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jueves, febrero 4

Remolino


Desde mi lugar no alcancé a ver si las aguas del Río Tampaón, en efecto, hacían nudo antes de proseguir su curso hacia Tamuín.
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Acabábamos de pasar esa ciudad, íbamos hasta San Martín Chalchicuautla o, mejor dicho, al Tepetate, varios kilómetros atrás, pero terminamos en la cabecera porque a MM la castigó una alergia apenas llegar a la tierra de sus abuelos.
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Íbamos, dije, rumbo a aquel lugar cuando divisé el anuncio de ese sitio arqueológico. Metí reversa y cruzamos el falsete. Sufrí una breve desilusión cuando me dijeron que la entrada era gratuita.
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Es extraño cómo las emociones, también, a veces meten reversa. A unos cuantos metros se levantaba un imponente basamento. Y sobre él, otro y otro. El joven que nos guió estaba bien documentado (de hecho, papeles y fotos en mano, iba explicando cada aspecto de la cultura huasteca y de los sitios tanto explorados como vírgenes existentes en la región). Dijo que Tamohi significa algo así como "lugar donde la corriente se hace nudo". Me acordé de Anenecuilco aunque nunca he estado ahí.
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Los habitantes de Tamohi (una ciudad que emerge a medida que las lluvias caen), sabían de ingeniería hidráulica, arquitectura, pintura, escultura, astronomía... botánica, retórica y sistema decimal, y tenían un interesante mecanismo para medir los ciclos anuales.
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La Hormiga Atómica se puso de mal humor y no nos dio tiempo ya de visitar Tamtoc (dijo nuestro guía que este otro nombre significa, más o menos, "lugar de aguas profundas y oscuras"), a unos cuantos kilómetros. Por san Vicente Tancuayalab, por Tanquián de Escobedo y por El Huayal pasamos como ánimas. En San Martín Chalchicuautla, adonde fuimos buscando un doctor para MM, me quedé impresionado con la pequeña iglesia y el Palacio Municipal, pero habíamos salido tan rápido que no llevaba mi cámara de fotos.
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Tepemiche está rodeado de cerritos y escurrideros. En este lugar acababa de instalarse un circo. Todo estaba listo para la primera función. En eso, que doy un mal paso y ¡zaz! A partir de ese momento se acabaron las fotos y las ganas de turistear.
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Cuando anduve en la huasteca, digo ahora, mi pie se convirtió en tamal.
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