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miércoles, marzo 11

Cirque



DOS O TRES MIÉRCOLES AL MES debo trabajar en este sucio agujero. A alguien se le ocurrió formar una comisión académica que propusiera estrategias para remediar lo irremediable. En eso nos hemos entretenido ya tres meses.

La oficina donde nos reunimos está en el mero centro, a una calle de la sede del poder ejecutivo y del Centro Cultural. Precisamente ahí, bajo el Palacio de Gobierno, están las ruinas del primer teatro que hubo en esta ciudad. Hoy el teatro está en el edificio de enfrente, pero las farsas siguen representándose en el escenario original.

Puesto que el nuestro es un centro de pueblo, en días normales el tránsito se hace denso de las ocho de la mañana a las once de la noche. Los estacionamientos, que son pocos, cobran a diez la hora. Hoy no hubo oportunidad ni de eso. Desde muy temprano, las calles alrededor del Palacio estaban cerradas.

Aparqué en la calle diecinueve, cogí mis aperos y eché a andar por Zaragoza y luego por Juárez. cuando estuve cerca del Palacio empecé a ver los pendones verdes y los policías de negro. Decenas de ellos. Las vallas metálicas, también forradas de verde, permitían el paso únicamente a los peatones, y eso hasta la plaza porque ahí el escenario estaba de plano vedado.

Se preparaba un espectáculo de altura. Conté cuatro pantallas de microbombillas (diré LEDS) en los andadores de la plaza y otra más, enorme, en la escalinata de Palacio. A los costados, dos graderías y el sistema de sonido. ¿Una estrella de rock? No podía pensar en otra cosa, sin embargo un policía me sacó de mis dudas. Por la tarde, la primera dama iba a rendir su informe de actividades.

Claro, si el pendón más cercano a mí rezaba: "Con los jóvenes avanzamos" y los otros repetían el mensaje, pero con relación a los discapacitados, los ancianos, los niños y una lista que se alargaba. Ahí mismo, en la plaza, me puse a leer El Expreso. En la segunda página decía que el gobierno estatal recortaría su presupuesto en gasto social. Me acordé de una de mis alumnas, del lugar en el que vive, una choza con techo de zinc y paredes de cobija; me acordé de que esa alumna mía no pudo cubrir la colegiatura de este semestre a pesar de que pagaría únicamente la mitad gracias a su alto aprovechamiento.

Con los desvalidos los gobiernos avanzan, eso ni dudarlo. Si no fuera por ellos, todo este espectáculo simplemente no tendría razón de ser. Hace ya muchos años que los gobiernos se dedican a administrar la pobreza, su mayor recurso.