Quickribbon PESINISMO: agosto 2010

sábado, agosto 28

¡Salvador!

Chava Cuentacuentos
1953-2010

martes, agosto 17

16082010

¿Olvidan los ofendidos
que a quienes juran defender
tuvieron por (malos) padres
a un hombre y una mujer?



lunes, agosto 16

Salma Hayek comediante



Puede que sea risa histérica, pero los periódicos me doblan varias veces al día. Hoy, sin ir más lejos, los titulares de El Universal ponen a Elba Esther Gordillo, esa maestra que habla con errores de ortografía, explicando la necesidad de "repensar la educación"; al Principito Calderón, ese que convoca al diálogo para decir "de esta línea no me muevo", llamando a la unidad en esta coyuntura histórica; al Secretario Lujambio diciendo que el arco derecho, "inigualable obra de arte e ingeniería" con que el gobierno calderónico celebraría el bicentenario de la independencia, podrá ser inaugurado hasta el año 2011 (¿qué tal el 17 de enero?); por último pone a los jerarcas católicos (apostólicos y romanos) asegurando que la mafia extorsiona a las mismísimas casas de Dios. La Jornada, mientras tanto, pone las palabras del arzobispo Juan Sandoval Íñiguez (el célebre confesor de los Arellano Félix) cuasidenunciando sobornos de Marcelo Ebrard a los ministros que ratificaron la constitucionalidad de los matrimonios entre homosexuales en la república entera. "¿A quién le iba a gustar ser adoptado por maricones o lesbianas?", pregunta Su Excelencia.

La tele no se queda atrás. Cuando los dueños del país se unieron para darnos lecciones de moral y superación a través de un nuevo reality show denominado Iniciativa México, contrataron nada menos que al entrenador más mexicano, El Vasco, quien se retractó públicamente diciendo que México (al que no entendía, pero amaba con toda el alma) podía dejar de ser un país jodido. Todo era cuestión de querer pasar del "ya merito" al "ya la hicimos". Lástima que lo haya dicho unos días antes de la Copa Mundial y su discurso haya sonado a broma.

Para tirar de la espina, ayer entró al relevo una mexicana triunfadora, la actriz y productora Salma Hayek. Y todo sería perfecto si la estrategia no se repitiera. Las primeras críticas al comercial de Javier Aguirre estaban enfocadas a su verdadera opinión sobre el país, convertida de pronto en un fervor inexplicable, a su residencia fuera de México, a su deseo de mantenerse muy lejos de su geografía y muy cerca de su nómina. Hay coincidencias con la veracruzana: ella también vive en Estados Unidos, allá invierte su dinero, cuando viene a México finge no entender el español (aunque en el cine deba hablarlo). Vaya, que mientras puede, muestra su desdén hacia lo mexicano, pero si hay dólares por medio, es la encarnación de la mejor artesanía. Ahora Salmita es la imagen de ese "proyecto que nos pertenece a todos" y tiene plena autoridad para decir, primero, que el cambio no vendrá de afuera, y en seguida otra frase harto conocida, aunque con una pequeña (¿o debo decir enorme, gigante, majestuosa, gloriosa?) variante: "No te preguntes qué puede hacer México por ti..."

A mí esas cosas me divierten aunque no debieran. No hace muchos años, estando en grave predicamento por cuestiones que ahora no comentaré, me empezó a ganar la risa. Era lo que llaman risa histérica, un mecanismo de defensa. Pero coincido con Salma (o quien le haya escrito el discurso, o quien haya ordenado la redacción del mensaje); es tiempo de responder la interrogación definitiva. No preguntarse, por ejemplo, qué puede hacer México por nosotros, sino: ¿quién chingados iba a querer que lo adoptara un maricón?


domingo, agosto 15

Página 142



Luego empezó a hablar de nuevo. Me preguntó por qué quería visitar Struthof, y le hablé del juicio y de mi problema con la falta de imágenes.
-Ah, ya. Quieres entender cómo es que hubo gente capaz de hacer cosas tan terribles.
Sonaba un poco irónico. Pero quizá fuera sólo el tono dialectal de su voz y su pronunciación. Antes que pudiera contestar, continuó hablando.
-¿Y, concretamente, qué es lo que quieres entender? ¿Entiendes, por ejemplo, que se mate por pasión, por amor, por odio, por honor, por venganza?
Asentí con la cabeza.
-¿Entiendes también que se mate por dinero o poder? ¿Que se mate en la guerra o en una revolución?
-Pero... -repliqué, asintiendo de nuevo con la cabeza.
-Pero los que murieron asesinados en los campos no les habían hecho nada a sus asesinos, ¿verdad? ¿Es eso lo que quieres decir? ¿Que no había ningún motivo para el odio, que no estaban en guerra los unos con los otros?
Esa vez no asentí. Lo que aquel hombre estaba diciendo era inatacable, pero no me gustaba la manera en que lo decía.
-Tienes razón. No estaban en guerra ni tenían ningún motivo para odiar. Pero tampoco los verdugos odian a los condenados a muerte, y sin embargo los ejecutan. Se lo han ordenado así. ¿Piensas que lo hacen porque se lo han ordenado así? Seguramente piensas que estoy hablando del tema de la obediencia debida y que en cualquier momento voy a salir con aquello de que los guardianes de los campos de concentración sólo eran unos subordinados que tenían que obedecer.
Rió con tono despectivo.
-No, no estoy hablando de la obediencia debida. El verdugo no obedece órdenes. Simplemente hace su trabajo; no odia a las personas a las que ejecuta, no lo hace por venganza, no las mata porque se interpongan en su camino o lo amenacen o lo ataquen. Le son completamente indiferentes. Tan indiferentes, que le da lo mismo matarlas que no matarlas.



Bernhard Schlink
El lector
Joan Parra Contreras, traductor

martes, agosto 10

Página 20




La aguja

Aún hay luz en casa del carpintero. Windisch se detiene. El cristal de la ventana reluce. refleja la calle. Refleja los árboles. la imagen atraviesa la cortina. penetra en la habitación por entre los ramilletes de encaje. Junto a la estufa de azulejos hay una tapa de ataúd apoyada en la pared. aguarda la muerte de la vieja Kroner. Su nombre está escrito sobre ella. Pese a los muebles, la habitación parece vacía entre tanta claridad.
El carpintero está sentado en una silla de espaldas a la mesa. Su mujer, de pie ante él, se ha puesto un camisón de romir a rayas. Tiene una aguja en la mano. De la aguja cuelga un hilo gris. El carpintero tiene el dedo índice estirado hacia ella. Con la punta de la aguja, su mujer le quita una astilla de la carne. El dedo sangra. El carpintero lo contrae. La mujer deja caer la aguja. Baja los párpados y ríe. El carpintero le mete la mano bajo el camisón. Se lo levanta. Las rayas se enroscan. El carpintero recorre los senos de su mujer con el dedo sangrante. Los senos son grandes. Tiemblan. El hilo gris cuelga en la pata de la silla. La aguja se balancea con la punta hacia abajo.
Junto a la tapa del ataúd está la cama. la almohada es de damasco, con lunares grandes y pequeños. La cama está tendida. la sábana es blanca, y el cubrecama también.
La lechuza pasa volando ante la ventana. Con un largo aletazo recorre el cristal. Su vuelo es crispado. Bajo la luz oblicua, la luz se duplica.
Inclinada, la mujer va de un lado a otro ante la mesa. El carpintero le mete la mano entre las piernas. La mujer mira la aguja que cuelga. la coge. El hilo se balancea. La mujer deja resbalar su mano por el cuerpo. Cierra los ojos. Abre la boca. El carpintero la lleva a la cama cogida por la muñeca. Tira sus pantalones sobre la silla. El calzoncillo parece un remiendo blanco entre las perneras. La mujer alza los muslos y dobla las rodillas. Su vientre es de pasta. Sus piernas forman una especie de bastidor blanco sobre la sábana.
Encima de la cabecera cuelga una foto en un marco negro. la madre del carpintero apoya su pañuelo de cabeza contra el ala del sombrero de su esposo. En el cristal hay una mancha. Sobre la barbilla de la madre, que sonríe desde la foto. Sonríe ya próxima a la muerte. A un año escaso. Sonríe hacia una habitación situada pared por medio.
La rueda del pozo gira porque la luna es enorme y bebe agua. Porque el viento se enreda entre sus rayos. El saco está húmedo. Cuelga sobre la rueda trasera como un cuerpo dormido. "Como un muerto cuelga detrás de mí este saco", piensa Windisch.
Windisch siente su sexo tieso y contumaz pegado al muslo.
"La madre del carpintero se ha enfriado", piensa Windisch.


Herta Müller
El hombre es un gran faisán en el mundo
Juan José Solar, traductor. Punto de Lectura, 2009.

viernes, agosto 6

Página 41



"Mientras sus pies se hundían hasta los tobillos en la suave y húmeda capa de hojas, pensó que estaba cojeando. Luego se acordó de que en algún lugar había perdido el zapato derecho y volvió la cabeza para buscarlo con la mirada. En ese mismo instante vio a cuatro figuras humanas encorvadas en los altos árboles. En un primer momento no comprendió que el número de sus perseguidores había aumentado. Pero cuando acto seguido su consciencia aceptó ese hecho siemple y evidente, pensó que no iba a escaparse de esa gente y que jamás iba a salir de ese bosque terrible. De cualquier modo, seguía huyendo con la sensación de que su miedo iba creciendo a la par de su deseo, recién despertado y cada vez más fuerte, de vivir. En un momento incluso, sin detenerse, se despojó del zapato izquierdo con un brusco y torpe movimiento de la mano y de pronto empezó a correr más rápido y más ligero".




Branimir Šćepanović
La boca llena de tierra
Traducción: Dubravka Sužnjevic´
Sexto piso, 2009

lunes, agosto 2

Después de la tormenta


Boca de Juan Capitán, Ciudad Victoria, Tam.
Y pensar que la mayor parte del año (y además casi todos los años) todo eso no es más que piedra.