sábado, octubre 6

¿Quién dice miedo?


El presidentito visitó ayer este sucio agujero para poner en marcha la construcción del nuevo Hospital de Especialidades (algo que en cierta forma ya había hecho hace muchos meses el feliz dueño de un Jeep rojo flama).

Alguna motivación inconsciente debe haber para que al principito le guste lucir -él mismo y sus hijos- los atavíos y las insignias militares en ocasiones especiales. Pienso en un complejo de Rambo u otro fraude -cinematográfico- por el estilo. Alguna razón muy consciente, en contraparte, debe haber para que el presidentito viva uno de los más escandalosos romances con el poderío militar.

Eran las seis y media de la mañana y yo esperaba el cambio del rojo al verde en la salida a Monterrey cuando vi pasar un camión de la PFP. Luego vi otro y luego otros más. Dejé de contarlos cuando pasaron de la docena.

Volví a ese punto alrededor de las once y los operativos estaban instalados ya. Pasé por dos revisiones -separadas una de otra por apenas medio kilómetro- antes de tomar Naciones Unidas. Claro que, una vez pasados estos dos retenes, me sentí mucho más aliviado, muy seguro y, por supuesto, agradecido con los cuerpos de seguridad:

-No más violencia -dije, adelantando conclusiones.

Justo entonces recordé la visita del principito. Como esos dos -me enteraría después-, había multitud de retenes en diferentes puntos de la ciudad: fuerzas federales de la PFP, de la AFI y del Ejército Nacional sitiando este sucio agujero por tierra y aire (por agua no, porque hace días que no llueve).

Para llegar al centro tomé la calle dieciséis y, casi llegando a Gigante Satélite, ahí donde los niños salían del kínder y de la escuela Ford llevados de la mano de las mamás o de los hermanitos, también efectuaba su rondín una trinca militar conformada por un Hummer, un camión y una tanqueta: una M-16 en cada extremo, en el centro una veintena de soldados apuntando sus rifles a ningún lado. Vi esa escena repetirse otras dos veces en el bulevar Fidel Velázquez y en la avenida Madero.

-Caramba -dije esta vez-, y luego quién habla de terrorismo.

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