sábado, septiembre 1

La llave

22 dogmas en torno al cuento breve
(La llave de los campos)

1.- Prohibido escribir historias basadas en hechos reales.

2.- La verosimilitud de un cuento no deberá apoyarse en su supuesta “semejanza” con la realidad, sino en la coherencia interna – discursiva y/o estructural- del texto. Declaramos pieza de museo la narración figurativa. Escupimos sobre la tumba del realismo.

3.- Prohibido alterar la secuencia cronológica del argumento con el fin de reforzar su interés.

4.- Prohibido dotar a la historia de un atractivo pueril, que dependa del escamoteo o la dosificación “estratégica” de información.

5.- Prohibidos los finales sorpresivos. Los finales felices. Los finales trágicos. Los finales demasiado concluyentes.

6.- Terminantemente prohibida cualquier historia apuntalada sobre una trama policial.

7.- El enunciador del texto –narrador o personaje- manifestará siempre su distancia (mediante la ironía, la incertidumbre, la intromisión reflexiva o de cualquier otra manera) con respecto a los hechos que narra.

8.- El cuento deberá mostrar su carácter de representación discursiva. La escritura habrá de tener intensidad, volumen, desfallecimientos, grietas. El cuento no debe querer decir algo. Debe querer decir.

9.- Prohibido escribir como habría escrito Carver, si hubiera sido idiota.

10.- Prohibido escribir de una manera “cinematográfica”.

11.- Prohibido escribir de lo que no se conoce. Prohibido escribir de lo que se conoce.

12.- La escritura de un cuento deberá transparentar sus influencias.

13.- Prohibida la “inocencia” (moral, política, histórica, estética, etc.)

14.- Prohibida la melancolía.

15.- Prohibidos los relatos protagonizados por “víctimas” (mendigos, vagabundos, oficinistas aburridos, amas de casa frustradas, presuntos niños del tercer mundo, putas de buen corazón…).

16.- Prohibido el casticismo. Prohibido el tono solemne.

17.- Prohibida la estereoscopía.

18.- Prohibido escribir bajo los efectos del alcohol o las drogas (prohibido supeditar la ebriedad y el trance a algo distinto del propio acto de escribir).

19.- Prohibido escribir un cuento cuando el autor ya conozca de antemano el final. Prohibida la premeditación. El relato es la huella que deja una deriva.

20.- El cuento deberá sustraerse a cualquier utilidad (didáctica, doctrinal, comercial, de entretenimiento, etc.).

21.- Prohibidos los cuentos de género (terror, romántico, viajes…). Prohibidos los cuentos ingeniosos.

22.- Prohibido escribir cuentos cuyo argumento pueda contarse fácilmente.


La llave de los campos aglutina narradores españoles y de otras nacionalidades, escritores de relatos en su mayor parte (Ángel Zapata, Víctor García Antón y Julio Jurado, entre otros), que se oponen al realismo de consumo, banal y acrítico, una forma de representación al servicio de la industria, del mercado y de los medios de cretinización de masas; se pronuncian, en cambio, por la invención insurgente y el coraje de la exploración. En palabras de Ángel Zapata, su representante en Madrid, narrar es una acción por la cual un artista descubre lo que no sabía que sabía: un saber hasta entonces no pensado, que accede a la palabra. Lo que sé, lo que ignoro, qué importa. Importa, únicamente, lo que va a serme dado saber mientras escribo; porque esto es lo que hace indispensable el acto de escribir.

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