Quickribbon PESINISMO: Animar la historia

lunes, mayo 4

Animar la historia





A la gente como uno sólo le queda, y eso a veces, tomar lecciones de allá y de acá. Leer para divertirse, mas también para aprender.

Yo recordaba un nombre. No el nombre de una novela sino de quien la escribió: Yuri Herrera. Y era todo lo que yo sabía. No pude decir, cuando me lo preguntaron, si se trataba de un hombre o de una mujer. "Es hombre", alguien me lo dijo, "y compuso una novela hermosa". Yo a ese tipo de novelas procuro perseguirlas, pero esta vez no hubo necesidad, un amigo se encargó de ponerla en mis manos.

Y paso de una buena vez a la lección que aprendí. Leyendo Trabajos del reino (FETA-CECUT, 2004, y de reciente aparición en España bajo el sello Editorial Periférica) uno vuelve a darse cuenta (como si lo hubiera perdido de vista y de pronto apareciera ante nosotros) que importa tanto o más la forma en que se cuenta una historia que la historia misma. Sí, decididamente importa más lo primero que lo segundo, y si no...

-A ver, cuénteme, ¿cómo arma un corrido -dijo el Periodista-. Dice la historia y ya?
El Artista sabía cómo, pero nunca lo había formulado, la pericia era una prenda oculta por pudor, de la que casi nunca se hacía consciente. Sin embargo, ahora le dio confianza hablar de ello.
-La historia se cuenta sola, pero hay que animarla -respondió-, uno agarra una o dos palabras, y las demás dan vuelta alrededor de ellas, así se sostiene. Porque si nomás fuera cosa de chismear, para qué se hace una canción. El corrido no es nomás verdadero, es bonito y hace justicia. Por eso es tan bueno para honrar al Señor.
(p. 70)


Y es que en esta novela cada palabra parece estar exactamente donde debía. No hay en ella exageraciones, ni descripciones innecesarias ni adornos de principiante. La construcción es bella, cada frase es impecable; pero además lo coloquial y lo poético conviven de una manera que nos deja maravillados. Yo, al menos, me quedé con una sensación que no he podido indentificar. O tal vez sí: para mi padre sería tan sencillo decir que me quedé con cara de pendejo.