Quickribbon PESINISMO: enero 2007

martes, enero 30

Qué burro que sos

Ja ja ja ja ja ja ja Ja ja ja ja ja ja ja Ja ja ja ja ja ja ja Ja ja ja ja ja ja jaJa ja ja ja ja ja ja Ja ja ja ja ja ja jaJa ja ja ja ja ja ja Ja ja ja ja ja ja ja Ja ja ja ja ja ja ja Ja ja ja ja ja ja ja Ja ja ja ja ja ja ja Ja ja ja ja ja ja ja










lunes, enero 29

Pero yo y los míos...


Ahora sí se va a acabar el mundo. Como que se están viendo cosas que uno nunca hubiera anticipado. A Hulk lo invitaron a impartir un taller de redacción a un grupo del Curso Introductorio para Seminaristas de las Diócesis de Ciudad Victoria, Tampico y Ciudad Valles. Cosa curiosa, el gruñón aceptó, aunque hubo de retorcerse cada que escuchaba las oraciones, cánticos y latinajos antes y después de la comida. Toda una aventura, créanlo. Ya ven ustedes que algunos lo han tachado de provocador, pues nada de eso, vimos esta semana a un Hulk muy domesticado. Esos momentos inevitables de la contraposición de credos fueron más bien duelos de no poder a no poder, en la mayoría de los casos. Vaya, que hasta el rabioso Hulk aprendió algo de sí mismo en estos pocos días: el silencio de los monjes no es lo que él llamaría un sacrificio.



sábado, enero 27

Autor izado



Hay en una página de Internet una sección de cuentos "góticos y misteriosos" en la que acabo de pasear. Me siento halagado por lo que encontré ahí: una versión compactada de mi cuentete Los muertos no sangran. Me veo entonces impelido a agradecerle a quien no sólo ha malgastado su tiempo leyendo mis tonterías, sino también reconstruyéndolas. Desde luego me hubiera gustado que Sinner (Axel, David o como sea que se llame), el joven adaptador, hiciera una mínima mención del original, pero sería demasiado pedir, creo. Les dejo aquí, con correcciones que no pican hondo en la ortografía y la gramática, el texto del que hablo. Espero encontrar pronto las versiones en cumbia y corrido.


"En pleno verano estaba todo cerrado,
la casa de Axel no daba alguna señal,
pero adentro, las veladoras alineadas,
creaban una atmósfera infernal.

Llevaba horas en la misma posición,
tenía los ojos rojos y una pierna entumida,
necesitaba notar algun cambio
una señal de que su esposa estaba viva...

Pero Ana seguía inmóvil,
tirada en el piso y con la boca abierta.
"Tal vez se ahogó y tragó mucho aire,
quizá sea por eso que no se despierta".

"Tal vez eso la mantenga con vida",
Axel se decía una y otra vez;
"el aire debe seguir en sus pulmones",
seguía intentándose convencer.

Tenía varias horas pensando lo mismo,
no quería perder la esperanza,
tenía que estar completamente seguro
de que Ana no sufría una muerte falsa.

Y es que aquello era hereditario
ya lo había visto en el pasado,
le había sucedido a su hija
que volvió a vivir luego de un rato.

Pero era ya mucho tiempo
y los vecinos empezaron a sospechar,
habían ido a preguntar por su mujer
y él no supo qué contestar.

Ellos mandaron llamar a su hija,
le contaron todo lo que ocurría,
en pocas horas ella ahí estaba
pero su padre no le abría.

Hacía muchas horas que Ana había muerto
y Axel era presa de la desesperación,
sólo tenía cinco veladoras
y no había comprado ni el cajón.

Intentó hallar una solución
y miró una caja de ropa de su mujer,
podría ser el ataúd perfecto,
pero por desgracia no entraban los pies.

Un pensamiento acosó su mente
mientras su hija gritaba angustiada
"LOS MUERTOS NO SANGRAN",
se dijo, mientras el hacha tomaba.

Axel cerró los ojos lo más fuerte que pudo
en ese momento Ana apenas los abría.
Trazó una vertical en el aire el hacha
mientras un fuerte alarido a todos estremecía..."


Algo para celebrar, algo para recordar



Nació a las ocho de la noche. Séptimo y último hijo de Leopold y Anna María. De sus hermanos, sólo uno sobrevivió la infancia: Anna María ("Nánnerl"). No era poco común ese destino en 1756, había quienes sobrevivían apenas unos minutos. Habida una larga experiencia de defunciones, sus padres lo llevaron a bautizar al día siguiente; le pusieron por nombre Johannes Chrysostomus Wolfgangus Teophilus (éste último es sinónimo de Amadeus). Alguna vez le preguntaron a Nánnerl cuál era el retrato más fiel de su hermano. Que el de Joseph Lange, contestó, un aficionado a la pintura casado con el primer amor de Amadeus.



***



Desde su llegada al poder, en 1933, los nazis intentaron deshacerse de los judíos, obligarlos a emigrar. Al comenzar la segunda guerra mundial la persecución se activó tanto en los territorios ocupados como en los de sus aliados. Se dice que de 1939 a 1945 fueron exterminados alrededor de 6 millones de judíos, junto con muchos gitanos, rusos y católicos, entre otras minorías. Los ejércitos aliados entraron en Auschwitz el 27 de enero y acabaron con ese campo de exterminio donde murieron, al parecer, más de un millón de judíos. Hay quienes buscan demostrar la imposibilidad técnica de la masacre; hay quienes dicen que las escasas víctimas "simplemente murieron" en los campos de trabajo, de modo que tal exterminio jamás existiría; vaya forma idiota de manifestar una postura política defendiendo lo indefendible.



jueves, enero 25

Sombras de paso


SOMBRAS SUELTAS.
Amara, Luigi. DGE/Equilibrista-UNAM.
México (2006). 142 p.


Ejerciendo como maestrito de rancho, uno se convierte en lo que llamaríamos cazador de sombras. Estoy acostumbrado a visitar las dos únicas librerías que hay en la ciudad tan sólo para admirar los libros que me gustaría comprar alguna vez. Casi siempre encuentro cerrada la del CoNaCultA; la Kappa, en cambio, me sale al paso en cada viaje vespertino. Poco puede ofrecer sin embargo esa librería que no sea de Coelho, Bucay o C. C. Sánchez; las novedades tienen precios ofensivos y hasta los clásicos se venden ahí como ediciones de lujo. Dadas las circunstancias, tramité mi credencial de lector en la Biblioteca Estatal; cierto que hay algunos buenos libros, pero nada después de los ochentas. Las novelas que quisiera leer y yo nos tenemos que mirar a hurtadillas cada que estoy de paso por esa tienda. Esta semana hubo descuentos en la Kappa. Compré entonces Sombras Sueltas, de Luigi Amara, y una novela de Orhan Pámuk que no he empezado a leer (mi romance con aquellos libros que quisiera comprar seguirá siendo prohibido, sus precios me resultan inalcanzables aun con el descuento).

Había visto a L. A. en un programa de televisión, presentando Máximas Mínimas de Maximiliano; supe entonces de su afición a los aforismos, pasión que queda demostrada en algunos textos de Sombras Sueltas, un libro de ensayos para leer poesía. Apenas comenzar la lectura, uno empieza a amar a Amar a..., parece entonces que emprendiéramos un recorrido por los pasillos de cualquier biblioteca o librería (o cualquier tienda de curiosidades, para ser justos) metiendo mano en los estantes, escogiendo, acariciando un libro y otro entre tanto escuchamos la charla, las confesiones del poeta con respecto a obras y escritores. No hay pretensiones en ella, no la abundancia de datos ni la argumentación empalagosa, acaso la poesía audaz e inteligente y una sutil invitación (contundente en su sinceridad) a conocer las sombras que lo persiguen, que lo han acorralado a veces; lo mismo delata las excentricidades de Wells o de Stevenson que nos hace comprender a Carroll y a Chesterton. Con pretexto de la brevedad, Groucho Marx aparece aquí plenamente justificado.

Me gusta una de las ideas en las que se entretiene el poeta-ensayista cuando repasa las personalidades literarias de Walser y de Nietsche: Pasear como ejercicio, siempre dirigirse a algún lugar, y darle la espalda a la meditación mientras se camina no significaban para él sino otras formas de permanecer en la silla, dice refiriéndose a Nietsche, al que califica de caminante disperso; luego explica en las propias palabras del filósofo: "Mientras que el viajero va hacia alguna parte, el caminante no tiene meta. Por ello hallará placer en el cambio, en lo transitorio". Piensa Amara que ese no tener que llegar a ningún lado, el no atarse a la coherencia ni a un afán de continuidad, esa itinerancia pues, es lo que hace a los aforismos bastarse en su brevedad y en su aislamiento.

En cuanto a Walser, el pensamiento parece haberse liberado de sus amarres consabidos por obra y gracia del trote solitario de los pies, asume el autor esta revelación a la mitad de su texto. Luego se pone nostálgico, cuando se imagina a Walser recibiendo a la muerte, que lo sorprendiera la Navidad de 1956 durante su caminata, con ese talante de quien siempre está de paso, a la vez maravillado y suspicaz.

Me gusta este libro, me gusta el estilo de este poeta para hacer ensayos. Me gusta ir a la Kappa y coquetear con los libros que estarán en la biblioteca dentro de treinta años. Si las sombras de las que habla L. A. eran escritores de la itinerancia, yo quiero ser un lector de paso: robar unas letras hoy, algunas frases mañana, construir parrafadas imposibles con el botín semanal. De existir la oportunidad para el reproche pensaría en dos cosas: la deficiente revisión de los textos, que omitió algún nexo y puso letras de más, y el falso descuento de la Kappa, pues ahora que buscaba la foto me encontré el precio del libro, el mismo que pagué luego de la rebaja. Un engaño a la medida pues.

Lo dicho, este sueldo de maestro convierte a uno en cazador de sombras.



De paso


DE PASO
Luis Eduardo Aute


Decir espera es un crimen,
decir mañana es igual que matar,
ayer de nada nos sirve,
las cicatrices no ayudan a andar.

Sólo morir permanece
como la más inmutable razón,
vivir es un accidente,
un ejercicio de gozo y dolor.

Que no, que no, que el pensamiento
no puede tomar asiento,
que el pensamiento es estar
siempre de paso, de paso, de paso...

Quien pone reglas al juego
se engaña si dice que es jugador,
lo que le mueve es el miedo
de que se sepa que nunca jugó.

La ciencia es una estrategia,
es una forma de atar la verdad
que es algo más que materia,
pues el misterio se oculta detrás.

Que no, que no, que el pensamiento
no puede tomar asiento,
que el pensamiento es estar
siempre de paso, de paso, de paso...

Hay demasiados profetas,
profesionales de la libertad,
que hacen del aire, bandera,
pretexto inútil para respirar
en una noche infinita
que va meciendo a este gran ataúd
donde olvidamos que el día
sólo es un punto, un punto de luz.

Que no, que no, que el pensamiento
no puede tomar asiento,
que el pensamiento es estar
siempre de paso, de paso, de paso...

Estar de paso

Kapuscinski

Hoxe non hai tempo para nada, así que copipasteo e adapto as letras e imaxe de Cabrafanada: Vaise un xornalista excepcional e unha mente lucidísima. Desde Ébano a Lapidarium IV (que lin perdido nas terras de Bolivia) até Os cínicos non serven para este oficio aprendín outra forma de ver o mundo en cada páxina de Kapuscinski. Dos seus libros, reteño unha das súas frases lapidarias: «A maior debilidade da cultura; que é incapaz de deter o asasinato». E unha exhortación intelixente: «Saber! Hai que saber! É unha obrigación ética, un deber moral. Ninguén se pode xustificar dicindo que «non o sabía». E por que non o sabía? Era imposíbel de verdade ou, sencillamente, resultaba máis cómodo non saber e máis fácil a absolución?» Con el soubemos moito sobre o noso mundo. Un brinde por un compañeiro eterno.

Un pensamiento me acosa desde hace unos días, me lo encuentro en cada esquina, a cada vuelta de página. De paso por los rincones de la red me topé con este blog que encuentro bastante recomendable.

domingo, enero 21

Sociable






"Nunca me he sentido más sociable
que cuando estoy solo"


Chesterton




Una piel enseña más de lo que tapa

sábado, enero 20

L@s palabr@s

Muy poco o nada sirve que se emprendan nuevas (y a veces equivocadas) formas de expresión que sólo buscan el efecto publicitario inmediato sin atender los problemas de discriminación desde el fondo. Todos esos intentos ingenuos llevan, en el mejor de los casos, al ridículo, a convertirse en motivo de chistes y gracejadas; en el peor, a la crítica feroz por el desatino de frivolizar un problema grave.

En los foros de El País abrieron la discusión acerca de esa nueva moda de ciertos políticos que distingue entre "vascos y vascas", "profesores y profesoras", entre "todos y todas". La conversación surgió a propósito de un artículo de Julio Llamazares (Las palabras) que apareció en la edición impresa del 19 de enero. Desde luego no he leído ese artículo y desconozco a qué político se refieren, pero esa discusión me recordó tantas cosas de nuestro pasado reciente.

Es bien conocida la revolución verbal que provocó en México esa forma reiterativa de hablar del expresidente Fox. "Mexicanos y mexicanas", "chiquillos y chiquillas", fueron sus expresiones habituales. Primero vino la sorpresa colectiva, luego la admiración de unos y la crítica de los demás; más tarde, cuando quedaron evidenciadas las deficiencias del gobernante en los terrenos de la lingüística (para hablar de una sola cosa), vino el desprecio generalizado y la mofa; en la radio y en la televisión, en los hogares y en las calles, en público y en privado.

Pero esa primera distinción cuyo propósito, dijeron, era superar desde lo cotidiano la discriminación de género (aunque en la práctica esta intención se concentró más bien en el género gamatical y nunca en el sexual), ese lenguaje "políticamente correcto" que entusiasmó a los gremios defensores de la igualdad de derechos y de oportunidades se extendió a los demás campos en forma, claro está, indiscriminada, hasta abusar de los eufemismos como si eso fuera suficiente para desaparecer los problemas.

Así, un día nos escuchamos llamando "adultos en plenitud" a los que antes les decíamos ancianos, "personas con capacidades diferentes" a los que conocíamos como ciegos, sordos, mudos y un largo etcétera, "afroamericanos" a los que antes habíamos llamado negros. Las prostitutas decidieron, por sí mismas, denominarse "trabajadoras sexuales" (desde luego, a ellas el gobierno de "la pareja presidencial" prefería no nombrarlas en modo alguno). Cierto que esto de los afroamericanos no fue fortuito, hubo una polémica racial de por medio. Otro día, sin embargo, escuchamos al "primer mandatario" decir que a los mexicanos nos engañaron como a viles chinos.

Volviendo al tema de El País, recuerdo el sustantivo Humanes, que utilizaron algunos filósofos y pedagogos españoles para eliminar cualquier discriminación cuando se referirieran a hombres y mujeres por igual. Un intento posterior (muy malo, por cierto) fue escribir human@s, tod@s, niñ@s...

Hace dos años (o más, lo cierto es que no recuerdo bien) hubo una polémica porque alguien del gobierno se angustiaba ante las opciones de referirse a los españoles "con capacidades diferentes" como discapacitados, incapacitados, minusválidos o inválidos. Buscaban entonces la palabra que mejor expresara la condición de las personas, pero la iniciativa había sido de quien se negaba a llamarlas "minusválidas" (y minusválidos, quizá dirían ahora) porque aquellos no valen menos que los demás.

Sería bueno, desde luego, acostumbrarnos a usar un lenguaje que eventualmente resulte menos agresivo, que no lastime las conciencias, pero pensar que esto es suficiente, sin duda es el primer error. El segundo lo constituye convertir el discurso en una retahíla de equívocos que suene, además de monótono, falsario, hipócrita.

Alguien con muy buen humor, a propósito del fenómeno verbal de Fox, transformó aquel viejo refrán que nos recuerda lo efímero de la amistad entre humanos (o entre humanes, o entre human@s, qué más da). He aquí el resultado:

El perro y la perra son el mejor y la mejor amigo y amiga del hombre y de la mujer.


jueves, enero 18

Urbano


presentación/recital
U R B A N O
por Alejandro Betancourt












Auditorio de la Casa del Arte
Viernes 19, 7:00p.m.

miércoles, enero 17

Escribir y punto

INCISO UNO

i.

INCISO DOS

"Algún día voy a usar esta frase"


INCISO TRES

Con el hermano de Saddam... Alguien se tomó muy en serio eso de la pena capital.




viernes, enero 12

Acto de contrición


No tengo nada de qué avergonzarme, no he hecho nada malo
Mozart.

Dicen que uno se arrepiente de lo que hace, pero el arrepentimiento es insincero, es decir que nadie logra arrepentirse por completo de lo que alguna vez tuvo deseo de que ocuriera, poco importa que sólo haya sido un deseo fugaz y no un acto meditado; en esas condiciones la contrición resulta deshonesta. Esto me llevaría a decir que uno en realidad sólo puede arrepentirse de lo que jamás quiso hacer. Puesto que no hubo la intención, tampoco hay contradicciones soterradas a la hora de condenar la propia conducta porque, aceptémoslo, uno se avergüenza de ciertos actos sólo cuando los considera ajenos. Lo anterior me obliga a decir otra cosa: tampoco podría alguien arrepentirse de lo que nunca tuvo intención de perpetrar, pues arrepentirse implica el reconocimiento del hecho consumado. El resumen de esta corta reflexión se expresaría en los siguientes términos: El arrepentimiento es, en definitiva, un imposible.

Valga este circunloquio tan sólo para allanar el camino antes de confesarles que hoy estuve a punto de experimentar eso que llaman arrepentimiento. Cometí un asesinato y, puesto que no tuve la intención de consumarlo -de hecho, a pesar de haber ocurrido todo tan rápido, durante algunos milisegundos pensé y traté de actuar en contrario de como sucedieron finalmente las cosas-, las consecuencias de ese crimen me provocaron una sincera congoja (iba a decir "arrepentimiento", pero conviene ser cauteloso con las palabras).

No es el primer crimen que cometo, debo decir; pero ciertamente es la primera vez que una muerte provocada por mis manos (o cualquiera que sea la extensión de ellas que haya utilizado para ese propósito, y recalco la palabra "propósito" para enfatizar que en aquellos casos existió una intención previa y, quizá, una planeación del acto) me obliga a sentir la muerte de ese desconocido como si fuera la pérdida de alguien cercano.

La verdad es que no tenía por qué haber pasado nada de esto. Las circunstancias, de hecho, no eran condicionantes para que ocurrriera. Podría decirse que la víctima vino hacia mí como invitándome a asesinarla, otorgándome una licencia para matar, aunque esto parezca más bien una licencia poética.

Respecto al grado de arrepentimiento diré que no siento tal cosa. Desde luego me pesa el haber contribuido al dolor de una familia que quizá se quedó esperando la llegada del padre (o la madre, no lo supe con certeza) al final de la jornada, pero no más. ¿Por qué habría de sentir remordimientos si nunca hubo la intención de arrebatarle la vida? Además eso de "arrebatarle" lo digo con reservas, pues ya he repetido que el muerto prácticamente me la regaló, se puso frente a mí en un momento que resultó desafortunado para ambos.

Tal vez debería guardarle rencor a la víctima por haberme ocasionado tal congoja y, en ese caso, cabría preguntarnos si, de existir tal posibilidad -que no la existe, desde luego-, habría en la víctima algún grado de arrepentimiento por el malestar que su conducta me provocó.

Los hechos ocurrieron así: yo circulaba a tan sólo setenta kilómetros por hora pues atravesaba un poblado, acababa de dejar atrás la zona de topes cuando el muerto (aún no lo estaba, por supuesto, eso sucedería inmediatamente después) saltó desde algún lugar impreciso y se estrelló en la tapa del motor, luego en el parabrisas que está roto (como ya lo estaba, el cuerpo era tan menudo que no le hizo abolladura ninguna), y finalmente rodó varios metros sobre el pavimento. No pude contar los giros que el cuerpo dio en la carretera porque lo miré a la distancia, por el retrovisor, y cuando se hizo visible ya debería llevar algunas vueltas en un conteo perdido. Ahí se quedó. Yo, por supuesto, continué mi camino con una cierta tristeza.

Afortunadamente ese sentimiento pasó, se diluyó en el café y en las horas. ¿Que si queda algún resabio en mí? No lo creo, no podría haberlo porque ya mencioné que yo nunca quise ver a ese cuerpo catapultándose sobre mi coche. Entonces estamos en paz.

Una canción...

Si, a media noche, por la carretera
que te conté,
detrás de una gasolinera
donde llené,
te hacen un guiño unas bombillas
azules, rojas y amarillas,
pórtate bien
y frena.
Y si la Magdalena
pide un trago,
tú la invitas a cien
que yo los pago.
Acércate a su puerta y llama
si te mueres de sed,
si ya no juegas a las damas
ni con tu mujer.
Sólo te pido que me escribas,
contándome si sigue viva
la virgen del pecado,
la novia de la flor de la saliva,
el sexo con amor de los casados.
Dueña de un corazón,
tan cinco estrellas,
que hasta el hijo de un Dios,
una vez que la vio,
se fue con ella.
Y nunca le cobró
la Magdalena.
Si estás más solo que la luna,
déjate convencer,
brindando a mi salud con una
que yo me sé.
Y cuando suban las bebidas,
el doble de lo que te pida
dale por sus favores,
que en casa de María de Magdala
las malas compañías son las mejores.
Si llevas grasa en la guantera
y un alma que perder,
aparca junto a sus caderas
de leche y miel.
Entre dos curvas redentoras
la más prohibida de las frutas
te espera hasta la aurora,
la más señora de todas las putas,
la más puta de todas las señoras.
Con ese corazón,
tan cinco estrellas,
que hasta el hijo de un Dios,
una vez que la vio,
se fue con ella.
Y nunca le cobró
la Magdalena.



Una canción para la Magdalena. L. Joaquín Sabina; M. Pablo Milanés.
19 Días y 500 Noches (1999).

jueves, enero 11

Por supuesto, el presupuesto

De la charla en línea que auspició este día El Universal, la respuesta de Víctor Hugo Rascón Banda a quien le preguntó ¿de qué nos sirve tener un presupuesto abultado en cultura si casi nadie va ni le entienden ni les interesan las exposiciones, cómo debemos enderezar la educación para que nuestro presupuesto cultural tenga un sentido real?.

"Nunca ha habido en este país un presupuesto abultado ni en los estados ni en la federación. Nunca hemos tenido el presupuesto que recomienda la UNESCO, ni siquiera la mitad de ese 1% del gasto total que debe destinarse a la cultura. Cuando hablamos de presupuesto a este sector no estamos pensando sólo en exposiciones, que es quizá la actividad que menos recursos requiere, porque los artistas plásticos crean con o sin presupuestos. Cuando hablamos de mejorar el presupuesto estamos pensando en aumentar las 60 librerías de Educal para que haya libros buenos y baratos en todo el país, de aumentar los recursos para el radio y la televisión culturales para que todos tengamos mejores alternativas de comunicación porque los medios privados maleducan y deforman al mexicano, cuando pensamos en el cine mexicano es porque el cine no sólo es entretenimiento sino el espejo de una nación que nos da sentido de identidad y así con todos los demás recursos, como el teatro, porque quien ve una obra de teatro no vuelve a ser el mismo, algo cambia en su interior porque se le abren otras ventanas al universo. No sólo de pan vive el hombre, sino también del alimento espiritual."

Esa charla digital, en la que participaron también Gabriel Pascal y Rossana Filomarino, la pueden ver completa aquí.

miércoles, enero 10

Ja

Ramón

martes, enero 9

En eso estoy (4)


¿Era feliz entonces?, es posible que sí, no obstante que lo invada el mal humor apenas evocar su infancia en el pueblo aquél. No era lo que se dice un pueblo, discute consigo mismo, sino un manojo de aldeas cuyas denominaciones llevaban la señal de la cruz. A cuál más pobre, los nombres de aquellos pueblos parecían más bien sus sentencias. Cruz Vieja, por ejemplo, era el nombre oficial del barrio donde él vivía; al caserío de enfrente lo llamaban Estación de la Cruz, aunque jamás hubiese pasado por ahí tren alguno; más allá de los aljibes se extendía el poblado de Dos Cruces, y arriba, en el lomerío, cada una de las aldehuelas, mientras duraron, ostentaron el bendito nombre de Santa Cruz. En la punta de la loma las cruces se multiplicaban diseminadas en el cementerio que compartían las aldeas; parecía que unos y otros villacrucinos estuvieran empeñados en hacerles más corto a sus muertos el camino al cielo. Desde ahí, rodeada de montaña y nubes, los recibía de brazos abiertos la enorme cruz blanca. Una amplia escalinata evolucionaba en concreto, piedra y tierra desde el límite real de Villa de las Cruces hasta la base del monumento.

Ahora mismo, si cierra los ojos, vuelve a sentir igual que en aquel tiempo. El viento frío tostándole las mejillas, revolviendo los cabellos que le azotaban orejas y cuello; una rebanada de sol entibiándole la espalda. Él de pie junto al monumento, extendiendo los brazos, urgiéndole al crepúsculo para que le construyera, con la sombra suya, otra cruz que se alargara hasta el caserío. Tenía doce años. A sesenta y siete metros arriba, y una milla lejos del pueblo –eso decía en la base de concreto-, no se sentía mejor ni peor que las personas que se distinguían allá abajo, pero ya entonces gustaba de ver las cosas desde una cierta distancia.

domingo, enero 7

Reyes magos


"La novela puede ser lo que quiera, pero ha de entretener"

"La literatura solemne envejece pronto y mal; la ironía y el humor son los mejores conservantes de la literatura, como demuestran Homero, Cervantes y Dickens".

"En la vida -y eso debería reflejarlo la literatura-, por detrás de lo evidente subyacen muchas cosas, la vida es un mercado de espejismos, de verdades pasajeras y fingidas".

"Para ser novelista es bueno ser poeta, por el esfuerzo intenso que hace éste para que cada adjetivo no sea ni fortuito ni gratuito".

"La vida es un tanteo, no un método".

"Cada obra ha de ser distinta, un autor tiene que fascinarse a sí mismo como escritor poniendo en juego cada vez todos sus recursos".




Felipe Benitez Reyes, ganador del CXIII Premio Nadal, de España, con Mercado de espejismos, obra de 400 páginas que parodia a las novelas de corte seudocientífico, históricas y esotéricas tipo El código...

Ser humanoS

"La lectura es el acto más humano, pues el hombre lo creó y no lo comparte con ningún otro ser animado. Al leer somos, simultáneamente, científicos, poetas, aventuremos, pecadores, santos, victimarios y víctimas. Acto plural por definición, la lectura determina la condición superior del hombre en un universo que, por ella, cobra sentido".


Ernesto de la Peña, en la Agenda 2007
Dirección General de Publicaciones del Conaculta.

jueves, enero 4

Acerca de los traspiés

Alguien se enojó porque yo he traído acá ciertas anécdotas de cierto pueblo. Quiero aclarar que si yo las supe es porque allá me lo contaron o, peor aún, porque a mí me sucedió. Las charlas cotidianas se construyen, la mayoría de las veces, de situaciones cómicas, la gente comparte sus aventuras - en especial si son divertidas- en lugar de hablar del clima o del precio de la manteca. Vaya, que en una plática de amigos no siempre se habla de la bolsa, del destino de la Filosofía o de las investigaciones en torno a la esclerosis múltiple, por decir algo.

Ahora bien, yo únicamente he tomado las anécdotas cuya comicidad descansa en el lenguaje, de lo demás se encargarán otros. Y como también hay personas de aquí y de allá que, conociendo las anécdotas (nadie ha dicho que sean verídicas) no sólo las encuentran divertidas, sino que además me comparten otras que yo no sabía y aun me reclaman porque no las he contado, me voy a tomar la licencia de ignorar la campaña en defensa del honor que han emprendido algunos hipócritas.

Y digo, ¿por qué le van a negar a uno la dicha de recordar los deslices, los resbalones y a veces las tremendas caídas que experimentamos con este, nuestro lenguaje? Aquí están, sólo de muestra, unas joyitas.

Dicen allá en Oyama, que un policía de Hidalgo mencionó en su reporte (o como sea que se llamen los informes que entregan durante las averiguaciones) que a un detenido se le aseguraron un reloj TIMEX, un cinturón de piel y un crucifijo marca INRI.

También dicen que ese mismo agente, al inspeccionar una ranchera que remolcaba unas pocos ejemplares de ganado vacuno, pidió los documentos, los registros de los toros pues. Algo, según el policía, no estaba nada bien. Que los toros eran de lidia, dicen que se defendió el conductor, a lo que el guardián de la ley contestó: A mí no me vengas con influyentismos (*).


¿Ven ustedes? Esto de los traspiés seguirá hasta que la lengua aguante.


(*) En esta punta de alfiler que es Ciudad Victoria, tiene su domicilio una senadora de la república, quien responde (a veces) al nombre de Lydia.

martes, enero 2

Otro

Cuando yo era niño, la noche de Año Nuevo, pese a la angustia de mis padres por la balacera, mi bisabuela salía a la puerta de la casa -nosotros detrás de sus faldas- con una vela en la mano; evaluaba el cielo del Norte, del Sur y del Oriente antes de alejar de esa vela la mano que servía de pantalla. Esperaba a que la flama se estirara hacia algún lado y luego pronunciaba, sin demasiada emoción: El año entró por el Norte (o por el Sur, o por cualquier dirección que el viento describiera).

Cuando yo era niño, la bisabuela salía al patio a buscar una piedra o pedía que le trajeran una piedra azul. Le examinaba el lado que había tenido contacto con el suelo y luego decía: este año será lluvioso o bien este año será muy seco.

Cuando era niño, una bala de Año Nuevo, a su regreso del cielo, hizo un agujero en la casa de mi abuelo, cuyo techo era de zinc, y luego hizo otro en el cráneo de su esposa, que recibió el año dormida.

Cuando Julián era niño, en Año Nuevo salió a la calle donde encontró un cuerpo doblado encima de una roca. Tenía dos agujeros, uno en el pecho y otro en el abdomen, que era la única parte del cuerpo descansando sobre esa piedra que hacía de banca en la esquina. Ese fue el primer muerto que él vio.

Cuando éramos niños había que ver afuera para adivinar si el año sería bueno o malo.