lunes, agosto 24

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—¿Has visto alguna vez matar a un hombre? —le pregunté.

Bajó la mirada, sorprendido por la pregunta.

—¿Lo has visto? —repetí.

—Sí —dijo.

—¿Hubo sangre?

—Sí.

Me quedé pensando un momento.

—¿Por qué mataron a aquel hombre, al que viste?

—Porque era débil.

—¿Eso es todo?

Lolo se encogió y se bajó la pernera enrrollada del pantalón.

—Nomalmente eso es suficiente. Los hombres se aprovechan de la debilidad de otros hombres. En ese sentido son como los países. El hombre fuerte le quita la tierra al débil. Le hace trabajar sus campos. Si la mujer del débil es bonita, el fuerte la tomará —se detuvo para beber otro sorbo de agua, luego preguntó—. ¿Cuál te gustaría ser?

—No respondí, y Lolo miró hacia el cielo con los ojos entornados.

—Mejor sé fuerte —dijo por último al levantarse—. Si no puedes ser fuerte, sé inteligente y firma la paz con el fuerte. Pero siempre es mejor que seas fuerte. Siempre.


Barack Obama
Los sueños de mi padre. Una historia de raza y herencia.
Trad. Fernando Miranda y Evaristo Páez Rasmussen
Debate. 2009. México D.F. 405 p.