Nuevo libro IV

De cierto modo la vida de cada cual puede ser, algún día, lo mismo que un libro nuevo. O tal vez un capítulo aparte en una historia (y un lugar) común. (Desde luego es preferible eso que una fe de erratas o un colofón). Este par se conformaría con ser un verbo no anticipado; una letra, otro signo, unos puntos suspensivos de vez en vez.

Si el 2007 fuera nuestra historia toda y no tan sólo una parte de esta aburrida novela, la semana que ayer concluyó podría significar ese punto glorioso, inmejorable de cabo a rabo.

Es cierto que en la vida uno cierra capítulos, y es verdad que hay etapas que uno no quisiera concluir. Y es cierto también que a veces son otros quienes nos clausuran. Como sea, uno se encuentra a veces, casi de súbito, haciendo una vida por completo nueva, un distinto estilo de vida que puede ser sorprendente o aburrido, insatisfecho o pleno.

(El pesado Pesina tiene que decir, no va a poder evitarlo, que le gusta su nueva vida. Está feliz y eso no le sucede con demasiada frecuencia. Es una situación odiosa. ¿Qué va a ser de nosotros ahora que él se acostumbró a lo bueno?).

Leemos un nuevo libro que es un libro bueno también.

Pero ocurre que Hulk es nuestro propio aguafiestas. (Nada mejor que encontrar lo malo aun dentro de lo bueno). Aunque habría que agregar en su defensa que esta vez no fue necesario escarbar casi nada. Hallamos en la página once, apenas salvados los títulos y los créditos, índice y dedicatoria; es decir apenas iniciado el cuerpo de esa novela -que no por esto deja de ser buena- el primer error. (El blandengue Pesina llama "tipográficos" a los descuidos cuando quiere exonerar al tipo [o a la tipa] que los cometió. Los errores, sin embargo, son eso y nada más).

He aquí, íntegro, el contenido de la página once:


"[...] víctimas de las preguntas: ¿quién me está mantando?, ¿a quién me estoy entregando para que me mate?"

El libro nuevo que leo.
Erre Ge, Ce. (2007). Tusquets editores. D.F., México.
pág. 11

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