domingo, diciembre 30

Si de precios te quieres enterar

Y ahora, un dato útil solamente para quienes viven en este sucio agujero y además compran libros.

En la ciudad hay tres librerías a las que en otras circunstancias se les podría calificar de "decentes", pero a juzgar por los precios que manejan, ese adjetivo no aplica en modo alguno. Éstas son la Kappa, la del CoNaCultA y el Estanquillo Ovaciones. Como sea, la Kappa es la única librería por la que me paseo casi a diario. Las otras, las que no son precisamente librerías, son las de los centros comerciales (las de Soriana, Gran D, Wal Mart y Gigante, porque los demás simplemente no venden libros).

Pues bien, había dicho en entregas anteriores que en una sucursal de Gigante que está cerca de mi casa solía yo encontrar los libros a muy buen precio, cosa que no ocurre en los demás supermercados. Sabina en carne viva. Yo también sé jugarme la boca (Joaquín Sabina-Javier Menéndez Flores, Random House Mondadori, México, 2007) fue un libro que manoseé muchas veces en la Kappa, donde lo ofertaban en $ 140,00, y otras tantas en Gigante, de donde me lo llevé en abril -a continuación saco un sucio calendario del bolsillo y grito- por $ 99,00 (el mismo precio que exhibe la página electrónica de la editorial).

Este diciembre, junto con otros títulos, DeBolsillo ofertó Sabina en carne viva en edición especial de pasta dura. Envuelto para regalo; tarjeta navideña incluida. Un buen regalo para los asiduos al arte y a la filosofía del flaco de Úbeda. Y una buena opción para salir bien librado de los engorrosos intercambios de regalos que se acostumbran en esta temporada. Vi ese título en Gigante, en $ 104,00 y no era día de rebajas; vi algunos ejemplares en la Kappa después y entonces sí me escandalicé: en esta librería lo tienen a un precio de $202,00. ¿Qué se han creído estos barbajanes?

Algún día supuse que el gerente de esa sucursal -hablo del supermercado- no estaba al tanto de las noticias del mundo editorial. Lo empecé a pensar cuando me vendieron novelas de Coetzee y de Saramago, por ejemplo, en diecisiete pesos; libros que en otros negocios no podía comprar con un billete de cien. Luego no supe bien a bien qué creer porque otros libros estaban al mismo precio que en las otras librerías.

Y ahora sí digo lo que tenía que decir desde el principio, lo que en verdad me preocupa. Hace unos días que a la cadena Gigante la absorbió la otra empresa, es decir Soriana; de modo que no sabemos cuánto cambiará su política respecto al precio de los libracos. Y como puede ocurrir que aquellos ejemplares de bolsillo que solía comprar en esa tienda ya no quepan más en los bolsillos míos, sólo digo, ya para finalizar, ¿cómo pudo sucederme a mí?

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