viernes, abril 23

Lo que compré hoy...

...en la Feria del Libro del Colegio Montessori.


"La escuela a la que asisten Melquiades y Aníbal se llama 'Dos más dos menos dos igual a dos'. El señor Barri, director de la escuela, es un viejo panzón que siempre anda para arriba y para abajo con su regla en la mano. Si ve a un niño con las uñas sucias, el pantalón roto o los zapatos sin bolear, reglazo. Si alguien no canta el himno bien parado y con buena voz, reglazo. Si sorprende a otro comiendo golosinas, reglazo. Para vengarse de él, uno de los alumnos de la escuela le deja papelitos en la oficina que dicen 'Barri Barrigón'. Por más gritos que pone y por más amenazas que lanza, el director nunca ha descubierto quién escribe los recaditos.
La maestra de Melquiades y Aníbal es una señora flaca flaca y alta. Todos la llaman 'Palillo'. Tiene un carácter de los mil demonios y una puntería excelente. Cada vez que descubre que alguien copia en un examen, arroja con fuerza una pelota de goma que duele en el alma. A veces le atina a la cabeza, o al pecho, o a la nalga, o a los dedos de la mano. Y casi siempre el que recibe el pelotazo termina llorando y prometiendo que nunca más en su vida vuelve a copiar.
El maestro de deportes dice que fue portero de la selección nacional, pero está tan viejito que se cansa tan sólo de aplaudir cuando alguno de sus alumnos mete un gol en los partidos contra la escuela contraria, que se llama 'Tres más tres menos tres igual a tres'. Es calvo como una pelota de pin pon y tiene un lunar negro en la punta de la nariz. Además, le faltan dos dientes y huele a pescado podrido".


Aníbal y Melquiades,
Francisco Hinojosa
México, FCE, 1995, 46 p
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LUCIENNE SALAZAR me invitó a celebrar en su escuela el Día del Libro. Luego del protocolo y antes de una obra en la que sus alumnos representaron escenas del Quijote, me puso un micrófono enfrente; esperaba que yo convenciera a autoridades, invitados especiales, padres de familia, maestros y alumnos de adquirir algún título. No sé si lo conseguí. No había mucha variedad en las mesas, todos eran libros para niños (creo que el objetivo de ese evento era precisamente promover la lectura en los más pequeños). Me encontré una novelita de Francisco Hinojosa; escritor que, aquí entre nosotros, goza de toda mi admiración.
La novela vale la pena, como todo lo que hasta hoy he leído de Hinojosa, aunque en la portada hay un error de los que llaman "tipográficos". En lugar de decir que Rafael Barajas "El Fisgón" estuvo a cargo de las ilustraciones, las atribuye a un tal Rafel. ¿Es demasiado pedir que al menos los títulos de las portadas se escriban correctamente?
Entre las sagas de Stephenie Meyer, J. K. Rowling y C. S. Lewis, y entre las series lujosas de Ripley, clásicos juveniles y libros miniatura, estaba Guía para la vida, por Bart Simpson.
Una familia pequeña estaba detrás de mí. El hijo, ejemplar en mano, se acercó a la pareja. No había pronunciado la primera palabra cuando el papá le dijo, con una mezcla de enojo, vergüenza y decepción, "No, eso no". "Mira", agregó enseguida, esta vez mirando a la mujer. El niño intentó hablar, pero la madre, con ese otro tono que caracteriza a ciertas mamás, argumentó: "Ese libro no, porque tú eres un niño decente".
Tuve que salir de ahí, así que no supe cuál fue el título que el niño decente se llevó al final. Supongo que para los padres esta historia tuvo un feliz desenlace.