
—No sólo eso: vuestro prolongado desacuerdo indica que ambos estáis locos.
—¿Y cómo es que quiere defenderme?
—Es mi obligación.
El abogado suspiró profundamente y continuó:
—Y no olvides que estoy loco como vosotros.



Naguib Mahfuz
Ecos de Egipto. Pasajes de una vida.
Trad. María Luisa Prieto.
Ediciones Martínez Roca. 2001. Barcelona. 122 p.

lunes, octubre 19

Revoluciones

Mis papás tenían un tocadiscos portátil. Ensambladas las dos bocinas a la tornamesa, parecía una de esas máquinas de escribir que se pusieron de moda en los ochentas. Pero el aparato era una década más viejo, tanto que sus colores y textura nada tenían que ver con aquellas máquinas de escribir y sí, en cambio, con las computadoras portátiles del Siglo XXI. Esos ires y venires de las modas.
A mi madre le gustaba demasiado la música de la época. Se pasaba mañanas y tardes escuchando a King Clave, a Aldo Monges, a Estelita Núñez y a Camilo Sesto. Mientras barría o cocinaba o lavaba la ropa o cosía un vestido o arreglaba el jardín, doña Aurelia cantaba, a todo volumen, los éxitos de Rocío Dúrcal, Juan Gabriel, Sergio y Estíbaliz, Napoleón, Danny Daniel, Palito Ortega o Tirzo Paiz (así escribía su nombre el hoy suegro del temerario menor). Tenía una voz fuerte y entonada, tanto que el promotor de un grupo versátil llegó a ofrecerle un contrato que ella rechazó.
Los discos, de 45 ó 33 rpm, se apretujaban en unas armazones muy parecidas a las que sirven para airear los platos. De ahí iban saliendo, todos los días, discos negrísimos excepto aquéllos donde cantaba Heidi, la niña de los Alpes, que eran de color verde, rosa o anaranjado, para desfilar por la pequeña aguja que hacía zuz-zuz-zuz-zuz-zuz entre canción y canción.
Había también discos que mi madre no ponía a tocar. Discos que en los tempranos ochentas ya habían pasado de moda, o bien nunca les gustaron o alguien se los regaló, mis padres los conservaban como repertorio para los demás, pues no cualquiera tenía un tocadiscos portátil, tan útil para las pachangas.
Entre los discos de Religión, Acapulco Tropical o La pelea de Kung Fu, estaba uno de Los Panchos. Tenía solo un lado bueno. El malo debía ser el más importante, pues según el propio disco, Tema de Lara era de la película Doctor Zhivago. Yo contaba entonces menos de diez años; ni el trío, ni la melodía ni la película ni mucho menos la novela constituían algún referente para mí, de modo que nada me importaba que ese lado no se pudiera oír. En el otro, en cambio, descubrí una canción que me ha gustado desde entonces y que hoy pongo aquí.


viernes, octubre 16

HA...

...salió al papá.

miércoles, octubre 14

Brevísimas del espectáculo







1. El Principito argumenta que era imposible destinar para prestaciones y privilegios de 44 mil trabajadores electricistas la misma cantidad de recursos que reciben 25 millones de pobres en el país. Luego se pone melodramático y dice:

a) "Yo prefiero que lo reciban los pobres". ¡A huevo! Tiene razón. ¿Y cuántos pobres podrían alimentarse o estudiar con lo que percibe un trabajador de la educación, digamos como la vitalicia Elba Esther?

2. Y para que no estén jodiendo con el tema del IMSS, el Presidente del empleo elogia la labor de su líder sindical, Valdemar Gutiérrez (diputado del PAN), diciendo:

b) "Muchísimas gracias al sindicato del IMSS... por anteponer los intereses de la institución por encima de los intereses, incluso legítimos, de la organización sindical". Aplausos grabados, risas espontáneas.


3. Nadie podría dudar de su espíritu democrático y conciliador. Para muestra, un botón: el Principito reúne a legisladores, gobernadores y dirigentes del PRI para explicar, a detalle, los motivos que lo obligaron a disolver LFC:

c) "Había vicios en el contrato colectivo del SME como la obligación de llamar a un especialista para cambiar una llanta a una unidad cuando ésta se pinchara". Esto es inmoral, caballeros. ¿Por qué no hacen lo que nosotros, lo que todos?, ¿por qué no hacen, en fin, lo que el mero preciso, que cambia las llantas con sus limpias manos?

4. A veces, también el SeGob se pone simpático y dice:


d) "Contra los radicales, toda la fuerza del estado". Y en esto fue tajante, es decir radical, según mi pequeño Larousse.
Fuente: El Universal, El Economista y el noticiario de López Dóriga.
Foto: eleconomista.com.mx

martes, octubre 13

Página 255


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LA CARTA
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Si no hay luna,
en invierno la leeré en la claridad de la nieve,
en verano al resplandor de las luciérnagas,
y si no hay luna ni nieve ni luciérnagas,
en la oscuridad,
la leeré con mi corazón.
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PRIMERA NIEVE
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La primera nieve
recuerda al primer amor.
Todo tan blanco y puro,
¿quién se atrevería a mancharlo?
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En el umbral de la puerta
la sirvienta confundida
se pregunta: ¿Dónde
echaré esta basura de té?
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Canciones de Geishas (s. XVIII).
Traducción: Steinbler-Oberlin/Hidebaké-Iwamura/J.L.M.
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El mundo antiguo, IV. China/Japón.
José Luis Martínez.
Secretaría de Educación Pública. 1976. México. 373 p.

lunes, octubre 12

TVo y no



¿Qué le has de hacer si no te alcanza el tiempo ni los recursos para usar el servicio de televisión por cable? Ver, a cuentagotas, los (viejos) capítulos continuos de Mujer, casos de la vida real, las bravuconadas de López Dóriga y los malos chistes de Loret de Mola. Y en sábados como el pasado, leer lo que sea mientras la Mujer Maravilla se emociona con el fut.

Pero hay días que, bueno, se te inflama el corazón porque verás en cadena nacional un programa grabado en tu tierra hace tres días; uno que, dicen, forma parte del festival internacional. De modo que botas el libro y vuelves a la tevé. Una lluvia de estrellas, como debe de ser, y las canciones mal entonadas por Ana, Ninel, Celso, Manuel, Guadalupe y tantos grupos como solistas gritando vivas a la tierra de Rigo Tovar (q.e.p.d.), diciendo que recordar es vivir. Chale. Y no quieres saber, pero te preguntas cuánto le habrá costado al gobernador traer esa caravana en tiempos de crisis. Ni te lo imaginas. No quieres. Juras que no te interesa. Y además, la cultura no tiene precio dices, dicen. De modo que cantas con Ana Bárbara (y con el góber): ¿Cuánto me debía el destino que contigo me pagó?

Entonces la transmisión se interrumpe. Negro. Silencio. Vas a revisar la tevé, que es ya más vieja que nueva, y en eso aparece, llenando la pantalla, el cutis de López Dóriga. En sábado, ¡sabadazo!, te dices y es cierto, porque en vez de pasar la típica escena de la multitud vestida de verde en torno a la Victoria Alada nos vamos al mundial, nos vamos al mundial, ves un montón de camiones y policías cercar las oficinas de Luz y Fuerza del Centro. Luego hay noticias. ¿Noticias?

Esperas unos minutos, ni siquiera te sorprendes, luego aporreas el mando a distancia para repasar los cuatro canales que se ven en tu televisor. Te vuelves a preguntar cuánto costaría salir en el programa ése (el de las estrellas), diciendo que en tu tierra el arte está de fiesta y que avanzamos y eso, mas ahora sólo para enlazarla con otra pregunta: ¿cuánto esperarían los televidentes antes de cambiar de canal? Sintonizas un programa llamado "Doble cara". Sí, tal como lo recuerdas, el Gobierno Federal había sostenido (mono)logos con el SME y Gobernación había (re)nunciado pláticas para la próxima semana.

Empieza el domingo, te acabas el librito y vuelves a encender el televisor. Un programa hecho en Tamaulipas con dinero de ya sabes quién: "Emprendedores con futuro" se llama, un escaparate para presidentes municipales y señoras del DIF. En la pantalla, Plácido Domingo se prepara (de nuevo) para iniciar el concierto que ofreció en Tampico. Ya que no tuviste (dinero ni) tiempo para verlo allá, no te caerá mal escucharlo, como lo escuchaste y viste apenas ayer, en Cavalleria rusticana y Pagliacci, las películas ochenteras de Zeffirelli que preferiste mirar en vez de Muévete, el programa número uno en toda Latinoamérica. No vas a preguntarte ahora cuánto cuesta mantener un programa así semana a semana (estás pensando, a la vez, en el de los funcionarios y en el [programa] de Maribel Guardia). Domingo está a punto de cantar y en eso, la transmisión se suspende porque en la Ciudad de México los hombres del principito están dando una conferencia de prensa que acá ni se oye ni se verá bien.

¿Qué haces, si sólo tienes cuatro canales para escoger? Buscar otro libro, escuchar tus propios discos, reñir con la Hormiga Atómica, eructar junto con ella. Y claro, esperar a que empiecen los novedosos programas "realistas" de Televisa y Tv Azteca. Va empezando La Academia y, como en las otras cinco o seis generaciones, lagrimeas al ver cómo un padre y su hijo se vuelven a ver luego de casi veinte minutos de haberse dicho adiós en el camerino. Abrazas a la hormiga, que babea sin cesar y algo vas a decirle cuando la transmisión se interrumpe para que el chaparrito pelón de lentes diga que gracias al sabadazo a todos nos irá mejor.

¿Qué haces? El principito dice que, para rescatar a LFC, disolvió LFC; que va a generar empleo despidiendo a más de 30 mil obreros, que para ahorrar recursos va a indemnizar a una muchedumbre, otorgando hasta "33 meses de salario". Vaya voluntad. También dice que está decidido a acabar con la ineficiencia y los gastos desmedidos.

¿Qué puedes hacer si no pensar en la SEP, en el IMSS, en el ISSSTE y en PEMEX? ¿Siguen todos éstos o por ahí debía comenzar? Ineficiencia, burocratismo, despilfarro, corrupción. ¿No es la definición tanto de los sindicatos como del IFE, TRIFE, SSP, SHCP, del Congreso y de los Pinos? ¿De veras lo hará?

Como sea, el numerito te echó a perder sábado y domingo, al menos televisivamente. Se lo echó a perder también a tu gobernador. Y te preguntas, o mejor no, ¿cuánto cuesta, a la hora que quieras, salir en televisión?


lunes, octubre 5

Policía viola violar



Entre hierros y yerros hay más de una diferencia, así que no podríamos usar estas palabras de manera indistinta. Por las mismas razones, tampoco se debe escribir mando cuando uno quiera decir mandó, pues no es lo mismo decir, por ejemplo respecto a un beso, "te lo mando" que "te lo mandó", como tampoco es lo mismo decir "la mama" que "la mamá".
Soy el primero en defender la normatividad. En mi opinión, leyes, normas y reglamentos se hicieron para cumplirlos. De vez en vez, por supuesto, unas y otros deben ser objeto de revisión y actualización, pero en tanto eso sucede todos deberíamos acatarlas. Todos.
Sin embargo las reglas ortográficas, como las otras, son a diario ignoradas, cuando no desafiadas por particulares tanto como por las representaciones del Estado. Pareciera que de un tiempo acá las normas ortográficas y gramaticales carecieran en absoluto de valor para los publicistas o responsables de medios, de tal suerte que da lo mismo escribir en la pantalla grande o chica palabras tales como motosiclismo, vicentenario o influenzia entre tanto alguien consigue hacer realidad su sueño contando un chiste interminable.
Los errores que uno encuentra en los anuncios publicitarios, en las señalizaciones de edificios públicos y privados, así como en las vialidades son demasiados y de diversa índole, pero caray, podríamos empezar por corregir la acentuación ortográfica. Acentos perdidos lo intentó (claro, con un toque de humor, de mala leche o lo que ustedes quieran, pero, ¿no merece la admonición pública esa igualmente pública exhibición de ignorancia o negligencia?).
Como sea, el Tildetón del 3 de octubre fue frenado por los guardianes del orden cuando los cruzados de Acentos perdidos violaron el artículo 26 de la Ley de Cultura Cívica del Distrito Federal, que en sus fracciones XII y XIII considera como infracciones contra el entorno urbano de la Ciudad de México acciones tales como cubrir, borrar, pintar, alterar o desprender los letreros, señales, números o letras que identifiquen vías, inmuebles y lugares públicos, y así también pintar, adherir, colgar o fijar anuncios o cualquier tipo de propaganda en elementos del equipamiento urbano, del mobiliario urbano, de ornato o árboles, sin autorización para ello.
De esto me enteré anoche, viendo el noticiero de Televisa. Me alegré de que en la Ciudad de México haya una ley de ese tipo y policías dispuestos a arriesgar la vida frente a toda clase de terroristas y de vándalos (¿o debo escribir bandalos, por aquello de las bandas?). No desestimemos la capacidad de los cuerpos policiales (la palabra policiaco puede escribirse con tilde o sin ella, aunque, referida a la policía, la RAE recomienda decir policial) sólo porque esta vez Brenda Herrera, la detenida, estaba colocando a plena luz del día la obligatoria tilde a la palabra república (por esto fue tildada de grafitera), ya hemos visto a la policía capitalina responder con la misma eficacia frente al narcomenudeo, el secuestro, el robo y demás nimiedades.
En la pantalla de mi tevé se leía (casi) íntegro el texto de la fracción XIII del artículo 26. Donde debía decir mobiliario decía moviliario. Palabras que, sólo para algunos, no son la misma cosa.

viernes, octubre 2

"2% no se olvida"



Ah,
pero da gusto saber que
gracias a las afores
"todo mundo
podrá ganar".

jueves, octubre 1

Aclaración y neologismo



Para que luego no anden con chismes...


"No se debería hablar de pedofilia sino de homosexuales atraídos por adolescentes. De todos los curas implicados en casos de este tipo, entre el 80 y el 90 por ciento pertenecen a la minoría sexual que practica la efebofilia, es decir, los que tienen relaciones con varones de los 11 a los 17 años”.

Silvano Tomasi
Observador permanente de El Vaticano ante la ONU.
EL PAÍS.com 30/09/2009
Estatua funeraria de Efebo (detalle). Mármol. Museo Nacional del Pireo.
ARSGRAVIS. Universidad de Barcelona.2006.

miércoles, septiembre 30

En eso

ACOSTUMBRO SOÑAR POCO. O, dicho mejor, me resulta difícil recordar los sueños. Cuando tengo memoria, así sea fragmentada, de ellos, emprendo una racionalización que me pone de malas. Ahora que lo pienso bien, quizá sea por eso mismo que cada vez los recupero menos.
Hace demasiados años —¿diez, doce?— soñé que Thalía, la ex Timbiriche, me invitaba a subir al escenario, donde ejecutaba una rutina parecida a la que protagonizaron hace poco doña Alejandra Guzmán y don Adalberto Ramones. Recuerdo cuánto quise hallarle un significado a ese sueño. Todas las veces fallé.
Ayer o hace dos noches soñé a Liliana V. Blum. En este sueño, nuestra amiga le anunciaba a un numeroso público cómo, después de viajar un mes a Hawai, montaría una lavandería donde dejaría impecables los uniformes de todos los burócratas tamaulipecos.
Disparatado, absurdo, idiota. Sí, como todas las historias que sueño. No obstante, hay en esa evocación, creo, un hilo que la une a la realidad como se unen el papalote y la mano.
Alguna vez oí a Liliana responder "Ama de casa" cuando le preguntaron su ocupación. Desde luego lo es, como la mayoría de las mujeres, pero ella se ubica en esa posición, además, con fines científicos.
No quiero parecer simplista. Ya he dicho antes que esta escritora durangotampiqueña es especialista (me atrevo a decir que como pocas) en desmenuzar la sicología de las mujeres, particularmente desde los roles familiares (esposa, hija, madre, amante) . Si algo hace mejor, eso es observar la conducta de las mujeres y ponerla luego en palabras. No se siente usted a su lado en un festival escolar ni haga fila detrás de ella en la caja del súper si no quiere convertirse en un atribulado personaje de ficción (esta última palabra debiera escribirse siempre entre comillas). Aquí opera el verdadero oficio de la Blum. Ella es escritora; una de las mejores que yo he conocido.
Con el cuentario ¿En qué se nos fue la mañana? (Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes 2007) Liliana ganó en 2006 el Concurso Regional del Noreste Juan B. Tijerina. Se trata de nueve historias en las cuales, como lo haría más tarde en Vidas de catálogo y El libro perdido de Heinrich Böll, nos retrata un puñado de mujeres sobrellevando un sometimiento sutil o rotundo frente al varón. Más de una buscarán, por distintas vías, la reivindicación o la venganza; otras encontrarán la confirmación de su vasallaje.
Los temas recurrentes de Liliana están aquí junto con algunas novedades. Está igualmente el texto que apareciera en aquel número que la revista Tierra Adentro dedicara al desierto: Arena por las venas.
Pero de todo este volumen puede que sea Termitas el que mejor amalgame las características de la literatura lilianauveblumiana: la crisis afectiva de un matrimonio de clase media donde el deber ser de hombres y mujeres es pintado con solvencia; como fondo de esta historia, la metáfora de una casa atacada por los termes, carcomiendo todo en silencio antes de ofrecernos un desenlace sorpresa: una acción tan a tono con la vida, reivindicativa y estéril.
En El canario, último cuento de la serie, la Blum muestra y denuncia, critica y reclama. Se observa a sí misma y al resto de las personas, sean hombres o mujeres. La palabra sirve a veces también para expresar el hartazgo que la reiteración de la injusticia provoca en algunas personas.
Nos será difícil encontrar otra narradora que describa, al grado que lo hace Liliana, la cotidianidad (así debería escribirse, y no "cotidianeidad", por mucho que la RAE acepte también esa última), que haga de lo común descubrimiento y excepción.
Leámosla pues, y que se nos enchine el cuero cuando nos demos cuenta de que estamos en remojo.

martes, septiembre 29

El caos reina

EL ÚLTIMO CUARTO DE 2008 Y LA PRIMERA MITAD DE ESTE AÑO estuve participando en un proyecto didáctico. La intención era producir un libro de texto que funcionara igualmente bien (o mal) para todos los planteles de educación media superior de Tamaulipas. Había, entonces, un representante de cada subsistema de EMS en el equipo. Por la DGETI participaba la maestra Norma Débora Treviño, una destacada investigadora de este lado del país. Cierta ocasión, a una sugerencia mía (que no viene al caso describir), la maestra Débora respondió: "Lo que propones es inmoral, sucio e ilícito: hagámoslo".
Hoy, al terminar de ver Anticristo (Estados Unidos-Francia-Suecia-Alemania. 2009), la polémica película de Lars Von Trier, no pude dejar de recordar la frase aquélla.
Y es que a pesar de ser una historia rotundamente misógina (desde el título), de tener más de un lapsus de humor, algunas escenas de violencia innecesaria y otras por completo absurdas; a pesar de que la trama no es convincente (ni tendría por qué serlo), la película no me deja, para nada, insatisfecho. Creo que esto último que he dicho es la manera precisa de explicar mi experiencia con este filme.
Si quisiera centrarme en la belleza me quedaría con prólogo y epílogo, pero los cápítulos interiores también tienen lo suyo. Y en esta parte no creo que tales secuencias (que algunos llaman hiperestéticas) estén de más. Claro, la trama deja lagunas y los diálogos parecen forzados; también me parece forzado el desenlace, pero entre una cosa y las demás, hay elementos de gran fuerza (¿expresiva, interpretativa?, no sabría explicar, lo que si sé es que uno se emociona hasta la náusea) que no deja dudas respecto a que estás mirando una obra artística y no una película más.


lunes, septiembre 28

Página 20


"La verdad es que si en tiempos recientes he querido saber lo que sucedió hace mucho ha sido justamente a causa de mi matrimonio (pero más bien no he querido, y lo he sabido). Desde que lo contraje (y es un verbo en desuso, pero muy gráfico y útil) empecé a tener toda suerte de presentimientos de desastre, de forma parecida a como cuando se contrae una enfermedad, de las que jamás se sabe con certidumbre cuándo uno podrá curarse. La frase hecha cambiar de estado, que normalmente se emplea a la ligera y por ello quiere decir muy poco, es la que me parece más adecuada y precisa en mi caso, y le confiero gravedad, en contra de la costumbre. Del mismo modo que una enfermedad cambia tanto nuestro estado como para obligarnos a veces a interrumpirlo todo y guardar cama durante días incurables y a ver el mundo ya sólo desde nuestra almohada, mi matrimonio vino a suspender mis hábitos y aun mis convicciones, y, lo que es más decisivo, también mi apreciación del mundo. Quizá porque fue un matrimonio algo tardío, mi edad era de treinta y cuatro años cuando lo contraje."


Javier Marías
Corazón tan blanco
Alfaguara. 2009. México.
388 pp.

viernes, septiembre 25

Imponer








Hace muchos días, alguien me aconsejó no poner demasiada atención a los asuntos políticos o económicos o ambientales porque jamás estaría en mis manos la millonésima parte de las soluciones. Entonces le di la razón y ahora también.

Y es cierto que intento cada día poner oídos sordos al asunto de los nuevos impuestos que el Gobierno Federal propuso (y que los legisladores, luego de negociar sus ventajas particulares, aprobarán) para paliar las consecuencias de esta crisis que "nos llegó del extranjero".

Pero caray, no se puede. Menos cuando prendo la tevé y los noticieros de los únicos canales que se ven en mi casa (yo también soy pobre, chingao) ofrecen los mismos reportajes: imágenes y voces de las familias más desfavorecidas en el campo y la ciudad. "Ésta es la pobreza alimentaria y patrimonial que impera en México. Mírenla bien, para que luego usted y los demás obreros, pequeños comerciantes, empleados y burócratas (que —¡a Dios gracias!— duermen bajo un techo que les pertenecerá después de veinte años, tienen un coche regularizado y suficientes pesos para alimentarse en Burger King) lo piensen bien antes de hacer pucheros ante la única solución que se nos ocurre".

El principito, tal como hizo hace unos meses con el tema del petróleo, bombardea por cuantos medios ponen a su alcance para decir que "la inmensa mayoría de los mexicanos están a favor de pagar ese impuesto especial" y que, de no hacerlo, a todos nos irá de la vil chingada.

Puede que sea cierto, y también puede que no (me refiero a la supuesta aceptación ciudadana). A mí lo que me caga es el insultante comercial. Este presidente, que rebasó hace mucho los límites del cinismo, dice que los altos funcionarios también hacen sus sacrificios, y que se han aplicado recortes salariales hasta del diez por ciento. ¡Qué huevos, digo yo! No se les quita la maña de hablarnos como a retardados. De modo que debemos estar contentos y sentirnos orgullosos, casi unos héroes como Calderón y Carstens: por primera vez en la historia tendremos la oportunidad de apoyar directamente a los pobres que cada vez somos más.

Está bien que nos tengan maniatados, pero que no nos piquen los ojos. O como diría tía Veva: "Está bien que chinguen..."

miércoles, septiembre 23

No hay otra forma de llamar al otoño

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SAINT-DENYS GARNEAU
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Cuando fui como un árbol,
cualquier árbol,
fui como deben ser todos los árboles.
Cuando fui como un hacha
no intenté ser la espada ni el cuchillo.
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Siempre vi mi reverso en el espejo
y mi revés, mi ausencia,
fue mi propia mitad, que no me hallaba
porque yo me ocultaba en medias voces.
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No es que renuncie a dar: es que no tengo
ni una estrella siquiera para el día
ni un alma para hundirla río abajo.
Nunca llames a nadie con mi nombre.
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La prisa de los olmos por caer
antes del próximo verano
me concierne apenas. Yo mismo
soy la hoja de otoño y el barro en que se posa.
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Luis Vicente de Aguinaga

martes, septiembre 15

A-re-va-re-tu...

jueves, septiembre 10

¿Y dónde está el secuestrador?


Foto: Notimex.


1

Ya por la noche, el inge pudo tomar su diario, suspirar profundamente y escribir: "De nuevo las armas nacionales se cubrieron de gloria". Con eso debía referirse a la actuación del equipo nacional de fútbol y no al perfecto operativo quirúrgico que tuvo lugar en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México a la hora de la comida.

2

En Tamaulipas todos sabemos lo que se dice de los sanfernandenses. En mi opinión, el mejor chiste acerca de San Fernando es el que narra cómo los vecinos se quejan de un hombre que insiste en nadar a lo largo de la reseca Plaza Mayor como si ésta fuera una piscina. Hartos de la situación llaman al Alcalde, quien toma cartas en el asunto y envía a la policía municipal. Un minuto después viene el comandante a decirle que el orate hizo caso omiso de la instrucción. Entonces, el munícipe en persona se traslada a la escalinata de Palacio y desde ahí llama enérgicamente al loco, quien continúa nadando de muertito, de pecho y mariposa. "¡Sal de ahí, loco chingado!", le dice el alcalde y el secuestrador, quiero decir el nadador, responde: "Sácame si puedes". A esto último, la autoridad, haciendo a un lado las botas y enrollándose las perneras, contesta: "¡Ha de estar muy hondo, cabrón!"
De ese chiste me acordé ayer, pero no me hizo ninguna gracia.

3

En la rueda de prensa y más tarde en el noticiero de López y aun por la mañana de hoy, el inge (que lee la mar de mal y cuando no está leyendo igual se salta sílabas y palabras completas como Samy, el involuntario comediante de Televisa) decía que en el operativo (en el que la normatividad le vino valiendo madre) se aplicaron a rajatabla protocolos aprendidos y practicados cientos de veces por las fuerzas de seguridad, los que les permiten tomar ventajas en ese tipo de situaciones. Así negociaron con el secuestrador y lo persuadieron para que liberase a los rehenes y finalmente se rindiera.

4

Y entonces me pregunto si esos protocolos no contienen alguna suerte de preguntas o tácticas para obtener la información oportuna (quiero decir antes de desplegar un operativo y hacer el ridículo en cadena nacional) de que en un avión no existe una amenaza real sino un desequilibrado. Me pregunto también hasta dónde llega la capacitación de los sobrecargos, quienes operaron la alerta y la negociación, para advertir esos detalles; hasta dónde el adiestramiento de los pilotos, que se convirtieron en interlocutores, no entre el inge y el secuestrador, sino entre las azafatas y la torre de control. ¿Cómo no preguntarme por la eficiencia de los filtros de seguridad aeroportuaria, ésos que nos hacen perder tanto tiempo en antesalas y que permitieron a Josmar introducir un artefacto que aunque no lo fuera bien parecía una bomba?

5

Porque el final feliz del que las televisoras hablan a mí no me lo parece tanto. Hay, desde luego, un delincuente redimido (que ayer volvió a pecar) apareciendo sonriente ante las cámaras. Un esquizofrénico, en el mejor de los casos, acusado de secuestro, terrorismo y ataques a las vías de comunicación. En ese sentido el operativo fue eficiente. ¿Y lo demás? Porque la verdad es que no hubo secuestro (al menos no en el sentido tradicional de la palabra). No hubo bomba, ni hubo sobrevuelos ni disparos ni ataques de pánico ni insultos ni maltrato a pasajeros, excepto los que infligieron los policías (cumpliendo con el protocolo, por supuesto) sobre los últimos hombres que bajaron del avión.

6

Lo que sí hubo fue un descuido en el aeropuerto de Cancún, un desacato de las normas en el despliegue del llamado operativo quirúrgico, un puñado de cámaras de televisión transmitiendo en vivo el aerosecuestro y el operativo de rescate, un montón de pasajeros que perdieron el vuelo de conexión y las interminables felicitaciones de todos hacia todos.

7

Pero a mí en lugar de tranquilizarme me preocupa más lo que pueda ocurrir cuando todos estos elementos deban responder ante una amenaza real.

martes, septiembre 8

Lo que uno ve

Una foto del lugar donde vivo. De la época en que ahí no vivían mis vecinos ni yo.

Nunca fui bueno para el deporte. Jamás. Ni para saltar ni para montar en bicicleta, mucho menos para jugar fut o béisbol. Desde luego tuve mis primeras veces. En todas fracasé. En béisbol, sin ir más lejos, el primer día recibí un pelotazo en la frente; de mi primer partido de fútbol me expulsaron por patear a un compañero; el día que me animé a volear (¿así se dice?) con mis amigos de secundaria, por culpa de una ventana de rejillas fui a parar en la Dirección. Ya antes, en la primaria, me habían mandado allá porque al intentar un salto de longitud (sin entrenador ni nada, pura intuición) dejé pintada la suela de mis Caterpillar en la cara de un chiquillo de segundo grado. Esa vez no entré en la oficina de la maestra Dorita, la Directora; me estuve sentado afuera un tiempo razonable.

Total que para esas cosas no nací dotado. Y a muy duras penas, por breves periodos, he levantado fierros, guantoneado... ("Guantonear", así decía mi bisabuela cuando mi hermano y yo peleábamos, no obstante que ninguno usara guantes). A duras penas he guantoneado un fardo o montado bicicletas estacionarias en la intimidad de mi habitación. Eso ayudó a que por un tiempo mi panza no se desbordara como un mantecado.

Ahora las cosas cambiaron un poco. Y no es sólo por mi panza, que debería ser razón amplia y bastante, sino porque estoy en la medianía de la edad (o un poco más allá) y tengo una hormiga atómica recién nacida. Por eso, dicen, debo cuidarme.

Así que estas madrugadas aprovecho el último despertar de Brianda (así se llama la hormiga) para salir a correr. Y aquí empieza (disculpen el preámbulo) lo que les quería contar.

Hasta ayer había trotado a lo largo de la carretera, pero como llueve, decidí hacerlo más cerca del lugar donde vivo. Se trata de un área en construcción del mismo fraccionamiento, de modo que sólo hay calles y monte, pero nada de casas.

Venía ya de regreso cuando noté un coche blanco tras de mí avanzando muy despacio. Estaba a unos doscientos metros de mi casa; mi imaginería se activa a la menor provocación, así que apuré el paso y llegué a mi guarida no sin antes ver que el coche se había detenido detrás de un montículo de tierra y hierbas. En mi opinión, aquello no podía ser más que un momento romántico, mañanero y campirano a la vez. Y en mi experiencia (Ja!) ese tipo de momentos son esporádicos.

Sin embargo hoy, en el mismo lugar, volví a ver el automóvil blanco. Ahora lo tenía de frente, a unos ciento cincuenta metros, con las luces apuntando hacia mí, detenido. Otra vez la imaginación. Una vuelta, otra, otra. De pronto el coche reculó, hizo una maniobra para estacionarse en la calle Xicoténcatl, es decir la que sigue de la mía. Corre que corre, yo seguí mirando cómo el auto, ya con faros apagados, ya encendidos, algo esperaba. Algo que se demoró.

Era ya la hora en que la gente va al trabajo o a la escuela secundaria. O más bien dicho, la hora en que regresan aquéllos que fueron a dejar a alguien a la oficina o al colegio. El coche blanco, que por fin se había puesto en marcha tomando primero la privada y luego el bulevar, regresó enseguida, concidiendo con el coche de la seño que vive en la Xicoténcatl.

Hasta entonces me percaté de que el coche que había visto ayer y hoy era el de mi vecino de atrás, la mitad de un matrimonio joven, que es vecino de enfrente de la seño que acababa de llegar.

Un leve bocinazo, una miradita desde el coche blanco al otro. Otra mirada desde la cochera de la seño al conductor del blanco, que ya estaba estacionado. Yo, dando vueltas todavía, las piernas acalambradas y la boca reseca.

Puede que sea mi imaginación, pero el otro día oí a un padrecito regiomontano decir que fraccionamientos como en el que vivo son los culpables de tanta promiscuidad. Puede que nada tenga que ver, pero mi vecino se quedó recargado en el maletero de su coche largo rato, aun cuando yo iba llegando a mi casa y en el despoblado empezaba a correr otro señor.