Exhibir la lengua

Se disculpa Zermeño con diputados por exclamar "¡a la chingada!"
Roberto Garduño y Ciro Pérez
La Jornada 05/10/2006
El presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, el panista Jorge Zermeño, aseguró que sus exclamaciones de "¡a la chingada!" y "¡me vale madres!", que espetó ayer a los diputados fueron “expresiones de amigos” y no tenían como finalidad ofender a nadie.
Zermeño abrió la sesión ordinaria de este jueves ofreciendo una disculpa a los diputados, quienes subrayaron su molestia, aunque reconocieron la disposición del panista.
El coordinador del PRD, sin embargo, adelantó que dialogará con los coordinadores de las otras bancadas para plantear el relevo de Zermeño de la mesa directiva.

¡Ups, chin, caput, zas, chispas, caracoles, cáspita, córcholis, recórcholis, diantres, diablos, demonios, caray, carajo, asu, asumecha, pasumecha, uta, puta, putamadre, chingá, chingáo, chingado, chingada madre, asuputamadre, hijuesuputamadre, a la chingada, a la mierda, a la verga, con una chingada, con su puta, hijos, hijuesu, ahijuesu... Hijos de su rechingada madre!

Diríase que los diputados están molestos (es decir están que se los lleva la chingada) porque el panista Zermeño les mostró la lengua. En efecto, esta lengua nuestra, la de los mexicanos quiero decir, es tan vasta, tan generosa que uno podría decir tantas cosas con una sola palabra o expresar una misma cosa con tantas palabras, palabritas, palabrotas o palabrejas como uno prefiera. Y digo, si las palabras ahí están, ¿por qué la gente se molesta cuando alguien las utiliza? Ya lo dijo alguna vez (y de mejor manera) Camilo José Cela: no hay malas palabras, las circunstancias en las que se usan pueden ser malas, pero las palabras no.

Existe la creencia, hipócrita claro está, de que ciertas personas no utilizan en lo absoluto ese lenguaje tan vulgar. Los doctores pueden decir esternocleidomastoideo y ni quién se ofenda (o sea que no hay pedo), los químicos dicen diclorodifeniletilamina y tampoco sucede nada (no pasa ni madres), los contadores, los programadores, los ingenieros en electrónica manejan el argot de su disciplina sin que nadie proteste (nadie la hace de pedo). Pero que no se les ocurra a estos profesionales decir "chingado/a" delante de los extraños, porque entonces arde troya (en otras palabras, vale madre).

La ocasión aquella en que fundaron el Telebachillerato en México Libre ("México Horrible", llaman algunos a ese poblado del municipio de Antiguo Morelos), nos tocó viajar hacia aquel lugar con el Jefe del Departamento. "¡Caracoles!, ¡chispas!, ¡recórcholis!", exclamaba en cada oportunidad. Se notaba que el Licenciado quería dar la apariencia de un ser tranquilo y educado. Cuando un salvaje camionero dio un cerrón en mitad de aquella curva en pleno lomo de la sierra, el Licenciado aceleró colérico, vociferando tan fuerte como pudo "¿Párate, cabrón, hijo de toda tu pinche madre!"

Es decir que en nuestros círculos íntimos, "de amigos" como dice Zermeño, nosotros, los estigmatizados por cargar aun el más modesto título universitario, tenemos permitido usar ese lenguaje; pero ante el resto del mundo esas palabras están vedadas. ¡Demonios!, ¿para qué tanta hipocresía? Los diputados, ofendidos como lo están, exigirán ahora la renuncia del panista boquiflojo (disculpen el pleonasmo) por proferir esas abominables palabras que ellos mismos utilizan sólo para dirigirse a sus cuates, a sus hermanos, a sus esposas o a sus hijos.

¡Caracoles!, la molestia de los diputados radica en que alguien les mostró sin pudor ésas, las partes "íntimas" de nuestra lengua.

Comentarios

Entradas populares