sábado, agosto 18

Qué cool era


Para dar respuesta al caos que produjo el incremento del parque vehicular heredado, entre otras cosas, de las sucesivas regularizaciones, este sucio agujero pretendió colocarse a la altura de las más civilizadas urbes del país y del mundo, y también estrenó reglamento de tránsito la madrugada de hoy.

Era urgente, dijo el alcalde, pues hogaño en cada esquina hay un establecimiento de bebidas embriagantes. A mí lo que me embriaga es su candidez, pues esos establecimientos son propiedad del alcalde, lo mismo que las gasolineras insertas en los sectores que hace unos años se consideraban prohibidos.

Era ineludible, dijo el edil, pues la ola de accidentes viales iba en aumento desquiciante. A mí lo que me saca de quicio es que en las calles principales (en la calle diecisiete, la de la alcaldía, para mayores datos) los júniores juguetéen a sus anchas en coches y en motocicletas (es tan cool, ¿ves?) y que nadie diga pío hasta que aquéllos se den en la madre.

Mi vida de abstemio tiene lo que va de este año. Ese mismo periodo lo había dedicado a actuar como conductor designado. Anoche, sin embargo, ninguno de mis amigos se animó a beber, desecharon la invitación que les hice para conocer el bar que inauguró mi hermano, ni siquiera aceptaron que yo transportara su embriaguez. Simplemente no quisieron figurar en la estadística del primer día (el nuevo reglamento prohibe a los borrachos incluso viajar en taxi o autobús).

Por ahora, nada de olvidar el cinturón de seguridad, ni contestar el celular, ni subirle al autoestéreo ni dejar los documentos en casa; las señoras, nada de cargar bebés ni maquillarse en el coche. En San Fernando, una ciudad más norteña y más cool, incluso el quedarse sin gasolina o pinchar un neumático y no traer gato hidráulico serán motivo de infracción. Algunos dicen que esta situación no durará demasiado; visto que ese reglamento es inconstitucional, los victorenses podríamos ampararnos contra la obligación de contratar el seguro de daños a terceros, lo que debemos hacer antes de treinta días. Otros afirman que nos acostumbraremos. Hay incluso quienes dicen que los expendedores de bebidas alcohólicas presionarán a las autoridades para que todo vuelva a su cauce natural. Yo lo único que tengo cierto es que las mordidas, que nunca pasarán de moda, serán cada vez más grandes y más profundas.
A propósito del nuevo reglamento de tránsito del Distrito Federal, Hernández publicó este cartón que a nosotros se nos acomoda un poco.


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