Quickribbon PESINISMO: junio 2007

sábado, junio 30

De estaciones e iluminados

Pues eso. El ejército iluminado, obra de uno de mis autores mexicanos jóvenes consentidos, hablo del regio David Toscana, fue una de las cuatro finalistas del Premio Internacional de Novela "Rómulo Gallegos" que, como todos sabemos, ganó nuestra amada Elenita con El tren pasa primero. Las otras dos novelas finalistas, de un total de 228 obras de 18 países, también son mexicanas: Tres lindas cubanas, de Gonzalo Celorio y Los minutos negros, del tamaulipeco (A güevo) Martín Solares.

De El ejército iluminado ya he dicho tres palabras durante el mes de abril, pero no está de más mencionar que narra las infortunadas aventuras de Ignacio Matus, maestro de Historia y maratonista olímpico, y de cómo, acompañado por cinco retardados mentales, intenta (fallidamente) la reconquista de El Álamo, una mínima parte (pero simbólica según Matus) del territorio arrebatado a México por los Estados Unidos a mediados del siglo XIX.

Tratándose de un auténtico derroche de ingenio, no sorprende que la novela de Toscana haya estado a punto de alcanzar uno de los más importantes premios literarios de hispanoamérica; un galardón que han obtenido, entre otros escritores, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa. Felicidades, maestro Toscana. Felicidades, Monterrey.

viernes, junio 22

Desdudando


R
esultó que el occiso desconocido (alguien dijo que se llamaba Eloy, pero sólo en son de broma) nunca fue, en efecto, atropellado. O quizá fue víctima de un atropello, mas no de un atropellamiento. Se trata de un veracruzano que, apenas terminar su jornada en la cosecha de cítricos, empezó ese mediodía a salpicar de sangre y saliva las inmediaciones de la báscula pública de Plan de Ayala. Para algunos ésa era la hora de la comida, para otros, la de las caguamas. El paisano tuvo que cargar su cuerpo -de menor masa cada vez, cierto, pero cada vez más pesado- hasta El Barretal, más de mil metros al Norte. En el Centro de Salud de allá le diagnosticaron un cuadro severo de cirrosis y le dijeron que se fuera mo-vi-di-to al Hospital General de Ciudad Victoria. Ni siquiera pudo llegar a la oficina de autobuses, apenas cruzar la plaza y ya estaba de espaldas al suelo, ahogándose con el último espumarajo de sangre. El Centro de Salud no tenía forma -dijeron- de atenderlo ni de efectuar el traslado hasta la capital del estado. Quizá esta información despeje las dudas que nos agobiaron hace dos días; a mí, sin embargo, todavía me inquieta la coloración de aquellos tenis que, sin llegar a ser tan blancos, tampoco se veían muy manchados de sangre.


martes, junio 19

Blanco y rojo



¿Qué mueve a los extraños a cubrir los cadáveres callejeros con lienzos blancos? Nunca he visto que a un cristiano (es tan sólo una expresión) fallecido en la vía pública los vecinos de esa calle lo cubran con trapos de otro color. Una vez sí, pero casi no cuenta: cuando mataron a mi vecina, alguien la cubrió con una cobija de cuadros azules y rojos, pero sólo unos minutos, luego la reemplazaron (a la cobija) por una sábana blanca que olía a nuevo o a Vel Rosita.

Vimos esta tarde un muerto a la orilla de la carretera; en la curva de El Barretal para más datos. Una caja de Sabritas, de ésas reciclables que no llevan grapas y es tan fácil alterar su forma una vez y otra, lo tapaba hasta los hombros; de ahí a los tobillos estaba cubierto por un trapo blanco. Estoy seguro de que esa tela era uno de los manteles del restaurante que, a unos pasos del muerto (es un decir, desde luego), hoy lucía tan vacío; quién sabe si esas manchas que en un principio atribuí al sangrado del muerto (es sólo una forma de decirlo pues ya se sabe que los muertos no sangran) eran en realidad vestigios de mole o asado o cochinita pibil. Más allá del trapo blanco destacaban los zapatos deportivos, menos blancos que el trapo, pero blancos al fin y al cabo; parecían dos cohetes a punto de largarse al cielo.

La posición del cuerpo era bastante engañosa. A juzgar por la distancia entre éste y el perfil del asfalto uno podría decir que se trataba de un atropellamiento. Pero viéndolo bien, el cadáver estaba tan derechito y tan elegantemente dispuestos los brazos y las piernas que cualquiera habría pensado, en lugar de eso, que el tipo estaba tomando el sol; situación poco probable a decir verdad, porque a esa hora, sin tumbona ni palapa, la sensación térmica era de unos cincuenta grados Celsius, quizá un poco más a ras del suelo, donde descansaba (es un decir) el cuerpo.

Esa costumbre del público me parece demasiado ingrata. Y no sé si ese gesto se deba a una legítima solidaridad con el cadáver desconocido o a una soterrada mezquindad hacia los curiosos que llegan después. Como sea, por esa sola razón no pude saber si el tipo fue atropellado, si murió de algún infarto o víctima de una bala. Por culpa de los curiosos tempranos tengo tan sólo la memoria del cartón, del trapo blanco y de unos zapatos tenis (muy bien atados por cierto, en el caso de que efectivamente se haya tratado de un atropellamiento).

Por esa mala costumbre, en lugar de estar ahora hablando de nuestra fragilidad, de lo fugaz que es la vida, de cuánto deberíamos agradecer la oportunidad de abrir los ojos cada día, de lo importante que es aprovechar cada momento y en fin de todas esas cosas en las que se suele reflexionar cuando uno vive momentos como éste, yo tengo que pensar únicamente en las razones de ese trapo blanco. No se vale, caray.



lunes, junio 18

Somático


C
ada vez que te despides,
"sicosomático" suena menos y menos extraño.
Pongo como ejemplo el último fin de semana:
No habías completado la fórmula del adiós cuando vino la llamada de mi muela.
¿Qué podía entonces hacer, seguir hablando contigo o centrar mi atención en ella?
Todo hombre inteligente sabe que no es bueno transigir con un molar enfermo
y que el diálogo con la mujer herida es, ante todo, una quimera.
Hice pues lo que debía:
dejarte partir el viernes y visitarte el domingo,
concertar con mi dentista una cita sabatina
y combatir mientras tanto ambos dolores con alcohol.
Mañana es viernes de nuevo y ya me faltan dos piezas.
Según pintan las cosas, pronto voy a echar de menos dientes, cabello y a ti.
Apenas cerraste la puerta corrí a darle un puntapié;
crujió una vez la madera pero se conservó intacta,
en cambio esta uña derrocada habla y habla del final.


¿Cuándo bajará el telón?



"Si pudieran ver mi corazón,
casi me daría vergüenza"



W.A. Mozart

sábado, junio 9

098453001




¿Vale decir
"nos reímos como enanos"
si nuestra risa fue por lo bajo?




viernes, junio 8

La tonada

Escolta

Ésta me parece la canción más cagada de la historia; Adrián, Pancho y yo solíamos cantarla en Cruillas nomás por provocar a los municipales. El guarura de levita es la parodia que hicieran José de la Vega y Guillermo Velázquez del célebre (y manoseado) son huasteco Soy soldado de levita (La leva), de Héctor González según algunas editoras. Esta versión en shotis se hizo famosa en las voces de Óscar Chávez y Los Morales. La encontré por vez primera en Parodias políticas (1988), un álbum doble (¿o triple?) que respondía al fraude electoral de ese año, y luego actualizada en Parodias neoliberales (1996), otro álbum doble que de algún modo resumía el sexenio de Carlos Salinas y nos ponía al día en lo referente al mandato presidencial de Ernesto Zedillo, con alusiones al Chupacabras, Colosio, Posadas, Madrazo y Figueroa, además de intercalar versiones de Las Golondrinas dedicadas a los gobernadores, a los diputados, al regente y al mero preciso. El año pasado, en el programa de Ricardo Rocha, estos trovadores nos regalaron una nueva versión en la que arremetían contra el PAN en vez del PRI. La del sexenio zedillista me sigue pareciendo la mejor, y es la que cuelgo a continuación.


(En ritmo de son huasteco)

Soy guarura de levita, de ésos de Secretaría,
de ésos de Secretaría, soy guarura de levita.

Soy guarura de levita, de ésos de Secretaría,
de ésos de Secretaría, soy guarura de levita.


(En shotis)

Soy guarura de levita, de ésos de Secretaría,
de los que huelen la cola de su jefe todo el día.
Qué sabroso ser guarura, pero de alto funcionario,
de huevones todo el día y nos pagan buen salario.

Esto tiene sus ventajas, no se crean que todo es feo
pues contratando guaruras se combate el desempleo.
Soy guarura de levita, la espalda le cuido al viejo,
pero si hay bronca yo corro, no me quedo de pendejo.

De júnior y la señora no recibo muy buen trato,
nomás de que se les hinchan me traen de su pinche gato.
A mí, experto en subversiones y hombre de tantos tanates,
me cargan con la canasta de chiles y jitomates.

Somos tantos los guaruras contratados por ahí
que ya nos organizamos como otro sector del PRI
y a veces la hueva es tanta y tan chido hacerse pato
que nos están dando ganas de formar un sindicato.

Pero aguanta ser guarura: si el patrón no anda con prisa,
lo esperamos en el coche soportando Televisa
con pirujas y amigochas, me la pachangueo bien padre
y apañando ciudadanos de veras no tengo madre.

No hay una hembra que resista mi porte internacional
soy guarura de levita, no méndigo judicial.
Discreto por profesión, persona que disimula,
no puedo andar de hocicón porque me echan al río Tula.

Voy donde el jefe me llama, detrás como perro fiel,
sólo al baño y a la cama no me meto yo con él;
cuidando a mi liderazo y yendo a donde me manda,
yo sé bien qué transas hace y con cuántas viejas anda.

¿Yo para qué me preocupo?, sin saber ni el silabario,
vendo por ahí mis memorias y me vuelvo millonario.
Soy guarura de a deveras, soy coleto de los blancos,
si me corren de esta chamba me meto de asaltabancos.

¿Yo para qué me preocupo?, soy muy buen especialista,
para mí no hay estudiante que no sea un zapatista.
Tuvimos que dar la cara en el caso de Posadas,
fueron muchas las mentadas gracias a Guadalajara.

Mas la culpa no fue nuestra, lo sabe todo el país:
no es lo mismo usar Volkswagen que traer un Grand Marquise.
Mi papá fue granadero, mi mamá ya es policía,
me expulsaron de la DEA, pero me dejó la CIA.

A veces se siente gacho andar en este negocio,
no nos cuajó con Camacho ni tampoco con Colosio;
pero te queda un consuelo si te portas bien sencillo:
aunque hable mal la prensa, ya nos tocó con Zedillo.

Lo que a veces es penoso y se piensa mal de ti
es que te vistan de muchacha y parezcas trasvesti,
pero nos queda un consuelo cuando sales en las fotos,
que nos vemos más bonitos que cualquiera de los jotos.

Ya no le tenemos miedo ni al SIDA ni a la hemofilia
pues todo lo justifica el bienestar de la familia.
Una cosa sí nos gusta y es pertenecer al PRI,
como buenos chinchulines siempre votamos que sí.

Ya con ésta me despido, recordando aquel refrán:
"Más me vale bien vendido manejando un Suburban".
Vuela, vuela, palomita, párate en aquel panteón,
ligaremos más sexenios si nos dan su bendición.




jueves, junio 7

Servir a la educación



Mi vecina vivirá mañana su primer día de trabajo.
Mi vecina tiene veintiséis años.
Mi vecina aplicaba las vacunas a nuestros perros.
Mi vecina regresó hace dos años de la frontera. Entonces se dijo viuda; más tarde me confesó que su marido radica en el penal de Matamoros.
Mi vecina es hija de mis vecinos y ha vuelto al seno familiar.
Mi vecina, la madre de mi vecina, era maestra (titulada) en una escuela primaria; hace unos meses firmó su carta de retiro. Como los autos deportivos, tenía dos plazas.
Mi vecino, veinte años atrás, conducía el camión escolar de mi escuela (yo estudiaba entonces la secundaria), ahora es profesor de tecnologías allá mismo. A uno le da gusto que la gente se supere. Mi vecino, sin embargo, no hizo estudios profesionales.
Mi vecina, la hija de mi vecino, abandonó la carrera de medicina veterinaria para casarse con un burrero muy burro.
A mi vecina, la esposa de mi vecino, le pagaron el mes pasado el primer cheque de su jubilación. Mi vecina, su hija, dice que era de cien mil pesos.
Mi vecina trabajará dos horas al día, dos días a la semana.
Mi vecina buscaba una plaza de intendencia, pero será la maestra de computación en una de las tantas escuelas primarias de esta ciudad.
La hija de mi vecina que no es vecina mía trabaja en otra escuela y en otra ciudad. Heredó la plaza de mi vecina, la mamá de mi vecina.
Mi vecina gozará de una base sindical, pero eso no la hace diferente a los otros maestros de computación, que deben renovar contrato (o quizá no).
Mis vecinos adoran al sindicato de maestros.
Mi vecina entregó, para obtener esa plaza de docencia, un documento que acredita su asistencia al primer módulo de informática en el CECATI, un centro de bachillerato terminal.
Mi vecino entregó para siempre el camión hace bastantes años. En el taller, mi vecino entrega el corazón.
Mi vecina empezará a laborar mañana, pero su incorporación tiene vigencia desde enero.
Mi vecina ya cobró su primer cheque, dice que de treinta mil.
Mi vecina no está del todo contenta; ella preferiría ser intendente.
Mi vecina atenderá dos grupos de cuarenta niños.
Mis vecinos se ven tan satisfechos. Él se va a pensionar muy pronto.
A mi vecina, la hija de mi vecino, le extirparán la vesícula biliar el próximo mes. Ya tramita su incapacidad.
Los alumnos de mi vecina se quedarán sin maestra (y sin clases de computación). Será sólo por unos días.

Mi vecina será, a partir de mañana, a partir de ya, un miembro más del heroico magisterio nacional, orgullo de la patria grande y pilar de la patria chica.
Mi vecina no lo sabía, pero nació para servir a la educación.


miércoles, junio 6

Los últimos días


1. Urge aprender a nadar.
Dos veces esta semana he soñado inundaciones. La primera hace dos días, en carretera: el río saltándose un puente, yo metiendo la reversa, otro afluente llegando por detrás, un remolino que se tragó la camioneta entera, luego el agua dentro del vehículo y yo despertando con una bocanada de sábana rascando mi garganta. La segunda esta madrugada: yo a un lado del puente, mi coche en el otro lado, el agua circundándolo, rodeándome a mí también, el nivel del río en ascenso prometedor, el tic tac del reloj. Hay quienes dicen que en sueños uno podría hacer cualquier cosa. Ojalá fuera cierto. Yo, en cambio, en mis sueños sé que voy a nadar pura chingada.

2. Inicia la girita veraniega: Besar de nuevo el suelo de Burgos, por vez primera en sentido estricto y no metafórico, sin radicales alcohólicos pues; Cita Textual (Cristina Rivera Garza dixit) en Miquihuana, con el negro César, que inaugura Casa de la Cultura; vuelta otra vez a Durango, a lo del Marín-orate y su cártel de escritores. Claro, más lo que se acumule.

3. Ensayar un juguetito cómico con los más valientes del CEMSADET. Cosa difícil en temporada de exámenes. La producción, un verdadero drama. Con todo y con eso la obrita marcha.

4. Preparar otro cursillo para los padrecitos, que lo piden con el corazón. ¿Será que esos tipos no aprenden a la primera o que se aficionaron a los retos de Hulk?

5. Juntas a granel. Academias locales y regionales, eventitis en la buroeducación. Verde, blanco y rojo por todos lados. Abrir de más el hocico en una reunión de directores; a propósito de eso, recibir elogios en público y avisos en privado acerca de una conspiración en mi contra. Chale, estos jefes de ahora no aguantan nadita de nada.

6. Como diría mi abuela (si la tuviera), para vida de que entre el aire, abrir un agujero e instalar personalmente una ventana en mi oficina: guantes, mazo, nivel y cinceles, el hedor del silicón, tremebunda polvareda, tos, cemento y arena. Vinieron a mi memoria las sabias palabras de mis padres veinte años atrás: "Estudie, mi'jo, si no quiere trabajar con el (zapa)pico y la pala".

7. Otros pendientes: A partir de mañana voy a contar cada nuevo perro que vea despanzurrado en la carretera. ¿Que por qué? ¡Rayos!, ¿debo tener una explicación para todo?


martes, junio 5

El salto de la liebre











"Suelo dormir poco.
Pienso que si estoy despierto
no me perderé ningún hecho importante.
Aunque -viéndolo bien- jamás ha pasado nada"




Palabras más, palabras menos, eso dijo MM esta tarde en la TV.


domingo, junio 3

Abajofirmante

"A veces digo algo
y mientras lo estoy diciendo
comprendo que es lo que pienso,
pero justo cuando acabo de comprenderlo,
ya estoy absolutamente convencid@
de lo contrario."
Orhan Pamuk
Me llamo Rojo
Ed. Punto de Lectura. 2007. D.F., México. 687 p.