Quickribbon PESINISMO: febrero 2010

jueves, febrero 25

El pasado,


...a eso me refería.

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¿Existen también los duelos
de no poder a no poder?
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jueves, febrero 18

Los tamaños de MM

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I
En la oficina empezaron a llamarme "Dr. House". Por eso, en cuanto bajó el abultamiento, me puse el zapato faltante, empecé a apoyar el pie y largué por fin el bastón. A los pocos días pisé una piedra boluda y pegué otro grito. No como el anterior, pero casi.
Dos o tres personas me recomendaron usar una tobillera. Me tardé en atender el consejo, pero anoche, de paso por la Guadalajara, pedí una.
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II
A sus veintitantos, uno de mis tíos usaba zapatos del número cuatro, lo que tenía lados bueno y malo; aprovechaba rebajas en el departamento de Niños y al mismo tiempo era objeto de innumerables bromas debido a su pie pequeño.
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III
En México y en otros lugares, la talla del calzado tiene connotaciones sexuales. Hay de veras quienes encuentran en el tamaño del pie la medida de su hombría. No culpo a quienes se sienten más varoniles por la forma del mentón, los hombros, las espaldas o el abdomen; yo mismo he presumido de mis manos, que son más grandes que chicas, y recuerdo que algunos de mis alumnos de prepa usaban zapatos a los que la punta se les doblaba porque los compraron dos tallas más grandes. En esto como en lo demás debe haber un sano límite; dudo, por ejemplo, que un hombre se sienta orgulloso de unos pies descomunales.
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IV
Estábamos la Mujer Maravilla y yo frente al farmacéutico. "Una tobillera", dijimos, y el dependiente, un veinteañero la mar de amable, nos trajo dos. "Talla grande y mediana", señaló. Aunque el empaque ofrecía una referencia para seleccionar la medida a partir de la circunferencia del empeine, yo dudé un rato. "Quizá deba comprar talla L", dije. El vendedor se puso de mil colores cuando MM respondió: "La otra, corazón, al cabo tú no tienes el pie muy grande".
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viernes, febrero 5

Febrero

En diciembre fui a cierto lugar. El autoestéreo de MM rayó uno de mis discos preferidos, no quise poner más. Para contentarme quizá, una de mi cuñis me regaló uno de cumbias. Y a mí que me cagan. Luego de escucharlo seis horas seguidas creo que me gustaron dos. Así que para febrero...



jueves, febrero 4

Remolino


Desde mi lugar no alcancé a ver si las aguas del Río Tampaón, en efecto, hacían nudo antes de proseguir su curso hacia Tamuín.
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Acabábamos de pasar esa ciudad, íbamos hasta San Martín Chalchicuautla o, mejor dicho, al Tepetate, varios kilómetros atrás, pero terminamos en la cabecera porque a MM la castigó una alergia apenas llegar a la tierra de sus abuelos.
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Íbamos, dije, rumbo a aquel lugar cuando divisé el anuncio de ese sitio arqueológico. Metí reversa y cruzamos el falsete. Sufrí una breve desilusión cuando me dijeron que la entrada era gratuita.
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Es extraño cómo las emociones, también, a veces meten reversa. A unos cuantos metros se levantaba un imponente basamento. Y sobre él, otro y otro. El joven que nos guió estaba bien documentado (de hecho, papeles y fotos en mano, iba explicando cada aspecto de la cultura huasteca y de los sitios tanto explorados como vírgenes existentes en la región). Dijo que Tamohi significa algo así como "lugar donde la corriente se hace nudo". Me acordé de Anenecuilco aunque nunca he estado ahí.
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Los habitantes de Tamohi (una ciudad que emerge a medida que las lluvias caen), sabían de ingeniería hidráulica, arquitectura, pintura, escultura, astronomía... botánica, retórica y sistema decimal, y tenían un interesante mecanismo para medir los ciclos anuales.
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La Hormiga Atómica se puso de mal humor y no nos dio tiempo ya de visitar Tamtoc (dijo nuestro guía que este otro nombre significa, más o menos, "lugar de aguas profundas y oscuras"), a unos cuantos kilómetros. Por san Vicente Tancuayalab, por Tanquián de Escobedo y por El Huayal pasamos como ánimas. En San Martín Chalchicuautla, adonde fuimos buscando un doctor para MM, me quedé impresionado con la pequeña iglesia y el Palacio Municipal, pero habíamos salido tan rápido que no llevaba mi cámara de fotos.
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Tepemiche está rodeado de cerritos y escurrideros. En este lugar acababa de instalarse un circo. Todo estaba listo para la primera función. En eso, que doy un mal paso y ¡zaz! A partir de ese momento se acabaron las fotos y las ganas de turistear.
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Cuando anduve en la huasteca, digo ahora, mi pie se convirtió en tamal.
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