Quickribbon PESINISMO: enero 2009

jueves, enero 22

Que siempre sí



En Guanajuato...







Le puede dar un beso en la mano...

O puede darle un beso de hermano.

Página 28

"DOS AÑOS ASISTIÓ A UNA ESCUELA donde le mostraron la manera como se deben manejar las metáforas y las metonimias, sin abusar de ellas, y le hicieron memorizarse los elementos que requiere un texto para ser cuento. Aprendió a redactar guiones de cine, radio y televisión; obras de teatro y ensayos. Supo que palabras como fue, dio y vio ya no llevan acento, y que extrañamente rió aún lo mantiene; que desapareció la be de obscuro; que el adjetivo, cuando no da vida, mata; que los adverbios terminados en mente no deben emplearse frecuentemente; que pues bien, yo necesito decirte que te adoro ya no hace suspirar a nadie; y, muy a su pesar, se enteró de una verdad que en un principio le inquietó al punto de suponer que el maestro le mentía, pero que con el paso del tiempo y lecturas prestadas terminó por aceptar; una verdad que le dejó sin dormir varias noches sumido en la decepción y resuelto a nunca escribir otro verso: la poesía ya no era rimada."



David Toscana. Lontananza.
Editorial Sudamericana. 2003. México. 115 pp.

miércoles, enero 14

0233700001



¿Y si la vida
fuera siempre así?





martes, enero 13

Nada

8

es del silencio que huimos
es al silencio a donde siempre volvemos
yo soy ese silencio que frente al espejo nace cuando te miras
soy ese silencio del que está hecha tu palabra
ese silencio de ti preñado a ti adscrito
soy tu sed tu sal tu soledad más sola
tu sangre sedimentada y tu salida de emergencia
soy un sobre vacío que en el aire viaja
soy esa hoja que cae y esas cartas que nada decían
soy el lugar del que nunca te has ido


Cartas que nada decían
Sara Uribe

en:

Nunca quise detener el tiempo
Instituto Tamaulipeco para la Cultura
y las Artes (ITCA). Ciudad Victoria. 2007.

domingo, enero 11

Lo que llega

"No nos tiren más gases lacrimógenos,
sabemos llorar solos"


La anterior fue la demanda decembrina
de estudiantes atenienses, dicen,
en una carta a los mayores.
Las bombas de lacrimógenos,
dicen otros, tenían la caducidad vencida.
Pero qué bien funcionaban, ¿cierto?
Hay lugares, dirá alguien,
y yo le doy la razón,
en los que nadie respeta lo que debe respetar.

Antes que...




A usted

A usted que corre tras el éxito,

ejecutivo de película,

hombre agresivo y enérgico,

con ambiciones políticas.


A usted que es un hombre práctico

y reside en un piso céntrico

regando flores de plástico

y pendiente del teléfono.


A usted que sabe de números

y consta en más de una nómina,

que ya es todo un energúmeno

con una posición sólida.


¿No le gustaría no ir mañana a trabajar y no pedirle a nadie excusas

para jugar el juego que mejor juega y que más le gusta?

¿No le gustaría ser capaz de renunciar a todas sus pertenencias

y ganar la libertad y el tiempo que pierde en defenderla?

¿No le gustaría dejar de mandar al prójimo

para exigir que nadie le mande lo más mínimo?

¿No le gustaría acaso vencer la tentación

sucumbiendo de lleno en sus brazos?


Antes que les den el pésame

a sus deudos entre lágrimas

por su irreparable pérdida

y lo archiven bajo una lápida.


¿No le gustaría no ir mañana a trabajar y no pedirle a nadie excusas...?


Joan Manuel Serrat
Del álbum En tránsito (1981)

jueves, enero 8

Ruda y cursi


Ayer, que era de a dos por uno, le insistí a la Mujer Maravilla que me invitara al cine. Fuimos pues a ver Australia.

Al estilo de Ben Hur, Gladiador o Pearl Harbor, este nuevo laaaaargometraje trae, en paquete, todas esas cosas que al grueso de la población le gusta ver en la pantalla (y quizá sólo ahí): un héroe muy cachas, una güera bastante buena (en más de un sentido), un villano muy malo (también en varios aspectos), un puñado de desvalidos a los que hay que salvar, una guerra, una lección de Historia y Civismo y un escenario exuberante.

La güera aristócrata (Kidman) viaja a un territorio desconocido para encontrarse a su marido bien muerto, y de inmediato nos enteramos de que lo ha matado el malo muy malo. El villano es tan bruto y tan inteligente a la vez para inculpar a un viejo muy bueno, aunque aborigen, lo que lo pone en clara desventaja (hasta el minuto antes del final). La buenota, pues, queda sola a cargo del megarrancho que le quieren robar. En esas circunstancias, ¿quién podría ayudarle?

En eso aparece el muchacho (Jackman). Grande, fuerte, indómito; lo llaman "El Capataz". Y resulta que el mamey y la buena, al mando de un viejo alcohólico, una negra, un negro, un niño mestizo y un madral de reses, atraviesan el inhóspito desierto y sobreviven para bailar e intercambiar fluidos en el pujante puerto de Darwin. En ese momento, en el cine que está dentro del cine a una película que empezó en blanco y negro le llegan los colores, y una niña de trenzas rubias canta algo acerca del arcoiris, una tonadilla que se repetirá en el resto del peliculón. Llueve, y con eso llega una época de felicidad y primavera; luego vendrá otra de angustia y sequía. Luego llegará la guerra.

Y en el escenario de la guerra ocurre lo que todo mundo espera: el bombardeo, el heroísmo, las vejaciones, la reivindicación y, a huevo, que se mueran los feos y que triunfe el amor. Y no se llamen indignados porque les cuento el final. ¿No lo adivinábamos todos? Así las cosas, nadie se puede quejar porque, tras arrasar los japoneses una isala llena de niños mestizos, todos morirán menos los niños mestizos; al encontrarse el viejo alcohólico y el niño mestizo en una situación de extremo peligro, muere el alcohólico y se salva el niño. Y así sucesivamente. ¿No es enternecedor?

Hacía mucho que no veía al público de un cine aplaudir al terminarse la película. Esta vez sucedió. Y yo mismo lo hubiera hecho si no lo considerara tan vulgar como aplaudir tras un aterrizaje. ¿Qué puedo decir? La peli tiene todo lo que un cursi irredento como Pesina podría pedir. Él y yo la recomendamos, cómo no.


martes, enero 6

Pesadillas


Foto: El PAIS.com 07 de enero de 2009





En 1979 había dos cosas a las que yo más temía: a la guerra y a mis propias pesadillas. Éstas últimas terminaban siempre igual: un rostro, familiar o desconocido, esbozaba una sonrisa sarcástica que evolucionaba en ominosa carcajada; la guerra, por otro lado, nunca llegaba a su fin.
En 1979 acababa de cumplir seis años, iba en primer grado. La guerra entre Irán e Irak había empezado en septiembre. El 22, según dicen. Creo que fue una noche de diciembre cuando soñé que alguien se ponía enfrente de mí para anunciarme con esa horrible sonrisa que mi papá —quien, para efectos de aquel sueño, se hallaba en una trinchera— había resultado muerto en un bombardeo, allá en Irán.
No había mucha distancia entre mi cama y la sala donde mi padre, el de a de veras, estaba jugando dominó con don Matilde Torres y don Eusebio De León, sus únicos amigos de entonces. Que no pasaba nada malo, me consoló. “Aquí estoy, mi hijo”, balbució eso o algo parecido. Se quitó la camisa y me envolvió en ella, pues me había salido de la cama en puros calzones. Mi mamá mezcló en una taza un poco de miel con limón y me la dio a beber a cucharadas. No sé si eso lo hacía para curarme el susto o la posible dolencia que me provocaba esas pesadillas, pues después de eso he visto a muchas mamás angustiadas dar agua azucarada a sus críos luego de que éstos sufrieran algún sobresalto.
Después de aquello también oí decir muchas veces que las pesadillas tienen su lado positivo, que nos alertan de posibles achaques. No obstante eso, hace demasiados años que las pesadillas me abandonaron. Al menos las pesadillas que experimentaba estando dormido.
Ayer, mientras veía a un sonriente conductor de televisión dando un resumen de lo que ha pasado desde el 22 de diciembre, me di cuenta de que sigue siendo la guerra lo que más me da miedo. Y mis pesadillas, con el cambio de perspectiva que la paternidad impone, siguen significando lo mismo. Esta vez, no en mis sueños sino en la pantalla, vi a varios niños, no mayores de diez años, convertidos en cadáveres tras un bombardeo.





viernes, enero 2

T.A. 155-156


El nuevo número doble (diciembre 2008-marzo 2009) de la revista Tierra Adentro ofrece en la página 105 el texto "A prueba de una estética de la belleza", que resume los disparates que Julio Pesina contestó a un brillante Édgar Pérez Pineda, con motivo de la novela Culpable de nada.

jueves, enero 1

Siete piezas capitales




a) Ella sabe que el secreto es siempre más viejo que la verdad.


e) Ahorra las miradas como si fueran dinero y pudieran llegar a gastarse.


i) El hombre no está compuesto de agua sino de sed.


y) La verdad es como la vitamina. Puede ser que se necesite, y puede que no.


o) El tiempo en nuestro siglo envejece rápido.


u) Tal vez lo que se llama futuro es, en realidad, sólo una enfermedad del tiempo.


w) Y lo vieron.

Pieza única/Milorad Pavic/Trad. de Dubravka Suznevic/Editorial Sexto Piso/México/2007