Quickribbon PESINISMO: mayo 2009

viernes, mayo 29

Cada cual según le vaya


Fui invitado a dos eventos que se desarrollarían simultáneamente. Quise dividir la única hora que tenía disponible. Deserté, sin embargo, del primero porque una falla técnica se alargó como si fuera una geológica. El otro era la Feria Universitaria del Libro. Llegué, obviamente, después del protocolo, pero pude ver a Clara, que saludaba a sus invitados. A la maestra Débora la hallé en los pasillos, buscando libros, lo mismo que a Perla, quien leerá el miércoles. Unos metros más allá, en uno de los módulos de venta, me encontré a la chica que toca (entre nosotros diré que también escribe y que, de hecho, la conocí en el taller de Ortiz). No dejaba de llover, y sin embargo, de ahí también me largué cuando sentí que se me subían las hormigas.

miércoles, mayo 27

Llegó la hora

...Ológico.

Por fortuna ya pasaron
los días de la incontinencia.




Escuchado en una oficina de Educación
donde se hablaba de una oficina de Salud.

martes, mayo 26

Tenemos una cita (o muchas)




el jueves 4
donde ya saben
Comentarios a cargo de Elín Lopez



jueves, mayo 21

Monstruo








YA QUE TANTO SE QUEJA del sobreprecio, bien podría uno conseguir libros en la biblioteca estatal. Yo suelo hacer eso. Pero es tan estimulante comprar un libro magnífico a un precio ínfimo. Esto último lo hago tanto como puedo.
No voy a negar que a veces me asalta el remordimiento. Pensar lo que le cuesta a un artista producir su obra para que luego uno se porte tan mezquino. Suena casi imperdonable. Afortunadamente el sentimiento de culpa desaparece casi al momento de identificarlo.
En la Feria de León, Ricardo Solís se enteró de esta pasión mía, es decir de lo miserable que soy. Luego de algunos cafés, de varios cigarros y de mucha biobibliografía, acabó buscando para mí un librazo que él mismo pagó. "Una ganga", dijo. Medio año más tarde, en la Feria de Guadalajara, me sorprendió haciendo lo del otro día. Nos vimos casi por accidente, así que no tuvimos tiempo para intercambios. Una semana después alguien me trajo dos libros que Ricardo había cazado especialmente para mí. De esa colección ya tenía yo en casa algunos ejemplares, los compré en un almacén que cerró el año pasado.
Nunca me he considerado un buen amigo, ni siquiera un buen conversador, pero algo he de tener, tal vez cierto aire desgraciado, que despierta la compasión de los demás, en fin algo que los anima a regalarme libros o a conseguírmelos a bajo precio.
Desde noviembre he estado muy ocupado, así que los libros se fueron apilando en las mesas. Esta semana, finalmente, pude leer uno de aquellos regalos.
"Cierre los ojos, aguarde a que la acelerada trepidación del convoy, a su izquierda, anuncie la inminente irrupción en la estación del metro y ábralos en el momento de empujar a la vía, con todas sus fuerzas, a la persona situada de espaldas delante de usted. Escuche su aullido de terror, el golpeteo del cuerpo destrozado por el vagón delantero, el violento e inútil chirriar de los frenos, los gritos de confusión de los usuarios apiñados en los andenes mientras deja caer las octavillas acusadoras y huye velozmente por pasillos y escaleras hacia la salida, mezclado con el gentío habitual a esas horas.
Entonces, sosiegue el paso, adáptese al ritmo de los demás, compruebe la normalidad de su aspecto en el cristal de una tienda y sonría al cercano agente de tráfico con dulce y bobalicona expresión."
Juan Goytisolo
Paisajes para después de la batalla
Espasa Calpe. 1999. España.

martes, mayo 19

Y radiante








"Quizá más lo primero que lo segundo
y también viceversa."

sábado, mayo 16

Leer mejor

martes, mayo 12

Nunca




"Ni en mayo que los días son largos", sentenciaba mi madre cuando hablaba de alguna imposibilidad (por ejemplo, ante quien pretendía saber cuándo se casarían por la iglesia ella y mi padre). Y aunque no carecía de cierto peso científico, jamás escuché a otra persona usar esa misma frase.

En este sucio agujero, los últimos días han sido bastante largos. Y cálidos donde los haya. Hace dos días, sin ir más lejos, me enteré de que los incendios forestales tenían sitiada el área protegida de El Cielo, la reserva ecológica más importante de acá.

Por culpa de la genética yo no puedo aprovechar al aire acondicionado ni prescindir de mis lentes negros. Por eso, a medida que la sensación térmica aumenta, empiezan a sucederme cosas raras. Este fin de semana, luego de usar un cubrebocas por más de cinco horas, me brotaron cuatro espinillas en esa otra área protegida (y con lo que esto llega a atormentar a un feo); más tarde se me estropearon los lentes, así que los traje colgando de una sola oreja porque no era cosa de ponerse vanidoso con una nariz granosa, los ojos colorados y la frente chorreando sudor.

Aquellas sensaciones que creí sepultadas por dos benévolas décadas, renacieron anoche frente al espejo mientras yo ideaba la manera de desaparecer los humillantes granitos. (De los lentes ni hablar, para eso guardo un repuesto con reproductor de música integrado). Luego de algunas maniobras me convencí de que los barritos amanecerían apagados por completo.

Tenía que ser una clara certeza lo que me hizo dormir tan a gusto entre tanto calor. Tuvo que ser eso, porque ni siquiera noté los estertores que, con toda seguridad, en medio de la madrugada debió dar, antes de apagarse para siempre, el ventilador que puse a veinte centímetros de mi cama. ¿Sería eso o será quizá que me estoy acostumbrando a vivir en el infierno?

Sea lo que fuere, quiero verlo como una ventaja. Porque lo del clima artificial, eso ni en mayo que los días son largos.


Página 100



"POR PRIMERA VEZ, su amor por Edward estuvo asociado a una definible acción física, tan irrefutable como un vértigo. antes sólo había conocido un caldo reconfortante de emociones cálidas, un espeso manto invernal de bondad y confianza. Aquello le había parecido suficiente, un logro en sí mismo. Ahora despuntaban por fin los albores del deseo, preciso y ajeno, pero claramente suyo; y, más allá, como suspendido encima y detrás de ella, justo fuera del alcance de su vista, estaba el alivio de ser igual que todo el mundo. A los catorce años, desesperada por su tardío desarrollo y por el hecho de que todas sus amigas ya tenían pechos mientras ella parecía todavía una niña de nueve años gigantesca, tuvo un instante de revelación semejante delante del espejo, la noche en que por vez primera discernió y sondeó una nueva y tirante turgencia alrededor de los pezones. Si su madre no hubiera estado preparando su clase sobre Spinoza en el piso de abajo, Florence habría gritado de júbilo. Era innegable: ella no era una subespecie aislada de la especie humana. Triunfal, pertenecía al género."


Ian McEwan
Chesil Beach
Traducción de Jaime Zulaika.
Anagrama. Barcelona. 2008.

viernes, mayo 8

Page 31





Keep the hell out of my body bag.










Kurt Vonnegut
Breakfast of champions
Dial Press. 2006.

lunes, mayo 4

Animar la historia





A la gente como uno sólo le queda, y eso a veces, tomar lecciones de allá y de acá. Leer para divertirse, mas también para aprender.

Yo recordaba un nombre. No el nombre de una novela sino de quien la escribió: Yuri Herrera. Y era todo lo que yo sabía. No pude decir, cuando me lo preguntaron, si se trataba de un hombre o de una mujer. "Es hombre", alguien me lo dijo, "y compuso una novela hermosa". Yo a ese tipo de novelas procuro perseguirlas, pero esta vez no hubo necesidad, un amigo se encargó de ponerla en mis manos.

Y paso de una buena vez a la lección que aprendí. Leyendo Trabajos del reino (FETA-CECUT, 2004, y de reciente aparición en España bajo el sello Editorial Periférica) uno vuelve a darse cuenta (como si lo hubiera perdido de vista y de pronto apareciera ante nosotros) que importa tanto o más la forma en que se cuenta una historia que la historia misma. Sí, decididamente importa más lo primero que lo segundo, y si no...

-A ver, cuénteme, ¿cómo arma un corrido -dijo el Periodista-. Dice la historia y ya?
El Artista sabía cómo, pero nunca lo había formulado, la pericia era una prenda oculta por pudor, de la que casi nunca se hacía consciente. Sin embargo, ahora le dio confianza hablar de ello.
-La historia se cuenta sola, pero hay que animarla -respondió-, uno agarra una o dos palabras, y las demás dan vuelta alrededor de ellas, así se sostiene. Porque si nomás fuera cosa de chismear, para qué se hace una canción. El corrido no es nomás verdadero, es bonito y hace justicia. Por eso es tan bueno para honrar al Señor.
(p. 70)


Y es que en esta novela cada palabra parece estar exactamente donde debía. No hay en ella exageraciones, ni descripciones innecesarias ni adornos de principiante. La construcción es bella, cada frase es impecable; pero además lo coloquial y lo poético conviven de una manera que nos deja maravillados. Yo, al menos, me quedé con una sensación que no he podido indentificar. O tal vez sí: para mi padre sería tan sencillo decir que me quedé con cara de pendejo.

Días de puercos


Que los chinos, que los argentinos,
que los franceses rehuyen al beso mexicano.
Hoy, en extraños países nuestros hermanos sufren maltrato,
y en México, si los tratan, tampoco los tratan bien.
Que si Obama, los iluminati y sus armas biológicas...
Que si porcina, si mexicana, si de norteamérica...
Y resulta que un humán ha transmitido a un cerdo
nada menos que la influenza porcina.
(A saber si lo besó o simplemente le dio la mano).
Que si el VIH (Virus de la Influenza Humana) o el A H1N1...
Que sí, que no.
Que el tapabocas no tapa lo que debería tapar;
que ese trozo de tela, más que cubrir, "encubre"
campañas políticas, legalizaciones,
deuda externa, recesión...
Que el receso servirá para maldita la cosa.


Por el bien de la población,
es hora de apagar la tele y desconectar la Internet.