Quickribbon PESINISMO: Tantos mundos a la vista

jueves, agosto 2

Tantos mundos a la vista

¿Que ha sido una semana intensa? Puede ser. Sobre todo por la vuelta al trabajo. Pero una semana de amortiguamiento en todo caso. La escuela vacía de estudiantes y maestros. Una semana de transición entre la pasividad y el desenfreno. Una semana, pues, de cine y litaratura. He aquí el recuento:


De paseo por una librería del CoNaCultA me encontré la novela con que inauguró el siglo XXI Milan Kundera, La Ignorancia (Tusquets. México. 2000. 199 p.), en condiciones de maltrato (me gusta cómo suena eso, pero les suplico no malinterpretar). Sobreactué cuando me vi hurgando en los estantes por un ejemplar más nuevo, las secretas intenciones cristalizaron: me dieron un buen descuento por esa novela y por En su reflejo la luz (Aldus-Conaculta. Col. La Centena. México. 2002. 94 p.), una colección de cuentos de Jesús Gardea que incluye algunos textos que ya había leído en otros libros de ese autor, por ejemplo La Pecera o Septiembre y los otros días.

Es, La Ignorancia, una historia de emigrados que regresan a su país de origen. Sólo por unos días que son como estar en el limbo. Una transición entre dos mundos igualmente ajenos. Volver a donde los familiares y los antiguos amigos para saber que ahí ya no tienen cabida; reconocer las palabras de aquel idioma, pero escuchar un lenguaje que ya no entienden. No pertenecer. Kundera prefirió publicar primero en español esta novela y no en el francés original (no es su lengua natal, record
emos, sino un idioma adoptado en forma tardía) por cierta afinidad sentimental con los exiliados españoles.



Terminados esos dos, seguir con Afuera hay un mundo de gatos (ICOCULT. Col. La Fragua. Saltillo, Méx. 2006.) el libro de Jesús de León del que les he venido hablando. Un libro reconstruido, dice el autor, pues para reeditarlo hubo necesidad de quitarle algunos textos y agregar otros que si bien fueron publicados en la misma época que la versión primera de este volumen, aparecen hoy actualizados con el conjunto general de la obra. Les recomiendo Jardín en recuperación, Hermanito, no te preocupes por mamá y Onán, aunque harían muy bien en chutarse el librito entero. ¿Cuántas páginas? Ni peregrina idea; ya les dije que mi ejemplar está incompleto.


Lo peor de ambos mundos. Relatos anfibios (FETA. México. 2006. 153 p.) fue el libro que presentó Mayra Luna en cierto encuentro de escribidores realizado en (de)cierto lugar. Mayra estuvo impartiendo un taller relámpago en el cual Hulk destacó como el peor estudiante. ¿Qué quieren?, la bestia reacciona mal ante el estrés. El simple hecho de sentarse a la mesa con una sicoterapeuta lo pasó del verde al rojo y no casó pies con cabeza. Para no hacerles el cuento largo (eso, ya lo verán, es tarea de Mayra Luna) digo que también compré ese libro a precio rebajado (privilegios de los quejicas, ya saben).

Pues bien, Mayra aprovecha su oficio (sus oficios, mejor dicho: el de sicoterapeuta y el de escritora) y nos pone de rodillas ante una sordidez sicológica que constriñe el estómago, perturba el encéfalo y somete el cuerpo entero a un tráfago de sensaciones ingratas. Debo decirlo porque después no me aguanto: hay momentos en que el discurso me parece un tanto recargado (artificioso sería tal vez una palabra injusta, puesto que yo no soy un lector educado); pero también hay pasajes -e incluso textos completos- en los que no hay verbo, sustantivo ni nexo que dejen de justificar su demoledora inclusión. En cuanto puedan, consigan este libro y lean Un cuerpo como el suyo o El fracaso está en otra parte; verán cómo les queda el ojo (de payaso digo muchas de estas cosas).



Ya estaba en los alrededores de Blockbuster cuando vi un billete en el suelo. Y como suelo preguntar a quién pertenecen las cosas que me encuentro, así interrogué a unas gentiles damas que me precedían. Que no era de ellas, dijeron las muy honestas, que quizá pertenecía a otra pareja que iba más adelante. Que corriera tras ellos, me aconsejaron. Las obedecí pura fregada; mejor entré a la tienda de videos y salí de ahí sin el billete, pero con tres películas:


Neal Cassady, el más genuino miembro de la Generación Beat, nunca publicó un libro en vida, pero su muy particular estilo de composición de cartas estimuló al joven J. Kerouac para concebir su noción de prosa espontánea (parte del taller de Mayra, por cierto, proponía los preceptos de Kerouac como ejercicios de creación). Sin Cassady, dicen, jamás habría existido la Generación Beat.


Mente suicida (The last time I committed suicide. EUA. 1997) pone en pantalla la autobiografía inconclusa de Cassady, The First Third. Un reparto que incluye a Adrien Brody, la guapísima Claire Forlani (remember Meet Joe Black?) y a Thomas Jane en el papel de Cassady, pero en cuya portada aparece Keannu Reeves por razones estúpidamente obvias. Pues eso, la vida de Cassady hasta mucho antes de lo que a mí me interesaba ver, aunque en la sinopsis prometen retratar a los miembros de esa camada de poetones.


Una de esas noches nos invitó Sigifredo a una cantina llamada Las Quince Letras (en este sucio agujero, es decir en Ciudad Victoria, es una papelería la que lleva ese nombre) a la que no pudimos entrar por lo concurrida que estaba. Decidimos caminar. Empezamos recordando palabras de quince letras (paralelepípedos, fue la primera que se me ocurrió), luego Emilia preguntó si sabíamos, además de murciélago, palabras que incluyeran las cinco vocales (estructuración, aburrimiento, plurinominales, anquilosamiento, antediluviano...) lo que nos proporcionó otros minutos de entretenimiento. Finalmente nos hallamos recordando e inventando palíndromos. Yo dije el clásico Anita lava la tina, que no es lo mismo que Anita, súbete a la hamaca. Por eso cuando vi ese título me lo llevé a casa.


Palíndromos (Palindromes. EUA. 2004) quiere narrar la historia de Aviva, una chica (una niña, mejor dicho) que intenta por todos los medios convertirse en madre. Cuando consigue embarazarse, enfrenta la buena voluntad de los adultos, de ésos que quieren hacer el bien a como dé lugar. Convendría recordar aquí la idea aquella del sabio Marqués de Sade, que más o menos decía: en tanto más procures hacer el bien,
mayor muestra darás de tu egoísmo. Entre parodia, crítica seria y fábula moral, la película no me agradó del todo, aunque hubo algo que me gustó: muchas mujeres, diferentes en cuanto a edad, fisonomía e incluso raza, interpretan a Aviva. "No importa cuánto cambies por el frente, detrás sigues siendo la misma", dice alguien casi al final de la historia.

La que sí me satisfizo fue El Paraíso Ahora (Paradise Now. Palestina, Holanda, Francia y Alemania. 2005), una película que quería ver hace mucho, pero por insospechadas causas me había sido imposible. Una miradita a la impotencia que vive el pueblo palestino ante el abuso de que es objeto y ante la indiferencia internacional. "Ellos le han hecho creer al mundo que son la víctima", dice Saïd, el personaje principal, refiriéndose a quienes ocuparon impunemente su territorio y los obligaron a sobrevivir en campos de refugiados, por decir lo menos. "Pero, al menos por una vez, yo también puedo ser víctima y asesino".



¿Una semana intensa? Puede ser.


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