Quickribbon PESINISMO: abril 2007

sábado, abril 28

Wicker Park

Y ver de nuevo la película ésa. Decirnos otra vez lo de antes. Si nos hubieran visto hoy... Pero somos cautos y hacemos el ridículo en privado. Nos encanta esa peli que vimos primero en el cinema y después, tantas tardes como ésta, al abrigo de las sábanas. Que es un remake, nos han dicho, pero como a otros les pasa con el santo cristo, poco nos importa si hubo una versión diferente, ya no digamos mejor. Qué más da si muchas de nuestras cosas tuvieron una versión antigua. Con música de Coldplay, el final más cursi en la historia de la cinematografía, dicen los que de esto saben. Puede que así sea. Y quizá por eso mismo ese reencuentro guste tanto a este otro par; protagonista, entre otras cosas, de mieles y rupturas hasta la náusea.


The Scientist (Coldplay)

Come up to meet you, tell you I'm sorry
You don't know how lovely you are

I had to find you
Tell you I need you
Tell you I set you apart

Tell me your secrets
And nurse me your questions
Oh let's go back to the start

Running in circles
Coming up tails
Heads on a silence apart

Nobody said it was easy
It's such a shame for us to part
Nobody said it was easy
No one ever said it would be this hard

Oh take me back to the start

I was just guessing
At numbers and figures
Pulling your puzzles apart

Questions of science
Science and progress
Do not speak as loud as my heart

Tell me you love me
Come back and haunt me
Oh and I rush to the start

Running in circles
Chasing our tails
Coming back as we are

Nobody said it was easy
Oh it's such a shame for us to part
Nobody said it was easy
No one ever said it would be so hard

I'm going back to the start

domingo, abril 22

Malos días para Gea



¿De qué sirve el Protocolo de Kioto
cuando cumplir vale quiote?



sábado, abril 21

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En la celebración del
Día del Libro

el Centro de Educación Media Superior a Distancia No. 9
invita a su
Segunda Jornada por la Lectura

que tendrá verificativo el lunes 23 de abril
a las 10:00 horas
en la Plaza Central de la comunidad San Francisco
Municipio de Hidalgo, Tamaulipas.




Lectura en voz alta, música, teatro
y libros para regalar


viernes, abril 20

Velas al por mayor

"Los treinta son el espacio predilecto de las lágrimas, caldo de cultivo inmejorable. Es un asunto biológico: acaba usted de entrar a la madurez y viene de dejar la juventud. Durante esos años se llora muchísimo y con una vehemencia admirable. A los que entran en el reino de los treinta años todo los hace llorar, cualquier nadería. Treintones y treintonas sienten que tienen todo por delante, que están en el mejor momento de su vida y, como se sabe, eso es para llorar."

Rafael Pérez Gay/Para llorar
Cuentos Mexicanos.
Ediciones cal y arena. México. 2006. 155 p.




Y aunque hoy, como otras veces, seamos un par de nefandos sentimentales...


Que tengas el mejor cumpleaños,
chaparrita de mi corazón
.

martes, abril 17

A usted

A usted

(L. y M. Joan Manuel Serrat)

A usted que corre tras el éxito,
ejecutivo de película,
hombre agresivo y enérgico
con ambiciones políticas.

A usted que es un hombre práctico
y reside en un piso céntrico,
regando flores de plástico
y pendiente del teléfono.

A usted que sabe de números
y consta en más de una nómina,
que ya es todo un energúmeno
con una posición sólida.

¿No le gustaría
no ir mañana a trabajar
y no pedirle a nadie excusas
para jugar al juego
que mejor juega
y que más le gusta?

¿No le gustaría
ser capaz de renunciar
a todas sus pertenencias
y ganar la libertad
y el tiempo que pierde
en defenderlas?

¿No le gustaría
dejar de mandar al prójimo
para exigir
que nadie le mande lo más mínimo?

¿No le gustaría
acaso
vencer la tentación
sucumbiendo de lleno en sus brazos?


Antes que les den el pésame
a sus deudos, entre lágrimas,
por su irreparable pérdida
y lo archiven bajo una lápida.

¿No le gustaría
no ir mañana a trabajar
y no pedirle a nadie excusas...


SERRAT. En tránsito. 1981

viernes, abril 13

Aquarela. Toquinho

* * *

Aquarela
Toquinho/Vinicius de Moraes

Numa folha qualquer eu desenho um sol amarelo
E com cinco ou seis retas é fácil fazer um castelo
Corro o lápis em torno da mão e me dou uma luva
E se faço chover, com dois riscos tenho um guarda-chuva
Se um pinguinho de tinta cai num pedacinho azul do papel
num instante imagino uma linda gaivota a voar no céu
Vai voando, contornando a imensa curva Norte e Sul
Vou com ela viajando Havaí, Pequim ou Istambul
Pinto um barco a vela branco navegando,
é tanto céu e mar num beijo azul
Entre as nuvens vem surgindo um lindo avião rosa e grená
Tudo em volta colorindo, com suas luzes a piscar
Basta imaginar e ele está partindo, sereno e lindo
e se a gente quiser ele vai pousar
Numa folha qualquer eu desenho um navio de partida
com alguns bons amigos bebendo de bem com a vida
De uma América a outra consigo passar num segundo
Giro um simples compasso e num círculo eu faço o mundo
Um menino caminha e caminhando chega no muro
e ali logo em frente a esperar pela gente o futuro está
E o futuro é uma astronave que tentamos pilotar
Não tem tempo nem piedade nem tem hora de chegar
Sem pedir licença muda nossa vida,
depois convida a rir ou chorar
Nessa estrada não nos cabe conhecer ou ver o que virá
O fim dela ninguém sabe bem ao certo onde vai dar
Vamos todos numa linda passarela
de uma aquarela que um dia enfim
Descolorirá
Numa folha qualquer eu desenho um sol amarelo (que descolorirá)
e com cinco ou seis retas é fácil fazer um castelo (que descolorirá)
Giro um simples compasso e num círculo eu faço o mundo (e descolorirá)

jueves, abril 12

Prueba de fe


Tan sencillo es perder la fe como recuperarla, o al menos eso piensan los creadores de películas como Signs o The Reaping, ésta última comercializada en México y en otros países de América como Prueba de fe. Es tan fácil perderla, dice Ben/Idris Elba, personaje secundario en este filme. Quizá tenga razón, casi me han hecho perder la fe en Hilary Swank y en el cine de horror.

Se necesitaron al menos tres profesionales –los gemelos Carey y Chad Hayes más Brian Rousso- para confeccionar un guión a partir de otras diez mil películas similares. Si diéramos un repaso a las Scary Movies no encontraríamos tantas referencias a The Skeleton Key, Signs, The Ring, Rosemary’s Baby, The Seventh Sign o la adaptación de una novela de S. King cuyo nombre prefiero no recordar.

La película, catalogada como Thriller supernatural, tiene una historia básica. Una pastora protestante, Katherin Winter/Hilary Swank, luego del asesinato de su familia (hija y esposo) en Sudán, a manos de un fanático religioso, se convierte, en cosa de cinco años, en la más renombrada refutadora de milagros. Por esta última razón –en apariencia- es buscada por Doug Blackwell/David Morrissey, maestro de ciencia en la escuela de Haven, pueblo marginado en todos los sentidos, para encontrar explicaciones científicas a lo que allá está aconteciendo a raíz de la muerte de un adolescente. A saber, el río se entintó de sangre, llueven los sapos, el ganado enloquece, los alimentos se agusanan, los niños se llenan de piojos… Haven, ya se ve, es azotado por las diez pestes bíblicas; sólo que, a falta de Moisés, el castigo lo dirige esta vez una puberta a la que todos culpan de asesinar a su hermano, quien luce en la morgue (o lo que en vez de eso tenga este pueblucho) como si lo hubieran sacado de The Ring. De nada servirán los esfuerzos de Katherin por encontrar una explicación racional, los hechos la pondrán de cara otra vez ante su misión divina: proteger al ángel exterminador de una milenaria secta satánica.

A la oscarizada Swank (Boys Don't Cry es lo mejor que le he visto) le llegó este guión días antes de recibir el premio de La Academia por su actuación en Million Dollar Baby y desde el principio se prendó de él (quiero pensar que no había visto otras películas de terror). El rodaje, dice el director, Stephen Hopkins (ajá, ése), se llevó a cabo en lugares de Luisiana, Austin y Puerto Rico, aunque debió suspenderse alguna vez por la irrupción del huracán Katrina.

En sus primeros minutos el filme nos muestra un pequeño, humeante y apestoso pueblo latinoamericano al que titula como Concepción, Chile, donde los pobrecitos católicos creen que el exudado de un incorrupto cura -difunto hace cuarenta años- puede remediar sus dolencias. Cinco minutos (no de la peli, sino de la historia) le bastan a la científica para deshacer ese mito. En mi vida he visitado Chile y supongo que los realizadores de esta película tampoco, porque los supuestos habitantes de ahí hablan como mexicanos y los chilenos que conozco –los que viven en Ciudad Victoria- jamás han hablado así.

Quizá eso sea lo de menos, pero se relaciona demasiado con un discurso también básico: la pobreza y la ignorancia de ciertos pueblos es el caldo de cultivo donde la milagrería germina, aprovechada por los oligopolios para disimular los evidentes efectos de la polución que ellos dispersan en esas regiones del planeta. En esta historia, esa marginalidad, cebada entre la discriminación y el fanatismo religioso, no obstante que se utilice un -acaso inexistente- pueblo gringo, convierten a toda una comunidad en un solo ente diabólico. ¿Algún parecido con el discurso de Bush?

Pese a todos los pesares la película entretiene, poco importa que sea tan predecible, que se abuse del sonido para crear la sensación de terror, que el final (el mero final, no el otro) sea tan flojo y que se traten de explicar todos los vuelcos repasando las pistas por si alguien no hubiese entendido a la primera. Poco importa también que veamos los mismos efectos especiales que en The Ring o The mummy. Las langostas que se posan en Swank son auténticas, se defenderán los realizadores. Quizá eso sea lo único original de la película. Algo sin embargo es irrefutable: se necesita muy poco para destruir la fe.

The Reaping. Warner Brothers. EEUU. 2007.

miércoles, abril 11

SÍ-SE-PUEDE


¿Nos vamos a conformar
con un miserable
segundo lugar?

Vamos, mexicano,
tú puedes hacer
de Carlos, mañana,
el más rico ser.

Do!


Foto: EL PAÍS.com. 12/04/2007


Libros vacacionales II



Detesto andar el asfalto durante las vacaciones. Por mi cuenta no pondría un pie -ni un neumático- sobre la carretera, pero el trabajo es primero y los compromisos, sagrados. Por esas ridículas guardias vacacionales (ésas en las que los profesores van a las escuelas a hacer nada en vacaciones y se ganan con esto el derecho a descansar un día de clases), me vi en la carretera nacional apurando mi cochiquero. Me llevé entonces una novela que compré -en rebaja- hace tres años y cuya lectura empecé en una oficina desierta. Siete horas después estaba de regreso, en un café igualmente deshabitado, obligado a terminarme esa historia.

No es que me desagrade viajar -todo lo contrario-, lo que no me gusta es padecer las condiciones de una autopista abarrotada, como me sucedió lunes y martes. Por fortuna el regreso era tan distinto: por cada vehículo que transitaba con dirección a Ciudad Victoria, veinte se movían con destino a Monterrey.

A propósito de las vacaciones, el relato de algún viaje no me venía nada mal. Escogí Los impostores, de Santiago Gamboa, que dormía en el cajón de un armario cuya función no es otra sino guardar los libros que por una u otra razón no deben estar a la vista. Nada del otro mundo: tres personajes (un filólogo alemán, un periodista colombiano residente en París y un -mal- escritor peruano establecido en gringolandia) se encuentran por diversas razones en la China contemporánea, donde se ven envueltos en un remolino de intrigas cuyo eje es el manuscrito de una obra que en la China de 1901 desencadenó una revuelta xenofóbica. Conviven en esta historia, y eso puede ser un gran acierto -que lo digan los que saben-, elementos de esas yerbas que algunos llaman novela culta y novela negra. Son coyunturas del esqueleto las constantes referencias bibliográficas que hacen los cuatro personajes centrales (hay uno más, un sacerdote francés quien, mientras protege el manuscrito, escribe esta historia), cuyo anhelo es alcanzar la gloria a través de la Literatura. La columna vertebral, por supuesto, la constituyen el enredo, el espionaje y unas cucharaditas de acción, ironía y humor. Es en esta última parte donde la novela nos queda a deber.

No es lo mismo mantener el humor que contar chistes, ésa es una diferencia simple; sin embargo algunos no la entienden. Si bien en Los impostores Gamboa maneja, las más de las veces, una fina ironía, en ocasiones es evidente la intención de forzar el humor con situaciones y frases reiteradas; desde describir las edades de los personajes siempre en la forma: "Tendría cuarenta y cinco años. En ningún caso más de 50", hasta la manera en que Nelson Chouchén -el peruano- confirma que nadie ha leído su obra. La parte de la acción -que por fortuna es de tan sólo tres páginas- es un pastiche facilón de las peores comedias de acción joligudenses.

"¿Cómo diablos se enciende este carro?
Tres pedazos de teja golpearon contra el techo de la camioneta.

-Con la llave -me dijo-. Si logra evitar el temblor de las manos podrá introducirla en el arranque. Apúrese." (p. 205)


Leyendo diálogos como el anterior o como el que sigue, es imposible erradicar de la cabeza la imagen de Jackie Chan discutiendo con cualquier actorcito negro, blanco o gris de ésos que le sirven de comparsa.

"-¿Alguien más está herido? -preguntó Zheng.
Nadie dijo nada hasta que se escuchó la voz de Crispín.
-Pues yo, macho. ¡Casi me abres la cabeza!
-¿Qué quiere decir "macho"?- preguntó Gisbert Klauss.
-No es el momento de perfeccionar su español, profesor -protestó Nelson-. Creo que debemos irnos de aquí. Esto se está poniendo muy feo." (p. 323)

El viaje a China había sido bueno. De hecho la de Santiago Gamboa no es, a mi juicio, una mala novela, pero me dejó cierta insatisfacción que debí resolver en la noche; otra vez a la colombiana, pero con un viaje más variado y, sobre todo, en primera clase. Me leí La última escala del Tramp Steamer, de Álvaro Mutis. Testigo otra vez del estoico hundimiento -en todos los sentidos- del Alción y de su capitán Jon Iturri, viajé a Helsinki y a Punta Arenas y a Kingston y al Orinoco. Todo entre las once y la una. Como las otras veces, vi a la hermosa Warda de pie sobre cubierta, Oriente y Occidente tentándola desde babor y estribor. También, como las anteriores, esta vez hice una lista de palabras y consejos que nunca me voy a aprender.


Los impostores. Gamboa, Santiago. Seix Barral. Barcelona, España. 2002. 349 p.

La última escala del Tramp Steamer. Mutis, Álvaro. Espasa Calpe. España. 1999. 150 p.

El mero león...


"Los grandes poetas no tienen biografía,
tienen destino"




Quiero ganar mi verso,

este verso;
y quiero
que vaya quedo,
raudo y sereno
como un dardo certero
al corazón del pueblo
de todos los pueblos...
al corazón del Universo.
Deshaced ese verso.
Quitadle los caireles de la rima,
el metro, la cadencia
y hasta la idea misma...
Aventad las palabras...
y si después queda algo todavía,
eso
será la poesía.
¿Qué importa
que la estrella
esté remota
y deshecha
la rosa?...
Aún tendremos
el brillo y el aroma.


martes, abril 10

¿Te vas, Zapata?


Los diarios dijeron que a Guajardo le había tomado cuatro días concretar el plan para acabar con el zapatismo. Hablaron de su brillante trayectoria y del heroísmo de su padre y de su abuelo. En el parte militar, Guajardo aseguró que al lado de Zapata había caído Zeferino Ortega y que él mismo dio muerte a Palacios, a Bastida y a Castrejón. Luego se supo que Ortega no murió entonces, y que Guajardo entró en todo esto por una triste casualidad.

A Guajardo lo iban a castigar Pablo González y el Lic. José G. Aguilar (a la sazón, el gobernador de Morelos) por protagonizar un borrachazo en un hotel; Zapata se enteró de esto y envió a Guajardo una carta donde lo invitaba a adherirse, pero la carta fue interceptada. González ordenó entonces a Guajardo mantener correspondencia con Zapata, pero las cartas las escribía el Lic. Aguilar y Guajardo únicamente firmaba. González->Aguilar->Guajardo ofreció víveres, subordinación y lealtad, además de un buen caballo, así fue como Emiliano Zapata se hundió en la trampa carrancista. Días después, ante las evasivas de Guajardo para aniquilar a Bárcenas -su prueba de lealtad-, Zapata lo condicionó. Se trató, hay que reconocerlo, de un golpe maestro; Pablo González dispuso todo para simular la toma de Jonacatepec, pertrecho de los federales; una batatalla en la que los soldados de Ríos Zertuche y la tropa de Guajardo se enfrentaron con balas de salva. Guajardo entró gritando "Viva Zapata"; un día después, volviendo de Chinameca a Cuautla, Guajardo le decía a González: "Mi General, sus órdenes han sido cumplidas".


ACTA NOTARIAL DE LA MUERTE DE EMILIANO ZAPATA

"En la ciudad de Cuautla, Morelos, a las diez de la noche del día 10 de abril de mil novecientos diez y nueve, yo, el Lic. Manuel Othón Ruiz Sandoval, Juez de Primera Instancia, encargado del protocolo, me constituí en las oficinas de la Inspección general de policía de esta ciudad con el objeto de dar fe del cadáver e identificarlo, del que en vida llevó el nombre de Emiliano Zapata. Comparecen al acto los señores Capitán Primero de Estado Mayor, Ignacio Barrera y Gaona, Alfonso G; Olivares, José Rico y Eusebio Jáuregui, este último que desempeñó algún puesto en el Zapatismo. Habiéndose mostrado al suscrito y comparecientes en una de las planchas de la sección médica de esta oficina, el cadáver de un hombre, al parecer por los signos característicos bien muerto, los comparecientes lo identificaron como el del que en vida llevó el nombre de Emiliano Zapata, con lo que se terminó el acto, dando fe el suscrito notario del referido cadáver. Actuaron como testigos de asistencia los señores Joaquín Flores G. y Javier del Rayo, y por sus generales todos dijeron ser: el Sr. Capitán Barrera y Gaona, casado, de veintiséis años de edad, militar; el Sr. Olivares, casado, de treinta años de edad, empleado; el Sr. Jáuregui, de veinticinco años, soltero, agricultor, y todos de esta vecindad, menos el señor Rico que vive en la hacienda de Tenango, distrito de Jonacatepec, estado de Morelos. El señor Flores G., casado, empleado, de treinta y tres años de edad, y el Sr. Rayo, soltero, de veintitrés años de edad, empleado, y ambos con domicilio en el hotel Providencia. Leída que les fue a los comparecientes y testigos la presente acta, y estando conformes con su contenido que se les explicó, así como su fuerza legal, firmaron hoy, día de su fecha, a las once y treinta minutos de la noche. Doy Fe, Ignacio Barrera y Gaona, Olivares, José Rico, E. Jáuregui, J. del Rayo, J. Flores G. -Rúbricas- autorizó esta acta en Cuautla, Morelos, a once de abril de 1919: Doy Fe, M.O. Ruiz Sandoval. -Rúbrica- El Sello de Autorizar.

Hoy he extendido en el protocolo que es a mi cargo la siguiente acta: IDENTIFICACIÓN DEL CADÁVER del que en vida llevó el nombre de Emiliano Zapata y Fe de que: -Con fundamento en la fracción 31, inciso segundo, artículo 14 de la Ley del Timbre en vigor, opino que debe causar estos timbres: Dos pesos por foja, en una foja $2.00- Cuautla, Morelos, 10 de abril de 1919. El Juez de primera instancia, M.O. Ruiz Sandoval. Rúbrica-El Sello de la notaría No.6."

Sino todo lo contrario

Viceversa

Mario Benedetti

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.
Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.
Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.
o sea,
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

Escúchela en voz del autor


domingo, abril 8

00235701



¿
Por quiénes se/nos toman
el arzobispo primate de México
y los demás pelados?





La risa en vacaciones mil



-¿Me enseñaría cómo usarlo?

En La Pesca, alguien a una chica del ITJuve que le regalaba un condón.



-¿A qué hora nos va a mostrar los cenotes?

En Aldama, alguien gritándole a la guía de turistas.


sábado, abril 7

Libros vacacionales

Porque se trataba de una presentación editorial, sólo por eso, nos vendieron el libro a precio rebajado: doscientos devaluados pesos. Una ganga, en palabras de las expendedoras (acá, entre nosotros, diré que ellas estaban de muy buen ver, tanto que a mí me revoloteaba en la cabeza la palabra "tanga" en lugar de la otra; detalle que, debo admitir, influyó un poco en esa difícil decisión), pues el precio de lista era de doscientos treinta. Confieso que no fue esa la única razón, pues ya había leído Duelo por Miguel Pruneda y me había maravillado (no diré más). Otra razón fue que los libros de David Toscana no muy fácil se consiguen acá. Alguna vez hallé en Gigante Historias del Lontananza (cuando se llamaba así, ahora, como María, se llama simplemente Lontananza) y lo escondí entre los demás para una visita posterior en la que ya no lo encontré; muchos, demasiados días más tarde, miré en la Kappa Duelo por Miguel Pruneda y me pareció tan caro que me negué a comprarlo; por fortuna Alfredo Marko me lo prestaría después. Fui al TamUx hace poco, esperando encontrar buenos precios mas no los hallé: es tanto o más cara que la Kappa, que ya es decir, y además no maneja Tusquets. Resumiendo, tenía que comprar el libro esa noche, y así lo hice.
Y a pesar de haber invertido en
El ejército iluminado toda la prima vacacional (quizá exagero un poquito), debo decir que ese dinero estuvo muy bien gastado. No se explica uno (quiero decir no me lo explico yo) de dónde le brota a ese autor tanta imaginación. Aunque, siendo justos, habría que decir que el universo Toscana no se circunscribe a la exacerbada explosión de la imaginería, sino también al uso cuidadísimo del lenguaje sin dejar por ello de ser propositivo y audaz.
En esta novela, las voces de Toscana narran en tres tiempos las indocumentadas hazañas de Ignacio Matus, maestro de historia en el Colegio Francomexicano, maratonista olímpico en 1924, donde le habrían otorgado el bronce si en vez de correr en Monterrey -de la catedral hasta García- lo hubiera hecho en París; maratonista olímpico también en 1968, otra vez en Monterrey, tan sólo para refrendar el derecho de
colgarse esa medalla ganada cuarenta y cuatro años antes y recibida por fin, vía el correo postal, de manos de una viuda gringa apellidada DeMar. Diez días antes, el General Matus, al frente de un ejército de cinco iluminados, se lanzaba en una heroica campaña cuyo objetivo era recuperar, para México, El Álamo, territorio que se perdiera en aquella guerra decimonónica.
Como si no fueran suficientes las disparatadas ambiciones del General Matus, tenemos a la par las historias y las personalidades de los iluminados, que son seis y no los cinco que lo acompañan a la guerra: Comodoro es quizá heroico entre los próceres; sin embargo su esposa, Azucena, quien es más Lola la trailera que adelita, llega a cuestionarse por momentos la gallardía de su obeso marido cuando lo compara con Ubaldo quien, enterado y sagaz, competirá por el liderazgo y la fama contra un gordo al que todo el tiempo imagina caído en la batalla; al Milagro lo acosan cada vez más los temblores y la imposibilidad de resolver cálculos matemáticos; Cerillo, que atravesará dormido toda esta aventura, alcanza sin él saberlo una celebridad inmerecida y fugaz; en cambio Caralampio ni siquiera irá a la campaña porque Comodoro ordena la partida mientras él, el más sociable, quizá el más avanzado del instituto, está en el retrete con su mochila llena de provisiones y anhelos más un kilo de veneno para ratas y una pistola.
"Realismo desquiciado", dijo alguna vez Toscana refiriéndose a su obra. Me parece que es la mejor forma de llamar a lo que él hace. Tenemos pues, en
El ejército iluminado, un manojo de situaciones que parecen al mismo tiempo tan cotidianas y tan absurdas. Tal vez por eso mismo, por disparatadas, es que nos resultan demasiado cercanas. Nadie se engañe al pretender retratar el modo en que habla la gente en la calle, porque en las charlas callejeras el hombre no hace literatura, dijo más o menos algún día David Toscana. En este sentido, los diálogos de sus personajes son pura literatura; hay una abrumadora erudición en El Milagro, en Comodoro y en Ubaldo; demasiada luz en los discursos de esos retrasados mentales que integran el ejército de Matus. Una sabiduría que -quién sabe- tal vez se encuentre en cada iluminado de los que nos encontramos en las calles.

-Hubo dos tirajes distintos de esta novela, los primeros libros salieron defectuosos; por cierto que este ejemplar es uno de ellos –me dijo el autor mientras firmaba el libro que compré.
-¿Sí?, ¿y en qué consiste el defecto? –pregunté al tiempo que consideraba devolver el ejemplar, con firma y todo.

-Una raya en la portada.

En efecto, hay una raya verde, de unos cinco centímetros, que no guarda relación aparente con el resto de la obra pictórica usada en la portada. En el interior, en cambio, no hay defecto ninguno.

Dos días antes de conocer a Toscana había comprado un libro que ya había visto en la Kappa en $ 140.00 y que encontré después en Gigante en $ 99.00. A diferencia de lo que me pasó con Historias del Lontananza, Sabina en carne viva. Yo también sé jugarme la boca, de Joaquín Sabina y Javier Menéndez Flores, me coqueteó una vez y no quise comprarlo, luego lo vi otras dos ocasiones y al final me lo llevé. Quisiera hacer tantos buenos comentarios acerca de este libro porque (ya lo saben, ¿o no?) me gustan las letras de Joaquín, pero lo cierto es que no encontré lo que buscaba. Salvo algunos temas en los que parece profundizar, todo se ve tan superficial, manoseado como si no quiere la cosa. Tal vez se deba esta impresión mía a que los de mi generación ya estamos algo enterados de la vida de Joaquín Sabina. Y yo es que nunca me he podido acostumbrar a que me cuenten las novedades sin detalle. Debo decir en principio que no me gusta el estilo de Menéndez Flores, aunque quizá no toda la culpa sea suya, pues en los temas que más quisiera yo saber me encontré siempre a Sabina citando a Forrest Gump: "Y no tengo nada más que decir". Detalles entrañables, sin embargo, cuando habla de su padre y de su abuelo, o cuando discute sobre Cuba y Fidel. Es, por cierto, este último tema en el que Sabina se extiende más, y en ese no tengo reclamo. Otro aspecto destacable son las recomendaciones literarias que hace a lo largo de la entrevista. A propósito de todo esto, hay un brevísimo pasaje que cuenta la visita de Alejandro Sánchez P. (o séase Alejandro Sanz) a la casa de Sabina, donde vio la biblioteca de Joaquín. Alejandro -comenta Joaquín- dijo una cosa muy graciosa: "Y tanto libro, ¿pa' qué?". Luego remata: A mí los benditos poetas líricos me han vuelto coleccionista y bibliófilo sólo por joderlos. Creo que después de eso bien vale usar la frase de Gump. A fin de cuentas pienso que, como los anteriores: Perdonen la tristeza, Esta boca es mía o Ciento volando de catorce, esta "biografía definitiva" (que no es tal, podría jurarlo) está hecha para que la disfruten quienes aman la música y los conceptos y la forma de ver el mundo y en fin la lúcida desfachatez de Sabina sin poner demasiada atención a lo literario ni a lo periodístico.

El ejército iluminado. Toscana, David. Tusquets Editores México, S.A. de C.V. D.F., México. 2006. 233 p.

Sabina en carne viva. Yo también sé jugarme la boca. Sabina, Joaquín, y Javier Menéndez Flores. Random House Mondadori, S.A. de C.V. D.F., México. 2007. 417 p.


viernes, abril 6

¿Quién me ha robado el mes?

Más triste que un torero
al otro lado del telón de acero
(Así estoy yo sin ti)
L y M. Joaquín Sabina
Hotel, dulce hotel. 1987


Si hubiera algo en lo que depositara mi fe, mi esperanza toda, eso sería un boleto de viaje. Un billete de avión, de autobús, de taxi o de camión urbano. Incluso una entrada para el cinema. Pero nunca en vacaciones: odio las aglomeraciones humanas y más las automotrices. En vista de lo anterior, cada año ocurre más o menos lo mismo: le hago el amor a Victoria (la ciudad) desde el viernes santo hasta el día de resurrección. Luego la odio otra vez. En el ínterin soy turista en mi propio vecindario: calles, plazas, restaurantes y esquinas que el resto del año no podría admirar. Esta vez sin embargo quisiera estar en otro lado. Y Houston, esta vez, me parece tan, pero tan lejano. Caray, si tuviera visa no me verían por aquí.

(No puedo creer que haya dicho todo esto tan sólo por no mendigar -cosa que presiento inevitable- una llamadita telefónica.
¿A qué hora caí tan bajo? ¡Houston, tenemos un problema! )



domingo, abril 1

Qué maravilla


¿Servirá de algo? Quién sabe. Pienso que cada persona tendrá,
sin importar lo que dicten las demás, sus monumentos preferidos.
Sin embargo es tan sencillo. Háganlo si lo desean. Y si no...