Quickribbon PESINISMO: febrero 2006

lunes, febrero 27

Líneas de investigación

1. Pudo ser que, en un afán de seguir la parranda, hubiese resbalado por la ventana al intentar evadir la vigilancia del club deportivo.

2. También pudo ocurrir que el deseo de vomitar lo haya obligado a doblarse súbitamente sobre el vano de la ventana y en tales circunstancias su propio peso lo haya expulsado de la habitación antes que él expulsara el contenido de su estómago.

3. Pudo suceder también que durante la madrugada y ante la necesidad de evacuar el ámpula rectal, bajo el sopor del alcohol haya extraviado el WC, precipitándose ventana –y calzones- abajo.

4. Acaso pudo pasar que, en vez de evacuar el recto, necesitase desalojar la vejiga, y en plena modorra etílica encontrara una pared donde orinar, de lo que se desprende que, buscando un punto de apoyo se haya recargado en el vacío, desprendiéndose entonces de su habitación y, finalmente, de esta vida.

5. Pudo haber sucedido que, en medio de una crisis alcohólico-depresiva y ante la mala racha que padece el equipo, hubiese optado por tomar la puerta falsa, utilizando para este efecto una ventana auténtica.

miércoles, febrero 22

(Malas) Memorias 1



E
ra yo el alumno preferido de la maestra de cuarto grado, y era el pequeño poeta de la Escuela Primaria Estatal Ingeniero Marte R. Gómez, a la que representaba “dignamente” cada año en los certámenes “de la palabra”, y era el líder del ballet folklórico, ovacionado injustamente en cada festival escolar. Era invariablemente acreedor a un diploma por bimestre (puntualidad o limpieza fueron los pretextos cada vez que mis méritos académicos no lo justificaron). Era, en aquel tiempo, asediado por todas las chiquillas de cuarto a sexto, sin embargo estaba comprometido con Tommy Ortiz, la niña más bonita de la escuela, relación que aprobaban en forma unánime “la Sociedad de Alumnos, Padres de Familia, Personal Docente, Administrativo y Manual”. Era, en suma, el eje de rotación de aquel grupo hasta que aparecieron los hermanos Sosa.
Recién llegados de Tlaxcala, semejaban en aquel rincón dos cachorros buscando una oquedad por donde huir. Hugo, el menor, tenía toda la apariencia de un luchador miniatura: debajo de una cabeza y dentadura desproporcionadas, su cuerpo de niño auguraba cierta complexión atlética. Armando en cambio era larguirucho y desgarbado; allá en lo alto su cuerpo se encorvaba para mostrar una cara redonda con gruesas gafas; detrás de ellas asomaban unos ojos empequeñecidos por una suerte de tic nervioso que además transfiguraba su boca en una imperecedera sonrisa. Armando Sosa sería el primer chico de la clase en usar lentes de aumento.

Los pocos minutos que pasaron desde que llegué a la escuela y noté la presencia de los novatos hasta que entró la profesora me bastaron para etiquetarlos como los típicos hermanitos codependientes, acostumbrados a lloriquear ante cada nueva situación, lo que no sabía era que estaba a punto de presenciar un espectacular lanzamiento. Que se presentaran, pidió la maestra, y aquellos, desde su esquina, parecieron desdoblarse como los cohetes en el cielo, cada fase más espectacular que la anterior; la evidente asimetría de sus siluetas no evitaba que, en su singular presentación, parecieran una pareja de clavadistas chinos ejecutando un triple mortal al frente en maldita la posición. Una vez de pie, hicieron una afectada reverencia y recitaron a una voz sus datos personales …para servir a usted y a Dios... como si se tratara del prólogo a Romeo y Julieta. Remataron su actuación con una reverencia final que fue recibida con beneplácito por la comunidad escolar convertida al punto en público teatral.
Había algo novedoso, magnético en su manera de hablar que no era precisamente su acento capitalino. Era más bien el derroche de un bagaje cultural desconocido por nosotros, ajeno a nuestra escuela. Niñas y varones por igual quedaron prendados de Hugo, a quien veían como a un explorador europeo o, cuando menos, un extraterrestre en misión amistosa. Ellas nunca habían escuchado que un niño llamara “Señorita” a la maestra ni habían visto alguien que se levantara del asiento a su paso; mucho menos conocían a un niño que llegara en coche a la escuela. Ellos, por su parte, no habían conocido en nuestra escuela quien dijera “testículos” en lugar de “huevos” o “pene” en vez de “polla“. Hugo era un alumno sui géneris. Armando, sin embargo, no tuvo la misma suerte; sus lentes, su sonrisa forzada y su falta de gracia lo bajaban al nivel de lo humano, de lo cotidiano sin importar sus habilidades verbales. Supe desde ese momento que, con Hugo Sosa de por medio, mi protagonismo en la escuela estaba en grave peligro, y desde ese instante juré que haría cualquier cosa para eliminarlo.


martes, febrero 21

Burgos revisitado









Este fin de semana me he pasado veinticuatro reconfortantes horas en Burgos. Si bien el pretexto para esa visita relámpago lo constituyó el cumpleaños de Litzy, la hijita del Profesor Adrián, hacía muchos meses que deseaba abrazar a mis amigos y saborear el machacado con huevo de Doña María Dávila y las tortillas de trigo de Doña Irma Chávez. Por fortuna el nacimiento de la pequeña Litzy coincide con el aniversario de la fundación de la Villa de Burgos, fiesta que reúne a sus habitantes y trae de regreso tanto a los burgaleses que han emigrado como a los “hijos adoptivos de Burgos”, que así nos ha llamado el Profesor Humberto Camarillo, cronista del pueblo.
Dos noticias me llenaron de felicidad en estas fiestas. La primera es la fundación de la Casa de la Cultura, que abrió sus puertas este mes de febrero. Este esfuerzo, encabezado por cinco de mis amigos (Eliacim Contreras, Juan Carlos Soto, Brenda López, Gema Orozco y Citlalli Rincón), constituye un gran paso hacia el fortalecimiento de la cultura regional. La segunda noticia fue la Reunión de Cronistas, primer evento de esta naturaleza que se realiza en Villa de Burgos, la cuna del historiador Ciro R. De la Garza. Puedo vaticinar con certeza que este incipiente movimiento cultural le dará muy pronto a Burgos ese museo regional que tanto necesita.

jueves, febrero 16


AMBIGÜEDADES Y ACLARACIONES EN PLAZA VICTORIA

(fragmento)

Selfa dijo bien claro que nos veríamos en la plaza Victoria, junto al monumento (a Don Guadalupe Victoria), a las cinco de la tarde. Sé bien que la puntualidad no es una de sus cualidades, así que llegué ahí un poco después (17:13). Selfa no estaba junto a la estatua, no estaba en ningún lado (de la plaza); para ser claro no estaba Selfa ni nadie más (a las 17:13 quiero decir, porque inmediatamente después ya había alguien ahí, es decir: yo). Eventualmente la plaza (Victoria) se fue llenando de gente; algunas parejas (porque formaban pares, no porque advirtiera en ellos algún tipo de relación amorosa o pasional) se acomodaron en las bancas mientras otros grupos (posiblemente familias, aunque podrían ser sólo eso: grupos) y personajes solitarios descansaban bajo la sombra de los encinos (blancos, plateados quizá) que a esa hora (las 17:30) constituían el único refugio para cualquier ser vivo (de “vida”, claro está, y ya de paso también de astucia, porque sólo un idiota se atrevería a permanecer bajo el castigo de aquellos rayos solares).

Ahí estaba yo convertido en un perfecto idiota (sobra decir que nadie es perfecto) junto a Guadalupe Victoria (junto a la estatua). Ahora que lo pienso bien, tal vez no sea correcto llamar “Guadalupe Victoria” a la estatua de Don Guadalupe (no era su nombre original, lo sabemos todos, eso creo); quizá sea mejor decir: de Don Miguel Fernández Félix. Eso es, ahí estaba yo junto a la estatua de Don Miguel esperando a Selfa, que se demoraba más de lo acostumbrado. Poco después de las cinco y media (17:36) una globera (una vendedora de globos) me preguntó la hora. “Son las seis menos veinte” le mentí para no entrar en explicaciones. “Faltan veinte minutos para las seis” me vi obligado a explicarle cuando noté su cara de desconcierto. Finalmente reforcé: “las cinco cuarenta” (en realidad quería decir: “son las cinco de la tarde con cuarenta minutos”), pero la vieja ya había iniciado su marcha dedicándome antes un gesto ofensivo. “Las cinco cuarenta...” me quedé repitiendo mentalmente “qué se habrá creído esta cabrona” (obviamente la cabrona era Selfa, no la vendedora de globos, y en ese momento tampoco eran las cinco cuarenta sino las 17:42).

La cabrona, es decir Selfa, tampoco se llama así; su verdadero nombre es María Guadalupe, igual que Victoria (tal vez no igual, pues he dicho que Victoria no era Guadalupe; o quizá sí igual porque Guadalupe tampoco era Selfa). Ese nombre lo adoptó Guadalupe (María, no Victoria) a petición de su novio (no yo, otro) cuando estudiaba la preparatoria; creo que era el nombre de un poema o el apellido de un poeta. El caso es que a ella le gusta que la llame Selfa y a mí también me gusta llamarla así porque me parece un nombre musical, casi místico, y lo que es mejor: corto.

Alrededor de las seis (eran las 17:58 cuando lo noté) empezaron a llegar las urracas (¿o eran cuervos?) y las demás aves emprendieron el vuelo asustadas (o quizá acostumbradas, o resignadas; en todo caso se marcharon). La plaza Victoria se llenó entonces con el barullo de esos pájaros negros. Las familias (si acaso lo eran) que estaban descansando (si descansaban) bajo los encinos (sin duda lo eran, blancos o plateados, pero al fin encinos) emprendieron la retirada igual (no igual, desde luego) que las otras aves (las de un principio), sólo que a la gente no la motivaba el miedo sino el afán de esquivar los excrementos que caían a discreción desde lo alto de los árboles.

Las campanas de la iglesia no sonaron a las seis en punto, sino un poco más tarde (18:06); tampoco sonaron seis veces; la verdad es que perdí la cuenta después de la novena campanada porque me entretuve, primero mirando a las urracas que huyeron asustadas (definitivamente asustadas, ningún ave podría acostumbrarse a esa escandalera) y después contemplando a una japonesa (china o coreana, es igual, pensé en ese momento) de no muy malos bigotes (realmente los tenía, aunque eso sí, mucho muy ralos) que daba cuenta de un algodón de azúcar en una de las bancas más próximas a la estatua, y que parecía regalarme su sonrisa reluciente de vez en cuando. Por un momento creí que la china (o japonesa o coreana, seguí dudando) me coqueteaba, pero luego comencé a pensar que la malvada vietnamita (es igual) en realidad se estaba riendo de lo ridículo que me vería yo parado como (perfecto) idiota junto a GuadalupeVictoria-Miguel esperando a LaCabrona-Selfa-MaríaGuadalupe...

El cuento completo lo podrán encontrar en "Novísimos cuentos de la república mexicana, 32 relatos cortos, cuentos posmodernos y minificciones". Prólogo, selección y notas de Mayra Inzunza. Fondo Editorial Tierra Adentro (2005).

martes, febrero 14

Aunque no lanzara flechas

A entrañables y extrañables,
a inolvidables e inobligables,
a los de toda la vida como a los de mala vida,
a confidentes y coincidentes,
Incluso a circunstanciales e insustanciales,
a los recientes y a los pacientes,
a los leales y a los letales,
a solidarios y solitarios,
a los amables y a los atables...

A mis amigos, en fin,
los saludo en este día
que recordamos a Don Vicente Guerrero (q.e.p.d.)

lunes, febrero 13

Los ET's de Anzures


Un lote de piezas (pinturas, dibujos y esculturas) de Carlos Anzures, inspirado por completo en el tema exobiológico, conforman la colección del "MUSEO EXTRATERRESTRE", que abrió sus puertas en Ciudad Victoria durante la navidad pasada. El pequeño local está muy bien ambientado y cuenta con una sala que simula la disección de un "insectoide" de talla considerable. Este museo, único en su género, constituyó todo un suceso en nuestro ranchito durante las pasadas vacaciones. Esperemos que el proyecto siga creciendo.

martes, febrero 7

Nadie se busque aquí,
se escuche en mi voz, se avenga a mi idea.

No escribo para ustedes, ellos, los otros.
Por nadie y para ninguno.

Quien se mire en mis letras se engaña
de la A a la Z

Mi palabra hace círculos en torno a mí

y cae.