martes, mayo 12

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"POR PRIMERA VEZ, su amor por Edward estuvo asociado a una definible acción física, tan irrefutable como un vértigo. antes sólo había conocido un caldo reconfortante de emociones cálidas, un espeso manto invernal de bondad y confianza. Aquello le había parecido suficiente, un logro en sí mismo. Ahora despuntaban por fin los albores del deseo, preciso y ajeno, pero claramente suyo; y, más allá, como suspendido encima y detrás de ella, justo fuera del alcance de su vista, estaba el alivio de ser igual que todo el mundo. A los catorce años, desesperada por su tardío desarrollo y por el hecho de que todas sus amigas ya tenían pechos mientras ella parecía todavía una niña de nueve años gigantesca, tuvo un instante de revelación semejante delante del espejo, la noche en que por vez primera discernió y sondeó una nueva y tirante turgencia alrededor de los pezones. Si su madre no hubiera estado preparando su clase sobre Spinoza en el piso de abajo, Florence habría gritado de júbilo. Era innegable: ella no era una subespecie aislada de la especie humana. Triunfal, pertenecía al género."


Ian McEwan
Chesil Beach
Traducción de Jaime Zulaika.
Anagrama. Barcelona. 2008.