lunes, septiembre 17

El riel de la memoria

No son muchos los que saben que por las calles de este sucio agujero alguna vez transitó un tranvía.

En 1898 (un año antes de la inauguración del primer Teatro Juárez), Porfirio Díaz, a la sazón presidente de México, se trasladó a esta ciudad para poner en funcionamiento el "Ferocarril Urbano de Tracción Animal". ("FUTA", bien pudo haber sido éste el nombre por el que los victorenses de entonces conocieron aquel sistema de transporte, lo anterior a juzgar tanto por sus siglas como por la hediondez que describían sus rutas).

El tranvía, que pertenecía al Tte. Corl. Manuel González (hijo del Gral. Manuel González quien a su vez era compadre de don Porfirio y al que por cierto le cuidó la silla presidencial cuando el héroe-dictador se fue a la villa), recorría la calle Hidalgo -antigua Calle Real- tirado por caballos, desde la Plaza de Armas -hoy Plaza Hidalgo- a la Estación del Ferrocarril; de ahí extendía un ramal hasta la Hacienda de Tamatán, que también era propiedad del júnior.

Ignoro la fecha en que el tranvía dejó de funcionar, lo que sí sé es que en algún momento la autoridad municipal se vio en la necesidad, tal vez presionada por los vecinos de la calle Hidalgo o los de la Plaza de Armas (recuérdese que también era éste el punto de llegada de los rancheros que venían a "Aguayo" a comprar y vender, mi abuelo paterno entre ellos) de contratar hombres para el servicio de limpieza de las calles, quienes, equipados con un "colote" de carrizo -de los mismos que suelen utilizarse hoy en la cosecha de la naranja- y una vara con la que prendían la boñiga y la elevaban por encima de la cabeza hasta depositarla en aquellos canastos, recorrían calle y plaza Hidalgo cumpliendo su tarea con la misma gracia que un bailarín ejecuta su rutina.

¿Cómo les llamarían a aquellos recolectores? Quién sabe, pero tal vez de aquella época le venga a Victoria (otra hipótesis hulkiana) el mote de "ciudad limpia, ciudad amable" del que gozó hasta hace un par de décadas. Ese motete, sin embargo, no es hoy más que un dudoso recuerdo.

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