Servir a la educación



Mi vecina vivirá mañana su primer día de trabajo.
Mi vecina tiene veintiséis años.
Mi vecina aplicaba las vacunas a nuestros perros.
Mi vecina regresó hace dos años de la frontera. Entonces se dijo viuda; más tarde me confesó que su marido radica en el penal de Matamoros.
Mi vecina es hija de mis vecinos y ha vuelto al seno familiar.
Mi vecina, la madre de mi vecina, era maestra (titulada) en una escuela primaria; hace unos meses firmó su carta de retiro. Como los autos deportivos, tenía dos plazas.
Mi vecino, veinte años atrás, conducía el camión escolar de mi escuela (yo estudiaba entonces la secundaria), ahora es profesor de tecnologías allá mismo. A uno le da gusto que la gente se supere. Mi vecino, sin embargo, no hizo estudios profesionales.
Mi vecina, la hija de mi vecino, abandonó la carrera de medicina veterinaria para casarse con un burrero muy burro.
A mi vecina, la esposa de mi vecino, le pagaron el mes pasado el primer cheque de su jubilación. Mi vecina, su hija, dice que era de cien mil pesos.
Mi vecina trabajará dos horas al día, dos días a la semana.
Mi vecina buscaba una plaza de intendencia, pero será la maestra de computación en una de las tantas escuelas primarias de esta ciudad.
La hija de mi vecina que no es vecina mía trabaja en otra escuela y en otra ciudad. Heredó la plaza de mi vecina, la mamá de mi vecina.
Mi vecina gozará de una base sindical, pero eso no la hace diferente a los otros maestros de computación, que deben renovar contrato (o quizá no).
Mis vecinos adoran al sindicato de maestros.
Mi vecina entregó, para obtener esa plaza de docencia, un documento que acredita su asistencia al primer módulo de informática en el CECATI, un centro de bachillerato terminal.
Mi vecino entregó para siempre el camión hace bastantes años. En el taller, mi vecino entrega el corazón.
Mi vecina empezará a laborar mañana, pero su incorporación tiene vigencia desde enero.
Mi vecina ya cobró su primer cheque, dice que de treinta mil.
Mi vecina no está del todo contenta; ella preferiría ser intendente.
Mi vecina atenderá dos grupos de cuarenta niños.
Mis vecinos se ven tan satisfechos. Él se va a pensionar muy pronto.
A mi vecina, la hija de mi vecino, le extirparán la vesícula biliar el próximo mes. Ya tramita su incapacidad.
Los alumnos de mi vecina se quedarán sin maestra (y sin clases de computación). Será sólo por unos días.

Mi vecina será, a partir de mañana, a partir de ya, un miembro más del heroico magisterio nacional, orgullo de la patria grande y pilar de la patria chica.
Mi vecina no lo sabía, pero nació para servir a la educación.


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