miércoles, enero 2

Enseñar y Aprender


Para este año me hice un propósito que ayer empecé a cumplir. Consiste en ir más seguido al Café-de-siempre. Que hice trampa me dijeron los que ya estaban ahí.
Como había que celebrar, pasé antes por la Kappa y me hice un buen regalo. O, mejor dicho, tres. Había descuentos en la Kappa y algo me hizo pensar -tan sólo por un instante- que se debía también a un propósito de año nuevo.
Puesto que no pienso terminar el ocho sin haber coordinado un taller (otro de mis más nuevos propósitos), me compré El arte de enseñar a escribir, una especie de anecdotario + plan de cursos de la Escuela Dinámica de Escritores (EDDE) que inventó y dirige Mario Bellatin.
¿Que qué me enseñó el libro? Nada, por supuesto. Desde la premisa de la EDDE de que a escribir no se enseña podemos pasar a la otra: tampoco se enseña a enseñar.
Dijo alguna vez Chéjov -o quienquiera que lo haya dicho- que el conocimiento se adquiere leyendo las letras pequeñas de un contrato mientras la experiencia llega cuando no lo hacemos. Algo parecido ocurre con la cuestión de enseñar. No he conocido a nadie que en la escuela haya aprendido a enseñar, en cambio conozco a muchos que han aprendido a enseñar en la escuela. ¿Hay contradicción en esto? Ninguna. Y no me detendré a explicar.
Reitero que nada me enseñó este libro. Pero maldito sea si no le he aprendido algo. Y experimentar de nuevo, aunque sea por un instante (los textos son brevísimos), el diálogo (aunque no lo es, parece) con cuarenta de sus maestros, de los que conozco algunos y a algotros los he leído y unos más confieso que no sabía que existían, me ha abierto nuevos caminos, otras posibilidades. Es el tipo de aprendizaje, creo, por el que apuesta Bellatin.
El arte de enseñar a escribir. Bellatin, Mario (coord.)
FCE-EDDE, D.F., México, 2007.
208 p.



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