Quickribbon PESINISMO: mayo 2007

lunes, mayo 28

El de atrás se quedará



¿De veras se creen los funcionarios de educación
que las escuelas rurales mexicanas
son como las que ven en la tele?


En lo concerniente al fortalecimiento de la educación pública, un punto de la propuesta de campaña del actual presidente se refería al apoyo económico a estudiantes destacados en lugar de seguir destinando los recursos a las escuelas, instituciones que han ratificado su ineficiencia en todas las evaluaciones nacionales e internacionales. Algo se mencionaba también acerca de radicar recursos a las escuelas en proporción directa a su rendimiento académico (es decir, no dar a todos lo mismo ni más al que menos tiene, dar a cada cual lo que merece según el patrón) , pero de esto no hablaré por ahora.

Doña Josefina está insuflada de contento porque la dependencia a su cargo (la Secretaría de Educación Pública) será la responsable de administrar el novísimo Programa Nacional de Becas de Apoyo a la Educación Media Superior, que beneficiaría este año a 120 mil estudiantes destacados de bachillerato que no reciban apoyos económicos del Programa Oportunidades ni del Programa Nacional de Becas para la Retención de Estudiantes de EMS y que además estudien en instituciones públicas insertas en comunidades indígenas, rurales y urbano marginadas.

Desde luego no son esos los únicos requisitos, absténganse los veinteañeros y las familias campesinas que perciban mensualmente $ 1,139.00 por persona y los citadinos que ganen más de $ 1707.00. Quienes puedan demostrar lo contrario deberán, además, contestar una encuesta socioeconómica. Desde luego los recursos son limitados, así que el formulario es muy exhaustivo. Pero no se desanimen, ya una cláusula advierte que habrá cierta laxitud en la aplicación de las restricciones (es decir que podrán resultar beneficiados aun quienes perciban mayores ingresos que los aquí anotados).

Hay un pequeño detalle que se le olvidó a la secretaria mota (a Mota, la Secretaria). O tal vez no. Quizá andaba Vázquez Mota demasiado optimista para establecer como vía única para el registro de aspirantes el portal de la SEP. El proceso (para ella) es demasiado simple: enviar la dirección de correo del aspirante al servidor que radicará de inmediato la liga del formulario a través de un e-mail.

Alguien debería decirles a los funcionarios de educación que, si bien hay escuelas primarias a donde el gobierno de Fox llevó la enciclomedia y la Internet incluso cuando las aldeas en que se ubican no tienen agua ni electricidad; son, en cambio, demasiados los bachilleres campesinos que no encuentran el servicio de Internet sino a decenas de kilómetros.

Debería alguien recordarles que son muchas las instituciones de Educación Media Superior (telebachilleratos y centros de educación a distancia, sin ir más lejos) que no cuentan ni siquiera con una computadora, ya no digamos Internet o línea telefónica.

Alguien debería recordarles que son muchas las familias que, formando parte del grueso de la población especialmente pobre, aún no gozan de los beneficios del Programa Oportunidades. ¿O es que también hay un límite inferior de pobreza que no debería aspirar a recibir estas becas? Alguien debe hacerles ver que son muchos los maestros rurales -y no sólo los estudiantes- que nunca han administrado una cuenta de correo electrónico por razones socioeconómicas y culturales y, finalmente, alguien debe hacerles entender que fijar esa única vía de inscripción es, por decir lo menos, discriminatorio.

¿Para qué sirven los formatos estadísticos de inicio y fin de ciclo escolar que recibe la SEP cada año?, ¿o hay una deliberada intención de abrir la convocatoria a un perfil sociocultural y no sólo socioeconómico? ¿De veras tienen la intención de privilegiar a las comunidades indígenas y marginales?

Todo lo explica Doña Josefina con un único concepto: competitividad. Olvidemos a los que se queden atrás, apoyemos a los que bracean fuerte y a los que saltan largo. De ese tamaño es su compromiso con México. El país del presidentito. Un México, ya lo han dicho, ganador, un México de subdiecisiete (o subveinte), pero no de subdesarrollados.

sábado, mayo 26

En eso estoy

El color del grajo
(fragmento)

Algo hizo ruido en el agua lodosa al tiempo que volvió a la alameda el primer grajo. En los diez minutos que faltaban para dar las siete fueron llegando decenas, cientos de esas aves negras que trazaron remolinos en el cielo enlutado antes de perderse entre las frondas. Clat clat clat clat, de nuevo llovía, pero esta vez era una granizada de cacas que al día siguiente, bajo el sol reparador, adornarían una calle recién blanqueada, aunque ahora apenas pudieran distinguirse viajando al suelo en la grisura del crepúsculo. El bulevar estaba inundado de coches; las alcantarillas, de agua; los faros de los automotores desenmascaraban una llovizna muy remisa. Geraldo Colín dirigió la cámara fotográfica al cielo y le cayó la oscuridad en la lente. ¡Mierda!, masculló.


Lo habían enviado a tomar fotos de los estropicios que provocó esa inesperada tormenta. “Unas cuantas fotos para la edición de mañana: coches apagados, árboles caídos, accidentes viales, baches; ya sabes”, le dijeron. Pero el espectáculo cotidiano de los pájaros le pareció esta vez una absoluta novedad. Pretendió incluso, por un momento, encontrar algún patrón, algún tipo de lenguaje en las figuras que el vuelo de las aves describía. Del graznido nada podría decir pues los ruidos de todos los pájaros se sumaban hasta producir el mismo sonido que ocasionarían mil colegas suyos adelantando la película en sus cámaras al estilo antiguo. El tiempo que esas cortas reflexiones tardaron en florecer, madurar y finalmente podrirse bajo la luz de la razón, bastaron para que la parvada completa terminara de arribar. El horizonte, cada vez más gris, se veía ahora menos salpicado de manchitas volantes. Quiso tomar una foto de algún pájaro solitario en las alambradas. El clic del disparador marcó el inicio de un conteo insoportable. Uno, dos, tres, cinco segundos pasaron antes de que se desplegara en la pantalla el alambre de lado a lado y una manchita difusa en la esquina de la foto. ¿Ala, cabeza o cola? A decir verdad, podía ser cualquier cosa.


Pensó que si él fuera fotógrafo de una revista científica -puso Natura por ejemplo porque no conocía otra- y no reportero de El Gráfico, el matutino con menor número de páginas y lectores en la ciudad, el paso siguiente debía ser apostarse en algún lugar bien camuflado, improvisar un pedestal para la cámara y, a falta de filtros, esperar la primera luz del día para obtener la mejor foto a costa de lo que fuera. No le quedó claro si la sensación de frío le vino antes o después de notar que tenía ambos pies metidos en un charco. Él ni siquiera era fotógrafo, pensó después, la cámara no era suya y además debía volver cuanto antes a la redacción. Sin embargo iba a aprovechar lo que le quedara de luz al crepúsculo para capturar aunque fuera una sola imagen de esos pajarracos.


Con las calles inundadas el avance de los coches se empezó a volver más lento, difícil, fastidioso. Los chirridos de las aves se multiplicaron con la estridencia de las bocinas. Empezó entonces un ciclo de vuelo y retorno de pájaros en los alambres y en los árboles. Geraldo Colín se había quedado quieto en algún punto debajo de la alameda; la cámara en una mano y los zapatos colgando en la otra, escurriendo todavía; el fango le llegaba hasta las pantorrillas desnudas. Intentó una vez y otra apresar las imágenes de los grajos cada vez que éstos se posaban en las líneas eléctricas o en las copas de los árboles. La imagen real, no obstante lo avanzado del atardecer, exhibía ante sus ojos una claridad infrecuente: un fondo anubarrado y en medio un pájaro negriazul, pico puntiagudo y larga cola, los grandes ojos negros mirando al fotógrafo con cierta magnificencia. Sin embargo fue inútil cualquier intento porque, después de oprimir el botón, la imagen que la cámara le devolvía era tan distinta; el mismo paisaje, cierto, pero sin pájaro; no el pico, no la cola ni los ojos del ave, sí en cambio un manchón negro que mutaba en cada foto. ¿No podía, El Gráfico, darle una maldita cámara a prueba de movimientos?


La brizna se le había acumulado en las pestañas, le empañó la visibilidad; aunque no tanto como para dejar de percibir el descenso del ave. Fue un crepitar de las ramas allá arriba, un sofocado aleteo y después el aterrizaje en el suelo reblandecido. Los graznidos y los cláxones continuaron su extravagante sinfonía. El grajo dio tres pasos en el lodo y se quedó inmóvil. Geraldo tuvo tiempo suficiente para agazaparse, enfocar, y oprimir una vez más el botón. El ave dio entonces un paso adelante y volvió a quedarse quieta. Cuando pasaron los cinco segundos y pudo ver la foto digital, la imagen que debería ser del pájaro era la de un suelo salpicado de mierda y pisadas. La mancha, por supuesto, persistía, sólo que en una forma nueva y en otra región de la foto...

miércoles, mayo 23

Crisantemos amarillos



No supe cuándo programaron acá La maldición de la flor dorada (Man cheng jin dai huang jin jia), el más reciente filme de Zhang Yimou. Me enteré hoy por el periódico y tenía que aprovechar pues mañana ya no estará. Ese tipo de películas se exhiben muy poco por estos lugares. A decir verdad, nadie tendría por qué exhibirlas en salas desiertas; esta noche, por ejemplo, había menos de cinco espectadores en la sala aquélla.

Volviendo al tema que nos ocupa, dicen que ha sido ésta la película más costosa en la historia del cine made in China (algo así como 45 mdd, y sólo como referencia valdría recordar que Spiderman 3 costó más de doscientos millones de verdes). Eso se nota de cabo a rabo: el palacio imperial, sus pasillos y vitrales; el vestuario, la joyería y las armas; todo bellamente ornamentado, puesto al servicio de una fotografía impresionante. A propósito de esto, si pudiera calificar esa película en dos palabras, diría: colorida y fastuosa. Cada escena quiere mostrarnos el oropel que disimula el desmoronamiento -en todos los sentidos- de aquella dinastía.

Igualmente abrumadora resulta la multitud de extras (quiso tal vez Zhang Yimou incluir a toda la población china en una misma pantalla, ¿cuánto cobrará un extra en Hong Kong?), desde sirvientes, cocineros, artesanos, guardias imperiales y ninjas o guaruras voladores. Casi al final, una gesta cuerpo a cuerpo (coreografías y efectos digitales en proporción 1:1) no envidian nada a las secuencias similares de El Señor de los Anillos ni mucho menos a las de Los 300. No diré más, quienes de esto entienden ya han hablado bastante de la trama y de la calidad actoral; sólo agregaré que, a veces, da tanto gusto abandonar la sala luego de aprovechar esos benditos miércoles de dos por indio.

Malas notas


Hallé el siguiente mensaje
en los regalos que un
profesor de redacción
dio esta mañana a su grupo:


"Estudiante:

Todo exito requieren de un gran esfuerzo, en ocaciones físico, en ocaciones mental; la sabiduria consiste en saber convinar ambos esfuerzos."

Y en vista de que semejante nota no era ninguna broma,
¿qué maldita clase de regalo puede significar todo eso?

Alguna vez, en reunión de academia, uno de esos catedráticos clamó: "Las asignaturas de redacción deben ser prioridad de prioridades, por eso propongo que aumentemos su carga oratoria".


¿Así de jodidos estamos?



martes, mayo 22

Elemental

Sir Arthur Conan Doyle

(1859-1930)



"-Watson, posee usted el don inapreciable de saber guardar silencio -dijo-. Eso le convierte en un compañero de valor incalculable."

El hombre del labio retorcido


lunes, mayo 21

0987653





¿Para qué se llevan
si no se traen?





martes, mayo 15

Malos maestros y maestros malos


DENUNCIAN A UN PROFESOR EN EE UU PORQUE PUSO EL FILME
"BROKEBACK MOUNTAIN" EN CLASE
Los abuelos de una niña reclaman un millón de dólares por la
"angustia sicológica" causada a su nieta

El País. Martes 15 de mayo de 2007.

Un maestro de la Escuela Primaria de Ashburn, localidad situada en el Estado de Illinois, ha sido denunciado por poner a sus alumnos la película Brokeback Mountain, de Ang Lee; un filme que por su contenido está clasificado como R, es decir que los menores de 17 años sólo pueden verlo acompañados de un adulto.

Que se trate de un filme ganador de tres Óscares y cuatro Globos de Oro no ha evitado que los abuelos de una de las alumnas hayan interpuesto una denuncia en la que exigen a la Junta de Educación de Chicago medio millón de dólares por los daños psicológicos que esta historia de amor ha causado en la joven.

"Angustia psicológica"

La alumna Jessica Turner, de doce años, y sus abuelos, Kenneth y Richardson LaVerne han formalizado una denuncia en la que alegan la "angustia psicológica" que sufrió la joven después de ver el film que fue exhibido en clase sin el permiso de los padres o tutores de los estudiantes.

Ésta no es la primera vez que el abuelo Richardson arremete contra la educación que recibe su nieta. Ya en 2005 se quejó a la dirección del centro escolar por las supuestas blasfemias que se les enseñaba en clase de Literatura.

"Es muy grave para mí que mis niños hayan estado expuestos a esto", ha denunciado el abuelo de la alumna, quien también ha señalado que la exhibición de este filme de contenido homosexual en clase es "la gota que colma el vaso". "Creo que el pleito ya era necesario dado que ya les había advertido sobre la literatura que obligaban a leer a los niños. Les dije que iba en contra de nuestra fe", ha sentenciado el señor Richardson.



Si se pudiera, si sirviera de algo, en una situación parecida yo también habría interpuesto una querella, al menos intentaría recuperar lo que me costó la renta de ese filme en Blockbuster. Y también llamaría "angustia sicológica" a los efectos de esa peli que me pareció la mar de aburrida. Interpondría otra en contra de Ang Lee, quien me cae gordo desde que le dio en la madre a Bruce Banner en la nefanda película aquélla. Me encantan esos países primermundistas donde uno puede interponer -y eventualmente ganar- una demanda casi por cualquier pendejada. En México, en cambio, si un maestro es acusado de maltrato o abuso de menores, o la dirección de la escuela facilita su escapatoria o la bendita intercesión del SNTE lo salva de pisar la cárcel; acaso resultará castigado con un dolorosísimo cambio de adscripción, pero no más. Desde luego el maestro de Illinois incurrió en una responsabilidad administrativa al ignorar una recomendación oficial, por muy aberrante que ésta le pudiera parecer y por mucho que en su defensa se recuerden las escenas que los menores ven a diario en la televisión, en la Internet o en las mismas calles. Las disposiciones son para atenderse, y más en la escuela, que trabaja con algo tan delicado. Pero esto de la literatura que va en contra de la fe a mí me hace pensar en demasiadas cosas. ¿No podríamos interponer denuncias en contra de abuelitos como los Richardson por la misma causa: angustia sicológica? ¿No será igualmente grave -para todos- que los niños vivan expuestos a ellos?


lunes, mayo 14

Víspera de nada


Lo he dicho demasiadas veces: en las escuelas rurales deberían estar los mejores maestros y los más completos recursos didácticos.

Cada año, los institutos nacionales y estatales de evaluación pretenden medir con la misma escala a estudiantes dispares de educación secundaria y preparatoria. La misma prueba para evaluar el aprovechamiento escolar (así llaman ellos al proceso de responder un test de 180 reactivos) en zonas marginales y metropolitanas, en escuelas públicas y privadas, en áreas rurales y urbanas, en escuelas unitarias y completas. El mismo examen de tres horas y veinte minutos, aplicado a la vez en aulas aclimatadas y unidas a la Internet que en paupérrimos bodegones o chozas de carrizo carentes de televisor, luz eléctica, pizarrón, mesabancos o incluso maestros. Las dependencias de educación, por su parte, complementan esa simulación desarrollando ingeniosos métodos de adiestramiento que hacen llegar a las comunidades con el desesperado propósito de lograr que sus estudiantes respondan a los cuestionarios en forma exitosa. Sobra decir que -al menos en lo que concierne a Tamaulipas- esto no se ha conseguido.

Si bien sabemos que en el medio rural la escuela constituye la única puerta por la que el pueblo eche un vistazo a la cultura mexicana y universal; si entendemos que en tal situación de aislamiento (geográfico, económico y social) es la escuela lo único que pondría en condiciones de competencia nacional a estudiantes cuyos hogares no cuentan con receptor de TV, servicio de Internet o suscripción a un periódico, ni sus comunidades con bibliotecas, museos, teatros o casas de cultura en activo; si sabemos todo esto, ¿cómo permitimos que las escuelas ubicadas en áreas marginales sean, además, las menos equipadas?

Ahora, supongamos que el estado quiere llevar la educación a todos los confines del país. Puesto que, entre otros problemas, la dinámica migratoria experimenta un crescendo continuado, los gobiernos de todos los niveles se niegan a invertir en proyectos educativos poco seguros; a menos, claro está, de que esos proyectos les reditúen dividendos electorales. Pongamos entonces que se abre una escuela en una comunidad remota y escondida. Habrá que suministrarle maestros. ¿A quién contrataría el estado?

Mi opinión es que si la apertura de ese centro escolar obedeciera a una intención legítima de brindar educación y progreso, debería contratarse a los mejores profesores, profesionales especializados no sólo en didáctica sino también en desarrollo de áreas marginadas. Dentro de esa misma idea, las escuelas debieran nacer, si no con una infraestructura convencional completa (aulas, sanitarios, biblioteca, laboratorios) sí con los medios indispensables para que se verifique una educación que responda a las necesidades actuales (educadores por área del conocimiento, libros de texto, biblioteca actualizada, computadoras con servicio de internet, equipo multimedia). Una escuela rural de éstas debería ser capaz, a la postre, de fomentar la creatividad, la cultura y los proyectos productivos, un motor de progreso en todos los aspectos.

No está el gobierno para caprichitos, así que todo ocurre regularmente al revés. En primer lugar las escuelas empezarán de la nada: sin aulas didácticas ni oficinas ni archiveros ni mesabancos. Ese ciclo escolar iniciará en la plaza pública o en las instalaciones de otra escuela o bien en algún salón de usos múltiples del que deberán salir cada vez que haya asamblea ejidal. El primer año se irá entonces en reunir el mobiliario entre donaciones y préstamos o en conseguir un terreno donde, con un poco de suerte, luego de tres o diez años empezará la construcción de las instalaciones propias. Si usted supone que tal construcción jamás se verificaría de contar con una población escolar reducida, está en todo lo correcto. Como si eso no fuera suficiente, en estas escuelas y comunidades actuarán (nunca esta palabra fue mejor empleada) como educadores quienes por una u otra razón no consiguieron un empleo mejor en otra parte. Los especialistas, muchas veces, encuentran en la ciudad mejores condiciones fuera de la educación pública; un empleo mal remunerado incluso, pero con la opción de trabajar en varios lugares durante el día. El área rural, en consecuencia, se llena de profesionales de cualquier cosa metidos a la educación, acaso con muy buenas intenciones, pero sin perfil pedagógico ni vocación social ni ánimos para compensar esas carencias.

En modo alguno lo anterior significa que, en contraparte, los maestros de carrera estén bien preparados o suficientemente comprometidos con su profesión. Aquí y allá se advierten carencias en los aspectos más elementales, además del nulo interés por la actualización. Tenemos en muchas de nuestras escuelas rurales educadores que, amén de sus limitaciones metodológicas y técnicas, leen muy poco o ni siquiera saben leer (no pienso explicar esto); no han aprendido a usar una computadora y si la usan es tan sólo para chatear, descargar canciones o practicar algún juego; no asisten al teatro ni visitan museos; pronuncian ondas persianas o luz inflarroja sin saber bien de lo que quieren hablar o recitan en clase: Pero mas sin en cambio se mueve cada vez que tocan el tema Galileo.

Si a esto le agregamos que las dependencias encargadas de administrar la educación pública no están a cargo de pedagogos o investigadores distinguidos sino de políticos decididamente mediocres, pues ya tenemos claro el futuro de la educación rural. La situación no sorprende a nadie; a decir verdad, se están cumpliendo las expectativas de nuestros gobiernos, ésas que jamás se reconocerían en los informes públicos. La educación media rural es, no nos hagamos, otro instrumento de control político. Otro laboratorio donde se fabrican falsas democracias y efímeras justicias sociales entre coloridos humos y sospechosos olores.

Conozco, sin embargo, algunos que merecerían una felicitación especial el día de mañana. Pero nunca un cumplido oficialista. Las dependencias gubernamentales nada saben del esfuerzo de ellos. Y es mejor que no lo sepan.

Maricela, Ángel, Cristina, los dos Migueles, Édgar, Eleno, ambas Noras, Víctor, Irene, Héctor y Eliacim: que tengan el mejor Día de lo que ustedes quieran.


sábado, mayo 12

Patata a la Aparecida (Papa sin chile)




¿Qué es más el tipo ése,

Acallar a las orquídeas

Hará cosa de diez días que Adriana González Mateos presentó su novela en este sucio agujero que es Ciudad Victoria; cuelgo aquí, con mínimas modificaciones, los apuntes que leí en aquella ocasión.



Con un número superior a los cuatrocientos géneros, las orquídeas integran la familia más amplia del reino vegetal. Escasamente estudiada, a Orchidaceae se le atribuye una diversidad que va de las quince mil a las veinticinco mil especies, distribuidas prácticamente en el mundo entero. Tan es así que sólo los polos y los más áridos desiertos escapan a su perturbadora presencia. Las orquídeas se distinguen de otras angiospermas por un conjunto de características florales. A saber: el desarrollo del tallo, la organización de sépalos y pétalos y la presencia del labelo (un tercer pétalo, más grande y más vistoso, que actúa muchas veces como plataforma para la polinización). Porque las orquídeas han estado en el mundo mucho antes de existir nosotros, el labelo ha adoptado la fisonomía del polinizador, al que atraen sus engañosas formas y su especial colorido. Es, ésta última, la característica que le ha dado a la orquídea el campeonato en la carrera de la evolución vegetal, convirtiéndola en la planta más elegante y enigmática.

Una orquídea no es exactamente una planta: es un ser que domina el lugar donde se encuentra, sentencia en la página 111, unas líneas antes del punto final, la protagonista de El lenguaje de las orquídeas, primera novela de Adriana González Mateos, una historia donde la palabra orquídea aparece muy contadas veces; narración fragmentada donde las orquídeas asoman de vez en vez para decir tan poco y tanto.

Del influjo de la orquídea se ha escrito demasiado en los muchos años que el hombre viene andando la Tierra. Los antiguos griegos, por ejemplo, convencidos de que esas flores silvestres nacían del semen derramado en el apareamiento, les atribuyeron poderes afrodisíacos. Hay quienes, hoy día, con ese mismo propósito, suelen aconsejar a los hombres beberse un té de orquídeas y a las mujeres oler una flor. Las orquídeas parecen volver loca a la gente, los que las aman lo hacen de forma irracional, dijo alguna vez Susan Orlean, hablando de quienes actúan como el ladrón de Florida.

Una orquídea. Un individuo exótico, distinguido, sin parangón entre las imágenes cotidianas; elegante y cercano, pero al mismo tiempo maravilloso y fugaz, lejos de todo alcance; eso es quizá para nuestra protagonista el personaje masculino, un hermano de su madre cuya bragueta floreciera algún día para invitarla a hurgar entre los seductores pétalos de su sexo erguido.

Abundemos en la historia que nos narra la mujer madura que hace veinticinco años nacía a una vida nueva luego de leer Demian, la novela cumbre del escritor que nació alemán y murió suizo. Renacer en diversos sentidos. Nacer otra vez, porque ella sobrevive a algo que la hizo ver de cerca a "la pelona" y el rostro de la muerte no era diferente al cráneo de ella, partido en varios pedazos sobre un pavimento cercano al de su casa. Nacer de nueva cuenta porque descubre enseguida la insidiosa simulación de su familia clasemediera, el orden contra el que pretenderá rebelarse, transitar los caminos que bien sabe prohibidos. Nacer a otra vida, a la vida que los adultos de buena voluntad le quieren negar, la vida que se esconde en las palabras y en los actos, en los dedos y en la boca masculina, no una boca cualquiera sino la boca negada; la lengua endurecida, luego blanda, luego rígida otra vez; lúbrica o seca, pero cruel de cualquier modo porque no hay peor violencia que la ejercida contra sí misma por dirección de un hombre, porque nada causa más dolor que morderse la lengua.

Esto no se lo puedes decir a nadie. Nunca, ni siquiera bajo tortura, le ha dicho su tío a la mitad de la página treinta y seis. Para entonces ya conoce ella las venas hinchadas y la textura de la carne. Y conviene recordar ahora lo que diría Chandler acerca de las orquídeas, que tienen la misma textura de la carne humana. Esto no lo puedes confesar ni siquiera bajo tortura. Si le dices a alguien, me mato. Y no lo hará ella mientras siga siendo adolescente, mucho después incluso de que las orquídeas dejen de florecer. No lo hará porque lo admira demasiado, porque su elocuencia domina el teatro entero que es su familia. No lo hará porque quiere aprender más, llegar a ser tan inteligente como él, tan interesante; porque él sabe pronunciar en francés el nombre de un buen vino, porque es el único sobreviviente del sesenta y ocho que ella conoce, porque es el universitario, el que llegó a diplomático, porque todo él irradia poder y libertad. No lo hará por todas esas razones y por una sola: porque él así se lo pide.

Las orquídeas, lo saben los botánicos y los doctores, deben su nombre a la forma de sus raíces, bulbos subterráneos o epifitos que recuerdan los testículos humanos. De esa falsa genitalidad nace el pedicelo que sostiene toda la esencia de la flor, sus mitos y sus verdades. En esa misma genitalidad se sostiene, al parecer, la familia mexicana clasemediera del siglo veinte que González Mateos retrata en El lenguaje de las orquídeas, y no hace falta que los varones estén ahí para perpetuar el código; las madres se encargan de hacerlo bajo los métodos más variados. Llegado el momento, los adultos masculinos sólo tendrán que alargar la mano para obtener lo que deseen. Al abuelo, por ejemplo, le bastará con decirle a la abuela, que era su secretaria, Perilli, me voy a casar con usted, a la mitad de un dictado; poco importa que él ya estuviera casado en otro país donde las mujeres son más conscientes de sus derechos. Para mí era un juego, le dirá a ella su tío cuando la orquídea se haya marchitado. Muchos años habrá de distancia entre una frase y la otra, pero ambas son, sin duda, ejercicios del mismo lenguaje.

Hay sin embargo un instinto rebelde en la abuela y en nuestra protagonista. Desde ir una vez juntas al teatro, a ver Casa de muñecas, de Ibsen, y emprender después largas discusiones literarias; abuela y nieta van creando vínculos de complicidad que se extienden aun después de morir la primera. Al final del tercer capítulo la nieta recuerda cuánto amaban a esas heroínas capaces de montar a caballo para enfrentar los peligros, envenenar a un carcelero, seducir a un héroe inconveniente, burlarse de las estúpidas que se quedan en casa obedeciendo y se pierden la mejor parte del libro. Ellas son rebeldes a su modo, sin intuir siquiera que esa rebeldía se mueve entre las nervaduras de un mundo cuyas formas masculinas dominan desde el subsuelo.

Por eso no sabemos hasta qué punto él es villano, hasta dónde llega su responsabilidad cuando ella decide, en el umbral de los cuarenta, confesar. Primero a su madre, luego a la esposa de su tío. Porque tenía trece años; sabía lo que estaba haciendo. Puedo alegar muchas cosas, pero no ignorancia (p. 24). Por eso la palabra abuso rebota en dos paredes con la misma intensidad, por eso la palabra incesto pierde cualquier fuerza y se disuelve en un mar de recriminaciones mutuas. Acaso la palabra secreto sea, de entre todas, la más fuerte; ésta se quedará resonando en la mesa vacía de un restaurante a donde él pidió que acudieran para aclarar las cosas.

En una novela fragmentaria, con base en prolepsis y retrospectivas, Adriana González Mateos se arma de valor y nos muestra, usando las dosis exactas de crudeza, erotismo, delicadeza y pudor, un tema tan antiguo como vedado, el incesto. Pero ese tema le vale también para criticar la aparente rigidez de la familia tradicional de clase media, un modelo de familia que tiende a colapsarse, a desaparecer, si acaso resiste aún el ritmo de nuestros días. Con un lenguaje metafórico apoyado en las imágenes del teatro, del circo y de la fiesta brava, las narradoras de esta historia nos irán aportando breves datos, ambiguos y contundentes a la vez, para construir una historia que en ningún momento deja de ser bella ni reflexiva.

Sería aventurado pensar que el incesto descanse en un sentimiento amoroso, al menos bajo el concepto que de esto impera; más admisible sería referirse a él como una relación pasional. En cualquier caso resultará difícil distinguir entre víctima y verdugo. Acaso convenga al incestuoso describir su relación en los mismos términos que nuestra narradora describe a las orquídeas: algo que está más allá del bien y del mal y cuya belleza lo coloca por encima de la culpa y las vacilaciones.


El lenguaje de las orquídeas. González Mateos, Adriana. Tusquets Editores México, S.A. de C.V. D.F., México. 2007. 112 p.


jueves, mayo 10

Chamuco pinchurs presents



Cartón de Helguera
en El Chamuco No. 122
Como el anterior de Letras Libres,
un número enterito dedicado al cine
(de los hermanos Almada)


domingo, mayo 6

Boberías

"No sé si usted tiene treinta o cuarenta años, no importa. Pero usted es un hombre hecho, es decir deshecho, como todos los hombres a su edad cuando no son extraordinarios."

Juan Carlos Onetti/Bienvenido Bob

Una nota de 2004

Margarito Ledesma, humorista


Hace pocos días, mi amigo Indalecio Salgado me obsequió un ejemplar de Poesías, obra de Margarito Ledesma reeditada en 1999 por el gobierno de Comonfort. En la carta que acompañaba al regalo, el maestro Salgado señalaba con insistencia el escaso valor artístico de la obra y, en cambio, su importancia en el folclor de aquella región guanajuatense. Debo reconocer que me he llevado una sorpresa.

“El humilde poeta Margarito”, como él mismo se hacía llamar, el “humorista involuntario”, según reza en la portada del libro, un hombre de “escasísima cultura y llegando a veces hasta las lindes de lo grotesco y lo ridículo”, según lo califica Leobino Zabala en su Explicación a la edición de 1920, “un hombre de buena voluntad y muy caritativo y muy alegador, que desfiende mucho al pueblo desvalido y quiere mucho a esta población y, además, es mi compadre muy estimado”, según declara (“su inútil y S. S.”) Melitón Palomares, en el Prólogo de esa misma edición; era un tipo hábil para la composición de historias rimadas, habilidad que le ganó admiradores en la población de Chamacuero (hoy, simplemente Comonfort), pero también muchos rencores, sea por su personalidad (muy alegador, pero enemigo de los golpes y, además, poco hábil para la lucha) o por las indiscreciones que Margarito cometía en sus “hermosas poesías”. Los primeros ayudaron a corregirlas, los segundos infundieron en Margarito la urgencia de ver publicados sus textos “para tener el gusto de refregárselos en la cara a los envidiosos de su pueblo”.

Los únicos amigos que Margarito conoció en Chamacuero (porque salió de ahí sólo en dos ocasiones: un viaje a Celaya y otro a San Juan de los Lagos) ayudaron, a su manera, en la corrección de las composiciones, la mayoría de las veces con resultados desafortunados. En muchas ocasiones, el poeta aceptaba las modificaciones con desagrado, así que incluía un pie de página para explicar los motivos de tales cambios para agradecer al corrector o bien, para desembarazarse de cualquier responsabilidad. Es precisamente en estas notas y aclaraciones donde radica el valor humorístico de la obra, pues evidencian al ingenuo e ignorante Margarito Ledesma, un provinciano maduro asombrado ante las personas, trámites y modas ajenas a su “hermosa tierra que lo vio nacer y donde vio la luz primera”. Así lo demuestra el texto Giros Costales, donde Ledesma refiere la vez que conoció el procedimiento para enviar dinero en “un costalito de manta (...) que cosieron y amarraron (...) y le pusieron sellos de cera redetida” para luego teorizar que ese nombre lo han hecho genérico a todo tipo de embalaje “para no decirles giros cubiertales o giros sobrales” cuando se utilicen sobres convencionales o cubiertas plásticas en vez de los dichosos costalitos.

No obstante, hay en el libro de Margarito un tufo a ironía que me hace desconfiar. Se ha hecho hincapié en señalarlo como el hombre inculto e inocente y en muchas de sus composiciones esto queda ampliamente demostrado, pero aquí y allá surgen destellos que hacen dudar de tal candidez y de pronto parece que “el humilde poeta Margarito” estuviera jugando con sus lectores, fingiendo ignorancia sobre un asunto que éstos conocen de sobra y del cual él derrocha detalles para que no quede duda de su reconocida “ingenuidad”.

Aunque Margarito Ledesma desapareció de Chamacuero sin ver publicado su libro y jamás se volvió a tener noticia de su destino, esta decimonovena edición es, como la primera, un canto permanente a su tierra, la que, aseguraba, era Cuna de la Independencia Nacional y no Dolores como nos han dicho. Según él, durante una tamalada junto al río de La Laja, fiesta a la que Don Miguel Hidalgo acudió para distraerse, sólo de ver cómo el agua “corría LIBRE y sin resistencia”, al entonces padre de Dolores y futuro Padre de la Patria le surgieron las ideas independentistas.

Para no hablar más, reproduzco en seguida Puras Mentiras y A Mario Talavera, sin olvidar las notas aclaratorias que, como he dicho, son la mejor parte del libro.

PURAS MENTIRAS

Estuvo aquí de visita,
en casa de don Joaquín,
un señor medio catrín
de bastón y de levita.

Dicen que era un preceptor
de la propia capital,
y le cuadraba el mezcal
y, si había pulque... mejor.

Traía tamaña leontina
y un reló quesque de plata.
yo creo que era de hojelata
y no de lámina fina.

También portaba unos lentes
que abajo tenían arquitos,
para mirar a las gentes
y para ler los escritos.

Me explicó Pancho la Puerca
son lentes de dos reflejos:
uno para ver de lejos
y otro para ver de cerca.

Y, según me dio a entender
con palabras provechosas,
lo de arriba es para cosas,
lo de abajo para ler.

Y el que los trai no se priva,
pues sólo tiene el trabajo
de alzar los ojos pa arriba
o de bajarlos pa abajo.

También usaba un bastón
que adentro traía un paraguas,

y él decía que en tiempo de aguas
nomás le daba el sacón.

Era un hombre muy chocoso,
muy tieso, muy estirado,
que me caía muy pesado
y que era muy mentiroso.

Pues, muy cruzado de pierna,
se soltaba miente y miente
y hasta espantaba a la gente
al platicar de un tal Berna.

Decía que Berna era oriundo*
y de tantas garantías,
que le dio la vuelta al mundo
en menos de ochenta días.

Y que era un hombre tan probo,
tan vivo y de tantas ganas,
que anduvo cinco semanas
trepado arriba de un globo.

Y casi sin descansar
ni darse ningunas treguas,
caminó veinte mil leguas
sumido abajo del mar.

Y contaba algo más grave:
que sin alas ni otras trazas,
volaba cual si fuera ave
por encima de las casas.

Y, cual Judas Iscariote,
quería, sin razón alguna,
con un cañón muy grandote
darle un balazo a la Luna.

¿Qué les parece? ¡Caray!
Hay que quitarse el sombrero,
pues salió más embustero
que don Lencho Garibay.

Lo que no entendí muy bien,
porque no hablaba a las claras,
si fue el mismo Berna o quién
el que hizo cosas tan raras.

Mas, sea el que serse, no cuela,
y aunque sean buenas sus miras,
ese montón de mentiras
no se las cree ni su abuela.

NOTA.- La verdad es que, por pura pena y por ser un hombre tan raro y tan chocoso, no me arresgué a preguntarle quién es ese mentao Berna del que nos contó tan grandes mentiras. Yo tanteo que se trata de mi compadre. Bernabé Contreras, al que todos le decimos Berna por puro cariño y porque es un amigo muy cabal y muy parejo y que hace como unos cinco años que se fue para Cholula, donde espero en Dios que viva todavía, pues no ha sido bueno para mandarnos un recadito o siquiera unas saludes con alguien. Y creo que pueda ser él porque no hay por aquí otra persona a quien le dígamos don Berna y porque, además, mi susodicho compadre era muy ingenioso y le gustaba mucho hacer inventos, pues no se me olvida que una vez nos enseñó a agarrar ratones con una cazuela bocabajo y un tejamanil con carne en la punta y, además, porque muchas veces llegó a decirme que tenía muchas ganas de conocer el mar y de andar mar adentro (fíjense, mar adentro), y una vez que unos cirqueros echaron aquí un globo, hasta pagaba porque lo dejaran subir, aunque fuera amarrado del trapecio, y siempre andaba diciendo que qué bonito se sentiría poder volar como los zopilotes y que qué bonito conocer todo el mundo. Voy a ver si puedo indagar su dirección para escribirle y darle a saber lo que ese hombre nos vino a contar aquí, para que nos diga si es cierto y ni no, para que no lo ande descreditando con esas mentiras que ni que fuéramos chiquitos y que hasta puede pensar la gente que él es el que le dice que las cuente para hacerlo quedar bien. Pero, pensándolo bien, mejor no le escribo porque, como ni más hemos vuelto a tener razón de él desde que se fue para Cholula, a poco ya se murió y hasta la estampilla pierdo. No, mejor no le escribo.


OTRA NOTA.- Oriundo es la persona que le gusta andar mucho y que nomás anda de allá para acá y que no le gusta estar en su casa, sino ande y ande por todas partes. Esto lo supe por el Padre Olguín porque una vez, platicando de un señor que estuvo por aquí una temporadita y luego se fue y después volvió a venir y luego volvió a irse y de nuevo volvió a venir y otra vez se fue de nuevo, me dijo que ese señor parecía oriundo de aquí, pues nomás andaba yendo y viniendo y conforme se desaparecía se volvía a aparecer otra vez. Se los digo porque es fácil que algunos no sepan lo que quise decir y hasta vayan a pensarse que quién sabe qué sería lo que quise decir.



NOTA DEL EDITOR.- Yo creo que a Don Margarito le pasó en este caso lo mismo que cuando asistió a la corrida de Silveti, o sea, que no vio ni oyó bien de qué se trataba, y a eso se debe que haya confundido a Julio Verne, de quien seguramente estuvo hablando el “preceptor”, con su compadre Berna; trocando así los conceptos e interpretándolos a su modo.



A MARIO TALAVERA

Dice la gente que a Churchíl Wistón
le dieron por allá un premio Nobél,
porque ha escrito novelas a granel
y las sigue escribiendo de a montón.

Y si a Churchíl, allá por sus terrenos,
le dieron ese premio que les digo,
a Mario, que es de acá y es más amigo,
le tenemos que dar dos, por lo menos.

Porque si aquel señor, por sus novelas,
le dieron por allá un premio Nobél,
a MARIO, sin andar con pretensiones,
es justo que le den en San Miguel
un premio Cancionél por sus canciones,
y por sus cuentos, un premio Cuentél.

Y hasta se me hace poco lo que digo,
pues muy justo y legal yo considero
le den otro de ser muy buen amigo
y otro, además, por ser muy buen torero.

Y así verán en los Estados Unidos,
o donde dichos premios estén dando,
que no estamos aquí tan sumergidos
y los damos también de cuando en cuando.



De ese tamaño es la inocencia o la ironía de Margarito, uno puede formarse ideas contradictorias, lo que es inevitable es la sonrisa que nos arranca casi con descaro.

Poesías. Ledesma, Margarito. 19ª Edición. Gobierno Municipal de Comonfort. México, 1999.

sábado, mayo 5

Fe de ratas




Ahora que la curia se desdijo,

¿deberíamos referirnos a Marcelo
como un
ex-ex-comulgado?


Decires


I
Elín López y Clara García, dos de las contadísimas personas que hacen algo por la cultura en este sucio agujero, organizaron otra vez la Feria del Libro. Me conmueve cada año atestiguar cómo las ganas personales sustituyen a los presupuestos públicos. Nueve días duró el programa, quién sabe cuántos las ventas. Acabado el puente del día del trabajo, dicen, se desplomaron.

II
En estos días alguien mencionó que, en promedio, el mexicano lee la mitad de un libro al año. Murmullos en el auditorio alegaron dos y dos coma cinco. Dos coma ocho, dijo un seguidor de Letras Libres. Que sí se lee, volvió a decir el primero, pero sólo publicaciones como TVyNovelas, TV-Notas, Así soy, ¿y qué? o Sensacional de vaqueros. Hubo quienes, calculadora en mano, justificaron la decisión nacional de no comprar un buen libro. Un libro caro, diría yo, pues hay muy buenos títulos que siguen siendo baratos.

III
Para ir a la Feria del Libro me hice una lista antes, pues pasa que si no encuentro el que busco termino comprando lo primero que se me adhiere a la mano. Quería leer a McEwan, McGahern, a Barnes, Banville, a Bolaño, Alarcón, a Ishiguro y a Amis. No encontré ninguno. "Me pide un imposible, caballero", contestó el chilango de la librería. ¿Por qué serán tan melifluos?, ¿acaso por la inexorable desconfianza que inspiran? Apenas la segunda vuelta y ya llevaba una bolsa repleta de libros y discos hasta el hocico. De lo que compré, un solo volumen vale la pena: el diccionario panhispánico de dudas.

IV
No había remedio. Quedaban las curiosidades. Durante mucho tiempo escuché a tantos alabar al comisario de Simenon (y jamás lo había leído) que metí en el carrito los tres títulos que encontré en el mostrador. Comencé esa noche, pero al decir tres, ocho, doce páginas, saltar algunas, intentar con otro título, con el tercero y tener la misma suerte, decidí abortar la misión (¡rayos!, dije una palabra inconveniente para estos días). Concluyo que en la serie Maigret -al menos por ahora- no hay nada para mí.

V
Entrado en lo detectivesco -o en lo neopolicial, para decirlo mejor-, había comprado también El mundo en los ojos de un ciego, la novela que Paco Ignacio Taibo II tiene en la vertiente narrativa de la colección La Centena (CONACULTA/Aldus). De esa brevísima novela diría que es una chulada, sin ir más lejos.

VI
Cierta persona mencionaba con frecuencia que los extranjeros tenían la misma reacción apenas conocer la nacionalidad de ella. "¿Mécsicou?, ¡tekaila, mariguana!", solía decir que así le respondían. A mí, una vez, haciendo fila madrugadora en el estacionamiento de un parque de diversiones, una pareja de italianos -ella era guapísima, aunque esto no viene al caso- me repreguntó: ¿México?, ¿Paco Ignacio Taibo? Entonces creí en las cuartas de forros.

VII
Y digo ahora, haciendo un repaso de los comentarios propios y ajenos enumerados arriba, que las historias protagonizadas por Héctor Belascoarán Shayne, José Daniel Fierro y Olga Lavanderos, con un poquito de ayuda (o mejor dicho con un poquito menos de intromisión por parte de quienes preferirían que esos textos fueran leídos sólo en el extranjero) pueden provocar un alto impacto en el joven pueblo (e)lector del México desesperanzado. Me explico:

1) Tenemos ante nosotros una larga serie de novelas breves, por no decir brevísimas, lo que elimina el primer pretexto de quienes se asumen como no lectores, y aun del lector frecuente en los tiempos tan apresurados que nos tocó vivir: los escasos minutos de que disponemos para esa excluyente actividad.

2) Acaso por ser breves, o por razones que desconozco, las novelas neopolicíacas de Taibo II se obtienen -más o menos- por el mismo precio de cinco ejemplares de El Libro Policíaco de Color o dos de Colt 45 que se vendía hace poco. Claro, lo difícil es encontrarse aquellas novelas en lugar de éstas en las librerías, supermercados y estanquillos de ciudades como la nuestra.

3) Porque Paco Ignacio Taibo II no duda en usar la ironía como una estrategia para renovar el género policial y para ejercer una de las críticas más elocuentes del México contemporáneo, sus novelas están cargadas de un humor que provoca los sentimientos más variados, desde la risa espontánea hasta el llanto amordazado, pasando por la rabia y la reflexión. Hay quienes dicen que Paco Ignacio está siempre dispuesto a no tomarse en serio, yo digo que no hay mejor manera que la suya para portarse serio con lo que exige seriedad.

3) El estilo de Paco Ignacio es tan equilibrado en esta serie de novelas que, no obstante apoyarse en el habla y la cultura populares, abunda en construcciones de gran calidad literaria. El lector ordinario se encuentra así ante un medio desconcertante y cercano a la vez. Todo el lenguaje y todas las historias son tan cotidianos y tan simples; la estructura y el ritmo, los finales deslumbrantes, en cambio, son dignos de evocarse cada vez que uno habla del arte.

4) Esas razones bastarían para que los maestros de preparatoria y universidad recomendaran las novelas de Taibo II a sus estudiantes, al mecánico de la esquina, al chofer del microbús o al chico ése que les da grasa por igual. Pero hay una más, y ésa es su contenido social. Paco Ignacio Taibo II tiene un compromiso con los hombres y mujeres que luchan por las causas comunes, y cada novela suya responde a esa conciencia. Las demandas magisteriales, la organización de las obreras, el abuso de los caciques, la corrupción; todos los problemas generados y tolerados desde el gobierno (antes priísta, panista ahora) son desollados por una pluma que no deja de provocarnos un extraño placer.


VIII
Taibo II estuvo con Carmen Aristegui hace unos días. A propósito de los festejos que se preparan para celebrar el centenario de la Revolución Mexicana y el bicentenario de la Independencia (los inicios, por supuesto) y dado que aquél ha escrito libros acerca de estos temas, Carmen le preguntó si aceptaría -de ocurrir- la invitación del gobierno para organizar dichas celebraciones. La respuesta del escritor fue: "Jamás aceptaría la invitación a colaborar con un gobierno cuya legitimidad no acepto. Pero celebración habrá. La no oficial. Claro que la habrá."

Eso es lo que yo llamaría "calidad de pelao"

viernes, mayo 4

Arañas psicodélicas

Me matan las ganas de dormir. Debo manejar hasta el trabajo -cuarenta minutos- y no quiero. En mis ojos crecen telarañas hemorrágicas. Encima de ellas un soma negro se balancea. Hace rato volví de la premiere, abatido por la decepción. Vimos una parte oscura de Peter Benjamin Parker tan tan tan tan tan ridícula, por no decir estúpida. ¿Qué has hecho, Sammy? Cuatro villanos -contando al mismo Peter- y no lograr algo decente. Luego ese final melodramático. Carajo, ¿por qué los héroes ni los villanos son como los de antes? Lo peor de todo es que -culpa de tener sobrinos- también compré boletos para la función de esta tarde. Una segunda mirada, dicen, puede restituir la dignidad. Ojalá.

jueves, mayo 3

Quentin Tarantolas

A Ruth del Río, Rodolfo Favela y José Luis Rodríguez Ávalos, quienes integraron el jurado del XIII Premio Carmen Báez, les pareció buena la idea de incluir en la selección nacional el cuento mío ...and again, and again, and again...
Este 2006, participaron 236 trabajos de todo el país, obteniendo el primer lugar Patricia Ferreyra, de dieciséis años, originaria de Morelia, con el texto Santo Domingo.
La selección nacional, que cuenta con algunos trabajos muy buenos y otros decididamente malos -entre ellos el mío-, se editó bajo el auspicio del Colectivo Artístico Morelia, A.C. y la Secretaría de Cultura de Michoacán; reúne veintinueve relatos, cuentos breves y las minificciones de Edgar Omar Avilés y Marcos Rodríguez Leija, dos de los buenos.


...and again, and again, and again...

Un espacio hermético, escasamente iluminado, un sótano inserto en cualquier lugar fuera del mundo; aquél era el sitio perfecto para un encuentro de esa naturaleza. En el centro de un improvisado cuadrilátero, el héroe mexicano, envuelto en un traje de plata con una "s" en la máscara, se enfrentaba al héroe norteamericano de traje azul y rojo con una "s" en el pecho. Como era costumbre, el primero encarnaba los más puros ideales; el segundo, entre tanto, atravesaba uno de aquellos desequilibrios emocionales que lo tornaban de héroe a villano en cuestión de segundos. El primero, muy a su estilo, arrojó a un lado la capa antes de iniciar la contienda; mucho antes el segundo se deshizo de los inútiles anteojos y pretendió absurdamente valerse de la visión de rayos X que, en aquellas circunstancias, apenas lograba traspasar la trusa plateada del oponente. El primero aprovechó aquel momento para sorprender al segundo con un tope a la barbilla, derribarlo y aplicar "la de a caballo". En aquel espacio tan reducido la capa roja se convertía en un verdadero lastre cada vez que el gigante americano intentaba, ya no se diga volar, sino erguirse siquiera en medio de los garabatos humanos a los que el mexicano lo sometía. Todo habría resultado a favor del primero si éste no hubiera antepuesto a todo los valores que encarnaba. La honestidad y la pureza resultaron ser armas ineficaces contra el rudo marrullero en que el segundo se convertía bajo los influjos del mineral rojo. En cuanto se sintió perdido, el segundo aplicó toda la fuerza de sus garras de acero sobre los testículos sagrados del primero. Lo que siguió fue un baño de sangre. La "s" de la frente fue arrancada de una sola mordida y, en respuesta, cuatro arañazos sanguinolentos sustituyeron a la "s" en el pecho del otro. Lo demás fue la historia de siempre, otra vez la batalla que el primero perdía inexorablemente, una contienda más en que la plata reiteraba su maleabilidad frente al acero. Afuera el mundo seguiría siendo igual, los poderosos dominarían a los débiles por los siglos de los siglos. Adentro, los disfraces maltrechos de Superman y El Santo terminaron mezclados en el piso, como fiel reflejo de la fusión de los cuerpos sobre la cama.


martes, mayo 1

Cosa de 3 días

Prometo, repito

El Poeta y el Eco

Les Luthiers
Viegésimo Aniversario (1989)

(En escena Jorge Maronna con el manuscrito y Carlos Núñez Cortés al piano)

JM: ¡Eco!... ¡Eco! (Eco, eco)
CN: ¡Eco!... (Eco, eco)

(Núñez explica que no puede ser el eco porque está al piano y llama a López Puccio, le explica su función de "eco")

JM: ¡Eco!
LP: ¡Eco, eco!

JM: Hola eco
LP: Hola eco

JM: ¿Cómo estás?
LP: Muy bien

JM: ¡Eco!
LP: ¡Eco, eco!

JM: Háblame de mi amada
LP: Hada, hada

JM: Responde a mi pregunta
LP: Pregunta, pregunta

JM: Dime, ¿quién es la más noble doncella?
LP: Ella... ¡ella!

JM: ¿Cómo son sus espléndidos cabellos?
LP: Bellos, bellos

JM: ¿Qué sonrisa en sus labios se adivina?
LP: Divina, divina

JM: ¿Me será siempre fiel? Dime que sí
LP: No sé.

JM: ¿Cuánto valen su humildad y su decoro?
LP: Oro, oro

JM: ¿Qué mujer es hermosa cual estrella?
LP: Ella, ella

JM: ¿Cómo es mi hermosa Anabella?
LP: Preciosa... preciosísima... ¡un hembrononón!

JM: Te contaré un secreto algo procaz
LP: Haz, haz

JM: Te diré lo que ocurre cuando me habla
LP: Habla, habla

JM: Me enloquece su boca carmesí
LP: ¿Y, y?

JM: Despertar mi deseo ella consigue
LP: Sigue, sigue

JM: Y nos damos con loco frenesí...
LP: ¡Sí, sí!

JM: ...largos besos que no acaban jamás
LP: ¡Más!

JM: No. No digo más.
Una de estas mañanas, una cualquiera...
LP: Una cualq....

JM: ...le diré lo que ella es para mí
LP: Una cualquiera

JM: ¿Qué insinúa de mi amada divina?
LP: Adivina, adivina

JM: Ella es una fiel compañera
LP: Era, era

JM: ¿Quién se interpone entre nosotros?
LP: Otros, otros

JM: ¿Otros? Dime sus nombres
LP: Hombres, hombres

JM: Dime quién es, que sin más lo mato yo
LP: Yo... ¡no sé! ¡no sé!

JM: (un cuplé en si bemol)
Ante necios y envidiosos no reculo
LP: Cu...

JM: En el amor no razono ni especulo
LP: ...

JM: Y por eso estos versos articulo
LP: ...

JM: Y finalizo de este modo mi... cuarteta
LP: ¡Culo, culo y teta!


"Señor, no son dignos de entrar en nuestra casa"

El probre y el rico
(Carlos Porrini/ canta Óscar Chávez)

El pobre, con su guitarra,
va cantando su miseria,
no hay en su canto alegría
porque el hambre es cosa seria.

El rico es raza de cuervo,
que nunca canta su pena,
tal vez será que haga mal
cantar de barriga llena.

Hay arriba de aquel cerro
una virgen milagrera;
abajo, el pueblo esperando,
pero el milagro no llega.

Con ésta, mi coplerita,
voy por cerros y llanuras
y si en la iglesia la cantan
yo prometo hacerme cura.

El pobre pasa la vida
trabajando, trabajando
pa' que otro se vuelva rico
descansando, descansando.

El rico pasa la vida
descansando, descansando
pa' que otro se vuelva pobre
trabajando, trabajando.

Si mentir es un pecado
con rezos se va pagando,
¿será por eso que el cura
se pasa el día rezando?

Con ésta, mi coplerita,
voy por cerros y llanuras
y si en la iglesia la cantan
yo prometo hacerme cura.

Y si en la iglesia la cantan
yo prometo hacerme cura.


¿Cuánto más
soportaremos
a este hijo
de su rechingada
madre Iglesia?

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Presentación editorial
2 de mayo, 19:00
Feria Nacional del Libro
y
Feria Universitaria del Libro
Plaza Juárez
Integrarán la mesa
Alfredo Marko, Julio Pesina y la autora