Quickribbon PESINISMO: Decires

sábado, mayo 5

Decires


I
Elín López y Clara García, dos de las contadísimas personas que hacen algo por la cultura en este sucio agujero, organizaron otra vez la Feria del Libro. Me conmueve cada año atestiguar cómo las ganas personales sustituyen a los presupuestos públicos. Nueve días duró el programa, quién sabe cuántos las ventas. Acabado el puente del día del trabajo, dicen, se desplomaron.

II
En estos días alguien mencionó que, en promedio, el mexicano lee la mitad de un libro al año. Murmullos en el auditorio alegaron dos y dos coma cinco. Dos coma ocho, dijo un seguidor de Letras Libres. Que sí se lee, volvió a decir el primero, pero sólo publicaciones como TVyNovelas, TV-Notas, Así soy, ¿y qué? o Sensacional de vaqueros. Hubo quienes, calculadora en mano, justificaron la decisión nacional de no comprar un buen libro. Un libro caro, diría yo, pues hay muy buenos títulos que siguen siendo baratos.

III
Para ir a la Feria del Libro me hice una lista antes, pues pasa que si no encuentro el que busco termino comprando lo primero que se me adhiere a la mano. Quería leer a McEwan, McGahern, a Barnes, Banville, a Bolaño, Alarcón, a Ishiguro y a Amis. No encontré ninguno. "Me pide un imposible, caballero", contestó el chilango de la librería. ¿Por qué serán tan melifluos?, ¿acaso por la inexorable desconfianza que inspiran? Apenas la segunda vuelta y ya llevaba una bolsa repleta de libros y discos hasta el hocico. De lo que compré, un solo volumen vale la pena: el diccionario panhispánico de dudas.

IV
No había remedio. Quedaban las curiosidades. Durante mucho tiempo escuché a tantos alabar al comisario de Simenon (y jamás lo había leído) que metí en el carrito los tres títulos que encontré en el mostrador. Comencé esa noche, pero al decir tres, ocho, doce páginas, saltar algunas, intentar con otro título, con el tercero y tener la misma suerte, decidí abortar la misión (¡rayos!, dije una palabra inconveniente para estos días). Concluyo que en la serie Maigret -al menos por ahora- no hay nada para mí.

V
Entrado en lo detectivesco -o en lo neopolicial, para decirlo mejor-, había comprado también El mundo en los ojos de un ciego, la novela que Paco Ignacio Taibo II tiene en la vertiente narrativa de la colección La Centena (CONACULTA/Aldus). De esa brevísima novela diría que es una chulada, sin ir más lejos.

VI
Cierta persona mencionaba con frecuencia que los extranjeros tenían la misma reacción apenas conocer la nacionalidad de ella. "¿Mécsicou?, ¡tekaila, mariguana!", solía decir que así le respondían. A mí, una vez, haciendo fila madrugadora en el estacionamiento de un parque de diversiones, una pareja de italianos -ella era guapísima, aunque esto no viene al caso- me repreguntó: ¿México?, ¿Paco Ignacio Taibo? Entonces creí en las cuartas de forros.

VII
Y digo ahora, haciendo un repaso de los comentarios propios y ajenos enumerados arriba, que las historias protagonizadas por Héctor Belascoarán Shayne, José Daniel Fierro y Olga Lavanderos, con un poquito de ayuda (o mejor dicho con un poquito menos de intromisión por parte de quienes preferirían que esos textos fueran leídos sólo en el extranjero) pueden provocar un alto impacto en el joven pueblo (e)lector del México desesperanzado. Me explico:

1) Tenemos ante nosotros una larga serie de novelas breves, por no decir brevísimas, lo que elimina el primer pretexto de quienes se asumen como no lectores, y aun del lector frecuente en los tiempos tan apresurados que nos tocó vivir: los escasos minutos de que disponemos para esa excluyente actividad.

2) Acaso por ser breves, o por razones que desconozco, las novelas neopolicíacas de Taibo II se obtienen -más o menos- por el mismo precio de cinco ejemplares de El Libro Policíaco de Color o dos de Colt 45 que se vendía hace poco. Claro, lo difícil es encontrarse aquellas novelas en lugar de éstas en las librerías, supermercados y estanquillos de ciudades como la nuestra.

3) Porque Paco Ignacio Taibo II no duda en usar la ironía como una estrategia para renovar el género policial y para ejercer una de las críticas más elocuentes del México contemporáneo, sus novelas están cargadas de un humor que provoca los sentimientos más variados, desde la risa espontánea hasta el llanto amordazado, pasando por la rabia y la reflexión. Hay quienes dicen que Paco Ignacio está siempre dispuesto a no tomarse en serio, yo digo que no hay mejor manera que la suya para portarse serio con lo que exige seriedad.

3) El estilo de Paco Ignacio es tan equilibrado en esta serie de novelas que, no obstante apoyarse en el habla y la cultura populares, abunda en construcciones de gran calidad literaria. El lector ordinario se encuentra así ante un medio desconcertante y cercano a la vez. Todo el lenguaje y todas las historias son tan cotidianos y tan simples; la estructura y el ritmo, los finales deslumbrantes, en cambio, son dignos de evocarse cada vez que uno habla del arte.

4) Esas razones bastarían para que los maestros de preparatoria y universidad recomendaran las novelas de Taibo II a sus estudiantes, al mecánico de la esquina, al chofer del microbús o al chico ése que les da grasa por igual. Pero hay una más, y ésa es su contenido social. Paco Ignacio Taibo II tiene un compromiso con los hombres y mujeres que luchan por las causas comunes, y cada novela suya responde a esa conciencia. Las demandas magisteriales, la organización de las obreras, el abuso de los caciques, la corrupción; todos los problemas generados y tolerados desde el gobierno (antes priísta, panista ahora) son desollados por una pluma que no deja de provocarnos un extraño placer.


VIII
Taibo II estuvo con Carmen Aristegui hace unos días. A propósito de los festejos que se preparan para celebrar el centenario de la Revolución Mexicana y el bicentenario de la Independencia (los inicios, por supuesto) y dado que aquél ha escrito libros acerca de estos temas, Carmen le preguntó si aceptaría -de ocurrir- la invitación del gobierno para organizar dichas celebraciones. La respuesta del escritor fue: "Jamás aceptaría la invitación a colaborar con un gobierno cuya legitimidad no acepto. Pero celebración habrá. La no oficial. Claro que la habrá."

Eso es lo que yo llamaría "calidad de pelao"

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