miércoles, diciembre 27

Lecturas del inicio


Si una cualidad define a Alfredo Marko, ésa es su generosidad al recomendar libros. Esta vez me ha prestado Duelo por Miguel Pruneda, que viajó un mes entero en mi mochila sin oportunidad de alzarme la voz y que este martes, resuelto por fin a descansar en mi recámara, me ha provocado tal compulsión que la he terminado de leer y volví a empezarla al instante; total que me la he leído dos veces una misma tarde. Confieso que nunca hago eso, pero es ese realismo desquiciado, que tal es la forma en que ha llamado el autor, David Toscana, a su literatura, lo que me deja absorto a cada lectura, a cada nueva resonancia en mi cabeza de esos diálogos disfrazados. ¿Cómo es posible que circunstancias, voces y personajes tan comunes, tan cotidianos, se conviertan en una estética sublime, en una orquestación genial? Sin duda David Toscana posee un don innato, un dominio de las estructuras y del lenguaje que no se consiguen en forma fácil ni difícil, que no se aprenden porque sencillamente le son propias, están en él desde mucho antes de formarse el mundo.
Por si acaso hubiere alguna duda de lo que les digo, dejo acá un fragmento de esa novela y hago patente mi agradecimiento a A. Marko por prestarme su libro, pero más le agradezco a Toscana por haberlo escrito.
Aclaración: La edición que leí no es la de la foto, sino la de Plaza & Janés.
Duelo por Miguel Pruneda. Toscana, David. Plaza & Janés México S. A. de C. V. D. F., México. 2002. 219 p.
"¿Faustino?, preguntó Miguel por el teléfono y esperó la respuesta afirmativa del otro lado; entonces, sin saludos ni rodeos, fue al propósito de su llamada. Quiero que publiques mi esquela, necesito que los de la oficina me dejen en paz, que se olviden del homenaje, que Hugo no me esté importunando con preguntas sobre mi vida, que Estela acabe por admitir que las cosas no van a cambiar. Una esquela sencilla, Faustino: ayer a las trece horas dejó de existir el señor Miguel Pruneda, lo participa su esposa Estela Monroy de Pruneda y nada más, el cuerpo se velará en el domicilio del difunto en la calle Degollado 377 sur, departamento seis, pero no se abrirá la puerta a nadie, así es que no vayan ni llamen ni estén jodiendo con abrazos y pésames y vestidos negros. En ese caso, ¿para qué quieres la esquela?, cuestionó Faustino, para eso muérete sin avisarle a nadie. Ya te dije, así no me llaman de la oficina y cancelan el homenaje. Me parece que tú quieres aparecer en el periódico; tienes miedo de morir sin que nadie te dedique unas líneas, porque tus vecinos salen en los diarios, porque hasta la loca del Buen Pan tuvo nota y esquela y la nota hablaba de una idiota que se creyó coche y la esquela de un angelito que subió al cielo; pero si es tu voluntad, te informo que no es cuestión de favores, cualquiera puede publicar una esquela en el periódico si la paga es por adelantado, seis mil pesos, Miguel, y puedes escribir lo que quieras en un espacio de tres columnas por quince centímetros. No tengo ese dinero, reclamó Miguel, y se supone que el muerto no debe pagar su propia esquela. Está bien, accedió Faustino, veré qué puedo hacer."

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