Cumpleaños feliz










Cumplen hoy muchos febreros el flaco de Úbeda y el viejón. Sabina, cincuenta y nueve, cuatro años menos mi apá. Dice el viejo que Joaquín es un condenado payaso y no más; el flaco -eso seguro- estaría contento de conocer a don Andrés (a. La Maldición). Y aunque se vea y suene mal, y aunque ellos -quizá- gritarían que no, digo lo que en estos casos tiene que decirse y ya: que cumplan muchos, pero muchos años más.
Y como es probable que en los días que a éste siguen no me encuentren por aquí, les dejo una rolita para sus hembras (u hombres) y -a huevo- para la Mujer Maravilla. Una canción muy oportuna, según yo.
Entonces, ¿cómo se dice?
Que vengan las otras, las siguientes y las demás.










Contigo

Yo no quiero un amor civilizado,
con recibos y escena del sofá;
yo no quiero que viajes al pasado
y vuelvas del mercado
con ganas de llorar.

Yo no quiero vecinas con pucheros;
yo no quiero sembrar ni compartir;
yo no quiero catorce de febrero
ni cumpleaños feliz.

Yo no quiero cargar con tus maletas;
yo no quiero que elijas mi champú;
yo no quiero mudarme de planeta,
cortarme la coleta,
brindar a tu salud.

Yo no quiero domingos por la tarde;
yo no quiero columpio en el jardín;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata,
porque amores que matan nunca mueren.

Yo no quiero juntar para mañana,
no me pidas llegar a fin de mes;
yo no quiero comerme una manzana
dos veces por semana
sin ganas de comer.

Yo no quiero calor de invernadero;
yo no quiero besar tu cicatriz;
yo no quiero París con aguacero
ni Venecia sin ti.

No me esperes a las doce en el juzgado;
no me digas “volvamos a empezar”;
yo no quiero ni libre ni ocupado,
ni carne ni pecado,
ni orgullo ni piedad.

Yo no quiero saber por qué lo hiciste;
yo no quiero contigo ni sin ti;
lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata,
porque amores que matan nunca mueren.


L. y M. de Joaquín Sabina, en Yo, mi, me, contigo.

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